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El krausismo y la educación femenina en España: Carmen de Burgos y Dolores Cebrián, maestras de la Normal de Toledo

Autor

Rosa Mª Ballesteros García
Doctora en Historia Contemporánea. Experta en Género e Igualdad de Oportunidades. Lusitanista. Especialista en Historia de las Mujeres. Miembro del Seminario de Estudios Interdisciplinares de la Mujer de la Universidad de Málaga (SEIM/UMA). Miembro de la Asociación Española de Investigación de Historia de las Mujeres (AEIHM).
Email: rbballesteros@eresmas.com

Información

Resumen: El tema que proponemos en este artículo se centra en el periodo de docencia que estas dos singulares profesoras, Carmen de Burgos y Dolores Cebrián ejercieron en la Normal de Toledo. Tras una breve introducción sobre la filosofía krausista y un breve apunte sobre la sociedad toledana de principios de siglo, ofrecemos dos biografías resumidas de las citadas maestras. Como apéndice documental, un documento pedagógico, obra de Carmen de Burgos, y un cuadro donde se constatan los índices de alfabetización en España entre 1887 y 1930.

Palabras clave: educación, feminismo, krausismo, pedagogía, reformismo,

Abstrat: This article is situated during the educational period of these two extraordinary women while teaching at the Escuela Normal de Toledo (Toledo School of female teachers).After a short introduction about Krausian Philosophy and a quick view over 1900´s toledan society, two summarized biographies of the above mentioned teachers are presented. The appendix comprises a pedagogic document wrote by Carmen de Burgos and a statistical chart showing alphabetization ratios in Spain from 1887 and 1930.

Key words: education, feminism, krausism, pedagogy, reformist.

1. Introducción: El krausismo o la armonía racionalista

El Krausismo, definido por su creador como un sistema de pensamiento basado en el “racionalismo armónico”, se caracteriza por su panteísmo idealista y, como consecuencia, sincrético. Se dice que no es estrictamente un movimiento filosófico, científico o pedagógico, sino más bien “una actitud humana integral” -como podemos leer en el Diccionario Temático (ARTOLA: 1991, 717)-, una definición compartida por el feminismo peninsular, laico y educador de principios del siglo XX que, en palabras de una de sus dirigentes, Ana de Castro era, simplemente, “humanismo integral”.

Originario de Alemania, su introductor en nuestro país fue Julián Sanz del Río . El movimiento apenas tuvo allí seguidores, muy al contrario que en España donde gozó de una gran aceptación y a cuya sombra creció un importante núcleo de renovadores (reformistas sociales), columna vertebral de la nueva pedagogía. Entre éstos podemos citar nombres como Fernando de Castro , Francisco Giner de los Ríos , Nicolás Salmerón o Gumersindo de Azcárate .

Esta corriente, introducida en España a mediados de la década de 1840, se enfrentará a la compleja realidad social española en todos sus aspectos: desde las políticas sociales ejercidas por los gobiernos autoritarios y conservadores hasta la excesiva injerencia de la Iglesia española en las políticas culturales. Los krausistas españoles intentaron, a través de sus postulados, reorganizar la sociedad según las pautas de la cultura europea y sus principios fundamentales: el liberalismo y el racionalismo. Frente al pensamiento tradicional imperante en nuestro país esta nueva doctrina se asentaba sobre el esfuerzo de la razón, guiada esta por un espíritu basado en el optimismo y en la confianza.

Por otra parte, la máxima aspiración de esta nueva corriente de educación integral, como ya se ha dicho, no era otra que el alcanzar la máxima armonía social a través de una reforma ética de los individuos que sólo se podría conseguir utilizando las incruentas armas de la educación. Para ello los krausistas, disidentes de la cultura oficial inoperante, anclada y excesivamente confesional, comenzaron a elaborar su entramado: La Institución Libre de Enseñanza (ILE) y posteriormente la Junta para Ampliación de Estudios, el Centro de Estudios Históricos y la Residencia de Estudiantes, cariñosamente apodada por su alumnado “la Resi” o el Instituto Escuela, donde dieron clases María de Maeztu (1882-1948) que dirigía la sección primaria o la filóloga María Goyri (1875-1955). Bajo este paraguas educativo se desarrollarán los centros dedicados a la enseñanza de la mujer. Especial mención merece la Residencia de Señoritas, donde se alojaron las estudiantes de provincias que llegaban a Madrid para estudiar en la ILE, como la malagueña Victoria Kent (1898-1987), una de las primeras mujeres que ejerció la abogacía en España.

Estas son, a grades rasgos, las características del movimiento filosófico y sus bases pedagógico-regeneradoras que tanta influencia tuvieron en el cambio de mentalidad de la sociedad española hasta los años treinta del pasado siglo. No cabe duda que tanto Carmen de Burgos como Dolores Cebrián, perfectos ejemplos de la “nueva mujer” que se gestaba, rompedora de moldes, debieron enfrentarse a una realidad cotidiana poco afecta a ciertos cambios. No tenemos más que echar mano de alguna de las obras de escritores como Galdós (Angel Guerra), Blasco Ibáñez (La Catedral) o Félix Urabayen (Don Amor volvió a Toledo, Toledo: Piedad, Estampas del camino) , por poner algunos ejemplos, para hacernos idea de las dificultades que tuvieron que afrontar nuestras maestras, particularmente Carmen, en el día a día de aquel Toledo, provinciano y cerrado, de hace un siglo: “el solar de las santas leyendas”, como lo califica Urabayen, maestro de la Normal toledana, desde 1911.

