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El ingeniero de Caminos José Luis Cano y el arquitecto técnico José Antonio García hablan del comportamiento de edificios frente al fuego

El "caso" Windsor, a debate en la Escuela de Caminos de Ciudad Real

28/11/2006
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El "caso" Windsor, a debate en la Escuela de Caminos de Ciudad Real

28/11/2006


El incendio del Windsor en Madrid, junto con otros incendios recientes de gran magnitud en diferentes capitales europeas y americanas, ha avivado el interés y la preocupación sobre el comportamiento real de las estructuras ante el fuego. Por esta razón, dos expertos en el tema visitan la Escuela de caminos, Canales y Puertos de Ciudad Real para presentar una valoración de sobre este siniestro, basada en sus conocimientos sobre incendios y su experiencia en el análisis y diseño estructural.
Cómo se evaluó la situación del edificio Windsor tras el devastador incendio que sufrió hace algo más de una año, cuál fue la elección de las posibles soluciones para su demolición y el por qué de la mejor opción, son algunas de las interrogantes que han solucionado, esta tarde, en la Escuela de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), José Cano, ingeniero de Caminos y José Antonio García, arquitecto técnico; ambos miembros del Grupo Ortiz, empresa responsable de la demolición del coloso madrileño.
El comportamiento de un edificio frente al fuego y los procesos de deconstrucción son fundamentales para el trabajo de los ingenieros de Caminos, de ahí el interés de la charla para el departamento de Ingeniería Civil y Edificación que ha organizado estas conferencias, de cara a incrementar la formación de los estudiantes que se decanten hacia estas áreas de trabajo.
Según Cano “El problema fundamental es que un edificio no se sabe cómo está cuando se quema, y que toda la normativa española nos dice cuál es la capacidad portante de la construcción antes y durante el incendio; pero no después. Aunque está claro la situación es mucho peor” por ello, resalta el ingeniero de Caminos, “No era un caramelo delicioso para nadie”. Cano participó en la evaluación del edificio y su estructura tras el incendio, y cuál era el grado de seguridad para trabajar. Por la peligrosidad, se eliminó cualquier trabajo desde dentro, por las grandes probabilidades de hundimiento. Por esa razón se usaron cestas donde los operarios controlaban robots que iban demoliendo las estructuras calcinadas.
La torre Windsor poseía un núcleo central de hormigón armado, que alojaba los ascensores y escaleras, y además cinco pórticos paralelos a las fachadas norte y sur. La estructura sobre rasante se caracterizaba además por dos plantas técnicas, en las plantas tercera y decimoséptima, que alojaban maquinaria e instalaciones. Pero, según Cano “la torre no contaba con plantas de contención, lo que hizo que el edificio ardiera hacia arriba y hacia abajo sin ningún problema”.
Ciudad Real, 28 de noviembre de 2006

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