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Hilario Rodríguez de Gracia
Profesor de la Escuela Universitaria de Magisterio de Toledo
E-mail: Hilario.Rodriguez@uclm.es
Resumen: El objetivo de este artículo consiste en reflexionar sobre la aplicación de un procedimiento para aplicar al aprendizaje de la Historia. Parte de un corpus de conocimientos fundamentales -hechos o conceptos-, e incide en la utilización de una metodología. Con su aplicación se persigue un fin: que el aprendizaje de los conocimientos resulte fácil para los alumnos, en especial cuando utilizan una metodología activa, en la que aprendan haciendo. Para conseguir esa meta conviene desarrollar y utilizar materiales curriculares y recursos apropiados. Así será posible obtener una mayor rentabilidad a las horas dedicadas al estudio. El instrumental recomendado, en este caso, son los mapas conceptuales. Como es sabido, proporcionan un aprendizaje más sólido mediante la manipulación, lectura y observación, a la vez que permiten ampliar los conocimientos bajo un modelo metodológico constructivista.
Palabras claves: Didáctica de las Ciencias Sociales. Constructivismo. Mapas conceptuales. Recursos. Materiales en el aprendizaje de la Historia.
Summary: The objective of this article consists on meditating on the application of a procedure to apply to the learning of the History. It leaves of a corpus of fundamental knowledge - facts or concepts -, and it impacts in the use of a methodology. With their application an end is pursued: that the learning of the knowledge is easy for the students, especially when they use an active methodology, in the one that you/they learn making. To get that goal it suits to develop and to use curricular materials and appropriate resources. It will be this way possible to obtain a bigger profitability at the hours dedicated to the study. The instrumental one recommended, in this case, they are the conceptual maps. As it is known, they provide a more solid learning by means of the manipulation, reading and observation, at the same time that they allow to enlarge the knowledge under a model methodological constructivista.
Key words: Didactics of the Social Sciences. Constructivismo. Conceptual maps. Resources. Materials in the learning of the History.
Una de las cuestiones más candente en el mundo de la educación es hallar la forma de transmitir ideas sin caer en el tedio. A todo los profesores nos gustaría que los alumnos/as aprendiesen los contenidos conceptuales y construyesen los procedimentales con el menor esfuerzo posible. Con esta afirmación, que puede ser motivo de no pocas discusiones y planteamientos dialécticos, persigo reflexionar sobre la utilidad que presentan ciertos materiales facilitando la labor de las dos partes sustanciales del proceso de aprendizaje, profesor y alumnos.
Buscar un enfoque metodológico que permita una asimilación no traumática es una tarea de dificultades y de tiempo. La verdad es que los resultados que obtengamos al final del proceso, la eficiencia, por utilizar un término económico, es una proporción que está supeditada a la metodología utilizada. Un primer paso en la enseñanza de la Historia consistirá en crear conciencia sobre la importancia que tuvieron los hechos del pasado en el desarrollo del presente. Se trataría de transmitir un corpus de conocimientos fundamentales -hechos o conceptos-, consolidarlos con métodos de trabajo y con la adquisición de aptitudes complejas.
El acercamiento a los hechos históricos debe realizarse mediante una serie de mecanismos procedimentales, que serán objeto de un análisis posterior, los cuales podrán desarrollarse en unas clases prácticas impartidas en paralelo con las teóricas. La aplicación de fórmulas de información y de comunicación, así como de nuevas técnicas, permiten hacer más comprensibles a los oyentes todas las referencias conceptuales. La finalidad de tales actividades sería evitar la monotonía y el agotamiento que produce el profesor cuando expone los contenidos.
Otra ventaja encomiable de tal forma de aprendizaje será el incremento de comunicación entre profesor y alumno. Bajo la dirección del profesor y contando con pequeños grupos podrán realizarse algunos trabajos para fomentar la reflexión y la crítica sobre determinados factores políticos, sociales o económicos. Por otro lado, podrían lograrse ventajas poniendo en práctica el axioma que aconseja trabajar en grupo como una forma de estimular la discusión y el intercambio de ideas, a la par que se desarrolla la cooperación y la motivación. No hay que olvidar que, en su conjunto, las Ciencias Sociales facilitan la reflexión crítica y sus contenidos posibilitan la diversidad de opiniones.
