
Usted está en: Inicio > Servicios > Revistas de la Universidad > Docencia e investigación > Número 2 > La educación femenina: una escala para alcanzar la categoría de ciudadana.Portugal y los Congresos Feministas y de Educación (1924-1928)
por: Rosa Mª BALLESTEROS GARCÍA
Doctora en Historia Contemporánea. Experta en Género e Igualdad de Oportunidades. Lusitanista. Especialista en Historia de las Mujeres. Miembro del Seminario de Estudios Interdisciplinares de la Mujer de la Universidad de Málaga (SEIM/UMA). Miembro de la Asociación Española de Investigación de Historia de las Mujeres (AEIHM).
C.E.: rbballesteros@eresmas.com
El tema de este artículo lo abordamos desde la perspectiva de género. Desde esta categoría, nos acercamos a analizar y poner en evidencia la lucha mantenida por un colectivo de mujeres, mayoritariamente maestras, que desde la toma de conciencia de su ciudadanía de "segunda" y su militancia feminista, trataron de hacer frente a este anonimato con las únicas armas que conocían: la razón y la fuerza moral que les dictaba su inteligencia. La importancia, al menos cualitativa, que tuvo el colectivo docente en su lucha por conseguir la ciudadanía plena, queda reflejado en las páginas del texto. El elegir un país, apenas conocido por la historiografía española, y una época, como fue la Primera República portuguesa, queda explicado si atendemos al concepto que la filosofía feminista mantiene: el estudio de este movimiento dentro del humanismo integral y la necesidad de elaborar acontecimientos, hitos, signos, y una genealogía propia en la que nos podamos reconocer.
Palabras clave: Ciudadanía. Educación. Feminismo. Liberalismo. Librepensamiento. Masonería. Mujeres. Reformismo.
(Marco conceptual)
Coincido con la profesora Mª Dolores Ramos Ramos y su planteamiento del género como categoría de análisis. A partir de esta reflexión el citado colectivo, al que algunas investigadoras no dudan en calificar como el de "las ignoradas de la historia", ha permitido situar a las mujeres, en palabras de la citada autora, "como sujeto y objeto de estudio en el siempre complejo marco de las relaciones sociales y colectivas".
Sin embargo, han tenido que pasar más de dos siglos para que el concepto de "ciudadanía", hijo de la Revolución Francesa, sea aplicado en toda su amplitud al citado colectivo (al menos en el ámbito de los países occidentales). El concepto de ciudadanía se puede desarrollar en tres órdenes fundamentales: el económico, basado en el derecho al trabajo (condición sine quam con el que se accede al título de ciudadano/a); el político, que capacita a la ciudadanía, entre otros deberes-derechos, para ejercer el sufragio, y por último el social, que comprende derechos civiles, mejoras sociales, etc. Es, en este último donde se desarrolla el derecho a la educación, un derecho secularmente vetado a las mujeres y que fue, no cabe duda, el primer obstáculo que intentaron superar sus líderes más intuitivas, conscientes de la vital importancia que su adquisición suponía para acceder a la categoría de ciudadanas.
Partiendo de la filosofía feminista que entiende este movimiento social como un "humanismo integral" (ajeno a cualquier integrismo; abierto, plural y sin fronteras), queremos contribuir a su conocimiento, dentro del marco peninsular, dando un teórico salto al país con el que compartimos vecindad y, paradógicamente, grandes dosis de desconocimiento (no recuerdo quien escribió que el conocimiento que teníamos de aquel país, se podía resumir en tres efes: "Fátima, fútbol y fados"). Así lo entendemos, y así lo entendía la escritora Carmen de Burgos, profesora que fue de la Escuela Normal de Toledo, y una de las mujeres que más lucharon por los derechos de las mujeres en España: "Es preciso ver Portugal [escribió] para completar el paisaje total de nuestra península; para completar el alma nacional hay que atender a esta visión tan armónica y tan complementaria, que nos hace amar la península entera de una manera más fundamental y amplia, en un cuadro más perfecto". No obstante, a pesar de esta mutua indiferencia, en no pocas ocasiones las tierras portuguesas han servido de refugio en momentos difíciles a algunas/os de nuestras/os paisanas/os (la toledana María Pacheco, viuda del comunero Padilla, Teresa Claramunt, dirigente anarcosindicalista, Rosario de Acuña, librepensadora y masona, Anselmo Lorenzo, el dirigente anarcosindicalista toledano, propagador en aquellas tierras de la Primera Internacional). Constatamos allí también las estancias (más o menos prolongadas) de escritoras como Ortiz de Zárate, Jimeno de Flaquer, Carolina Coronado o Carmen de Burgos, por citar algunos ejemplos, desestimando los infinitos casos del exilio de signo contrario (propiciados por el inicio del salazarismo (1929) y el conflicto bélico de la Guerra Civil española (1936-1939), en el intento de no rebasar el marco cronológico que proponemos.
Como hemos afirmado en alguna ocasión, en referencia al estado de la cuestión de los estudios de género, estamos en una etapa en la que es necesario establecer acontecimientos, hitos y signos, así como de elaborar una genealogía propia en la que podamos reconocernos. Por ello, en una maniobra intelectual retrospectiva, hemos querido recuperar un tiempo y una historia: dos Congresos (feministas y pedagógicos) celebrados en Lisboa, organizados por el Consejo Nacional de las Mujeres Portuguesas (CNMP) y la logia femenina Humanidad del Derecho Humano, dos de los tres pilares donde se asienta el movimiento feminista portugués de principios del s. XX, hijo del laicismo, el republicanismo y la masonería.
Desde finales del XIX muchas cosas se estaban moviendo en Portugal, una sociedad "en mudança", como afirma algún autor. Como planteamos en nuestra investigación sobre el movimiento feminista portugués (BALLESTEROS, 2001, 95), se presentían aires de cambio; la sociedad estaba inquieta, bullía; los republicanos incrementaban sus actividades; las sociedades secretas o semi-secretas -masones, carbonarios- salían a la luz pública. En este contexto, encontramos las primicias del movimiento feminista organizado en Portugal, aunque, como afirma Cecilia Barreira se tratase de un movimiento de "brandas reivindicações" , tal como lo demandaba una sociedad de "brandos costumes" (BARREIRA, 1994, 15), como era la portuguesa. Virginia de Castro Almeida (1874-1945) una de sus dirigentes, define así su concepto del feminismo: "O feminismo não é uma força que se levanta contra o homem; é a voz da mulher instruída, forte, equilibrada e pura, que aspira nobremente a um lugar ao lado do su companheiro para compartir as suas dores, os seus trabalhos, os seus cuidados e as suas alegrias".
Fue en los inicios del siglo XX cuando las mujeres portuguesas, principalmente las de la burguesía ilustrada, se inician en aventuras y transitan por caminos, antes nunca explorados, gracias a la coyuntura política y, sobre todo, al empeño de las que desde las aulas, las páginas de periódicos y revistas, los consultorios, los bufetes y mil sitios anónimos, intentan romper las limitaciones a que en todos los órdenes estuvieron siempre sometidas. Para hacernos una idea aproximada del estado de la "cuestión cultural", vamos a tomar prestada la voz de algunas de las mujeres más ilustradas de la época, que opinan y dan datos.
La escritora y pedagoga portuguesa Alice Pestana (1860-1929), casada con el profesor español Pedro Blanco Suárez, escribió hacia 1900 en su obra Comentários à vida: "Se publicó hace poco el último censo de población (...) Por lo que respecta a la instrucción las cifras son pavorosas (...) Somos, por derecho, el país bárbaro de Europa". Según los datos que aporta, de poco más de 5 millones de habitantes, había más de 4 millones que no sabían leer. Por lo cual, asevera, "quitando un poco más del quinto de su población, Portugal es un país de analfabetos".
