Características y déficits inherentes a la hospitalización infantil
Por: Luis Rodríguez Bausá.
Profesor de la Escuela Universitaria de Magisterio de Toledo.
e-mail:Luis.Rodríguez@UCLM.es
PRESENTACIÓN:
En primer lugar se abordan los efectos de la hospitalización infantil, fundamentalmente en lo que respecta a las reacciones ansiosas. A continuación se analizan las fases de adaptación del niño al hospital o enfermedad y su repercusión en el desarrollo psicoevolutivo.
Finalmente se revisan los conceptos y pautas de intervención educativa para paliar la depresión infantil posthospitalización, así como las intervenciones necesarias para eliminar los déficits atencionales y afectivos que se puedan producir en estos niños/as
PALABRAS CLAVE: Hospitalización, enfermedad, intervención psicopedagógica, pedagogía hospitalaria, agentes estresores, déficits afectivos y atencionales
CARACTERÍSTICAS Y DÉFICITS INHERENTES A LA HOSPITALIZACIÓN INFANTIL
1.- ACLARACIÓN DE CONCEPTOS.
El concepto de salud ha ido evolucionando a lo largo de los tiempos de acuerdo a parámetros de bienestar modélicos en cada sociedad. En la actualidad, y a propuesta de la O.M.S. se considera que el estado de salud es más que la ausencia de enfermedades, sino que es un estado de buena adaptación de crecimiento y desarrollo.
Los estímulos de tensión física, psicológica o social pueden afectar a niño/a y ocasionar una alteración de su equilibrio adaptativo. En estos casos sus defensas psicológicas, así como sus mecanismos de adaptación conductual y social se ven también alterados.
Para el niño/a , la hospitalización o la enfermedad es un estímulo altamente desencadenante de estrés, el niño/a no sabe lo que es la enfermedad, sobre todo si es muy pequeño, ni comprende a qué es debido su dolor, No entiende porqué sus padres lo abandonan, y porqué se le introduce en un ambiente extraño, privándole de sus amigos/as, objetos y juguetes. Esto desencadena reacciones que pueden ser muy variadas, y que van desde simples lloros al mutismo absoluto, pasando por rehuir cualquier contacto personal o estar permanentemente dependiente del personal sanitario.
Recordemos que los efectos del hospitalismo , se conocen, y están descritos desde hace mucho tiempo, y no solo referido a centros clínicos, sino también a guarderías, orfanatos y hogares infantiles.
Se entiende por síndrome de hospitalismo todas aquellas reacciones emocionales y conductuales que puede sufrir un niño/a que precisa ser hospitalizado, con la consiguiente separación de su familia y su casa.
Rene Spitz describe este síndrome como :
"el deterioro progresivo que aparece en los niños/as hospitalizados desde los primeros días de su vida y que no puede atribuirse ni a infecciones ni a deficiencias higiénicas, sino a la propia reclusión en el centro hospitalario".
Más recientemente, Luna y colaboradores lo han definido como:
" La serie de trastornos que sufre el niño/a internado como consecuencia de la carencia más o menos larga del clima familiar, que incluye la separación de la madre, la introducción en un ambiente extraño y la carencia de las relaciones afectivas propias del individuo"
Aunque en los países desarrollados rara vez observamos casos severos debido fundamentalmente a la labor de pedagogos, maestros, educadores y psicólogos, no es menos cierto, que pueden producirse, y que es mejor conocer los problemas posibles anticipándose a ellos.
Respecto a la significación de la enfermedad y la hospitalización para el niño/a podemos afirmar, de manera muy resumida, y con todas las excepciones posibles, lo siguiente:
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Lactante: cambio de rutina y ambientes familiares, responde de forma global. Le supone un problema la separación de los objetos deseados.
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Niño/a de 1 a 3 años: miedo a la separación y al abandono. En este período la ansiedad por esta causa es máxima. Relaciona la enfermedad con una situación, circunstancia o conducta concreta.
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Más de 3 años: miedo al dolor o lesión corporal. Tolera mejor la separación que los menores. Entiende la enfermedad como un castigo por haber hecho algo mal.
