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La UCLM, sede española del Día Internacional del Libro Infantil

La UCLM, sede espanola del Dia Internacional del Libro Infantil

31/03/2006
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La UCLM, sede espanola del Dia Internacional del Libro Infantil

31/03/2006

La sección española del Organismo Internacional para el Libro Infantil (OEPLI) ha encargado al Centro de Promoción de la Lectura y la Literatura Infantil (CEPLI) de la UCLM, con sede en el Campus de Cuenca, la organización en España de los actos del Día Internacional del Libro Infantil 2006, que se celebran cada año en recuerdo del escritor Hans Christian Andersen.
Los actos conmemorativos de la edición 2006 del Día Internacional del Libro Infantil, organizados por el CEPLI y la Biblioteca pública de Cuenca, darán comienzo a mediodía con una bienvenida del Vicerrector del Campus de Cuenca, que recibirá a los asistentes en el salón de actos del edificio Antonio Saura. A continuación se dará lectura al pregón del Día Internacional del Libro Infantil 2006 y se proyectará el audiovisual “El señor de los cuentos”.
Tras la presentación del acto, un grupo de niños de la biblioteca pública de Villar de Olalla (Cuenca) llevará a cabo una representación teatral del libro El patito feo, cuya edición de la UCLM será presentada en el transcurso del mismo.
Los textos de Andersen encierran un enorme potencial de identificación, reflexión y reconocimiento, y la distancia temporal entre esos textos y los escolares de hoy en día no es en modo alguno un obstáculo a la hora de vivirlos y comprenderlos.
El Día Internacional del libro será clausurado por el delegado del gobierno de Castilla-La mancha en Cuenca y cuenta con la colaboración de la Delegación de Educación y la Delegación de Cultura de la JCCM, Caja Castilla La Mancha y El Día.
Mensaje Internacional para el Día Internacional del Libro 2006
El destino de los libros está escrito en las estrellas

Los adultos preguntan a menudo qué pasará con los libros cuando los niños dejen de leerlos. Ésta podría ser una de las respuestas:
—“Los cargaremos en grandes naves espaciales y los enviaremos a las estrellas”.
¡Estupendo...!
Los libros son, en realidad, como las estrellas que brillan en la noche. Hay tantos que no se pueden contar y a menudo están tan lejos de nosotros que no nos atrevemos a ir a buscarlos. Pero imaginad tan sólo la oscuridad que reinaría si un día todos los libros, esos cometas de nuestro universo cerebral, se escaparan y dejaran de emitir esa energía sin límites del conocimiento y la imaginación humanos...
¡Dios mío!


¿Dicen que los niños no pueden entender semejante ficción científica? De acuerdo, entonces regresaré a la tierra y me permitiré recordar los libros de mi propia infancia, porque eso es lo que me vino a la memoria cuando contemplaba la Osa Mayor, la constelación que los eslovacos llamamos “El Gran Carro”, ya que los libros que más quería me llegaron… ¡en un carro! Bueno, no a mí, sino a mi madre. Fue durante la guerra.
Un día, mi madre estaba al borde del camino cuando apareció un carro traqueteante. Era un carro de heno tirado por caballos, pero cargado hasta arriba de montones de libros. El que lo conducía le dijo a mi madre que estaba llevándose los libros de la biblioteca de la ciudad a un lugar seguro, para evitar que los destruyeran.
Entonces mi madre era todavía una niña que ansiaba leer, y a la vista de aquel mar de libros sus ojos brillaron como estrellas. Siempre había visto carros cargados de paja o estiércol, pero un carro lleno de libros era algo propio de un cuento de hadas. Así que se armó de valor para preguntar:
—“¿Por favor, me podría dar al menos un libro de ese gran montón?”
El hombre sonrió, asintió con la cabeza, saltó del carro, y soltó uno de los laterales mientras decía:
—“¡Te puedes llevar a casa tantos como caigan al suelo!”.
Los libros cayeron ruidosamente sobre el polvoriento camino y poco después la extraña carreta desaparecía tras una curva. Mi madre los apiló, mientras su corazón se le salía del pecho de emoción. Cuando les hubo quitado el polvo, comprobó que, entre ellos, había una edición completa de los cuentos de Andersen. En los cinco volúmenes de diversos colores no había una sola ilustración, pero, de manera un tanto milagrosa, esos libros alumbraron las noches que mi madre tanto temía, pues durante una noche de aquella guerra ella había perdido a su madre.
Cuando, al caer la noche, leía aquellos libros, cada uno de le proporcionaba un pequeño rayo de esperanza, secretamente ilustrado en su corazón por unas pestañas que se cerraban, hasta que se quedaba apaciblemente dormida.
Pasaron los años y aquellos libros llegaron a mis manos. Siempre los llevo conmigo por los caminos polvorientos de mi vida. Quizá pienso en ese polvo de estrellas que se posa en nuestros ojos cuando nos sentamos a leer en una noche oscura. Si es así es que estamos leyendo un libro. Después de todo, podemos leer todo tipo de cosas: las líneas de la mano, las estrellas, una cara...
Las estrellas son libros que iluminan el cielo de noche.
Cuando dudo si merece la pena escribir otro libro, miro al cielo y me digo que el universo en realidad no tiene límite y que aún tiene que quedar sitio para mi pequeña estrella.
Ján Uliciansky
Traducción: Juan Ramón Azaola

Ciudad Real, 31 de marzo de 2006

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