Sin embargo, como a tantos otros artistas, escritores, o gentes simple y llanamente sensibles, ese embrujo indescriptible que emana la ciudad de las tres culturas acabó por seducirle y atraparle irremediablemente. Se convirtió en el vasco más toledano, como muestra la siguiente cita. En su novela Don Amor volvió a Toledo, escrita en 1936, afirma:
“Cuéntase que una vez vino a Toledo Don Amor (...) Y aunque Don Amor estuviese, mientras avecindó en Toledo, siempre alegre, placentero y vicioso, las dueñas lozanas, las magras beatas y las doncellas de mucho ayuno echáronle de la ciudad por la puerta de Bisagra. Desde entonces Toledo es una vieja paloma jubilada por Don Amor (...) y, sin embargo, a una ciudad de carnes tan fláccidas, arrugadas y marchitas como la otoñal más celestina o la celestina más otoñal, se le toma un cariño feroz, que se enraíza al alma para siempre y sin liberación posible (...) Un individuo normal que cruza por primera vez Bisagra o Alcántara, si permanece tres meses en Toledo, ya no se mueve jamás...”

2. La sociedad toledana en los albores del nuevo siglo

“Toledo, esa cimitarra gris que los árabes se dejaron olvidada entra la chilaba mugrienta que el Tajo arrulla con su eterno rezo...” (F. URABAYEN: Estampas del camino)

A principios del siglo XX Toledo era, cuando allí recalan Mercedes y Carmen, una capital provinciana que no llegaba a los 25.000 habitantes. La vida ciudadana transcurría plácidamente, apenas alterada por la celebración semanal de los “martes” y las primeras proyecciones de cine, en 1901, en un barracón montado para este efecto en la plaza de Zocodover. El Casino , los cafés y algún otro establecimiento de Alfileritos y Sillería para solaz y tertulia de la burguesía local, y las representaciones casi diarias en el nuevo teatro Rojas resumen la oferta lúdica, completada por cinco confiterías de calidad: las de Eleuterio Pérez, Juan Martín Burriel, Daniel García Alejo, Mariano García y José de los Infantes . Para bajar la digestión, los inevitables paseos por la Vega, El Miradero, El Tránsito o la Ronda que circunvala la ciudad, con sus ermitas de la Cabeza o el Valle; en verano, la oferta se ampliaba con los merenderos al aire libre que se ubicaban en las riberas del Tajo, en Safont, donde, en un ambiente más popular, se degustaban manjares tan democráticos como las ancas de rana, o los pescados del río, escabechados como sólo sabían hacerlo las habilidosas manos de los cocineros (o cocineras) que pocas horas antes los habían sacado de las entonces limpias aguas del Tajo.

Las Cuatro Calles, Comercio y Zocodover, arteria principal del laberinto callejero, albergaban las cuatro librerías que abastecían a la escasa clientela que las frecuentaba -no debemos perder de vista el alto nivel de analfabetismo, especialmente femenino, que rondaba el 80%- . Este erial fue la carta de presentación para las educadoras que proponemos en este artículo. Iban a formar parte de un reducido colectivo, como afirma José Mª Ruíz: “inmersas en su mayoría, en la moral religiosa dominante parte de la isla cultural que conformaban el Instituto y la Normal en el contexto de la pacata sociedad toledana.” . Entre la minoría, rompiendo este inmovilismo, como más adelante veremos, se encontraban Carmen de Burgos y Dolores Cebrián. A esta pareja de exóticos ejemplares les acompañaron en sintonía, entre otros, educadores como Ventura Reyes , Luis de Hoyos o Julián Besteiro , profesores todos ellos del Instituto toledano.

En el otro extremo social, la clase obrera entretenía las pocas horas que les permitía su larga jornada laboral en bodegas, tabernas y establecimientos más modestos, pues las sociedades socio-recreativas de iniciativa obrera comienzan a desarrollarse hacia 1903 cuando la UGT y el PSOE establecen sus secciones en la capital. Posteriormente, en 1910, se inaugurará la Casa del Pueblo en la calle Núñez de Arce nº 20. Urabayen se felicita de estos nuevos templos laicos obreristas. En su obra, Estampas del camino, refiriéndose a la de Torrijos, escribe: “Hay una iglesia ancha y alta, de sólida cúpula. Y hay una Casa del Pueblo más sólida todavía...”. En el municipio de Oropesa, el antiguo palacio de los condes se había convertido, según sus palabras, en “caldera burguesa, colmena corporativa y célula rural. Es parador, puesto de la Guardia civil, garaje y plaza de toros. Sus carnes dolientes sirven de honesto refugio a la Casa del Pueblo...” Por otra parte, podemos seguir la evolución de las actividades de la Casa del Pueblo toledana a través de publicaciones como El Heraldo Obrero, El Proletario o El Defensor de Toledo. Otras publicaciones como El Heraldo de Toledo, El Centinela, Zeta, La Región o La Verdad reservaban un espacio en sus páginas para informar sobre la Casa del Pueblo.