Por supuesto, no todas son ventajas; también hay problemas. Pensemos en la actitud de rechazo que hoy experimentan determinadas áreas de conocimiento, tanto en las aulas universitarias como en enseñanzas anteriores. En los estudios de Magisterio, por poner un ejemplo conocido por todos, el espectro de estudiantes que tenemos es muy diverso. Esta situación viene dada por su condición de carrera de ciclo corto, además de las posibilidades que tiene para hallar de inmediato una salida profesional. Ambas circunstancias son determinantes para que un porcentaje de nuestros alumnos/as presente una escasa motivación y tengan un limitado interés por lo que se explica en el aulario.
Es cierto que, en ocasiones, no resulta fácil comprender la relación entre los contenidos de las diferentes asignaturas que conforman un plan de estudios. Ante tal tesitura, un buen número de alumnos deciden sustituir la memoria por la comprensión. En el corto plazo, el coste de oportunidad es más "rentable" pero les está incapacitando para conseguir destrezas. El centro de interés de este artículo, por consiguiente, será el análisis de algunos materiales a utilizar por alumnos de Magisterio en el aprendizaje de la Historia.
Toda enseñanza bien articulada debe establecer una relación coherente entre objetivos y contenidos. Los contenidos son los medios a través de los cuales se pretende alcanzar las intencionalidades educativas. Son considerados los ejes para conseguir la acción didáctica, aunque es necesaria una adecuada selección que permita la reflexión teórica para proporcionar a los alumnos recursos y técnicas de trabajo. A la hora de seleccionar los contenidos es conveniente equilibrar los conceptos, procedimientos y valores para dar respuestas globales y preparar a los ciudadanos a tomar decisiones responsables. La transmisión de contenidos requiere de la utilización de materiales curriculares y recursos; esto es, cualquier instrumento u objeto que pueda servir para aprender algo, bien sea mediante la manipulación, lectura u observación. El profesor deberá planificar mediante un proceso mental interno, a modo de guía, como va a desarrollar la transmisión de conocimientos. Para ello planteará diversas estrategias: organizar, preparar, motivar, transmitir... Todas esas experiencias quedarán plasmadas en el currículo, dónde han de interrelacionarse los contenidos disciplinares con los métodos de investigación. A decir de algunos pedagogos es un eslabón entre las declaraciones de principios generales y su traducción operacional; mejor dicho: entre la teoría y la práctica pedagógica.
El profesor es la fuente de información excepcional; sin embargo, nunca debe ser exclusiva. Hay otras accesibles, como las tecnologías, la bibliografía o las formas de trabajar los contenidos para que resulten más aprensibles, mediante un aprendizaje receptivo y por descubrimiento. Los mapas conceptuales, en ese sentido, se conciben como un proceso de estructuras en las que el conocimiento se identifica con la compresión de significados, cuya estructuración se realiza en redes complejas. Su cualidad más apreciable es que desarrolla destrezas y evita un aprendizaje memorístico. El aprender aprendiendo puede estructurarse en jerarquías a través de mapas conceptuales, donde la idea sustancial consiste en proporcionar los conceptos de mayor generalidad mediante la representación gráfica de la concepción de un tema o de un hecho histórico. Entre los diferentes conceptos se establecen unos nexos y también crean unas relaciones cruzadas, utilizando para ello ejes inclusores y organizadores; distinguiendo, eso sí, palabras claves con las que se designan los acontecimientos o los hechos históricos. Durante el proceso de identificación, selección y organización de la información, el alumno va eligiendo su propio enfoque. Utilizar los mapas conceptuales como una técnica concreta de aprendizaje constituye una estrategia que permite repasar los contenidos de conocimiento lo cual se realiza mediante la selección y secuenciación de actuaciones. Es recomendable hacer una lectura y analizar el material informativo con el que se cuenta y establecer la organización temática del material con el fin de concretar los diferentes apartados del tema a trabajar.
