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Carmelo de la Torre Ramírez
Doctor en Psicología por la Universidad de Málaga, Licenciado en Ciencias de la Educación, Licenciado en Psicología, Diplomado en Profesorado de E. G. B. en la especialidad de Ciencias Humanas y Diplomado en Profesorado de Educación Infantil.
Email: 29602293.averroes@ juntadeandalucia.es
Resumen: Este artículo describe paso a paso la aplicación práctica de un programa completo de modificación de conducta escolar. Dicho programa, ampliamente experimentado, surge de la teoría psicológica y pretende dar respuesta a una demanda concreta. Esto es, la necesidad que presentan los docentes de solventar adecuadamente los problemas disruptivos y de convivencia que afloran en el aula. Se trata, pues, de un instrumento válido para ser aplicado principalmente en Educación Infantil y en el primer ciclo de la Educación Primaria.
Palabras clave: conducta; modificación; escolar; infantil; primaria; refuerzo.
Este programa parte del principio de costo de respuesta (se le quita un alfiler al alumno/a que incumple una norma), el cual a su vez combina una técnica de refuerzo positivo (los alumnos que no han perdido ningún alfiler obtienen refuerzos al asumir responsabilidades que son muy motivantes para todos) con una técnica de castigo negativo (los discentes que no disponen de todos los alfileres no reciben los refuerzos).
El programa es aplicable a cualquier curso de Educación Infantil y Primaria, no obstante para aplicarlo en el segundo y tercer ciclo de Educación Primaria sería necesario adaptar los refuerzos que se dispensan a los intereses y motivaciones de estas edades, así como adecuar algunos aspectos que se recogen en el apartado de aplicación del castigo negativo. El presente programa ha sido aplicado en el aula durante aproximadamente 10 cursos escolares con muy buenos resultados.
Lo primero que hay que hacer es establecer unas normas claras para los alumnos. Estas normas básicas deben ser conocidas por todos y por tanto, inicialmente, habrá que repetirlas a menudo. Dichas normas las establece el/la tutor/a, aunque es conveniente implicar a los alumnos en ellas (necesidad y pertinencia de las mismas), y estarán relacionadas con todas aquellas conductas disruptivas que deseemos abordar.
Aunque unos profesionales pueden conceder más importancia a unas conductas en detrimento de otras, en realidad no suelen darse grandes diferencias interclases. Veamos algunos ejemplos de conductas a extinguir o a reducir su incidencia: gritar en el aula, hablar mientras el/la profesor/a explica un trabajo, levantarse cuando se está trabajando, agredir físicamente a los compañeros/as, agredir verbalmente a los compañeros/as, hacer ruidos molestos en el aula, deteriorar material o mobiliario, etc. Obviamente, si tenemos una clase conflictiva o estamos con alumnos muy pequeños será conveniente comenzar a trabajar primero las conductas más problemáticas, dejando para una etapa posterior aquellas conductas más sutiles.
Sobre un panel de corcho se coloca una cartulina preferentemente de color y en tono pastel (celeste, por ejemplo). Dicha cartulina debe contener una fotografía de cada uno de los alumnos que componen la clase, seguida de una serie de 10 alfileres de colores con cabeza gruesa.
Ilustración 1.: Se dispondrá de tantas columnas como permita el pliego de cartulina (aproximadamente 4) y tantas filas como sean necesarias para incluir a todos los alumnos. En la ilustración, por motivos de espacio, aparecen únicamente dos columnas y dos filas.
Las fotografías deberán colocarse por orden alfabético para facilitar la localización de cualquier alumno. Es recomendable seguir el orden de izquierda a derecha y de arriba a abajo al colocar las fotografías. Es importante una determinada graduación de colores en los alfileres. Se propone lo siguiente: 2 rojos, 2 naranjas, 2 azules, 2 amarillos y 2 verdes (ver ilustración 1).
Cuando un alumno incumple una de las normas contempladas, el profesor le quitará inmediatamente un alfiler comenzando por la derecha, es decir, el primero de los dos verdes. Al mismo tiempo le colocará un alfiler negro en el lado izquierdo de su fotografía (ver ilustración 2). Seguidamente es necesario explicarle al alumno y al grupo la norma que se ha incumplido y la importancia que encierra respetar dicha norma (se habla sobre las consecuencias de la conducta, se pueden incluir ejemplos ilustrativos, hacer que el alumno imagine un cambio de papeles: activo-pasivo o actor-observador, traer a colación historias reales o fábulas, etc.). Es importantísimo que al alumno le quede totalmente nítido qué repertorios conductuales esperamos de él, así como ofrecerle instrucciones para conseguirlos.
Es conveniente colocar el alfiler negro a la izquierda de la fotografía para conocer en todo momento los alumnos que han perdido alfileres ese día, así como el número de los mismos, por tanto, cada vez que se quita un alfiler de la derecha se debe poner otro negro en la izquierda de la fotografía. También es recomendable anotar, por parte del profesor, la conducta problema que ha motivado la retirada del alfiler y el autor de la misma. Así podremos recordar al día siguiente todo lo sucedido.
Ilustración 2.: En ella se puede apreciar que a un alumno le han sido retirados los dos alfileres verdes y se le han colocado dos negros para indicar que en ese día concreto incurrió en dos conductas problema o en la misma repetida. Hay que recordar que pueden faltar alfileres que correspondan a otros días anteriores.