Retomando el tema de la educación femenina, objetivo de este estudio, Fernando de Castro, como alternativa al páramo educativo y obedeciendo a la idea integralista del krausismo, había puesto en marcha en 1869 las Conferencias Dominicales para la Enseñanza de la Mujer en colaboración con mujeres como Faustina Sáez de Melgar . Dentro de esta línea, se crearía la Escuela de Institutrices (1869) o la Asociación para la Enseñanza de la Mujer (1871), donde se impartían enseñanzas de Comercio y de auxiliares de Correos (1883), todas ellas influidas por la filosofía krausista. Mujeres como María de Maeztu , Concepción Arenal , o la misma Dolores Cebrián, fueron producto de este deseo regeneracionista. En esta línea reivindicativa se encuentran mujeres como Emilia Pardo Bazán, Rosario de Acuña, Joaquina García Balmaseda, Suceso Luengo, Matilde García del Real, Concepción Sáiz y un larguísimo elenco de mujeres injustamente olvidadas por la historiografía tradicional.

No podemos, por tanto, dejar de resaltar la acción e influencia del citado movimiento en ciertos grupos de la burguesía ilustrada y la inevitable desazón que debió producir su influjo en espíritus más reaccionarios y menos propensos a los cambios, como el ejemplo que a continuación transcribimos.

Un grupo de socios del casino toledano presentaba al Gobernador Civil un reglamento, para su aprobación, del programa de conferencias a impartir. El reglamento quedaba aprobado... “si bien con la limitación de que las discusiones filosóficas se aparten de toda escuela de tendencias krausistas, materialistas, etc.” Podemos imaginar, pues, el inevitable choque que debieron causar en la conservadora sociedad estas dos mujeres, hipotéticos vehículos de subversión para las hijas de las respetables familias toledanas. Si a Dolores, soltera entonces, solo se le podía achacar su formación krausista, Carmen era harina de otro costal. Además de separada (aunque en 1906 había enviudado), publicaba libros, escribía en los periódicos; era feminista militante, demócrata y además participaba en mítines y eventos del obrerismo local junto a Besteiro, novio de Dolores y concejal republicano, como se recoge en algunos artículos publicados en La Idea , semanario republicano de Toledo.

3. Carmen de Burgos Seguí (1867-1932)

Carmen de Burgos Seguí fue una pedagoga trotamundos más conocida por “Colombine”, su alias periodístico más famoso . Su vida y su polifacética actividad, mejor dicho sus múltiples actividades, son siempre fuentes recurrentes y aún no bien explotadas a pesar de los numerosos estudios de su obra y de su vida.

Al margen de su actividad como pedagoga y maestra, motivo central de este artículo, su obra creadora como escritora y periodista corre pareja a su activismo en la lucha por la liberación de las mujeres. Toda su obra esta impregnada de sensibilización y entrega a la causa feminista; si seguimos cronológicamente sus publicaciones ésta se va desarrollando y haciéndose más reivindicativa de tal modo que el feminismo “conveniente”, ligth, si se me permite el anglicismo, que se detecta en sus primeros trabajos como La mujer en España, publicada en 1906, irá evolucionando imparablemente: como ella misma. Ejemplo de esta evolución son obras como La malcasada, La que se casó muy niña, La mujer moderna y sus derechos o La Rampa. En su Autobiografía escribe:
“Mi vida es compleja; varío de fases muchas veces; tantas que me parece haber vivido en muchas generaciones diferentes... y yo también he cambiado de ideas... de pensamientos (...) me río de la unidad del yo, porque llevo dentro muchos yoes...”.

En esta línea argumental un ejemplo referido a su opinión sobre el sufragio femenino en España. Durante su viaje por Italia, en 1906, escribe: “Pero ahora darle el derecho de voto es poner un arma peligrosa en manos de un niño”, aunque a renglón seguido matiza “que no es por ser mujer, sino por ser ignorante” . Sin embargo, este criterio lo va modificando de forma que, en 1921, es una de las impulsoras de la Cruzada de las Mujeres Españolas, organización sufragista cuyo objetivo fundamental era la consecución del voto. Cuando en 1931 se consigue por fin este derecho, Carmen de Burgos junto a la diputada Clara Campoamor (1888-1972), su defensora en el Parlamento, son objeto de homenaje por los colectivos feministas en reconocimiento a su labor en este campo.

Carmen de Burgos Seguí, bautizada en la almeriense Iglesia Parroquial de San Pedro con los nombres de María del Carmen, Ramona y Loreta, nació el día 10 de diciembre de 1867 en Rodalquilar, provincia de Almería. Fue la mayor de una familia numerosa del matrimonio formado por José Burgos Cañizares, propietario, y Vicecónsul de Portugal en Almería, y de Nicasia Seguí Nieto.

Se casó muy joven, a los dieciséis años, “en contra de la voluntad de su padre” , con Arturo Alvarez, hijo del gobernador de Almería. Allí, por primera vez, entra en contacto con el mundo gráfico (su suegro era dueño de la tipografía del Diario de Almería) publicando en el periódico satírico Almería Bufa. Problemas matrimoniales y la muerte de su segundo hijo la llevaron a Madrid abandonando su ciudad natal y la casa de sus padres, donde ya se había trasladado al abandonar el domicilio conyugal, hacia 1900.