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En edades escolares se produce un temor por la naturaleza física de la enfermedad. Hay preocupación por la separación del grupo de compañeros/as y de la capacidad de mantener su relación en el grupo. Percibe la enfermedad como una causa externa, pero localizada en el cuerpo.
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Adolescente: se produce ansiedad en relación con la pérdida de independencia, control o identidad. También se manifiesta preocupación por la pérdida de intimidad. Percibe el órgano o proceso que funciona mal como causa de enfermedad, y es capaz de explicarla.
En general, y a efectos prácticos la mayoría de los efectos derivados del hospitalismo pueden extrapolarse a aquellas situaciones en las que el niño/a permanece también en el hogar debido a enfermedades invalidantes o crónicas, en las que los periodos de ausencia escolar son habituales, y que se suelen presentar con ingresos en centros hospitalarios.
Además de este síndrome de hospitalismo, algunos autores, como José Antonio Cieza llegan incluso a describir como un síndrome independiente el del niño enfermo, definiéndolo como:
" el malestar la incomodidad o el dolor suelen producir inquietud, hiperactividad, irritabilidad, trastornos de alimentación y alteraciones del sueño"
Junto estos síntomas directos, cabría igualmente hablar de otras consecuencias:
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Regresión o reaparición de modelos sociales inmaduros, dependencia excesiva de la madre, conducta exigente o agresiva, disminución de la capacidad de compartir cosas con los compañeros o hermanos, y por último dificultades de concentración y aprendizaje.
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Depresión: desánimo, trastornos de alimentación, variaciones de carácter, reaparición de miedos primitivos, sentimientos de competencia o insuficiencia, conductas estereotipadas de carácter ritual y fases hipocondríacas transitorias
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Interpretación errónea de la enfermedad, uniendo a veces el tratamiento a un miedo o ansiedad de mutilación corporal.
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Somatizaciones al margen de la enfermedad o mantenimiento psicógeno de síntomas una vez curada.
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Amnesia o estados pseudodelirantes.
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Déficits perceptivo-motores.
En las enfermedades crónicas se manifiestan además importantes repercusiones en el desarrollo de la personalidad del niño/a, y en su funcionamiento social, familiar o escolar. En este sentido, las enfermedades afectarán al niño/a en alguna medida:
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modificando su carácter y personalidad.
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Alterando las relaciones padres-hijos, especialmente por la ansiedad y angustia que aquellos generan ante el riesgo y padecimiento del hijo/a.
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Produciendo disturbios en las relaciones del niño/a con sus compañeros de escuela.
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Impidiendo o dificultando la integración completa en las actividades físicas que forman parte de la vida escolar.
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Disminuyendo el rendimiento escolar: distraibilidad, fatiga, desinterés, baja motivación etc.
Cada niño/a según su propia personalidad, la edad en el momento de la hospitalización o en el que se le manifieste la enfermedad, el período de tiempo que conlleve ésta etc, reaccionará de una manera distinta aunque los síntomas del síndrome sean específicos. Algunos niños/as lo superan con mucha rapidez, otros, por el contrario tardan mucho tiempo en superarlo e incluso hay quien no lo consigue. Veamos algunas referencias al respecto: los menores de 3 años por lo general son los más vulnerables a la separación de sus padres, ya que no entienden el motivo de esta situación y la interpretan como un abandono o un castigo, causándoles miedo, ansiedad o tristeza. Sus actitudes son de protesta, rechazo y desesperación. Si la hospitalización va a ser larga es necesario llegar a acuerdos que garanticen la presencia de la madre el máximo tiempo posible.
Los bebés menores de 1 año presentan extrañeza y ansiedad ante la separación de sus padres y de su hogar, manifestando alteraciones alimenticias, alteraciones del sueño etc.
En numerosas ocasiones, como ya dijimos al hablar del síndrome del niño/a enfermo, cuando finaliza el período de hospitalización y el niño/a regresa al hogar, aparecen conductas regresivas comportándose como si fuera un niño/a más pequeño, se vuelven más llorones y sensibles, padecen ansiedad y fobia ante médicos, enfermeros/as y cualquier persona o lugar que asocien con un hospital.