En este mismo sentido, aunque más matizadamente, se pronuncia Ana de Castro (1872-1935) otra de las líderes feministas: "No hay nadie que no haya oído, pensado, o dicho cientos de veces que el mayor mal de nuestro país es la ignorancia, que el analfabetismo es la causa más flagrante de nuestra decadencia moral (...) El número de analfabetos es enorme, y los que saben algo es tan poco y tan mal aprendido, que se puede decir que no saben nada (...) la triste verdad a confesar, y que es para reflexionar mucho es que -del millón de portugueses que saben leer y escribir su lengua, apenas un tercio son mujeres" (TAVARES, 1992, 51, T.A.).
Parece lógico suponer que ese tercio de mujeres alfabetizadas, procedía, en su inmensa mayoría, de la alta y media burguesía y, sin embargo, incluso en este colectivo, los estudios superiores eran algo extraordinario. Elina Guimarães (1904-1991), una de las pocas universitarias de primeros de siglo, recordaba que en la época en que efectuaba sus estudios de derecho tenía la sensación "de vivir en un desierto de ideas". Abundando en la cuestión, hasta el final de la Monarquía las escuelas femeninas estaban en franca desventaja numérica respecto a las de los varones. Hacia 1870, la autoridad educativa portuguesa había hecho un primer intento de crear en Lisboa un Instituto de Educaciónfemenino en el cual se agruparían los internadosexistentes destinados a la educación de niñas con pocos recursos económicos. Sus fines, según el artículo 2º de sus Estatutos, se resumen en uno principal: "sua principal missão de verdadeira mãe de família bem como fornecer-lhe os primeiros lineamentos do ensino profissional, remate da educação".
Hacia 1885, por iniciativa de la Cámara Municipal de Lisboa, se fundaba un establecimiento de educación general y profesional con el nombre de Escola María Pía. En 1888 se autorizó establecer en ciudades como Lisboa, Porto y Coimbra institutos destinados exclusivamente al sexo femenino, aunque la Orden no se ejecutaría hasta 1890. En 1898 surgen las primeras diligencias para poner en funcionamiento, en el antiguo Monasterio de S. Dionisio de Odivelas, un instituto de carácter privado que albergaría a las huérfanas de oficiales portugueses. Dos años después, el proyecto se materializó dando lugar al Instituto D. Afonso. En este establecimiento las alumnas recibían enseñanza primaria, secundaria y profesional, habilitándolas para el grado de maestras de primera enseñanza, telégrafos, contabilidad, música, piano, francés, inglés y labores. No obstante, la enseñanza moral y religiosa, junto con la doméstica, eran consideradas, sobre todo esta última, en opinión de Barreira, el "complemento indispensable" para una perfecta educación femenina. Por decreto de 31 de enero de 1906 se creó en Portugal el primer Liceo femenino, elevando a esta categoría al colegio femenino María Pía, ya que hasta ese momento las alumnas que querían progresar en sus estudios tenían que inscribirse en los liceos centrales masculinos. Esto ocurrió en 1917, ya instaurada la República, pasando a denominarse Liceo Central Almeida Garrett. A partir de aquí, el ejemplo se extenderá a otras ciudades del país. En resumen, oficialmente, hasta 1906, no existió en Portugal enseñanza secundaria femenina, aunque existían estudiantes que frecuentaban colegios privados y se examinaban en los liceos masculinos.
Si nos referimos al caso español, con objeto de contemplar un poco más globalmente el panorama peninsular, hay que subrayar que, como en Portugal, el interés por la formación femenina se hace patente hacia 1869 con la creación de un Ateneo Femenino bajo la dirección de la escritora Faustina Sáez de Melgar (1834-1895). Esta idea es retomada por Fernando de Castro (1814-1874) para poner en marcha las Conferencias Dominicales, con objeto de impulsar instrumentos educativos dirigidos a las mujeres de las clases medias. La experiencia de estas conferencias serviría para materializar los planes de estudios "especiales" destinados a las mujeres, aunque sin plantearse aún la posibilidad de acceso a los estudios universitarios, posibilidad que en aquellos momentos se debatía en algunos países europeos. En 1869 se fundaba en Madrid la Escuela de Institutrices y en 1871 la Asociación para la Enseñanza de la Mujer (AEM), donde se impartieron enseñanzas de Comercio y Correos a partir de 1883 y, años más tarde, cursos de Bachillerato. La iniciativa se extendería por varias provincias españolas.
Por lo que respecta a los estudios femeninos superiores el panorama era, lógicamente, aún más desolador. A principios de 1920, cuando Elina Guimarães (1904-1991) era alumna de la Facultad de Derecho, según ella misma indica, las mujeres matriculadas no sumaban más de 12 (cinco en su curso). De todas ellas, "solo 3, además de mí, se interesaban por la situación jurídica de la mujer (...) Carmen Marques (...) María Amélia Teixeira (...) María da Glória de Vasconcelos (...) El hecho de sentirse abandonada en el mundo de las ideas explica la «originalidad», lo inusitado que resultaba hacerse sufragista" (GUIMARÃES, 1971, 14-17). Eso en lo que concernía a las universitarias. Pero, ¿cómo eran realmente las burguesas? ¿Cuál era su educación? ¿Qué leían? ¿Cómo se componían? ¿Cuál era su modelo estético? ¿Podemos pensar en un patrón femenino-burgués?
Por aquellos años, la escritora española Natividad de Rojas y Ortiz de Zárate describía de este modo a las portuguesas: "...La noble señora y la de la clase media, son en general muy ilustradas, de esquisita (sic) educación y finura en el trato; poco afectas á recorrer diariamente las calles, viven la mayor parte del tiempo dedicadas á los quehaceres y labores propias de su sexo (...) en cuanto á su carácter, las portuguesas son obsequiosas y amables, haciéndose querer con extremo de propios y extraños esto en la clase media..." (ROJAS, s.a., 463-471).
Las mujeres del pueblo son descritas por la misma autora como paradigma de laboriosidad y ejemplo para todas las demás: "ved ahora á la mujer del pueblo ¡Contempladla incansable en su enorme trabajo, consagrándose á él antes del alba, á la cual saludan, no desde su humilde lecho, sino en medio de los campos! (...) Su trabajo no le conocen las demás mujeres del globo (...) Las que se dedican a vender pescado, andan cuatro leguas sin descansar, recorriendo las calles (...) y cuando han tenido la suerte de conseguirlo se van á descansar en su pobre y mísero asilo. ¿Vuelve cansada lamentando su desgraciada vida, su enorme trabajo? ¡No, nada de eso; vuelve llena de regocijo, bendiciendo al Dios de las misericordias (...) La mujer casada no se contenta con atender y cuidar su casa y su marido; aun consagra todo el tiempo que le queda libre á trabajar para ayudarle y llevar consigo á sus hijitos para que aprendan y se acostumbren" (ROJAS, s.a., 465).
También, la escritora española Concepción Jimeno de Flaquer (1850-?) nos ilustra sobre las mujeres de la aristocracia portuguesa (fidalgas), una clase en declive en ese último tercio de siglo: "La hidalga es modesta y desafectada, es digna sin ser altiva, se estima en mucho sin caer en el estúpido orgullo ó la necia vanidad (...) es concentrada; para expansionarse necesita prolongados años de trato íntimo, y cuando tras muchas pruebas llega á la franqueza, es una franqueza limitada (...) su reserva no es sistemática, es innata: como su seriedad, es ingénita y no calculada (...) es apática porque pesa sobre si la influencia enervante del clima y á esa influencia atribuimos su poca actividad, su falta de iniciativa y su escasa animación (...) la hidalga brilla por la finura de sus maneras, por su exquisita delicadeza, por la dulzura de su carácter, por la ternura y sensibilidad y por las mas piadosos sentimientos. Las costumbres de la hidalga dentro del hogar son patriarcales (...) es devota sin alardear de ello (...) La hidalga no se distingue por ningún rasgo de originalidad, por nada característico ó extraordinario..." (JIMENO, s.a., 24).