Según afirma Helena Establier “Carmen desbordaba idealismo: quería ser maestra, deseaba instruir a las demás mujeres e intentar paliar las deficiencias educativas que limitaban sus posibilidades”. Sin embargo, mostraba su pesimismo ante el panorama educativo al que se enfrentaba. En su Autobiografía confiesa, refiriéndose a su labor como pedagoga, que ésta “sería tan insufrible como el matrimonio y el cocido si no la supiera adornar de azul”.

Hacia 1901 llega a Madrid para “rehacer su vida, sin recursos, con su hija en brazos (...) Carmen, con su sombrerito triste y con su hija siempre en brazos”, describe Ramón Gómez de la Serna . Como afirma el citado autor, la escritora se divorció “en medio del escándalo provinciano”. No obstante, hacia 1894, con la certidumbre del desastre e intuyendo que tendría que buscar su propia solvencia económica si quería liberarse, había decidido dar un vuelco definitivo a su vida y estudiar magisterio, como alumna libre en la Universidad de Granada, al mismo tiempo que se iniciaba en el articulismo. Su sacrificio, incluidas burlas maritales, dio sus frutos. En 1897 obtiene el título de maestra de instrucción primaria elemental y tres años más tarde asciende otro peldaño al obtener el título de maestra de instrucción primaria superior. El primer paso estaba dado. A la economía propia le seguirá la libertad personal, porque lo que verdaderamente perseguía Carmen era “ser independiente y comenzar una nueva vida”.

Según datos oficiales ingresó en el Profesorado Normal (por oposición directa) en la Escuela Normal de Maestras de Guadalajara en 1901 . En 1905 consiguió una beca para ampliación de Estudios en el extranjero (Francia, Italia y Suiza). Fruto de este viaje fue la redacción de una Memoria, magnífico ejemplo comparativo de la realidad pedagógica española del momento frente a los países más avanzados de Europa. En 1906 enviuda al morir su marido.

La guerra de Marruecos, en 1909, es la excusa para que su periódico, El Heraldo de Madrid la nombre corresponsal de guerra (es la primera corresponsal de guerra española). Fruto de aquellas experiencias bélicas publicará En la guerra, dedicada a la doctora Aleixandre. En 1913 marcha a Argentina donde había sido invitada para dar una serie de conferencias y obtiene otra beca para ampliar estudios en el extranjero.

En 1914, como corresponsal de La Esfera, viaja por varios países europeos, enfrentándose a situaciones delicadas (en ese intermedio había irrumpido en su camino la Primera Guerra mundial). De esta época son los libros de viajes: Por Europa (Francia, Italia y Mónaco), Cartas sin destinatario (Bélgica, Holanda y Luxemburgo), Peregrinaciones (Alemania, Dinamarca, Suecia, Noruega, Inglaterra y Portugal) y Mis viajes por Europa (Suiza, Dinamarca, Suecia y Noruega). De las amistades que Carmen de Burgos cosechó en sus viajes queremos resaltar la figura de Ana de Castro, la escritora y feminista lusa que tanto influyó en ella. Su amistad se mantuvo intacta hasta la muerte de Colombine .

De su primer destino como maestra da el salto a Madrid en 1906, donde había sido comisionada para desempeñar la Cátedra de Economía Doméstica en la Escuela de Artes e Industrias de Madrid y de allí, ese mismo año, se traslada a la Escuela Normal Superior de Maestras de Toledo. Sus biógrafos coinciden en que el referido traslado fue en realidad un castigo impuesto por el ministerio, a causa de un artículo publicado por ella en la prensa denunciando las deficiencias de la escuela española (resultado de su experiencia pedagógica por el extranjero) y que, al parecer, se le indigestó a la autoridad competente. Quizás las siguientes líneas sean un reflejo de esta cuestión cuando escribía:
“Mis penas como profesora son dos... la imbecilidad de gentes inferiores que dirigen a los que valemos más que ellos... y haber visto un día un sitio vacío en el banco que ocupaba una pobre alumna pálida... ¡La mató la primavera!”.

Allí, en la “ciudad de los Cristos”, como Carmen la apoda en sus escritos, “sobrevivió” hasta 1909, a caballo entre ésta y Madrid. En carta a su amigo Galdós, escribe: “Le esperaré el domingo en Madrid, ya que esta semana he de pasarla presa en ésta [Toledo]” . En sus memorias, así como en algunas de sus novelas, la escritora deja traslucir su ingrata experiencia. Títulos como Triunfante o Los anticuarios, son ejemplo del ambiente poco propicio para una mujer, nada convencional, como ella muy gráficamente describe:
“Me crié en un lindo valle andaluz (...) en mi inolvidable Rodalquilar se formó libremente mi espíritu y se desarrolló mi cuerpo. Nadie me habló de Dios ni de Leyes y yo me hice mis leyes y me pasé sin Dios. Allí sentí la adoración al panteísmo (...) Después fui a la ciudad... y yo que creía buena a la humanidad toda, vi sus pequeñeces, sus miserias (...) y así sufriendo y amando... entre lágrimas y goces formé mi espíritu de hoy... Viajé... estudié (...) Hoy solo creo en el arte y acepto el amor como bella mentira”.