Por todo ello, para prevenir en lo posible los efectos de la hospitalización de un niño/a pequeño hay que tomar medidas antes de ingresar al niño/a y sobre todo, durante la permanencia en el hospital.
Antes de la hospitalización y con el fin de atenuar la ansiedad del niño/a y las consecuencias negativas que pueden surgir, es aconsejable explicarle al niño/a donde va a ir, como es el lugar donde va a permanecer, que se le va a hacer y porqué . A los niños/as un poco mayores hay que explicarles las causas del ingreso , la enfermedad que padecen o la operación a la que van a ser sometidos, animándoles y haciéndoles ver que es lo que les va a pasar, e incluso no está de más llevarles al hospital para que conozcan el lugar y se familiaricen con él. De esta manera disminuirá su ansiedad y se atenuarán sus temores.
Los estudios de Schaffer y Emerson mostraron que la figura cuyo alejamiento producía mayor ansiedad de separación en los niños/as era la madre, mientras que muy pocos mostraban dicha respuesta ante la separación del padre, abuelos o hermanos/as. Se acuñó el término denominado "ansiedad de separación" como la variedad de respuestas que presenta el niño/a ante la separación prolongada de la figura materna. En general, al ser separados de sus madres rompen a llorar, rechazan a cualquier otra persona y los intentos para consolarlos resultan estériles. Cuando la madre reaparece el niño/a se aferra a ella de una forma intensa y posesiva.
Los estudios de los efectos negativos de la separación materna se remontan a comienzos de siglo, pero las investigaciones más importantes fueron realizadas recientemente por Spitz en la década de los setenta. Spìtz definió dos formas de carencia afectiva que contribuían a un deterioro progresivo del desarrollo, en proporción directa con la duración de la carencia a la que el niño/a está sometido:
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Carencia afectiva total: en la cual los niños/as tenían sus necesidades físicas cubiertas (alimentación, higiene, cuidados...) pero sin embargo con importantes carencias afectivas. Debido a la misma comenzaron a mostrar un retraso motor evidente, llegando a estar completamente pasivos, su coordinación ocular era deficiente; su expresión se volvió vacía y se daban movimientos atetósicos típicos de niños con problemas neurológicos
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Carencia afectiva parcial: en la que a pesar de que los niños/as eran atendidos algunas horas por sus madres, mostraban cambios llamativos en sus conductas, pasando de una conducta inicial de lloro a una de retraimiento y postración con total desinterés por el mundo exterior, a la que denominó "depresión anaclítica". Durante la misma ignoraban a las personas que se les acercaban, y si estas insistían en contactar con ellos/as lloraban o gritaban. Posteriormente se producían problemas de insomnio, y se acentuaba la tendencia a contraer enfermedades, así como una generalización del retraso motor y rigidez facial. A partir del tercer mes de privación la rigidez facial se establece, los lloros cesan y son reemplazados por gruñidos; el retraso motor se agrava y va dando lugar a la letargia. Cuando la madre era restituida entre el 3 y 5º mes permanecía como secuela un retraso en el desarrollo, y si la privación duraba más el niñó/a entraba en un cuadro análogo al del "hospitalismo", caracterizado por pasividad e inexpresión, cabeceos espasmódicos y un retraso en el desarrollo. El agravamiento del cuadro llevaba a una desorganización total de todas las funciones vitales
2.-EFECTOS DE LA HOSPITALIZACIÓN Y AGENTES ESTRESORES.
El hospital es un hecho estresor por si mismo, que implica además muchas otras situaciones nuevas estresoras, nuevos horarios, exploraciones dolorosas, pérdida del ambiente familiar, pérdida de actividades escolares, falta de estimulación social etc.
Además de esto, hay que considerar que habitualmente el personal sanitario no suele jugar con ellos/as, y dialoga con el/a casi exclusivamente sobre los cambios en su enfermedad. Las caricias, el contacto físico, en definitiva todos los signos y símbolos del lenguaje no verbal están deficientemente presentes.
De modo sucinto podemos enumerar los siguientes agentes estresores mas habituales:
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Separación de los padres y ausencia de familiares
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Inclusión en un medio extraño y desconocido
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Pérdida de control, autonomía y competencia.
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Falta de información.
