Universidad de Castilla~La Mancha

Universidad de Castilla-La Mancha
izq_sup

Recesiones

Por: Humildad Muñoz Resino
T. E. U. de Magisterio de Toledo
e-mail: Humildad.Munoz@uclm.es

FICHA TÉCNICA

AUTORA: Mª del Carmen MEDINA DÍAZ-MARTA
TÍTULO: Los juegos populares e infantiles en Castilla-La Mancha
EDICIÓN: Servicio de Publicaciones de la Consejería de Educación y Ciencia de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Toledo, 2001.
Nº DE PÁGINAS: 387
TAMAÑO: 14,5 ´ 21

CONTENIDO

El libro que me propongo reseñar fue presentado públicamente el pasado mes de febrero. Forma parte de la colección "Conocer Castilla-La Mancha", a través de la cual la Junta pretende divulgar el conocimiento de distintos aspectos que configuran la Comunidad. En esta - sin duda- loable misión había un hueco que oportunamente ha llenado el libro de Carmen Medina. La cultura popular suele estar bastante olvidada y, dentro del amplio espectro que abarca, era y es imprescindible dedicar alguna atención al tema de los juegos.

La autora es una toledana de larga trayectoria docente (me limito a destacar su labor en el Instituto de Enseñanza Media y en la Escuela Normal de la ciudad); pero, además, ha demostrado a lo largo de toda su vida un notable interés por recuperar el folklore en todas sus facetas. Con su quijotesca vocación investigadora recorrió muchos kilómetros de esta tierra castellano-manchega registrando bailes y danzas. Y más recientemente, le ha tocado el turno a los juegos. Para construir el corpus que nos presenta ha realizado durante los últimos años un auténtico "peinado" de estas tierras, en un exhaustivo trabajo de campo.

El contenido de la obra se estructura básicamente en los siguientes apartados: presentación, a cargo del actual Consejero de Educación y Cultura, Sr. Valverde Serrano; introducción por parte de la autora; cuerpo del libro, o sea, colección de juegos; apéndices.

En la introducción Medina expone de manera sucinta el qué, cómo y porqué de la obra: reflexiona acerca de la naturaleza del juego y menciona, aunque de pasada, su carácter "trashumante"; hace un repaso histórico sobre la consideración del juego en pensadores y literatos, desde la más remota antigüedad hasta nuestros días; destaca las relaciones que la actividad lúdica ha mantenido con otras actividades artísticas; Finalmente, acaba desembocando en un puñado de reflexiones sobre el deporte y el olimpismo.

Dentro del corpus de los juegos hay dos grandes apartados en el libro: la primera parte la ocupan los juegos para adultos y dentro de ella, a su vez, hay otros dos apartados: los juegos nobles y los juegos populares. La segunda parte se dedica a los juegos para niños.

De los juegos nobles son diez las entradas, en las que se combina un sondeo histórico con la descripción de la actividad. Se completa con la inclusión de láminas sobre cuadros famosos que se refieren a esos juegos en particular.

Más interés ofrecen las páginas dedicadas a los juegos populares de adultos: ochenta y siete entradas. Son, como dice la autora, manifestaciones transmitidas de generación y generación y, en algún caso, mantenidas en la memoria a través de la tradición oral.

La metodología utilizada para su descripción es sencilla y eficaz: localización espacial (procedencia), aclaración del nombre (si es pertinente), descripción de sus elementos y puesta en práctica. En ciertos casos también se hace constar la época del año en que se juega. La información se completa con ilustraciones aclaratorias y algunas fotografías.

Pero la parte del león es sin duda la que se refiere a los juegos populares infantiles, y no lo es sólo por su cantidad sino también por el interés que se deriva del contenido mismo.

Medina explica en la introducción que los clasifica desde un criterio didáctico: "por los efectos físicos que producen en el niño". Como docente, la autora no pierde de vista la proyección que pueda tener su libro más allá de una convencional lectura, y pensando en su aplicación escolar los agrupa en "juegos de velocidad de reacción" (ochenta y tres entregas); "juegos de locomoción" (cuarenta y tres); "juegos de lanzamiento" (setenta y cinco); "juegos de salto" (treinta y tres); "juegos de lucha" (diez); "juegos de equilibrio" (veintiuno) y juegos de ritmo, coordinación y movimiento, que, a su vez, se agrupan en varias secciones: "canciones de corro" (treinta y cuatro); "canciones de ritmo y movimiento" (veintidós); "juegos de comba" (diecisiete); "dubles" (diecisiete). Y para terminar, otros cuantos apartados de naturaleza diversa: "ceremonias y bailes" (siete); "juegos de lenguaje" (trece) y "juegos de adivinanzas" (trece).