Qué distinto le debió parecer a Carmen el día a día de la hermética y católica ciudad castellana. La rutina diaria la describe así en su cuento ¡Triunfante!:
“Era el crepúsculo sombrío de Toledo, de la ciudad silenciosa y fantástica, donde aún gime el alma árabe en las mezquitas convertidas en santuarios (...) Se habían retirado los escasos paseantes de la Vega y el Miradero, triste paseo polvoriento, especie de patio de la ciudad, donde se cruzaban las gentes con cara de aburridas. Allí se encontraban todas las tardes los mismos paseantes...”.

Como consecuencia de la publicación de otra de sus novelas, El honor de la Familia, publicada en 1911 dentro de la colección “El Cuento Semanal”, el periódico católico toledano El Castellano afirmaba en un artículo que estaba escrito con “descocada desvergüenza” e “ indecente pornografía”. En esta novela Carmen abordaba problemas tales como la doble moral, la hipocresía social, las relaciones sexuales no reglamentadas... el inevitable embarazo:
“las murmuraciones de la ciudad penetraban hasta la casa. Venían de visita las amigas (...) Doña Solita, desconcertada, murmuraba disculpas y miraba con terror el rostro demacrado de la sobrina, cuyo talle ensanchaba de modo alarmante. Las beatas del pueblo, los mismos aduladores de su tía eran los primeros en propalar la especie de lo que pasaba...”. El desenlace “lógico” es fácil de adivinar: la joven y embarazada protagonista se ve obligada, acuciada por el rechazo de los “suyos” a abandonar Toledo: “...tomó el camino de la estación (...) y no se detuvo hasta pasar por el puente de Alcántara (...) la ciudad se perdió de vista... Soledad iba a la vida con la muerte en el alma. Obedecía a la funesta necesidad de vivir”.

La realidad del día a día, desde su aula, la pinta con colores más trágicos si cabe:
“Pienso en las almas de mujer que con una frase puedo liberar del oscurantismo... pienso en los corazones en que despierto el amor al arte... y en abrir todos los años la puerta de las aulas a una multitud de jovencillas que mi severidad podría retener para que vayan a saltar al sol sin molestarse en nuestras indigestas y vacías explicaciones. Cuando las veo delante de mí, reflexiono en que deben amar y ser amadas, en que hace sol y ellas están encerradas en el aula sombría; en que hay lindas canciones para labios de rosa y marchitan los suyos los problemas de Álgebra. Y las amo y quisiera gritarles: Huid de esta parodia de ciencia Sed libres... pero callo y les doy la libertad”.

Durante su estancia en Toledo que se prolongó, como apuntamos, hasta 1909, Carmen mantuvo una intensa actividad al margen de su magisterio. Pronunció conferencias, asistió a actos públicos, participó en mítines, escribió artículos en diarios como El Heraldo Toledano y El Día de Toledo y mantuvo una cordial amistad, que perduró hasta su muerte, con destacadas figuras del republicanismo local, como Julián Besteiro. Años después, como consecuencia del encarcelamiento del líder socialista tras la huelga general de 1917, escribiría un artículo en el Heraldo de Madrid rememorando sus paseos (a tres) por las viejas calles del casco histórico: los Cobertizos, la Plaza de Santo Domingo o las orillas del Tajo.

Como ya adelantamos, su franca opinión la iba a dar más de un dolor de cabeza. Si de su visita a Suiza elogiaba el mimo sanitario a sus escolares:
“El médico inspector vigila constantemente el estado higiénico de las clases (...) la ventilación (...) el mobiliario (...) durante todo el curso se les somete a una rigurosa inspección médica (...) son individualmente examinados por el médico inspector (...) El médico de las escuelas envía mensualmente al Departamento de Instrucción Pública un informe circunstanciado sobre el estado sanitario de ellas” -escribía en su informe-, no podía dejar de dar su opinión sobre esta cuestión a nivel nacional: “Que los niños no asistan a nuestras escuelas, tristes, lóbregas, malsanas y rutinarias (...) no hay para ellos jardines ni gimnasios (...) Aquí el Estado se preocupa poco de esto (...) Aquí no se procura que el pueblo salga de la inconsciente y entre en el baño” .

Por otra parte, la campaña que las fuerzas conservadoras y eclesiásticas mantenían contra la pedagoga se iba haciendo cada vez más enconada. A través de las páginas del semanario carlista El Progreso se lanzaron duras críticas contra Carmen por haber explicado en clase de lenguaje a sus alumnas que el origen de éste no se debía a la mediación divina, sino a la evolución humana. En un artículo, Enrique Sánchez escribe que esta campaña se prolongó varios meses: “censurándole desde sus ausencias a clase hasta su compromiso con la emancipación femenina, llegándosele a acusar de que en sus intervenciones públicas excitaba a las mujeres a la práctica del amor libre y advirtiendo a los padres toledanos del grave peligro que corrían sus hijas al asistir a sus clases”.

Ciertamente, Carmen iba y venía de Toledo a Madrid en constante nomadismo. Sabemos, a través de su correspondencia, que impartía normalmente sus clases en la Normal toledana los lunes, martes y miércoles y algún otro día esporádicamente. El resto de la semana lo pasaba en Madrid atendiendo su trabajo como redactora de El Heraldo de Madrid y ocupada con sus libros y trabajos de traducción.