Con el objetivo de que la explicación sea lo más sencilla posible, estableceré en un primer lugar el núcleo de contenidos conceptuales, para indicar con posterioridad los recursos a utilizar para profundizar en ellos. En unos casos los materiales curriculares son bibliográficos, en otros se optó por los mapas conceptuales e incluso hubo momentos para echar mano de los recursos cartográficos e informáticos.
En el plano de los contenidos, centraré la secuenciación que pretendo realizar en los hechos políticos y económicos que acaecieron en España durante los siglos XVI y XVII, en el momento histórico en el que reinó la monarquía de los Habsburgo. Podría titularse: Aspectos políticos y económicos de la España de los Austrias. Las fechas, la periodización y la cronología miden pero no explican, aunque son imprescindibles por su cualidad de instrumento para recorrer el tiempo. En este caso se trata de puntos de referencia para organizar y secuenciar los múltiples hechos históricos que sucedieron en los dos siglos, como puede observarse a continuación.
Dentro del análisis conceptual sería adecuado que los alumnos situasen no sólo lo que en el plano político sucedió en España, sino que, además, establezcan un telón de fondo con los acontecimientos que ocurrían en Europa. De los conceptos importantes a resaltar uno de los más esenciales sería la transformación que experimentaron las monarquías autoritarias cuando se convirtieron en monarquías absolutas. Previamente, sería de gran utilidad definir qué fue una monarquía absoluta y añadir sus características más denotativas, como aparecen en el siguiente cuadro:
El objeto de estudio serán los hechos más significativos que sucedieron en la Europa entre los años 1517 y 1700, al ser las dos fechas que marcaron el principio y final de la monarquía de los Austrias. Este núcleo conceptual podría titularse: la Europa convulsa. Para hacer más fácil la compresión de los acontecimientos se establecen tres periodos. El primero comenzaría en 1515 para acabar el año 1560 y en este tiempo se situarán los acontecimientos indicados a continuación:
La segunda etapa estuvo comprendida entre los años 1561 y 1660. Convendría destacar que en esa fase se produjo un fuerte enfrentamiento religioso e ideológico, destacando estos hechos:
La estructura cognitiva de los alumnos, a la hora de asociar conceptos y significatividad lógica, podría agrandarse con la utilización de un recurso esencial para esta parte de contenidos como son los mapas históricos, a fin de situar geográficamente los acontecimientos evidenciados con anterioridad.
La última etapa, dentro del esquema propuesto, quedaría comprendida entre los años 1660 y 1700 y los acontecimientos más significativos serían:
Uno de los recursos a utilizar serían los mapas históricos. Se deben situar geográficamente cada uno de ellos los acontecimientos anteriormente evidenciados. También podrán utilizar los alumnos la siguiente bibliografía, ya que el aprendizaje significativo que propongo, a través de fases como la adquisición, retención y recuperación de nuevos conocimientos, requiere que su participación sea muy activa y los recursos a utilizar sea amplios. He aquí, como ayuda a lo que se viene exponiendo, una selección de obras de fácil acceso.
P. ANDERSON: El Estado absolutista. Madrid, Siglo XXI, 1984.
G. R. ELTON: La Europa de la Reforma, 1517-1559. Madrid, siglo XXI, 1976.
E. HOBSBAWM: Crisis en Europa, 1560-1660, Madrid, Alianza, 1983.
H. G. KOENIGSBERGER: Europa en el siglo XVI. Madrid, Aguilar, 1973.
A la hora de hacer un programa polivalente y abierto, susceptible de interpretaciones, explicaciones y alternativas diversas, habría que centrar el abordaje proyectado únicamente en los hechos históricos sucedidos en España. Convendría resaltar, en primer lugar, como transcurrió el paso de la monarquía autoritaria a la absoluta. A la hora de distribuir los aspectos políticos, la propuesta podía abarcar los siguientes grupos de contenidos:
El punto de partida se situará en contenidos relativos al porqué los Reyes Católicos establecieron en España una unión dinástica y fueron reforzando el poder regio en el campo social y en el religioso. Un centro de atención preferente para el conocimiento de los aspectos enunciados serán los recursos y en ese caso convendría desarrollar un mapa conceptual. Con rasgos muy simples se construye uno que queda incluido a continuación y puede servir de ejemplo.