Como en el apartado anterior, muchos de los juego se complementan con ilustraciones, o bien de dibujos esquemáticos del desarrollo del mismo, muy esclarecedores, o de fotografías de cuadros famosos. Tanto por esta parte gráfica como por el tipo de papel, podemos decir que se trata de un libro bonito

Se completa la obra con algunos apéndices útiles: una relación alfabética de los juegos, acompañados del dato de la localidad donde se practica o practicó, y un vocabulario de términos específicos (ambas secciones tanto en el apartado de los juegos populares para adultos como en el de los infantiles). Finalmente, una bibliografía orientativa.

VALORACIÓN

La naturaleza misma de esta obra, su contenido, me permite abordar este punto desde una doble perspectiva. En primer lugar he de destacar la nunca suficientemente estimada labor de ciertos investigadores quienes - como Carmen Medina en este caso- se dedican a forjar eslabones de la cadena que une el pasado con el presente. La autora nos ha proporcionado un documento que permitirá salvar del olvido algo tan importante como los juegos, es decir, una parcela de esa memoria colectiva de todos los pueblos (en este caso de la meseta sur castellana) en la que muchos nos reconocemos y con la que hemos crecido (al fin de cuentas somos homo ludens). Y este acto conservacionista me parece especialmente transcendente, dado que hoy las señas de identidad de los pueblos están seriamente amenazadas, como "especies en extinción" engullidas por una ¿cultura? de masas, vulgar y alienadora.

En segundo lugar, me interesa valorar su proyección. Al imbricar el pasado con el presente, se pone cimientos al futuro, proporcionando a los maestros - a los que ya están en ejercicio, pero también a los que ahora son nuestros alumnos- un material utilísimo. De hecho, dice la autora: "pensando en su posible utilización en la escuela, tanto de la E. F. como en la psicomotricidad y el ritmo, me ha parecido oportuno realizarla [se refiere a la clasificación que hace de los juegos infantiles], aunque en algunos juegos no ha resultado sencillo. De esta forma, además de cumplir los objetivos de la programación educativa, permite colaborar en la supervivencia de los valores autóctonos de la Región".

El derecho a jugar ya se recoge en la declaración Universal de los Derechos del Niño (1959), como muy bien sabemos. A pesar de ello, se puede afirmar que los niños de hoy no juegan, al menos en el sentido clásico de la palabra. Unos, los del tercer mundo, por falta de recursos que les convierte en adultos precoces; otros, los de los países desarrollados, porque son "secuestrados" por múltiples y variopintos estímulos.

Las circunstancias socioeconómicas que rigen nuestra sociedad (inseguridad ciudadana, padres y madres trabajadores, ausencia de abuelos en el hogar, proliferación de divertimentos técnicos que hipnotizan a los más jóvenes ante impersonales pantallas, hábitos sedentarios....) han desterrado a los niños del espacio público donde recíprocamente se encontraban. Los juegos tradicionales cumplían esta importante misión de socialización y de ahí el valor didáctico de este libro. Como apunta la autora, a través de ellos los niños aprenden a funcionar con reglas entre iguales; a recibir con naturalidad tanto una victoria como una derrota, así como la superioridad de los otros, incluso del contrario; facilitan la integración en el grupo; les ayudan a adquirir e interiorizar valores éticos y morales como la constancia, el esfuerzo, la valentía, la generosidad; permiten descubrir líderes; enseñan que todos deben aportar su esfuerzo personal para la consecución de una meta común; pueden usarse como indicio para descubrir la personalidad del niño y así prevenir correctivamente lo que sea negativo (el niño tramposo puede llegar a ser un adulto corrupto), o canalizarlo en una dirección útil (el egocéntrico supera su individualismo aportando sus facultades al equipo, el soberbio debe someterse a las necesidades comunes...). Todo esto sin contar las ventajas añadidas a efectos de salud: ejercicio físico al aire libre que le ayuda en su desarrollo integral y armónico. Porque, como opina la autora, el juego es una actividad espontánea en el niño que le sirve para irse entrenado en el "gran juego" que es la vida, y además no tiene limitaciones ni de espacio ni de tiempo. Y todo ello mientras se divierte. El juego, pues, es una deliciosa y provechosísima forma de "perder el tiempo".

Ante tal cúmulo de valores educativos que proporciona el juego tradicional (socialización, desarrollo cognitivo y físico, posibilidad de globalización con otras áreas como música, lenguaje...), nos congratulamos con la aparición de este libro porque además, y como se ha dicho, tiende puentes entre generaciones: el niño y el joven de hoy comprenderán que los adultos también jugaron; y si ese joven es maestro, quizás tome conciencia del deber ineludible que, como tal, le convierte en transmisor para futuras generaciones.