No es de extrañar, pues, que se intentara por todos los medios deshacerse de esta “disidente” que tan grave influencia podría ejercer sobre las jóvenes. De este modo, respondiendo a un campaña orquestada por las fuerzas conservadoras de la ciudad, fue acusada por la directora de la Escuela Normal de faltar reiteradamente a sus clases sin motivos justificados. Incoado el subsiguiente expediente, fue sobreseído por falta de pruebas. En la resolución, la autoridad competente afirmaba que la maestra “goza de fama reconocida como persona de gran cultura, cuyo amor por la enseñanza bastaría a demostrarlo con el hecho por ella expuesto, de estar encargada de mayor número de clases que sus compañeras...”

Finalmente, Carmen finalizó su estancia docente en Toledo al obtener una plaza en la Escuela Normal Superior de Madrid en 1910. En 1911 fue nombrada profesora especial de la Escuela de Artes y Oficios de Madrid. Fue también profesora de sordomudos y ciegos. Su trayectoria profesional como pedagoga la ejerció fundamentalmente, y hasta su muerte, en Madrid.

Pero como apuntamos, su faceta como educadora siempre se vinculó con su actividad como escritora y periodista. Su producción literaria y articulista es numerosísima y abarca un amplio temario: desde belleza y economía doméstica hasta política . En este campo Carmen de Burgos luchó siempre por los principios republicanos y la inserción de la mujer en la vida pública, y con este fin fundó la Cruzada de las Mujeres Españolas, para reivindicar el sufragio y la participación social de la mujer .

Cerebro intelectualmente inquieto, en 1908 había fundado la Alianza Hispano Israelita, publicando en su órgano de difusión la Revista Crítica. Su trabajo como colaboradora lo desarrolló, entre otras, en las siguientes publicaciones: La España Artística, La Educación, Album Ibero-Americano, La Correspondencia de España, El País, ABC, Feminal, La Alhambra, El Liberal, Tribuna Pedagógica, Por esos mundos, La Esfera, El Turbión. Fue redactora de El Heraldo y El Nuevo Mundo de Madrid. Fue miembro activo de la Asociación de la Prensa y de la Sociedad de Escritores y Artistas, Ateneo, Protección de la Infancia y “otras sociedades científico literarias” .

Por lo que se refiere a su conciencia feminista ésta se fue desarrollando y evolucionando paulatinamente como expusimos al principio. En un principio, sus reivindicaciones se basaron fundamentalmente en la defensa del derecho a la educación, y al papel fundamental de la mujer como madre. No obstante acabaría defendiendo, con la pasión que siempre la caracterizó, el papel de las mujeres en la vida pública. Esta misma evolución puede aplicarse al tema del sufragio, pues si en un primer momento tuvo ciertas dudas respecto a la conveniencia de hacerlo extensivo a “todas” las mujeres españolas, su implicación posterior con el republicanismo y las ideas socialistas hicieron de ella una de las mayores defensoras del sufragio universal.

El día 9 de octubre de 1932 fallecía en Madrid cuando participaba en una reunión política del Círculo Radical Socialista. El periódico madrileño El Sol destacaba en su necrológica que en sus últimos momentos expresó su alegría por morir republicana. Su amiga y colega Dolores Cebrián, directora entonces de la Escuela Normal Central de Maestras de Madrid, así se lo comunicaba oficialmente al Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes: “Tengo el sentimiento de participar a V.S. que con fecha 10 de los corrientes ha fallecido Doña Carmen de Burgos Seguí, Profesora numeraria de Gramática y Literatura de esta Escuela. Lo que pongo en su conocimiento para los efectos consiguientes”.

Al otro lado de la frontera, la revista portuguesa Portugal Feminino, con quien la escritora andaluza había colaborado, también ofrecía su tributo a la feminista española insertando la necrológica, elaborada por su amiga Ana de Castro Osorio:
“Carmen de Burgos, la gran escritora española que el 9 de octubre murió heroicamente en plena actividad de acción liberadora, es un valor mundial que todas las mujeres deben respetar, aunque no coincidan con sus creencias y no estén a la altura de su pensamiento avanzado y libre de dogmas y prejuicios sociales (...) Amaba sus ideales más que a su propia vida... Y quien sabe si su gran y heroico sacrificio quedará aún largos años desconocido e inútil para la sociedad y, principalmente, entre las mujeres, al progreso de las cuales se sacrificó” .

Por deseo expreso fue enterrada en el Cementerio Civil de Madrid. En 1931 había fundado la logia “Amor”, junto con su hija María y su hermana Catalina (Ketty), su compañera en todo momento, incluida la estancia toledana.

4. Dolores Cebrián y Fernández de Villegas (1881-1973)

Afirma Carmen de Zulueta , sobrina de Dolores, que muy pocas mujeres habían logrado estudiar botánica en la Sorbona en los años que lo hizo su tía. Sin embargo, Lola, como la llamaban familiarmente, había conseguido una beca de la Junta de Ampliación de Estudios y a su vuelta de París empezó a trabajar como profesora en la Escuela Normal de Madrid.