El sistema de referencias de los mapas cognitivos anteriores podría ampliarse, con posterioridad, a la construcción de una representación unitaria del tiempo histórico. La línea del tiempo es lo más adecuado y en ella quedarían, siguiendo una cronología relativa, incluidos los siguientes contenidos.
A la hora de analizar este punto sería conveniente utilizar varios recursos. Uno de los seleccionados será un mapa (confeccionado por los alumnos) donde apareciesen los dominios que poseyó Carlos I. La herencia tan diversa que recibió ese monarca, junto a los ambiciosos objetivos que quisieron conseguir los dos primeros Habsburgo, produjo numerosos conflictos, nuevos y no tan nuevos, algunos ya enquistados, tal y como quedan resumidos en el mapa conceptual adjunto.
La política imperialista que propiciaron los dos primeros Austrias (los llamados Austrias Mayores) resultó enormemente costosa y debió financiarse con instrumentos muy variados: oro y plata americanos, subida impositiva, préstamos a banqueros, emisiones de juros, venta de territorios de Órdenes Militares, etc.
Cuando en 1598 se firmaba la paz de Vervins parecía que la tranquilidad podía respirarse, por fin, en los reinos de España, en especial en Castilla. La paz con los ingleses de 1604 y la tregua de los Doce Años, en 1609, con los rebeldes holandeses, ratificaba el comienzo del sosiego. No fue así. El año 1618 comenzaba la guerra de los Treinta Años, un conflicto que surgió como problema religioso, en Bohemia, y se convertía en guerra civil europea. Madrid prestaban su ayuda a los familiares austriacos. El desarrollo de esa contienda se muestra en el mapa conceptual núm
La paz de Westfalia, mejor dicho las paces de Münster y Osnabruck, del año 1648 y la Paz de los Pirineos de 1659, socavaron la hegemonía española en Europa, y marcaban un proceso de pérdidas territoriales, lo cual queda explicado a través de una línea del tiempo.
La bibliografía a utilizar podría concretarse en los siguiente libros: A. ALVAR EZQUERRA; El César Carlos. De Gantes a El Escorial. Madrid, 1998. M. FERNÁNDEZ ALVAREZ, Carlos V: un hombre para Europa. Madrid, 1976. Carlos V, el César y el hombre. Madrid, 1997. A. KOHLER, Carlos V, 1500-2000. Madrid, Sociedad Estatal para la Conmemoración de los centenarios de Felipe II y Carlos V, 2001. Para el resto de los Austrias, la selección es más precisa y aparece en la nota de pie de página.
El modelo político que se desarrollo durante la época de los Austrias será el centro del análisis a partir de aquí. No debe olvidarse que la Corona era una asociación de territorios bajo un mismo rey, un concepto patrimonial heredado de la Edad Media. Aquellas circunstancias fueron determinantes en dos repercusiones:
A partir de 1522, Mercurino de Gattinara y Juan Ginés de Sepúlveda comenzaban a mejorar la maquinaria administrativa con el objetivo aumentar de la autoridad real. Los pilares sobre los que sustentó esta reforma fueron: incremento de la burocracia especializada, establecimiento de la diplomacia, creación de nuevas instituciones, como los Consejos; aparición de la figura del secretario real, creación de una corte permanente.
Toda la autoridad se concentraba en el rey. El monarca contaba con el asesoramiento de los Consejos hasta el punto de desarrollar un sistema denominado monarquía polisinodial. Los reyes tomaban sus decisiones sobre la base de las consultas o informes emitidos por los miembros de los Consejos. Los primeros Consejos serán creados en el reinado de los Reyes Católicos y reformados en el reinado de Carlos I.