Cada día, al inicio de la actividad escolar, comenzaremos con una puesta en común que tratará de analizar el clima del aula. Para ello, el profesor hará que el alumno que le toque recibir refuerzo señale uno de los alumnos, si los hubiese, que transgredieron las normas. A continuación se le invita al autor a recordar su conducta o conductas problema (si hay varias) y se le vuelve a insistir en todo aquello que le dijimos en el momento de retirarle el alfiler. Seguidamente se le quita el alfiler negro y se pasa a comentar las conductas de otro alumno. Es muy importante aprovechar este momento para dispensar refuerzos sociales (elogios verbales, contacto visual, palmadas en la espalda, etc.) y dar "feedback" de comportamiento (información sobre su estado y progreso respecto a las normas de clase) a todos los alumnos que mantienen intacto el número total de alfileres.
Todos aquellos alumnos que tengan los 10 alfileres colocados, al margen del refuerzo social y del "feedback" administrado en la puesta en común, obtendrán refuerzos, tales como: repartir determinados materiales, recoger o enviar materiales a otras clases, borrar la pizarra, regar las plantas, ayudar al profesor en algunas tareas, vigilar la clase en determinados momentos, ordenar algunas cosas, etc. Los refuerzos se concederán cuando surja la ocasión y para ello se seguirá un determinado orden. Para conocer los alumnos que se han beneficiado del refuerzo y los que quedan por recibirlo se colocará un alfiler de color diferente a los 10 de la derecha y a los negros de la izquierda (por ejemplo, blanco). Así el alumno que tenga el alfiler blanco en la parte superior de su fotografía será el primero en recibir refuerzo cuando éste esté disponible. Una vez administrado el refuerzo, ese mismo alfiler blanco pasará al siguiente alumno que posea los alfileres al completo (ver ilustración 3). Como es lógico, es posible que algunos días ciertos alumnos reciban un refuerzo más que los demás. Esto es así porque puede suceder que al término de la jornada escolar no haya sido posible llegar, dispensando refuerzos, hasta el último alumno del panel de refuerzos. Al día siguiente se debe continuar aplicando refuerzos partiendo desde el alumno que quedó pendiente de recibirlos.
Ilustración 3.: En ella podemos apreciar que un alumno que tiene todos los alfileres al completo está en espera de que surja algún refuerzo para que le sea aplicado. Cuando se le aplique el refuerzo se le quitará el alfiler blanco y se le colocará dicho alfiler al siguiente en el turno, siempre respetando el orden alfabético en que están colocadas las fotografías.
Es importante conocer que al alumno se le aplican los refuerzos, no en el mismo momento en que se le coloca el alfiler blanco sino a partir de ese instante en adelante, cuando surja la primera actividad reforzante de entre las que previamente hemos considerado como tales. Por tanto, si un alumno está en espera de que se le aplique el refuerzo y durante ese espacio de tiempo incumple alguna norma, no recibirá refuerzo y el alfiler blanco pasará al siguiente alumno.
Cuando a un alumno le falten alfileres de los situados a la derecha de la fotografía se actuará, en función del número de alfileres, del siguiente modo:
Lo usual es que se retiren 1ó 2 alfileres al día como máximo. Para que a un alumno se le aplique el cuarto supuesto es necesario que haya incurrido en cuatro faltas en el mismo día. Por tanto, si un alumno pierde un alfiler el lunes y dos el martes, no se le aplicará el tercer supuesto, sino el segundo que es el que corresponde al segundo alfiler retirado. Los alfileres de la derecha que se pierdan el lunes o cualquier día de la semana no se recuperarán hasta el lunes siguiente. Así, cada lunes se completan los 10 alfileres de la derecha y comienza un nuevo proceso.
Para que la técnica funcione es imprescindible recordar que:
Ardila, R. (1980). Terapia del comportamiento. Bilbao: Descleé de Brouwer.
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Craighead, W. E., Kazdin, A. E. y Mahoney, M. J. (1981). Modificación de conducta: principios, técnicas y aplicaciones. Barcelona: Omega.
Del Pino, A., Atela, C. y Santillán, C. (1983). "Reducción de conductas disruptivas en el aula e incremento del rendimiento académico como efectos directos de una economía de fichas en un modelo triádico de intervención". Análisis y Modificación de Conducta, 9 (22), 483-497.
Graziano, A. M. (1977). Terapia de conducta en al infancia. Barcelona: Fontanella.
Hallahan, D. P. y Kauffman, J. M. (1985). Las dificultades en el aprendizaje. Madrid: Anaya.
Iwate, B. A. y Bayley, J. S. (1974). Reward versus cost token systems: "An analysis of the effects on students y teacher". Journal of Applied Behavior Analysis, 7, 25-31.
Jiménez, C. (1984). "Incidencia y persistencia de las conductas problemáticas de los niños en edad escolar. Una revisión". Revista de Psicología General y Aplicada, 39 (5), 793-811.
Labrador, F. J., Cruzado, J. A. y Muñoz, M. (1994). Manual de técnicas de modificación y terapia de conducta. Madrid: Pirámide.
Mendez, F. J. y Macià, D. (1996). Modificación de conducta con niños y adolescentes. Madrid: Pirámide.
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Rimm, D. y Masters, J. (1980). Terapia de conducta: técnicas y hallazgos empíricos. México: Trillas.
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