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Despersonalización.
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Restricción del espacio vital y de la movilidad.
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La experiencia del dolor
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Intervenciones quirurgicas
Asimismo, el niño/a debe adaptarse súbitamente a nuevos horarios, alimentos, pijamas etc. Aparecen problemas de comunicación que agravan sus problemas...algo similar nos va a suceder con los niños/as que deben permanecer en sus casas por enfermedad, y debemos contar con ello, a la hora de afrontar una correcta intervención psicoeducativa.
Según Mischel, la ansiedad en su forma más simple puede definirse como un temor adquirido, la experiencia de ansiedad contiene un profundo sentimiento de temor ante un peligro inminente, acompañado de un estado de excitación fisiológica autónoma.
Existen un buen número de estudios que ponen en evidencia los efectos negativos que provoca la hospitalización infantil. Señalamos a continuación los más habituales en palabras de Mª Pilar Palomo:
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Problemas de alimentación como rechazo o hiperfagia.
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Alteraciones del sueño, como insomnio, pesadillas, o fobias a la oscuridad.
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Enuresis o encopresis, diurna o nocturna
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Regresión a niveles de comportamiento más primitivos y pérdida de los niveles adquiridos previamente.
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Movimientos espasmódicos involuntarios de la cara o de los párpados.
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Depresión, inquietud o ansiedad.
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Terror a los hospitales, personal , agujas, procedimientos diagnósticos
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Miedo a la muerte.
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Mutismo, regresión autista a grados de incomunicación o retraimiento en el contacto con la gente.
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Obsesiones o alucinaciones sobre funciones corporales.
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Síntomas histéricos , como pérdida de la voz.
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Reacciones de ansiedad
3. SINTOMATOLOGÍA DE LA REACCIÓN ANSIOSA EN EL NIÑO/A
El principal síntoma psicológico se caracteriza por un sentimiento inconsciente de temor o peligro, sin capacidad de identificar las amenazas objetivas inmediatamente que explique la razón de dichos acontecimientos.
A nivel fisiológico se observa gran cantidad de excitaciones y de dolores orgánicos. Es frecuente encontrar trastornos cardiovasculares ( palpitaciones, taquicardia, opresión torácica,, alteraciones del pulso...) alteraciones respiratorias (jadeos, hiperventilaciones, disnea nerviosa), síntomas gastrointestinales (estreñimiento, diarreas, náuseas, vómitos...) temblores, vértigos, sudores, cefaleas.
Por otro lado, no debemos olvidar que también existen algunas manifestaciones motoras que suelen darse en el niño/a ansioso: la mayoría de ellos/as sufren un estado de inestabilidad psicomotriz, con una incapacidad de permanecer en repaso y de concentrar su atención de forma estable, el niño/a es incapaz de concentrar su atención de forma estable.
4. FASES DE ADAPTACIÓN DEL NIÑO/A AL HOSPITAL
Son las fases habituales por las que pasa el niño/a en su intento de adaptarse al proceso hospitalario como consecuencia de la separación de la madre y las carencias afectivas a las que está expuesto, han sido descritas por Robertson:
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Fase de protesta: la cual puede durar horas o semanas, el niño/a tiene una fuerte necesidad de su madre y la espera basándose en una experiencia anterior en la que ella siempre respondía a sus lloros, por ello se desespera ante esta nueva situación desconocida para él, en la que sus protestas y gritos no conducen a la aparición de la madre. En esta fase el niño/a suele ser considerado un mal paciente.
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Fase de desesperación: se caracteriza por la necesidad continua y consciente de su madre, el niño/a presenta una apatía y un retraimiento fuera de lo normal, así como una gran tristeza. Aparentemente el niño/a parece tranquilo y adaptado. Es la fase de mayor controversias respecto a la presencia de los padres en el centro hospitalario.
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Fase de negación: el niño/a muestra más interés por el entorno y esto es considerado como un signo de que está feliz, pero lo que realmente está haciendo es reprimir sus sentimientos.
4.1. ANÁLISIS DE LA EXPERIENCIA DE HOSPITALIZACIÓN.
Se trataría de saber como ha influido en el niño/a la experiencia de la hospitalización, como saber qué siente, como manifiesta la ansiedad...