Los Consejos presentaron tres variedades: asesores, ministeriales y territoriales. El Consejo de Castilla fue la columna vertebral de la administración castellana y asumió las competencias de Tribunal Supremo. Administraba justicia y contó con la Cámara de Castilla, que informaba al rey sobre cuestiones del patronato real. Todos los Consejos estaban coordinados por el Consejo de Estado.
El Consejo de Indias estaba formado por un presidente y ocho consejeros y controlaba los asuntos eclesiásticos, judiciales y administrativos de Indias. De este Consejo dependían las Audiencias (cinco en Indias) y los virreinatos (dos). Los virreyes exclusivamente gobernadores y no ejercían las funciones judiciales.
El Consejo de Hacienda estaba basado en Contadurías y fue organizado por el secretario Francisco de los Cobos. Su misión consistió en centralizar y canalizar los recursos financieros de la Monarquía. Lo constituyeron un presidente y 4 consejeros, un fiscal y un secretario. Su organigrama constaba de dos contadurías: la Contaduría Mayor de Hacienda y la Contaduría Mayor de Cuentas. Con la creación de los Consejos, la Corona actuó de un modo absolutista, hasta el extremo de ignorar a las Cortes, que hasta entonces había puesto límite a las actuaciones reales.
En el reinado de Felipe II, más en concreto el año 1584, comenzó a tener competencias un consejo privado llamado Consejo de Noche. En tiempos de Felipe III aparecían las Juntas, que serán el instrumento de control en manos de los validos.
Llegados a este punto, convendría destacar las dos formas de gobernar:
Conviene que centremos la atención ahora en el punto 2.4, cuyo título es el enfrentamiento del çentralismo y foralismo. Al profundizar en los contenidos debemos resaltar que los reyes de la casa de Austrias tuvieron que afrontar a una serie de conflictos políticos, cuyo origen hay que situar en la existencia de dos tendencias en la forma de concebir el absolutismo.
Al no existir un contrapeso firme que equilibrase las dos tendencias, surgieron brotes de conflictividad, entre ellas las Comunidades. Para algunos historiadores fue un intento de limitar el poder de la realeza y la aristocracia en beneficio de las Cortes; para otros, una revolución moderna, pero prematura que trató de asentar la influencia política de una clase, la burguesía, que todavía no era lo suficientemente fuerte para imponerse. Otros dos problemas en esta línea fueron los Países Bajos y Portugal. El desarrollo de ambos acontecimientos queda concretado esquemáticamente a continuación.
Las cuestiones económicas acaecidas en los siglos XVI y XVII ha sido bastante bien estudiadas por los historiadores, circunstancia ésta que permite contar con una abundante bibliografía. En el análisis realizado he considerado importantes sólo unos determinados aspectos. Son los siguientes: La expansión económica del siglo XVI. La revolución de los precios. El arbitrismo y sus medidas contra la crisis y las causas del fracaso económico español.
La expansión económica del siglo XVI. El desarrollo de los contenidos se realizaría de la siguiente forma. La evolución económica de los siglos XVI y XVII presenta dos fases de larga duración. Por un lado una fase expansiva, que abarcó desde finales del siglo XV hasta 1580. Por otro, una fase depresiva, cuyo fondo hay que situar en 1660-80. Tanto la historiografía nacional como la extranjera considera que el principal propulsor de la economía fue del comercio ultramarino.