Hecha esta pequeña y anecdótica salvedad de la baja aristocracia, apenas ya sin relevancia, en los primeros años del siglo, el pertenecer a la clase burguesa implicaba no sólo connotaciones económicas, sino también intelectuales y morales. En este último aspecto, las normas se mantenían muy estrictas. A este respecto, la feminista Virginia Moura (1915-?) comenta que "en aquel tiempo ser madre soltera era una cosa terrible". Ella misma, fruto de un romance sin boda, informa que su madre y ella se vieron rechazadas por una familia que "aceptó mal mi nacimiento y tanto mi abuelo como mis tíos mayores cortaron las relaciones con mi madre durante diez años. Quedó prácticamente sola conmigo. Apenas un hermano y una hermana de ella, ambos también profesores, la visitaban de vez en cuando..." (MOURA, 1996, 13, T.A.).
Lógicamente el influjo de los países del entorno incidía fuertemente en la conformación y el desarrollo del modelo social de burguesía. Los modelos extranjeros -inglés y sobre todo francés- repercutían de una manera determinante entre los elementos más representativos de la burguesía portuguesa. Es el caso de la literatura. Los autores preferidos de las damas lisboetas eran los novelistas franceses -principalmente Colette-, lo que apunta "uma ideologia conservadora com uma coloração cor de rosa no modo como se propiciavam situações amorosas". Siguiendo a la misma autora: "as leituras, os hábitos, os modos da burguesa lisboeta [que era como decir el todo Portugal] eram ditados por Paris" (BARREIRA, 1994, 15).
La moda -principalmente la francesa- era la gran tirana de las burguesas lisboetas: su "fijación". Las visitas a la modista "eran un trayecto obligatorio", al igual que los paseos al Chiado. También la moda capilar la dictaba la capital francesa; el cabello "à Joãozinho" -la versión portuguesa del francés "au garçonne"- era seguida por las señoras y señoritas más modernas. A través de la publicidad se transmitían las preocupaciones estético-cosméticas -por cierto no muy diferentes a las de hoy-, aunque "con diferente formulación" (BARREIRA, 1994, 16). Por otro lado, el cine, que surgía en aquellos años, abriría a las mujeres nuevos horizontes hasta entonces desconocidos. Un nuevo modelo que añadir a la lista: América, "otro" mundo. Había nacido la nueva Eva, un nuevo estilo enmarcado en el período de entreguerras. En aquellas décadas, escribe Litvak "arrecia la lucha por el voto femenino y se empieza a juzgar a la mujer desde otro punto de vista. Se asiste entonces al nacimiento de un nuevo tipo de mujer que obsesionó la imaginación popular: una figura que llegó a ser centro de un polifónico debate llevado a cabo simultáneamente en varios círculos".
Por otra parte, "la opinión de los hombres y la opinión pública en general, también preocupaba a las feministas" (COSTA, s.a., 102). Como ejemplo se nos muestra la opinión contrapuesta de dos de las figuras más importantes de la campaña antimonárquica: Guerra Junqueiro y João Chagas. El primero, defensor del modelo femenino tradicional afirma: "La mujer debe ser toda sentimiento, bondad y pureza y aún no ha encontrado la verdadera solución del problema feminista (...) La mujer se lleva por el sentimiento, por el amor porque en el reside la verdadera ciencia y la completa felicidad. Pero debe apartarse de todo lo que mancha y amezquina la sociedad, de todas las pasiones violentas y, por tanto, de la política" (COSTA, s.a.102).
Por el contrario, João Chagas, conocedor y defensor de las aspiraciones sufragistas de las mujeres afirma: "Feminismo yo lo entiendo por la emancipación de la mujer y el problema está indudablemente resuelto (...) Yo no conozco bien el movimiento feminista en Portugal. Sí conozco a la mujer portuguesa y tengo por ella la mayor de las admiraciones (...) Por mi vida de periodista y por mis relaciones sociales llegué a las siguientes conclusiones: primero, que la mujer portuguesa tiene una mentalidad superior a la del hombre; segundo, que tiene una curiosidad y un interés natural por todo lo que socialmente tiene cerca; tercero, que está insuficientemente educada (...) Conozco perfectamente esas aspiraciones (...) las conozco y las creo justas. La mujer debe votar (...) Evidentemente ha de conseguirlo. Ni todas han de interesarse en política, como muchos hombres hay que se desinteresan, pero si quiere participar en ella ha de tener libertad individual para hacerlo" (COSTA, s.a., 102-104).
En esta línea de varonil apoyo a la causa feminista podríamos citar algunos republicanos de renombre, entre otros, Afonso Costa, Magalhães Lima, Bernardino Machado y Arnaldo Brazão, así como otros con menor protagonismo público pero que sin duda sostuvieron siempre la causa. Este sería el caso de Manuel Ramos Fernandes Cabete, esposo de Adelaide Cabete (1867-1935), un hombre admirable, decisivo en la vida de esta feminista. Casada muy joven y apenas sabiendo las primeras letras, fue inducida por él, reconociendo su extraordinaria inteligencia a estudiar. Consiguió doctorarse en la Escuela Médico Quirúrgica de Lisboa (con una tesis feminista), siendo una de las primeras mujeres que ejerció la medicina en Portugal. El hecho de que el primer regalo del esposo fuese una gramática, nos da idea de su talante y por ello no es extraño que ella respondiera siempre sin dudar cuando le preguntaban qué era lo más importante de su vida: "mi marido". Este no es un hecho aislado, lo podemos constatar, a este lado de la frontera, recordando el ejemplo de otro matrimonio con muchos puntos en común: el formado por Emilio Ferrero Balaguer y Belén Sárraga. En opinión de Mario López: "no se podía entender la figura de Belén Sárraga sino ligada a su marido". Lo cierto es que la doctora Cabete tuvo suerte con los hombres de su familia, pues si su marido la apoyó, otro tanto podemos decir de su sobrino y ahijado, Arnaldo Brazão, siempre colaborando con sus empresas.
Por otro lado, eran numerosas las publicaciones femeninas que circulaban en este primer tercio de siglo en Portugal: O Jornal da Mulher (1910), Vida Mundana (1914), Enciclopédia da Mulher (1917), A Rainha da Moda (1922), Eva (1925), Revista Feminina (1926), Vida Elegante (1926), A Mulher (1927), Voga (1927), Ilustração Portuguesa, entre otras, (BARREIRA, 1994, 26 ss.). En general, estaban dirigidas a las mujeres de las clase media ilustrada, y en sus páginas se recrea el conocido modelo de educación doméstica al que se refiere Virginia de Castro Almeida en su obra A Mulher, publicada en 1913. Una educación vigilada "bajo la protección de un ama, de la madre o de una preceptora francesa, inglesa o alemana". Cuando las niñas de buena familia salían de la pubertad, empezaba el ritual del cortejo, "se organizaban en nuestra casa reuniones de señoritas. La invitación era hecha por mí. Las mamás, las misses o las fräuleins, venían apenas caía la tarde, y los chicos eran raros; sólo algunos privilegiados tenían licencia para entrar. Se conversaba, se bailaba, se tomaba té; y al final yo oía invariablemente un pequeño sermón, censurando el modo de como recibía a mis visita" (CASTRO ALMEIDA, 1913, 8). Sin embargo, en las páginas de Alma Feminina, el órgano propagandístico del CNMP, podemos constatar algunas discrepancias sobre el concebido fin natural para la mujer y sobre las ceremonias de aproximación entre los sexos: el uso de adornos, joyas y vestidos, los viajes y fiestas podían llegar a hastiar finalmente a la pareja sin que se hubieran conocido realmente (AF, nº 34, 11).