Dolores había nacido en Salamanca el día 13 de agosto. Sus padres fueron Cristino Cebrián y Villanova, un militar salmantino, médico y profesor de aquella Universidad y Concepción Fernández de Villegas, de Murcia, ama de casa, pero con ideas muy modernas. Afirma Carmen que Miguel de Unamuno (1864-1936)0, gran amigo de la familia, al referirse a Concepción decía que tenía “cabeza de hombre”. Años más tarde, cuando su hija Dolores estudiaba en la Sorbona parisina, respondiendo a las preguntas de un enviado de la Junta, el catedrático encargado Mr. Bonnier contestaba que “la señorita Cebrián era su mejor alumno”. Son reiterativas estas afirmaciones cuando se quiere destacar la inteligencia en una mujer. Por poner otro ejemplo, de la insigne Concepción Arenal –que por cierto se formó en la ILE- se decía, como summun del elogio: “es mucho hombre esta mujer”.

En Salamanca estudia Dolores con las monjas francesas; allí realiza la carrera de maestra y apenas terminada, muerto repentinamente el padre, la familia (madre y siete hijos) se traslada a Madrid donde entra en contacto con la ILE, institución donde se educaban sus primas, hijas de un hermano de su madre. En 1900 consigue una plaza de maestra en Salamanca y allí se mantuvo hasta 1905 que renunció para presentarse a una cátedra de la Normal de Toledo (porque lo que realmente quería era acercarse a Madrid). Su cátedra de la Sección de Ciencias en Toledo la ocupó desde julio de 1905 hasta marzo de 1908. Coincidió, pues, con Carmen de Burgos en la Normal toledana desde finales de 1906 a 1908.

Toledo fue el puente para su acercamiento a Madrid y también el lugar donde conoció a su futuro marido, el catedrático de filosofía del Instituto toledano Julián Besteiro, que había llegado a Toledo en 1899 con 28 años, tras una estancia en el Instituto de Orense, fugaz a causa de su enfrentamiento con las fuerzas vivas (léase Cabildo) de dicha ciudad. Como Dolores, se acercó a Toledo como paso inmediato para acceder a su destino último: Madrid. Vivió primero en una pensión de la calle Santa Isabel y después en otra de la Travesía de la Plata . Años después, Félix Urabayen, profesor también de la Normal toledana, en uno de los pasajes de su libro Toledo la despojada, destacaba su activa participación socio-política durante su estancia en la capital del Tajo con estas líneas: “...Besteiro, Hoyos y otros cerebros inquietos que han querido sacudir un poco la modorra espiritual de esta ciudad...” Como candidato por la Unión Republicana logró acta de concejal (distrito Instituto-Capuchinas), cargo que ejerció más o menos regularmente hasta 1908, fecha en la que consigue una pensión (beca) de la Junta para Ampliación de Estudios de la ILE , de la que había sido alumno, para viajar a Munich, Berlín y Leipzig (antes de llegar a Toledo había estudiado también en París). Colaboró en publicaciones locales como La Idea, periódico republicano. Finalmente, fue nombrado catedrático de la Universidad Central de Madrid, ciudad donde desarrollaría su trayectoria docente y política. Finalizada la guerra Civil, fue encarcelado. Murió en la prisión de Carmona en 1940.

Dolores Cebrián, como apuntamos, había llegado a Toledo en 1905. Si aceptamos lo que dice su sobrina Carmen de Zulueta, había conocido a Besteiro en Madrid, aunque esa amistad se reafirmó y se convirtió en algo más profundo durante su estancia en dicha ciudad. Siguiendo esta fuente, nos enteramos que la dueña de la pensión donde se alojaba Dolores llamó una tarde a ésta para que viera pasar a Besteiro, “ya conocido socialista y hombre guapo, muy alto (...) con una tupida barba negra y una cabellera rizada del mismo color”.

Cuando lo vio, escribe, “iba del brazo de una joven y Dolores le dijo a la dueña: he llegado demasiado tarde”. No fue así, afirma la sobrina, pues se enamoraron y se casaron en 1914 “en una ceremonia civil, cosa también poco frecuente en miembros de la clase media española” . Su relación de pareja debió transcurrir en una camaradería, bastante inusual, por cierto, si aceptamos el testimonio de su sobrina Carmen:
“...no me di cuenta de la existencia de estos tíos tan especiales hasta que cumplí cuatro o cinco años (...) Desde que tengo uso de razón, la casa de tía Lola fue un refugio para mí (...) Se interesaban por todo lo que hacía en al colegio, por lo que aprendía... (...) Mi tía Lola cogía plantas por el campo y me explicaba de qué familia eran, de daba el nombre en latín y decía, en algunos caso, que servían como remedio de enfermedades (...) Mi tía Dolores me inició en el gusto por las ciencias (...) Otro verano me sacó del calor seco de Los Molinos y me llevó con ellas a Zarauz. Decidió que a ella le hacía falta la playa y que a mí se sentaba muy bien” .

Hasta 1908 Dolores ejerció su cátedra de Ciencias en la Normal toledana, fecha en la que con su beca de la JAE se trasladó a París a estudiar en la Sorbona. Visitó también Londres y Bruselas. A su vuelta, se colocó como profesora de la ILE, plaza que mantuvo hasta que terminó la guerra Civil. Como a tantos maestros, Dolores fue “depurada” y no pudo volver a enseñar en la Normal de Madrid, afirma su sobrina, “probablemente pensaron que el nombre de Besteiro iba a tener influencia con los estudiantes”.