La expansión del siglo XVI fue expansiva al disponer Castilla de dos recursos valiosos: una alta producción de lana de excelente calidad, proporcionada por los miles de corderos merinos, cuyos propietarios estaban integrados en la Mesta. La fuerte demanda americana de productos agrícolas y la llegada de los metales preciosos. La expansión produjo un fuerte desarrollo en tres zonas económicas:
Durante la segunda mitad el siglo XVI, como consecuencia del crecimiento del comercio americano, Sevilla se convertía en el centro neurálgico (desde 1503 en que se creó la Casa de Contratación hasta 1680 en que pasó a Cádiz), estableciéndose numerosos consulados, en los cuales se reunían los comerciantes ingleses, genoveses y flamencos. Los mercaderes comerciaban con gran cantidad de productos americanos, como oro, plata, perlas y piedras preciosas, además de cacao, azúcar o tabaco. Un comerciante podía participar en ese negocio si contaba con un importante potencial económico, ya que desde que se enviaba las mercancías hasta que se cobraban pasaba mucho tiempo. Aparecieron compañías comerciales y asociaciones de mareantes y peruleros ante la necesidad de establecer unas formulas de cobro lo más rápidas posible. Esas circunstancias permitieron que en esos circuitos se introdujesen comerciantes extranjeros como los Fugger, Weiser, Centurione, Palavesín. La presencia extranjera en los circuitos comerciales españoles con Indias fue bastante negativa, ya que del puerto de Sevilla cada vez salieron menos mercancías españolas y más extranjeras. Tanto es así que este eje comercial cayó en manos de los holandeses hacia 1630, llegando a controlar la mayor parte del comercio de productos coloniales.
El comercio ultramarino proporcionó al Imperio la mayor parte de los fondos para sufragar las empresas bélicas. El comercio continental estuvo, en los primeros años del siglo XVI, ubicado en Burgos. Extendía su área de influencia por Medina, Villalón, Ríoseco. El principal producto con el que se comerciaba era la lana, la cual se exportaba a Flandes a través del puerto de Bilbao. (Simón Ruiz y las ferias de Medina y Villalón).El comercio interior estaba acomodado a unas circunstancias que limitaban su desarrollo, como eran el autoabastecimiento y la autonomía.
Los mercados locales permitían los intercambios entre el campo y la ciudad, vendiendo y comprando los productos agrícolas o las artesanías. Las ferias desempeñaron en este sentido un papel relevante. La tendencia al autoabastecimiento se debió a unas condiciones geográficas bastante negativas, con muchas dificultades para el transporte, con caminos mal cuidados y pocos ríos navegables. El otro problema son las aduanas que mantenían unos reinos y otros. Como recursos, podrían construirse dos gráficos con las cifras que aporta Hamilton y un mapa conceptual en el que se desarrollasen los aspectos económicos más relevantes.
Una de las repercusiones más importantes del incremento de la actividad comercial fue que la fuerte demanda hizo que los propietarios de tierras andaluces se hicieran ricos. Esas circunstancias se hicieron extensivas al sector textil del interior de Andalucía, en ciudades como Baeza y Úbeda o con las sedas granadinas que se exportaban a Flandes, Francia e Italia.
La actividad crediticia y bancaria del centro y del norte peninsular se trasladó poco a poco a Sevilla. La ciudad experimentó un alto crecimiento poblacional y pasó de 70.000 habitantes a 150.000 en 1590. Era una de las urbes más pujante de Europa. La fuerte expansión económica estuvo acompañada por un crecimiento de los precios, a cuyo fenómeno se denominó revolución de los precios. Tuvo un comportamiento dispar, pues para los que dispusieron de renta elásticas (mercaderes) se tradujo en la consecución de grandes beneficios, quienes las tenía inelásticas sufrieron una mayor pobreza. Los salarios no subieron tan deprisa y eso permitió que los propietarios de talleres y negocios comerciales consiguieran grandes beneficios. Ese fenómeno consistió, explicado de la forma más resumida posible, en el alza continuada y sostenida de los precios debido a la abundancia de oro y plata en las economías europeas.
Los problemas que presentaba la economía española en el siglo XVI fueron analizados por las Cortes, por teólogos y economistas, en especial por los escolásticos de la Escuela de Salamanca. Martín de Azpilcueta, Tomás de Mercado, Diego de Covarrubias y Luis Ortiz veían como un país rico como España, que era la primera potencia mundial, se convertía en una nación con un papel secundario en el concierto internacional. Sus propuestas de recuperación eran las siguientes: aplicaban la teoría cuantitativa del dinero antes que Bodin, querían contener la inflación producida por los metales preciosos, abogaron por la teoría precio justo e interés legitimo y pretendían romper la dependencia con los banqueros extranjeros.