Virginia de Castro, en el Prefacio de A Mulher, nos presenta un autorretrato que podríamos definir como un perfil en "negativo" -hablando en términos fotográficos-, del modelo de señorita establecido según los cánones de principios de siglo. En él sobresalen las carencias, la falta de preparación para integrarse en la esfera pública... la cosificación del sujeto femenino, en suma: "A los quince años, cuando comencé a ser admitida en los saraos y a escuchar las conversaciones de las personas mayores, a asistir a las reuniones, a los banquetes, a ir a algunos bailes, a algunos teatros, cuando llegué a ese amanecer de vida mundana que las chicas esperan con ansiedad como una iniciación a fabulosos placeres, una de las sensaciones inéditas que más me impresionó, fue oír el debate de los asuntos que hasta allí me eran desconocidos y que ahora surgían frente a mi inteligencia con el interés palpitante de una completa novedad (...) Política, literatura, arte, una sensacional noticia difundida por los periódicos o aparecida en una revista, la historia de un viaje contado por alguien que venía de lejos, una discusión acalorada sobre un acontecimiento que impresionaba de momento a la opinión pública, a veces, una frase apenas, cautelosamente construida a modo de distraer mi atención en la idea de que no debía prestar oído, todas esas cosas sutiles, diversas, confusas, heterogéneas, se acumulaban en mi cerebro abriendo nuevos horizontes a mi imaginación ávida y curiosa" (CASTRO ALMEIDA, 1913, 7).
Nos detendremos un instante en Virgínia de Castro, uno de los casos más claros de asimilación del régimen político que derribó el sistema parlamentario republicano, para resaltar que lo que en realidad defendía era el derecho de instrucción restringido para mujeres de su clase, afirmación que corrobora, una vez caído el régimen parlamentario, su conversión en una de las voces defensoras de las tesis lanzadas por los nuevos responsables políticos, que planteaban la "conveniencia" de educar al pueblo.
Lo cierto es que las mujeres portuguesas iniciaban, como ya apuntamos, un nuevo camino en universos hasta entonces inexplorados por ellas: profesiones liberales, política, emancipación familiar, etc., hacia un horizonte más permisivo y en definitiva más moderno, como correspondía a los modelos occidentales más avanzados. No obstante, la ruta no fue fácil, sufriendo un constante y penelopiano avance-retroceso, según el momento político, pues en el trayecto que va desde los primeros años de siglo hasta los años treinta, las portuguesas asistirán -con todas sus consecuencias- a una concatenación de acontecimientos socio-políticos: desde las innovaciones de la Primera República, hasta la implantación del Estado Novo salazarista, pasando por la Primera Guerra Mundial y las grandes convulsiones internas del país.
Los cambios que se estaban produciendo pueden constatarse a través de la literatura. Emilia de Sousa Costa (1877-1957) nos muestra el modelo femenino "ideal" que a la sazón se forjaba: "Una amiga mía, señora muy culta, que conoce casi todo lo que en Portugal o en el extranjero se está publicando sobre educación femenina, me confiesa su perplejidad en la orientación a seguir, para convertir a su hija en un modelo de mujer, atenta a la divergencia de opiniones de los ilustres pedagogos, que más respeto le merecen". Más adelante prosigue: "La educación de una joven, según los antiguos moldes, no se armoniza con las necesidades actuales de la vida, ni con su alta y cada vez más espinosa misión" (SOUSA, 1923, 13). A través de estas frases vemos que el valor concedido a la educación, objetivo prioritario en el programa feminista -aunque en esta ocasión lo exprese una "moderada"-, va calando las mentalidades, sobre todo teniendo en cuenta el enorme índice de analfabetismo del país (Vid. Cuadro I), particularmente entre las mujeres. No podemos olvidar que según el censo de 1910, el 85% de las mujeres eran analfabetas y el grado de prostitución altísimo. Según una comisión constituida en 1908, las mujeres se prostituían entre los dieciséis y los veintitrés años. El estudio refleja que la mayoría eran criadas y en menor porcentaje, amas de casa, obreras, modistas. El 86,4% de las criadas no sabían leer; tampoco el 90,7% de las obreras (BARREIRA, 1994, 94-95). No obstante, el modelo defendido por casi la totalidad de las feministas portuguesas propugna que el papel fundamental y prioritario de la mujer está en la domesticidad, y así lo expresa Emilia de Sousa: "Como mujer, a ella compete mantener el equilibrio del hogar, lo que se podrá conseguir acompañando la evolución de los tiempos, estudiando y esforzándose por desempeñar a conciencia su papel, para que no veamos, despedazados todos los lazos de afecto, disolverse la más simpática y noble de las instituciones -la familia" (SOUSA, 1913, 14). Era una réplica al modelo femenino presentado como paradigma por la escritora y feminista española Faustina Sáez de Melgar (1834?-1895): "... he aquí nuestra aspiración: hacer a la mujer madre y esposa (...) tiene que ser para esto madre instruida" (FAGOAGA, 1985, 59).
La foto-fija del "ángel del hogar" queda completada con recomendaciones que implican un criterio más moderno, un interés por "las manifestaciones del arte, el arreglo y el orden del propio vestuario" (SOUSA, 1913, 15). Se trata con todo ello de seguir las costumbres familiares y de imponer un grado de confortabilidad que evite la deserción de los maridos y el aburrimiento doméstico de las mujeres. Los límites del papel que jugaban las portuguesas, al menos a lo largo del primer tercio de siglo, estaban muy definidos; por una parte, las "privilegiadas": burguesas casadas, madres de hijos; por otro lado las "otras": divorciadas, emancipadas, artistas, intelectuales y feministas (BARREIRA, 1994, 15).
En términos similares se manifiesta la escritora y periodista Angelina Vidal (1853-1917) respecto a las obreras: "El descuido de la obrera es censurable sobre todo porque da el triste resultado de desmoralización de la familia. Abandonar los hijos a extraños, descuidar las propias necesidades alimenticias (...) son más que faltas -son crímenes sociales- (...) A la mujer, como el más brillante eslabón de la cadena social cumple ar ejemplo de todas las medidas de moralidad y bien común". Vidal será una de las voces pioneras en denunciar las condiciones de vida de los más desafortunados. Así lo expresa Raúl Esteve dos Santos, que la describe como conferenciante, escritora, profesora y periodista "al servicio del pueblo y de los más golpeados por la desigualdad social". La citada autora, colaboradora, entre otras, de Alma Feminina (coincidente el título, con la revista del CNMP, aunque más antigua) dirigida por Albertina Paraízo, describirá en artículos realistas el modus vivendi de las trabajadoras. En una serie de artículos agrupados bajo el título "La mujer en las grandes industrias", nos va detallando la cotidiana realidad de estas mujeres; su larga jornada laboral, los bajos salarios que la convertían en sustitutas del obrero en unos "mercados de miseria".
La línea, nada sutil, que separaba el feminismo liberal (de clases medias) del feminismo obrero (socialista), se pone de relieve en los artículos de Vidal. Pero la prioridad por solventar todo lo relacionado con el medio de vida, y la vida misma; la necesidad de adoptar estrategias colectivas para resolver los problemas domésticos, no impide percibir el papel subsidiario de las mujeres de otros grupos sociales, pues desde la propia escuela "de manera sistemática y clara una serie de conocimientos (...) que la niña pueda realizar con facilidad y eficacia (...) lo que ha de constituir el trabajo propio de su sexo" (GÓMEZ-FERRER, 1987, 144).