Por lo que respecta a su actividad política, esta no debió ser demasiado activa, al contrario que su marido. Se sabe que frecuentó en ocasiones tales como conferencias o actos relevantes la Casa del Pueblo madrileña. Como Carmen de Burgos, mantuvo una actividad regular en asociaciones feministas creadas en la década de 1920, como el Lyceum Club, organización feminista donde se concentraban un grupo de señoras de la burguesía ilustrada española. Se le considera una organización “elitista” dentro de las de su estilo. No formaron en su nómina mujeres destacadas feministas como Carmen de Burgos o Margarita Nelken, por poner dos ejemplos, a causa de lo estricto de sus estatutos con respecto a la cuestión moral. Carmen, como sabemos, mantenía una relación íntima (más o menos pública) con el escritor Ramón Gómez de la Serna; por su parte, Margarita Nelken era madre soltera y mantenía libremente sus relaciones amorosas sin pasar por el matrimonio.

Dolores, desempeñó cargos de cierta relevancia relacionados con su actividad como maestra. Tras la muerte de su marido, y pesar de la pena y los contratiempos con los que tuvo que luchar, como tantos republicanos que optaron por el exilio interior, se mantuvo siempre intelectualmente activa. Atacada por una hemiplegia, enseñaba francés a la enfermera que la cuidaba. Cuando le llegó la edad de jubilarse, cuenta la sobrina, consiguió su pensión aunque no quiso recibir la que le correspondía como viuda de Besteiro.

Dejó escrito un libro, titulado Cartas desde la prisión, que publicó Carmen: “estaba muy bien escrito, en un tono sencillo, sobrio, sin añadir nada a la terrible realidad que presenció”. Murió en febrero de 1973 a los 92 años. Como Carmen de Burgos, su amiga y compañera, está enterrada en el Cementerio Civil de Madrid junto a Julián, su marido. Informando sobre el luctuoso hecho, Jordi Maragall, hijo de Joan, el poeta, escribió un artículo en La Vanguardia titulado: “Cruces en el Cementerio Civil”.

Este artículo es un homenaje póstumo a dos maestras que, desde sus cátedras y fundamentalmente desde su ejemplo vital, intentaron paliar por medio de la educación el abismo educacional en que se encontraban inmersas cientos de miles de españolas por el sólo hecho de ser mujeres.

Documento

De todo lo expuesto la que suscribe ha deducido las siguientes conclusiones:

  1. Que es necesaria una reforma radical en nuestra organización é instalación de Escuelas, á fin de que la labor de las profesoras resulte verdaderamente eficaz.
  2. La enseñanza ha de hacerse obligatoria de un modo efectivo; pero para poder imponerla sin injusticia es preciso que se provea á la construcción de edificios adecuados por su capacidad y condiciones higiénicas, en número suficiente.
  3. que la escuela tenga una tendencia marcadamente educativa, atendiendo no solamente á la instrucción sino también al desarrollo físico, á la educación del sentimiento y la formación del carácter; por medio de la gimnasia, juegos corporales, hábitos de higiene y limpieza; excursiones y contemplación de obras artísticas.
  4. En lo que á la mujer se refiere ha de procurarse atraerla al hogar y á la vida de familia por todos los medios sin descuidar su cultura intelectual y artística.
  5. Que se creen Escuelas de Madres, Escuelas de Menaje, de Agricultura y de Cocina.
  6. Que se preste especial atención á las secciones femeninas de las escuelas de Artes é Industrias para poner á las mujeres en aptitud de ganar la subsistencia en caso necesario.
  7. Que se modifique el plan de estudios de las normales de modo que las alumnas tengan menos asignaturas y horas de clase y haya más número de profesoras.
  8. Que las enseñanzas del hogar alternen con las científicas en las Normales.
  9. Que se preste más atención á la higiene y educación física de las alumnas.
  10. Que no pudiendo establecerse un buen régimen de enseñanza sin tener en cuenta, además de la naturaleza del niño, las condiciones propias del medio en que se desarrolla; costumbres, leyes, ect (sic) se haga un estudio detenido del niño español; para formar nuestra pedagogía nacional.

Carmen de Burgos Seguí

Al finalizar el siglo, España dedicaba solo el 1,5% del presupuesto nacional a la instrucción pública. En 1910 aún no se había logrado alcanzar la cifra de escuelas primarias considerada como necesaria por la Ley de Instrucción pública de 1857.

Para la misma fecha, los presupuestos de algunos países nos indican claramente la distancia de nuestro país respecto a ellos: USA (14%); Alemania (12%); Inglaterra (10%); Francia (8%).

En el cuadro siguiente se pueden apreciar los datos que indican el grado de alfabetización de nuestro país. (Fuente: Scanlon, 1986, 50.)

Alfabetización en España
Censo Hombres Mujeres Total
1887 61.5 81.2 71.6
1900 55.8 71.5 63.8
1910 52.6 65.8 59.4
1920 46.4 57.8 52.3
1930 38.7 58.2 44.4

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AGA. Expediente Carmen de Burgos. CA 17477. Memoria Correspondiente al curso de ampliación de Estudios en el Extranjero realizados por la autora (octubre de 1905-septiembre de 1906).