En el siglo XVII aparecieron los mercantilistas preocupados por: la despoblación, la carestía general, el exceso de impuestos y la defensa de la producción nacional. Presentaron tres tendencias siguientes: los llamados agraristas, la escuela de Toledo y los reformadores sociales.
Dentro del grupo de los agraristas hay que situar a Juan de Arrieta (Despertador de la Monarquía), Caxa de Leruela (Restauración de la antigua abundancia de España); González de Cellorigo (Política necesaria para...); López de Deza (Gobierno político sobre la agricultura) o Fernández de Navarrete (Conservación de la Monarquía).
El segundo bloque lo formaba la escuela de Toledo. Surgieron entre 1600 y 1625 y conocían a la perfección el drama que atravesaba el sector textil toledano. Su solución consistía en prohibir la importación de manufacturas y materias primas. Formaban el grupo Alonso de Narbona, Juan Vázquez, Damián de Olivares, Sancho de Moncada.
El tercer bloque es el que componen los reformadores sociales. Su objetivo principal consistía en reducir el número de pobres y parados que pululaban por las ciudades: Luis Ortiz, Mateo López Bravo, Pedro de Valencia y Narciso Feliu de la Penya.
El fracaso de la economía española se debió a numerosos factores. Conviene enumerar algunos, entre ello la presión fiscal o la inexistencia de un mercantilismo proteccionista. La política económica estuvo supeditada a la exportación de materias primas y a la importación de productos manufacturados. Esa situación permitió que los extranjeros se apoderasen de los intercambios exteriores.
Otro de los factores a tener en cuenta sería el crecimiento desmesurado de parados y ociosos. España, entonces, prefería comprar a precio de oro -ya que tenía esa posibilidad- lo que necesitaba antes que producirlo ella misma. Esta situación provocaba un considerable número de parados y mucha gente que vivía de la ociosidad y la holganza. Del fomento del ocio tuvieron mucha culpa la instituciones religiosas que amparaban a los menesterosos y desocupados (Pérez de Herrera, Giginta, Soto).
Dos factores más para concluir. En primer lugar, los juros fueron bastante perjudiciales al formar parte de un sistema de inversión muy apetecido. En segundo lugar, para el desarrollo de la economía resultó negativa la fijación de precios a través de pragmáticas reales, las denominadas tasas. Este mecanismo se utilizaba para estabilizar el desajuste entre la oferta y la demanda. La incapacidad para aumentar rápidamente el volumen de su producción provocaba la subida de los precios e impulsaba a establecer precios fijos en productos de gran demanda, como los cereales. Otras variables que no deben quedar en el olvido serían los costes humanos de las guerras, la emigración a Indias o la expulsión de los moriscos.
El alumno descubre de forma autónoma significados nuevos mediante la adquisición significativa de los nuevos conocimientos. Esta adquisición debemos realizarla en grupos porque permite adoptar y controlar enfoques de aprendizaje a través de un proceso de identificación, selección y organización de la información, cuyo punto final sería la puesta en común. En este caso, se trata de clasificar conceptos y construir los mapas conceptúales parciales para establecer relaciones correctas, además de comprender el significado de los conceptos relevantes y efectuar, como última etapa, una puesta en común mediante la proyección de diapositivas elaboradas con Power Point. Una vez concluidos los mapas parciales, podría construirse una red global donde queden contenidos los conceptos más relevantes.
La experiencia quedaría cerrada con la comprobación de cómo los alumnos/as ha ido creando las estructuras cognitivas y como fueron capaces de expresar sus conocimientos mediante esquemas, mapas o diagramas conceptuales. Incluso como fueron seleccionando, organizando y jerarquizando los conceptos más sobresalientes. La propuesta de objetivos y criterios de evaluación quedaría, muy esquematizada, desarrollada en el cuadro que se incluye. En relación con los contenidos actitudinales, la evaluación se centraría en la comprobación de los hábitos de trabajo en equipo o la presentación.
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