Se puede concluir diciendo que hasta los años veinte el patrón general femenino en la sociedad lisboeta fue el de mujer-madre-ama de casa, cuya misión específica era esencialmente doméstica, si bien se perecibe el interés de las "líderes" feministas por introducir e inculcar la educación y la formación en la mujer, fundamentalmente como agente socializador de futuros ciudadanos y, subsidiariamente como beneficio propio.
Existió un reducido, aunque influyente, núcleo de mujeres ilustradas: "Mujeres intelectuales no faltaban, en Portugal desde principios de siglo (...) eran poetisas y articulistas, preferentemente. Poseían estudios medios, aunque a alguna hubiera pasado por la Universidad. Casadas y madres no dejaban de cumplir las tareas domésticas que les eran asignadas..." (BARREIRA, 1994, 36), asociadas en su gran mayoría al republicanismo y en menor medida a la masonería y el librepensamiento, que intentaron desde las aulas o las profesiones liberales escapar del citado diseño. Entre estas profesionales sobresalen las médicas y abogadas.
Por último, como colofón a este epígrafe, no podemos dejar de citar la serie de "Conferencias Feministas", organizadas por la "Comissão de Educação" del CNMP e iniciadas en 1920. Los temas eran muy variados, aunque siempre enfocados a la idea central de la emancipación. La primera conferencia, sobre feminismo, fue pronunciada por la profesora Paulina Luisi (1883-1940). Entre otras, "La influencia de la mujer en la sociedad moderna" (Carnero de Moura); "La ferocidad del egoísmo" (María O´Neill); la de María Clara Correia Alves (1869-1948), sobre el "Lujo" o la de Aurora de Castro e Gouveia, sobre la situación jurídica de la mujer en Portugal. En fin, por mimetismo de las modas y modos que atravesaban los Pirineos, el modelo femenino empezaría a variar lentamente aunque, como irónicamente afirma Barreira: "tudo isto numa santa paz e numa moderação bem portuguesas". En este proceso evolutivo de progresión, el movimiento feminista fue uno de los principales motores, no obstante haber empezado a manifestarse con bastante retraso respecto a otros movimientos continentales. Un movimiento que presenta unas particulares señas de identidad ajustadas a la definición que Adolfo Posada (1860-1944) hizo del español al afirmar: "no hay en España un feminismo arriesgado, de iniciativas valientes" (POSADA, 1994, 195). Con esta definición queda también definido, con sus lógicas matizaciones, el movimiento feminista portugués.
El estado de la cuestión en el ámbito educativo femenino, una vez instaurada la República, puede clarificarla el texto siguiente, publicado en las páginas del periódico A Madrugada, órgano de expresión de la LRMP: "El feminismo de ellos... Hace días decíamos a tres republicanos, todos feministas, lo siguiente: «Es preciso que el Estado cree escuelas gratuitas para el sexo femenino donde se desarrolle y complete la instrucción primaria». Me respondió uno de ellos que, por más señas, es senador: «El Estado no puede» -«Pero, ¿cómo quieren entonces los señores que se eduque la mujer?» -«Mire, edúquense como puedan unas a otras»...".
Al conmemorar el décimo aniversario de su fundación, el CNMP decidió realizar, por primera vez en Portugal, un Congreso Nacional Feminista y de Educación. En esos diez años, la propaganda había sido lenta aunque continua, y apoyada por un buen número de tribunos republicanos e intelectuales del país, adscritos muchos de ellos al reformismo. Como representante único del feminismo portugués, tras la desaparición de la Liga Republicana de las Mujeres Portuguesas en 1919, el CNMP era la organización defensora de la causa de las mujeres y de sus derechos: "Estaban, por tanto, creadas las condiciones para llevarse a efecto en Portugal una importante empresa. Todo hacía creer en el buen éxito de su realización", afirma L. Silva. La organización promotora manifestaba de esta forma sus objetivos: "El Consejo Nacional de las Mujeres Portuguesas, con el fin de estudiar, discutir y propagar las ideas feministas y las que se relacionan con ellas, promueve un congreso feminista y de educación, que se realizará en Lisboa en el mes de marzo de 1924". La celebración levantó grandes expectativas, sobre todo entre las feministas y los sectores más progresistas. Según la revista Alma Feminina: "El Congreso Nacional Feminista (...) debe producir obra útil y ha de ser la llave con la que abriremos las puertas del parlamento a nuestra actividad (...) Es preciso que lo digamos desde ya, que la parte política del feminismo solo nos interesa como medio de que alcancemos, lo más rápidamente, la ejecución completa de los puntos fundamentales del programa feminista" (AF, 11-XII, 1923).
La Comisión Organizadora fue constituida por algunas de las más conocidas personalidades políticas y sociales de Portugal, en su mayoría afiliadas a la logia masónica Humanidade do Direito Humano, a la que pertenecía Adelaide Cabete, su "Venerable" y también dirigente de la LRMP, quien presidía la Comisión junto con otras mujeres de la citada Logia. La necesidad del evento es anticipada por Cabete en una carta enviada a la sede del parisino Derecho Humano (10-IX-1923): "Durante el próximo año las SS .·. de la L .·. HUMANIDAD y el Consejo Nacional de las Mujeres Portuguesas organizarán el primer Congreso Feminista Nacional en Portugal. Es una gran iniciativa (...) aprovechando la ocasión del anunciar este Gran trabajo, tenemos ya 15 tesis, y el placer de invitarla a darnos su adhesión. Si usted quisiera enviarnos un pequeño trabajo quedaríamos muy contentas..." (COSTA, s.a., 155).
En su inauguración, el Congreso estuvo presidido por el Jefe del Estado, Teixeira Gomes (Presidente entre 1923-1925), actuando como secretarios del mismo, el Ministro del Interior, Sá Cardoso(diputado demócrata y coronel del ejército) y Adelaide Cabete. Sus sesiones se desarrollaron durante los días 4 y 19 de mayo en la Asociación de Socorros Mutuos de los Empleados de Comercio de Lisboa. Presidieron las sesiones algunas de las figuras que "habían dado pruebas manifiestas de dedicación a la causa de emancipación y liberación de la mujer", tales como Bernardino Machado (ex-Presidente de la República), Magalhães Lima (tribuno republicano, librepensador, periodista, escritor, Gran Maestre de la masonería lusa), Barbosa Magalhães (ex-ministro de Justicia), Abranches Ferrão y Xavier da Costa (en representación del ministro de Instrucción).Los telegramas y notas de felicitación llegaron de todo el país y también del extranjero (WANK-NOLASCO, 1995, 100-105).
Adelaide Cabete, en la sesión inaugural, hacía la siguiente declaración de intenciones: "Nosotras mujeres y feministas portuguesas no deseamos usurpar al hombre aquello que por derecho le pertenece, pero si queremos situarnos a su lado como auxiliares y cooperadoras, ejerciendo aquella actividad política y social que a ambos sexos pertenece, caminando así para la perfección humana, ideal que todo ser consciente y bueno debe ambicionar". (Las citas al Congreso en AF nºs. 5, 8, 9, 12, 1924). Como era lógico, Adelaide Cabete hizo referencia más o menos explícita a la masonería rematando el citado discurso inaugural con las siguientes palabras: "No se asusten, repito, porque nosotras caminamos hacia la Justicia, hacia la Verdad, hacia la Luz, hacia el Derecho Humano". En la misma jornada, el presidente de la República, Teixeira Gomes, dio la "bendición oficial" a los reunidos destacando la legitimidad de los derechos reclamados por las mujeres y la moderación del programa de las feministas portuguesas, en relación con lo que ocurría en otros países. Magalhães Lima, presidente de la segunda sesión, se dirigió a los asistentes con un discurso en el no duda en afirmar que "el feminismo se basa, como el socialismo, en el derecho a la vida". Abranches Ferrão, presidente de la tercera sesión, también defendió los derechos de las portuguesas, precisando la necesidad de que el ordenamiento jurídico no les impidiera participar en la esfera pública. En la cuarta sesión de trabajo, Barbosa de Magalhães expuso la necesidad de hacer públicos, sacándolos de su sempiterno segundo plano, los problemas de las mujeres y ponerlos "a la orden del día".