En España se viene utilizando para verificar el análisis de las conductas de ansiedad algunas escalas determinadas, de las cuales, tal vez las más usadas sean la de Del Barrio, que mide la conducta cognitiva, la motora y la psicofisiológica, y la escala observacional de apreciación de ansiedad de Melamed y Siegel, junto con el cuestionario de conductas posthospitalarias de Vernon y colaboradores. Estas referencias se recogen en la bibliografía adjunta
5. ENFERMEDAD Y DESARROLLO INFANTIL
Es un hecho constatado que las interacciones entre el niño/a y su ambiente se alteran como consecuencia de una enfermedad, y que la enfermedad física no puede entenderse sólo desde el punto de vista biológico, ya que se desarrolla en un marco psicosocial, variando el peso de las variables sociales, culturales y psicológicas según el enfermo y el tipo de enfermedad.
No obstante, el modo en que la enfermedad va a afectar al normal proceso de desarrollo está influido por varios factores:
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La naturaleza de la enfermedad
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El momento evolutivo en que aparece
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Su pronóstico, limitaciones y retrasos asociados que conlleva.
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Los antecedentes personales, familiares e historia biográfica del niño/a que padece la enfermedad, así como sus rasgos de personalidad
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La respuesta de la familia a la enfermedad.
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Los refuerzos que el niño recibe como consecuencia de la misma
Hay que tener en cuenta también que toda enfermedad produce unos efectos psicológicos, de los que los más importantes son: que modifica el autoconcepto infantil, el niño/a tiene una baja imagen de sí mismo y se vuelve vulnerable y dependiente. A ello, hay que sumar lo ya escrito de sentimientos de ansiedad, indefensión, miedo e inseguridad. Además es importante tener en cuenta algunas cuestiones de especial relevancia , como son:
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No es el niño/a la persona que demanda la asistencia médica
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Además el niño/a es llevado al hospital por sus padres sin su consentimiento, y es "abandonado" allí
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No suele recibir ningún tipo de información sobre los acontecimientos que van a suceder en el hospital y las rutinas hospitalarias.
¿Qué piensan los niños/as de los Hospitales? En una pequeña encuesta que llevamos a cabo en el Hospital Nacional de Parapléjicos, los pacientes pediátricos ingresados/as manifestaron que no les gusta el mobiliario porque es feo, tampoco los cuartos de baño, ni los pijamas porque son todos iguales y normalmente no son de su talla, que huele raro, acostarse pronto, la comida tampoco es de su agrado, que les pinchen etc.
Lo que es un hecho evidente es que la hospitalización de un niño/a sólo debe realizarse cuando sea estrictamente necesaria, ya que es una experiencia estresante con consecuencias sociales y psicológicas tanto para el niño/a como para sus padres, pudiendo incluso, llegar a ser más debilitante que la enfermedad misma
Según North, un niño/a debe ser hospitalizado solo cuando requiera alguno de los servicios siguientes:
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Anestesia general.
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Observación intensiva o monitorización.
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Tratamientos intravenosos
-
Tratamientos intravenosos.
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Modalidades terapéuticas especiales
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Debido a abusos, negligencias o maltratos.
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Amenazas o tentativas de suicidio.
-
Para establecer la relación madre-hijo.
6. LA EXPERIENCIA DE DOLOR.
El dolor es una compleja experiencia perceptual y afectiva, que está determinada tanto por los patrones de respuesta provocados en las neuronas sensoriales por estímulos físicos, como por el significado que dichos estímulos tengan para el sujeto, su historia individual, aspectos culturales y de aprendizaje asociados, aspectos atencionales etc.
El dolor se observa mediante la conducta del dolor, como pueden ser quejarse mediante lenguaje verbal o no verbal, solicitar analgésicos, realizar determinadas actividades unidas a la experiencia de dolor (estar sentado, acostarse, no realizar actividades sociales etc)
En la infancia y juventud el dolor es percibido cuando los estímulos nocivos inciden sobre la superficie corporal o los órganos internos.
