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¿Tiene edad la sexualidad?, por Rigoberto López Honrubia y Marta López Nieto, en The Conversation
14/02/2020
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¿Tiene edad la sexualidad?, por Rigoberto López Honrubia y Marta López Nieto, en The Conversation
14/02/2020

Rigoberto López Honrubia, Universidad de Castilla-La Mancha y Marta Nieto López, Universidad de Castilla-La Mancha

Sí, la misma que el ciclo vital de la persona. Somos seres sexuados desde antes de nacer hasta que morimos. A lo largo de nuestra existencia nos vamos sexuando, existiendo una gran variabilidad y diversidad erótica.

Mantenerse activos, cada cual en el sexo que sienta, está relacionado con el placer y el bienestar de la persona e influye en su salud física y psicosocial.

Incluso en presencia de factores muy adversos se puede tener una vida sexual satisfactoria. Solo con la muerte dejamos de ser personas sexuadas. En tiempos en los que algunos cuestionan el simple conocimiento de lo que somos, conviene recordar que nuestra sexualidad está presente a lo largo de todo el ciclo vital. Solo cambia el foco de expresión en cada una de sus etapas.

En la infancia predominan las sensaciones corporales y la necesidad de contacto vinculada a los padres y a los iguales. En la pubertad y adolescencia, guiada por los cambios fisiológicos, predomina el sexo en solitario y el entrenamiento con pares. De la juventud a la adultez están presentes todos los componentes de la sexualidad: contacto, sexo, erótica, amatoria, mayoritariamente vinculados a una pareja. Y en la vejez, declinan algunas manifestaciones sexuales, pero se siguen manteniendo intereses sexuales y el disfrute del sexo, dependiendo de las oportunidades y el contexto, incluso en edades muy avanzadas.

Las cuatro edades sexuales

Guiados por sus expresiones más importantes distinguimos, pues, cuatro edades en el ciclo vital de la sexualidad:

  1. Infancia. La sexuación es un proceso del desarrollo. Las manifestaciones y respuestas sexuales están presentes desde antes del nacimiento. En esta etapa las relaciones de apego seguro con padres parecen ser muy importantes para el desarrollo de una sexualidad positiva.

    Experimentan placer acariciando los genitales, inicialmente de manera exploratoria y, alrededor de los 2-3 años, intencionadamente. Durante la primera infancia (3-7 años), adquieren experiencias con la autoestimulación genital y el interés por el descubrimiento de los genitales de otros. Durante estas edades es habitual el ajuste a los roles de género establecidos. Hacia el final de la infancia comienzan a aparecer los cambios asociados a la pubertad y el aumento del interés sexual.

  2. Pubertad y adolescencia. Es un largo proceso de maduración sexual (10-18 años, aproximadamente). El descubrimiento del sexo viene guiado por cambios anatómicos y fisiológicos (pubertad) y el ajuste e identificación con el propio sexo hasta su consolidación (adolescencia).

    Es frecuente que a estas edades los jóvenes se pregunten qué les está pasando. La pubertad (10-14 años) supone cambios en el funcionamiento hormonal, maduración de los órganos sexuales, aparición de los rasgos sexuales secundarios, inicio de la capacidad reproductora (alrededor de 10,5 años para la primera menstruación, menarquía, y 11,5 años para la eyaculación), dando lugar al desarrollo de una nueva figura corporal.

    En este periodo, la identidad sexual y el rol de género se consolidan, sintiendo pertenecer a un grupo de iguales que refuerza su identidad. La fisiología del placer adquiere mucho más vigor, significado emocional y social. Aprenden a reconocer la excitación sexual, sus manifestaciones corporales y los diferentes componentes de la respuesta sexual humana propia y de otros.

    En la adolescencia (15-18) se completa el desarrollo físico, aunque continúa el desarrollo emocional. Surgen formas sexuales más maduras. Los niveles hormonales, las variables socioculturales y las disposiciones cognitivas influyen en los sentimientos y conductas sexuales. Es el tiempo de la intimidad y la amistad.

    Los afectos, el deseo, la atracción y el enamoramiento cobran especial relevancia. Experimentan con su propio cuerpo, masturbación y orgasmo, así como las primeras experiencias coitales con otras personas. Muchos condicionantes sociales y culturales pueden interferir las vivencias de la erótica, incluso en épocas posteriores.

  3. Juventud y adultez. Durante la juventud (de los 18 a 40 años) los niveles de sexuación referidos a la identidad y orientación están establecidos. En esta etapa es la pareja el principal ámbito de expresión erótica, que dependerá de la historia personal, sus actitudes hacia la sexualidad, sincronía con la pareja, etc. Parece existir distinta valoración entre hombres y mujeres. Los hombres, más enfocados al sexo y las mujeres a la sensualidad y afectividad.

    En la adultez (de 45 a 60 años) se inician importantes cambios corporales motivados por el declive hormonal tanto en el hombre como en la mujer. Con la menopausia, última regla, finaliza la actividad reproductora. En el varón disminuye el vigor físico y la capacidad erectiva y en las mujeres el deseo. El envejecimiento se empieza a hacer patente, por tanto, hay una redefinición de la expresión sexual.

  4. Vejez. Relacionado con el proceso normal de envejecimiento varían las respuestas a los estímulos sexuales. En mayor medida si existen factores sintomáticos o enfermedades crónicas. En las personas mayores disminuyen algunas conductas sexuales como el coito, pero no el disfrute.

    Hasta edades avanzadas, el deleite con la erótica no tiene fin. Otros factores influyentes en el funcionamiento sexual de los mayores son “las oportunidades”, bien por la disponibilidad de parejas, amantes, como por variables psicosociales y condicionantes externos, propios o de la pareja.

    Mitos culturales y contextos vivenciales y asistenciales pueden interferir la vivencia erótica de los mayores.

    Las personas mayores que viven con sus hijos o en centros de mayores no cuentan con el ambiente más adecuado de intimidad para mantener relaciones sexuales.

    Entre los factores influyentes podemos destacar el ajuste del adulto mayor a creencias y prejuicios de que en la vejez la sexualidad se acaba o deja de interesar, los reparos que familiares o cuidadores puedan mostrar ante sus expresiones sexuales, o por la escasa adaptación de los centros asistenciales a las verdaderas necesidades de los usuarios en pro de su autonomía e intimidad.

El sexo, por lo tanto, no tiene edad. Solamente tiene circunstancias.

En este artículo han colaborado Pilar Soria y Natalia Domínguez, psicólogas y sexólogas, miembros de la asociación Asexórate de Albacete.The Conversation

Rigoberto López Honrubia, profesor contratado doctor. Departamento de Psicología de la UCLM Area de psicología de la Salud, Universidad de Castilla-La Mancha y Marta Nieto López, Profesora en la Facultad de Medicina, departamento Psicología, Universidad de Castilla-La Mancha

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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