Desgraciadamente, las cuestiones de orden femenina no serían únicamente las marginadas. Casi todos los hombres progresistas que intervinieron junto a las feministas verían, apenas dos años después, tras el golpe militar, que sus vidas públicas y, en muchos casos privadas, iban a ser víctimas de la reacción. Muchos de los aliados de la causa feminista como Magalhães Lima o Bernardino Machado se verían abocados a la ocultación o al exilio.
En el Congreso se presentaron un total de 25 ponencias: "Reivindicaciones políticas de la mujer portuguesa", "Situación de la mujer casada en las relaciones patrimoniales de los bienes del matrimonio" (Aurora de Castro Gouveia); "Bibliotecas infantiles" (Ilda Pinto de Lima); "Las pensiones de estudiantes" (Tito de Sousa); "La mujer en la administración de los municipios" (Mª Isabel Correia); "Asistencia y educación a la infancia desvalida" (A. C. do Amaral); "Nacionalidad de la mujer casada" (Jaime de Gouveia); "Asistencia a las delincuentes" (Angélica Porto); "La educación de los anormales" (Deolinda Lopes); "Asistencia y trabajo" y "Ligas de Bondad" (María O´Neill); "La influencia de la mujer en la extinción de la mendicidad" (Jorge das Neves); "Lucha antialcohólica en las escuelas", "Protección de la mujer grávida y el niño" y "Papel que el estudio de la puericultura, de la higiene femenina, de la enseñanza de los primeros cuidados en caso de accidente y de la pedagogía maternal debe desempeñar en la enseñanza doméstica" (Adelaide Cabete); "Escuelas al aire libre" (Regina do Carmo); "La mujer como educadora" (Albertina Gamboa); "Educación de los indígenas en las colonias y sus ventajas" (Domingas Lazary), "Abolicionismo" (Arnaldo Brazão); "La Educación sexual" (Paulina Luisi); "La influencia de los espectáculos públicos en la educación" (Vitória Pais); "La mujer y la alimentación vegetariana" (António Carvalho); "La mujer naturista" (Julieta Rivero); "Solución biológica del problema educativo" y "Solución biológica del problema de asistencia" (Bentes Castelo). Merece la pena resaltar la acogida que la Confederación General del Trabajo (CGT), la central anarquista con mayor implantación en aquel país, hizo al Congreso. Conscientes de que la emancipación integral de las mujeres pasaba, necesariamente, por una reforma profunda de la sociedad portuguesa, entendían el movimiento feminista como parte fundamental de esa reforma. Por ello, hacían votos por "la conquista de las reivindicaciones que el Congreso viene a agitar (...) esperando aceptéis la igualdad de los sexos mediante la ley que reclamáis, apenas como una etapa de la larga jornada que el hombre y la mujer precisan aún trillar para alcanzar la meta de su felicidad".
Según podremos apreciar por los títulos, apenas el 50% de las ponencias trataban temas específicamente feministas. La otra mitad trataba asuntos varios, como: asistencia, higiene o educación. En este último aspecto interesa resaltar uno de los trabajos presentados por María O´Neill, "Ligas de Bondade". Era una organización filantrópica, de matiz educacional integral, inspirada en las Bands of Mercy, adscritas a la sociedad de educación humanitaria American Human Education Society, creada en los Estados Unidos en 1889. El escenario de estas Ligas era la escuela y su labor pedagógica consistía en conformar lo que podríamos denominar "una atmósfera moral" contenida en la fórmula: "Esforzarme por ser bueno con todas las criaturas vivas; proteger a los débiles; impedir que se maltrate a los animales; ser afable y cuidadoso con los otros; respetar las leyes de mi país; procurar ser un ciudadano útil y honesto". La fórmula para las niñas incluía además: "Ser sinceras y tener confianza en la palabra de sus compañeras; conservar un humor inalterable en todas las circunstancias de la vida y confeccionar cada una cuatro objetos de vestuario o de juegos para los niños pobres cada año" (BALLESTEROS, 2001, 122 ss). Puede observarse que, una vez más, el género implicaba elementos diferenciadores en la educación. El introductor de esta filosofía en Portugal fue Luiz Leitão, director de la Revista do Bem, a principios del siglo XX. La comisión organizadora de dichas "Ligas" expuso la "necesidad de trabajar por el progreso moral y político de la raza portuguesa, en una época en que nuestro país será llamado a colaborar en la nueva era de Progreso que se iniciará después del cese del conflicto europeo" (LEITÃO, 1914, 11).
Lo misceláneo del Congreso viene a confirmar lo que Helena Neves denomina la "cohabitación contradictoria" del feminismo de aquellos años. Como manifiesta Wank-Nolasco, "la crítica principal que se puede hacer a este Congreso, es la falta de tratamiento de los problemas de la mujer obrera y campesina, un medio en el que la desigualdad entre los sexos, en términos de condiciones de trabajo y de salario, era más lacerante (WANK-NOLASCO, 1995, 101). Decididamente, frente al elemento propagandístico y el revulsivo que el Congreso representó para el feminismo moderado portugués, se produjeron omisiones y se prescindió de las mujeres de los sectores populares en aras de la respetabilidad y el apoyo de determinadas instancias. En entrevista de prensa, Adelaide Cabete comentó: "Estoy contentísima. Nunca imaginé que el Congreso estuviese tan concurrido". Contestando a una pregunta del redactor sobre las ponencias que consideraba más importantes, respondió: "aquellas que en el Congreso se han escuchado con más interés son las de las señoras Aurora Gouveia, Albertina Gambõa, Deolinda Lopes Vieira, Ilda Pinto de Lima, Angélica Porto y Domingas Amaral". En relación con los fines de la reunión, la presidenta insistía: "llevar al pueblo de Lisboa y al país en general la comprensión de que la mujer portuguesa está a la altura de gozar todos los derechos políticos y civiles". Por otra parte, preguntada sobre el tema del sufragio, manifestó: "son los dictadores los que están dando ejemplo a los liberales. Primo de Rivera concedió hace dos meses el voto municipal a la mujer española; Mussolini se declaró abiertamente al lado de esa reivindicación de la mujer italiana. Ya ve que podemos tener alguna esperanza de conseguir en breve aquello que deseamos" (Diário de Lisboa, 9-V-1924).
Soplaban nuevos aires políticos en el mediterráneo. Clara Campoamor (1888-1972) supo descifrarlos. Comentando el voto restringido que se otorgó a las españolas, sentenció: "la dictadura primorriverista concedió a la mujer la igualdad en la nada".
A tono con esos aires, se presentaron algunas ponencias. Representativas de los discursos más biologistas y atávicos fueron desestimadas por considerar la organización que eran poco respetuosas con el espíritu del Congreso. Tres días antes, en el Diário de Lisboa, se había dado la noticia de esta exclusión, en el artículo titulado: "Um episódio semi-cómico". Adelaide Cabete explicó las razones de la exclusión por "estar dirigidas en términos poco correctos. Vea, por ejemplo: «la mujer es la hembra del hombre» (...) Además de eso, esos señores dijeron públicamente que las señoras congresistas no estaban dotadas con los dones de la naturaleza... Está claro que no hicimos ningún concurso de belleza...".