Tradicionalmente se vienen considerando tres dimensiones en la experiencia del dolor:
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Sensorial discriminativa: cuya función es la de trasmitir la estimulación nociva informando con precisión acerca de la intensidad, duración, localización y cualidad de la misma.
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Motivacional afectiva: la cual caracteriza al dolor como desagradable y aversivo, lo que genera en el sujeto diversas respuestas emocionales tales como miedo, ansiedad etc.
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Cognitivo-evaluativa: el significado del dolor se hará en función de la experiencia anterior del sujeto, contexto socioambiental en que se produce, valores y creencias culturales etc.
Se ha observado una fuerte relación entre la sensación de dolor en el niño/a y el aumento de trastornos psicológicos.
Como factores que influyen en la respuesta al dolor por parte de los niños/as destacan: la edad, su nivel de desarrollo, cultura, experiencias previas, nivel de ansiedad, el tipo de estímulo doloroso, la personalidad...
7- EL PROBLEMA MAS GRAVE TRAS LA ENFERMEDAD O LA HOSPITALIZACIÓN: LA DEPRESION INFANTIL.
Cuando se habla de depresión infantil (en adelante DI) se advierte en general un cierto rechazo a aceptar la posibilidad de su existencia, tal es así que hasta el año 1975 la comunidad científica no aceptó corporativamente la existencia de la DI, y fue fundamentalmente gracias a autores como Spift o Wolf. Es interesante comprobar como ellos mismos lo describen, para de esta manera, tener una idea más clara de la sintomatología que ellos describieron:
"En conjunto estos infantes de la Casa Cuna tenían relaciones buenas y normales con sus madres durante los primeros seis meses de vida, y mostraban un buen progreso. Sin embargo en la segunda mitad del primer del año algunos de ellos desarrollaban una conducta lloriqueante que estaba en señalado contraste con la anterior conducta feliz. Después de algún tiempo, el lloriqueo daba paso al retraimiento. Solían yacer postrados en sus camas desviando el rostro y negándose a tomar parte en la vida de su alrededor. Cuando nos acercábamos a ellos la mayor parte de las veces se nos ignoraba...Primer mes: los niños se vuelven llorones, exigentes, tienden a asirse al observador, cuando este logra hacer contacto con ellos. Segundo mes: el lloriqueo muchas veces se cambia en gemidos. Se inicia la pérdida de peso. Hay una detención del índice de desarrollo. Tercer mes: los niños se niegan al contacto. Yacen postrados en sus camitas la mayor parte del tiempo. Se inicia el insomnio; prosigue la pérdida de peso. Hay una tendencia a contraer enfermedades interrecurrentes; el retraso motor se generaliza. Se inicia la rigidez facial . Después del tercer mes la rigidez facial queda firmemente establecida. Los lloriqueos cesan siendo reemplazados por gemidos. El retraso motor se acrecienta y es reemplazado por el letargo. Factores etiológicos: descubrimos que todos los niños de nuestra población, que habían generado este síndrome, tenían una experiencia en común; en cierto momento entre el sexto y octavo mes de vida, todos ellos fueron privados de la madre durante un período, prácticamente ininterrumpido de tres meses.(Spift, 1965, pgs.199-200).
En relación con la DI tiene especial importancia la obra de Seligman y su concepto de "indefensión aprendida". La indefensión es una reflexión generada por el fracaso repetido ante el intento de solucionar problemas, y que da lugar a la aparición de un sentimiento de impotencia que lleva al sujeto a suspender todo intento de actividad resolutiva
7.1. ¿QUÉ SE ENTIENDE POR DEPRESIÓN INFANTIL?.
Cuando un niño está deprimido tiene una conducta característica que permite su identificación y descripción. La depresión, tanto adulta como infantil, es un trastorno emocional que se caracteriza por ciertas vivencias subjetivas y ciertas conductas observables. En el lado subjetivo destacan fundamentalmente los sentimientos de desgana y tristeza que son los discriminantes básicos de los sujetos que padecen una depresión; en el plano del comportamiento se aprecian conductas de apatía, trastornos somáticos y cansancio que impide a los sujetos que la padecen no solo el disfrute de la vida, sino, en los casos más graves el desempeño de las tareas habituales más elementales e incluso el deseo de seguir vivo.
Según la academia americana y en su conocido manual DSM-IV los criterios para que se de una depresión son:
-
Disforia o tristeza.
-
Anhedonia o ausencia de disfrute de las cosas.
Para que se dé una depresión es necesario que esté presente por lo menos, uno de estos dos síntomas( en el caso de los niños la disforia puede ser sustituida por irritabilidad) y cuatro más de entre los que siguen:
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Pérdida o ganancia de peso u oscilaciones del apetito.
-
Insomnio.
-
Hipermotilidad o enlentecimiento del movimiento
-
Fatiga o falta de energía
-
Sentimientos de desvalorización o culpa
-
Disminución de la capacidad de pensar
-
Dificultad para tomar decisiones
-
Pensamientos recurrentes de muerte o suicidio o planes o intentos de hacerlo.
Estos síntomas deben estar presentes en el sujeto al menos durante dos semanas para que se pueda definir un diagnóstico de depresión. En caso de una duración menor se denominaría como trastorno emocional transitorio.
Existe la evidencia de que la DI , como la adulta se da asociada a la ansiedad , y esto supone que también puede pasar desapercibida, porque los síntomas de la ansiedad son mas reconocibles y visibles que los de la depresión.
7.2. TIPOS DE DEPRESION.
La duración intensidad y origen de sus síntomas ha dado lugar a la aparición de distintas clasificaciones de la depresión. Las más usadas y conocidas son la "depresión mayor" y "trastorno distímico". En el caso de la primera los síntomas presentan una intensidad preocupante y se trata de un proceso agudo que puede darse como un episodio único, pero que también puede repetirse. En el segundo se da una intensidad menor, pero aparece una cronificación del problema . En función de que se trate de uno u otro tipo su tratamiento, duración, intensidad y pronóstico varían.
Hoy se puede afirmar con cierta precisión que la depresión mayor se da entre un 2 y un 4%, y el trastorno distímico entre un 6 y un 8%.
7.3. SIGNOS DE ALARMA.
Las DI suelen ser reactivas, por tanto cuando empiezan se advierte en el niño/a un cambio, un antes y un después. Los cambios más frecuentes son:
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# Cambios de forma de ser:
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Un niño/a que previamente era alegre, se vuelve apagado, taciturno, triste y malhumorado.
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Un niño que era seguro de sí se vuelve inseguro y dubitativo.
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Un niño/a que era sociable y disfrutaba del juego se vuelve insociable y prefiere jugar solo.
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Un niño/a que era cariñoso y de repente se vuelve huraño y desconsiderado.
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Un niño que era manejable y obediente se vuelve díscolo y difícil.
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o Cambio en funciones corporales
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Pasa a dormir más, menos o más irregularmente que antes.
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Pasa a comer mucho más, o mucho menos que antes.
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Se queja más que antes de dolores o problemas corporales.
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Se siente más cansado que antes.
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Cambia sensiblemente de peso.
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o Cambio en funciones mentales:
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Se olvida de las cosas más que antes.
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Tiene muchos más problemas para concentrarse en lo que hace.
Rara vez los niños/as presentan estas conductas en su totalidad, sino sólo algunas de ellas.
Prestigiosos investigadores han elaborado un cuestionario de detección precoz de fácil manejo, que es el que se adjunta a continuación. Si se advierte que dos tercios de estas preguntas las han contestado afirmativamente deben pedir consejo técnico a un experto. Si por el contrario las contestaciones son afirmativas por debajo de la mitad puede intentar reconducir el problema por sí mismos.