En fin, otros diarios, entre ellos el sindicalista A Batalha o el periódico Rebate, dieron cumplida noticia del acontecimiento. En el primero, podemos leer: "Pasó el criterio ochocentista de la mujer masculinizada. Pasó la leyenda de la feminista energúmena, odiando al hombre y procurando a todo trance anteponerse en todas las situaciones de la vida. Quiero decir: pasó el error y pasó la calumnia de los flacos espíritus fuertes. Quedó solo ante nuestra admiración y nuestro respeto, la mujer compañera y colaboradora del hombre, inteligente como él, culta y digna como ella debe ser" (6-V-1924). Por otra parte, el Diário de Lisboa y Novidades, más radicales, consideraron un "auténtico anatema" las innovaciones de las feministas, "alertando" a los portugueses del peligro que representaban. Esas innovaciones habrían llevado a las mujeres, según un artículo aparecido aquellos días, a diversos ministerios, profesiones, comercios y escuelas públicas, con el consiguiente riesgo para la moralidad social y familiar, que debía ponerse a salvo gracias a la contribución de la mujer cristiana.
Según Luisa Esmeralda Silva, los factores que daban ese tono de "contradictoriedad" a las reivindicaciones feministas lusas se pueden deducir cuestiones tales como la poca edad del feminismo portugués; la admisión de congresistas sin ideas definidas sobre los asuntos a discutir, como es el caso de Bentes Castelo-Branco o la propia mentalidad de las feministas que, en sí mismas, combinaban contradictoriamente pasado y futuro.
Realmente, como recordaría años después la jurista Elina Guimarães, el congreso apenas tuvo repercusión en el conjunto de la sociedad. Si acaso, sirvió para tener unas pocas semanas entretenida a la prensa. En cuanto a las promesas oficiales: "silêncio, tudo silêncio".
Hasta su institucionalización, en 1933, el régimen militar viviría un largo y nada tranquilo proceso de consolidación organizativa, a todos los niveles. El complejo dispositivo legal de vigilancia y control de participación ciudadana en todos los ámbitos iría restringiendo, cada vez con más celo, la libertad de expresión y el clima político se iría endureciendo progresivamente.
A final de la segunda década del siglo, casi todos los grupos de mujeres creados durante la Primera República habían desaparecido. Sólo el CNMP había sobrevivido, aunque debido a su "flaca expresión y representatividad", no había llamado la atención del nuevo Gobierno; prueba de ello es que la revista Alma Feminina, órgano de la organización feminista, fue visada por la "comisión de censura" en 1928, dos años después de producirse el golpe militar. El escaso interés suscitado por la asociación feminista ya había sido detectado por sus dirigentes. En Asamblea General, celebrada el día 30 de diciembre de 1926, Adelaide Cabete, su presidenta, propuso una llamada de atención a la prensa nacional para tratar, en lo posible, de subsanar este "abandono". Con este "clima mudado" el CNMP consiguió, en el mes de julio de 1928, organizar este segundo congreso. A inicios de ese año, Elina Guimarães, su secretaria, hace un velado comentario sobre la nueva situación política, ya que "debido a las agitadas condiciones del medio el Consejo no puede desarrollar las actividades que sería de desear". Apenas dos años después Adelaide Cabete alertaba que los "Estatutos del Consejo debían ser renovados y adaptados a la situación en que actualmente se vive." (AF, nº 1, 1930), proponiendo una comisión compuesta por las juristas Elina Guimarães, Maria Amália Matos y Tetralda Teixeira de Lemos, para revisar dichos estatutos. Sin embargo, dicha revisión no llegó a efectuarse. En diversos artículos posteriores se seguirá subrayando la "estrecha relación" entre los principios del feminismo y la democracia.
Aunque el país caminaba hacia un Estado "fechado", el CNMP intentaba abrirse y diversificarse. Por ello, no es de extrañar que las ponencias que se presentaron -quizá en un gesto de rebeldía y atención- fueran aún más progresistas que en la convocatoria de 1924. Nuevamente, las feministas fueron la "voz" de las aspiraciones y deseos de muchas portuguesas en el difícil camino emprendido tras la implantación de la dictadura militar dos años atrás. El discurso de apertura, pronunciado por la jurista y vice-presidenta del CNMP, Elina Guimarães, arrogaba al Conselho el protagonismo del movimiento feminista, pues solo a él "cabe la pesada honra de representar por sí solo al feminismo portugués". Guimarães expresaba los deseos y las reivindicaciones tantas veces expuestos por las feministas, al mismo tiempo que intentaba clarificar el concepto de "verdadeiro" feminismo, porque si "todas las doctrinas tienen sus detractores (...) ninguna los ha tenido más vehementes que el feminismo (...) Pero, para que seamos verdaderamente mujeres no hay que ocuparse casi exclusivamente de frivolidades o no tener en el mundo sino la preocupación de la rutina doméstica. Repudiamos tanto a la muñeca frívola como a la sirvienta embrutecida" (AF, nºs 3-4, 1928).
Uno de los temas tratados en el congreso fue el de la coeducación, que se abordó en dos de las ponencias presentadas: la denominada "Escuela Única", defendida por la profesora y masona Deolinda Lopes Vieira, ensalzando las bondades de la coeducación, porque "intenta socializar la educación, sacando el máximo rendimiento de la energía humana y reduciendo al mínimo el número de los inútiles", y la presentada por otra colega y correligionaria, Manuela de Palma Carlos: "Coeducación", abundando en argumentos tales como que el hombre y la mujer deben vivir, no "como enemigos, sino como camaradas en la lucha por la vida", argumentando que la coeducación es la base "del mutuo conocimiento", del cual solo pueden resultar beneficios.
Merece la pena resaltar la vigencia de esta cuestión, a causa del Decreto 13791 de 16 de junio de 1927, por el cual se había abolido el régimen de coeducación en casi todas las escuelas de enseñanza primaria del Estado. Otras ponencias trataron sobre cuestiones que iban de lo civil a lo político. En general, como antes apuntamos, estuvieron en una línea muy progresista, mereciendo especial atención la presentada por Aurora Texeira: "Reivindicaciones Feministas". En ella, no solo hace un estudio-balance de los dos años transcurridos desde el primer congreso de 1924, sino que se plantea un programa de acción feminista para el futuro, concentrando las conclusiones en dos palabras clave: "Protestar e Insistir". El texto que sigue deja bien claro el pesimismo y el recelo hacia los poderes públicos, el malestar contra su "sintomático silencio". En las páginas de la revista Alma Feminina podemos leer: "¿Reclamar para qué? ¿Si nadie nos atiende, si solo media docena de buenas personas, cultas y conscientes nos leen o escuchan? ¿Si los poderes dirigentes desprecian, sistemática y criminalmente, a la mujer y al niño? !Estoy bien convencida de que en el segundo Congreso no se van a ventilar doctrinas nuevas, no se van a establecer nuevos principios. Este Congreso tendrá apenas más repercusión que el primero (...) una conclusión (...) la necesidad que, infelizmente, sentimos todos (...) Protestar e Insistir. Protestar, de una forma general, lo más enérgica y pública posible, por medio de la prensa y mediante los poderes públicos, no solo contra el sintomático silencio que guardan sobre los escritos oficialmente dirigidos por nuestras Comisiones (...) sino también contra la obra demoledora de los mismos dirigentes; e Insistir, en especial (...) Insistir, aún (...) Insistir finalmente..." (AF nº 3, 1928).
En este mismo sentido, hay que mencionar las ponencias presentadas por Elina Guimarães: "La protección a la mujer trabajadora", redactada en unos términos que dejan entrever su preocupación por este colectivo. Entre las reivindicaciones hechas por la jurista destaca la exigencia de que el embarazo no pudiera ser admitido como causa de despido, reclamando para la obrera durante el periodo obligatorio de posparto una parte de su salario. Así mismo, Guimarães reclamaba la creación de guarderías en las áreas donde existieran establecimientos con más de diez trabajadoras o la institución de inspectoras del trabajo femenino. La segunda ponencia de esta autora aborda el problema planteado a las profesionales al casarse, reivindicando para ellas el derecho a ejercer su profesión sin que para ello sea necesario la autorización marital.
Otra de las ponentes, Sara Beirão (1884-1985), demandaba una instrucción práctica para las mujeres; igualdad de salario para igual trabajo, así como la necesidad de afirmarse socialmente. En esta misma línea, Angélica Porto formula la necesidad de combinar el binomio moral-trabajo, a fin de "cooperar en la realización del ambiente necesario para la consecución de una organización de trabajo" que, sin distinción de sexos", posibilite el mantenimiento de los que, por su edad, o falta de salud, no puedan trabajar. Adelaide Cabete insistía en la necesidad de la preparación específica de las futuras madres, proponiendo estudios de puericultura ya desde la escuela infantil. En esta misma línea, Beatrix Teixeira abordó la necesidad de inculcar lecturas adecuadas, como el cuento, que "es un medio precioso para aprovecharlo en la educación de la juventud", todo ello acompañado del personal idóneo, "dotado de todas las cualidades que distinguen a un buen educador". La nota sufragista la dio María O´Neill con su ponencia "El voto de las mujeres", en la que se argumentaba razones sociales, de conveniencia general y hasta numéricas; el abogado Carlos Palma puso el dedo en la llaga al denunciar el abandono de obligaciones materiales de algunos padres, planteando el impago de alimentos como un delito penal.
A la altura de 1928, la dirección del CNMP estaba constituida por las siguientes socias: Adelaide Cabete (Presidenta), Angélica Pôrto y Elina Guimarães (Vice-Presidentas); Beatriz Magalhães, Cipriana Nogueira, Deolinda Lopes, Fabia Ochoa, Fernanda Pimentel, Isaura Seixas, María da Luz Santos, María do Céu Banquinho, María Leonarda Costa, María Luísa Amaro, María O´Neill, Mariana Silva, Rosa Pereira, Sara Beirão, Tetralda de Lemos y Zoé Pereira. Como se ha apuntado, este será el último acontecimiento público de carácterpedagógico-feminista celebrado en Portugal.
El CNMP decidió participar al año siguiente en el Segundo Congreso Abolicionista -el anterior se había celebrado en 1926- aduciendo que: "no pudiendo quedar indiferente [el Conselho] al gesto verdaderamente noble y humano de la Liga Abolicionista, al tratar un problema social que interesa principalmente a la mujer, resolvió colaborar en el congreso, invitando a sus asociadas a inscribirse y a enviar algunos trabajos". Por cuestiones de espacio no podemos extendernos sobre las materias tratadas en estos congresos dedicados a la abolición de la prostitución. Sin embargo, como no podía ser de otro modo, las feministas del CNMP colaboraron intensamente en el evento con sus ponencias, entre otras, Angélica Porto, Adelaide Cabete, María O´Neill, Delfina dos Santos, Vitoria Pais, Albertina Gamboa, abordando temas como "La eugenesia", "La valoración del trabajo femenino", "La principal causa del no abolicionismo", etc.
El Congreso Abolicionista supuso para las feministas la última intervención de envergadura llevada a cabo por el CNMP en 1929. Los grandes congresos antes referidos fueron, en principio, el fruto de un trabajo de "promoción constante" del ideario feminista de emancipación sexual, iniciado en 1920 con las "conferencias feministas" organizadas por la Comisión de Educación del citado Consejo. Otra iniciativa posterior, los denominados "Tés Feministas", no pudo llegar a buen término debido, fundamentalmente, a cuestiones financieras que, al parecer, eran francamente graves para el CNMP. A partir de 1930, el movimiento de mujeres y, naturalmente, el CNMP entrarán en una aguda crisis. Tiempo de "vacas flacas", en palabras de Wank-Nolasco, agudizado por la partida de Adelaide Cabete hacia Angola, acompañando a su sobrino Arnaldo Brazão, y por la instauración definitiva del Estado Novo. En 1932, Sara Beirão intentaría aún llamar la atención sobre el problema feminista creando una efímera sección denominada "Correspondencia con nuestras lectoras", en la revista del Conselho. En estos años, parece haber cristalizado una "Biblioteca Femenina", idea lanzada en los años veinte, junto con cursos de esperanto e inglés.
A modo de reflexión se puede decir, en líneas generales, que el rasgo que mejor define a las feministas del CNMP es la cohabitación entre el pasado y el futuro, entre el conservadurismo y el progresismo. Sin embargo, estas características no solo definen al movimiento de mujeres sino "a los elementos masculinos progresistas" (Wank-nolasco, 1995, 105).. Y en esta lucha se pone en evidencia la debilidad del feminismo luso. En 1940, en las páginas de Alma Feminina, se realizó un llamamiento al colectivo. En un artículo firmado por "Armia", posiblemente un seudónimo de María Lamas, la autora incita a las socias a colaborar y "unirse en un lazo más estrecho"; si fuera necesario, continúa, "hasta el sacrificio", con el fin de "que su órgano [el Conselho] viva y progrese".
Cuadro 1:
|
ANALFABETISMO % |
LISBOA | PORTO | |||
|---|---|---|---|---|---|
| Año | Total País | Hombres | Mujeres | Hombres | Mujeres |
| 1900 | 74,0 | 40,2 | 51,1 | 45,8 | 64,7 |
| 1911 | 69,6 | 37,5 | 49,5 | 41,1 | 60,6 |
| 1920 | 66,2 | 33,0 | 45,5 | 35,8 | 54,3 |
| 1930 | 61,8 | 31,2 | 44,0 | 32,9 | 52,1 |
| Fuente: SERRÃO, J. y MARQUES, A.H. (1991). | |||||
Cuadro 2
| LA INSTRUCCIÓN EN PORTUGAL (1908-1930) | ||||
|---|---|---|---|---|
| Año | Primaria | Secundaria | Año |
Alumnas
Secundaria |
| 1918 | 104.483 | 924 | 1908 | 9,5 % |
| 1920 | 121.301 | 2.642 | 1910 | 11,2 % |
| 1930 | 156.945 | 2.962 | 1916 | 25,2 % |
| Fuente: BARREIRA, (1994, 44-45). Elab. prop. | ||||
Cuadro 3
| COMISIÓN ORGANIZADORA DEL PRIMER CONGRESO FEMINISTA Y DE EDUCACIÓN (1924) | |||
|---|---|---|---|
| Nombre | Cargo | Profesión | Logia |
| Adelaide Cabete | Presidenta | Médica | Humanidad |
| Arnaldo Brazão | Sec. General | Abogado | Humanidad |
| Elisa Santos Lima | Tesorera | Bibliotecaria | Humanidad |
| Angélica L. Viana | Vocal | Maestra | Humanidad |
| Deolinda L. Vieira | Vocal | Maestra | Humanidad |
| Maria O´Neill | Vocal | Escritora | ? |
| Laura C. Côrte Real | Vocal | Maestra | Humanidad |
| Aurora C. Gouveia | Vocal | Jurista | Humanidad |
| Domingas Lazary | Vocal | Maestra | Humanidad |
| Albertina Gamboa | Vocal | Maestra | Humanidad |
| Vitória Pais Madeira | Vocal | Maestra | Humanidad |
| João Teixeira | Vocal | ? | ? |
| Fuente: (COSTA, s.a.). Elab. pro. | |||
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