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1
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Está triste
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SI
|
NO
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|
2
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Está malhumorado
|
SI
|
NO
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|
3
|
Se queja de dolores y molestias
|
SI
|
NO
|
|
4
|
Duerme mucho más o peor que antes
|
SI
|
NO
|
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5
|
Come mucho más o menos que antes
|
SI
|
NO
|
|
6
|
Se encuentra feo
|
SI
|
NO
|
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7
|
Está aburrido o inactivo
|
SI
|
NO
|
|
8
|
No quiere estar con sus amigos
|
SI
|
NO
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9
|
Se siente incapaz de hacer cosas
|
SI
|
NO
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|
10
|
Dice cosas desagradables
|
SI
|
NO
|
|
11
|
Lo ve todo negro
|
SI
|
NO
|
|
12
|
Le cuesta concentrase
|
SI
|
NO
|
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13
|
Ha descendido su rendimiento escolar
|
SI
|
NO
|
|
14
|
Nada le divierte
|
SI
|
NO
|
|
15
|
Parece descontento consigo mismo
|
SI
|
NO
|
|
16
|
Cree que no le quieren
|
SI
|
NO
|
|
17
|
Parece cansado
|
SI
|
NO
|
|
18
|
Está muy irritable
|
SI
|
NO
|
|
19
|
Se siente herido fácilmente
|
SI
|
NO
|
|
20
|
No tiene confianza en sí mismo
|
SI
|
NO
|
|
21
|
Le cuesta mucho tomar decisiones
|
SI
|
NO
|
|
22
|
Piensa que todo le sale mal
|
SI
|
NO
|
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23
|
Se echa la culpa de todo
|
SI
|
NO
|
¿Qué influye en la aparición de la depresión en un niño/a?. Por desgracia no se puede dar una respuesta única y simple a esta pregunta. Los problemas psíquicos, así como algunas enfermedades tienen su origen en una serie de factores de riesgo que no suelen aparecer por separado, como causa única, sino en combinación produciendo una multiplicación de los efectos nocivos en función del número de factores que se den acumulados en un solo individuo. Para el tema que nos ocupa debemos considerar que
Un porcentaje elevado de niños/as que han sufrido enfermedades u hospitalización prolongada sufren posteriormente de episodios depresivos que deben ser atajados lo antes posible.
Diversos autores/as han señalado diferentes factores desencadenantes y realmente es difícil determinar cuales de ellos son más importantes. Vamos a listar algunos de los más importantes:
# Anomalías neurofisiológicas heredadas.
# Hándicaps físicos.
# Enfermedades.
# Hospitalización
# Historia de depresión familiar.
# Alcoholismo paterno.
# Psicopatología materna.
# Problemas prenatales.
# Malas relaciones familiares.
# Rechazo familiar.
# Abuso infantil.
# Separación precoz.
# Apoyo social deficiente.
# Episodio depresivo previo.
# Atribuciones negativas.
# Inadecuado estilo de afrontamiento
# Excesiva necesidad de refuerzos
# Baja autoestima.
# Estilo de control inadecuado.
# Deficiencia de habilidades sociales.
# Dependencia.
# Incompetencia.
# Indefensión.
# Desesperanza.
# Ansiedad.
# Fracasos repetidos.
# Acontecimientos vitales negativos.
# Muertes de personas allegadas
# Problemas escolares.
# Respuesta al estrés
7.4 COMO PREVENIR LA DI.
La detección precoz del problema y la rápida búsqueda de ayuda son los mejores predictores de una rápida solución, por ello es importante la labor de todos aquellos/as que estemos trabajando con los niños/as. ¿Y cómo se hace?: evitando los factores de riesgo, consiguiendo que el niño/a tenga unas buenos hábitos saludables de actividad física, comida y sueño, y que el entorno familiar sea lo más armónico posible. Esto al menos como punto de partida, pero además hay otras cuestiones importantes como son:
# El control de las emociones: tener capacidad de control de las emociones supone la posibilidad de fomentar las emociones positivas y dominar las negativas. Para lograrlo debe ser ejercitado. Desde los tres años aproximadamente los niños/as tienen capacidad para un incipiente control emocional
# Fomentar la autoestima : Un niño que se aprecia a sí mismo produce : automáticamente un incremento en la propia seguridad, y ésta es una escudo ante la depresión.
# Incremento de las habilidades sociales: es muy importante estimular el contacto con amigos/as desde el comienzo
# Incremento de la autoeficacia.
8.- TRASTORNOS DE ATENCIÓN EN EL NIÑO/A COMO CONSECUENCIA DE ENFERMEDADES Y HOSPITALIZACIONES.
Con demasiada frecuencia se aprecia en los niños/as que han sufrido experiencias traumáticas como periodos de hospitalización prolongados, enfermedades o intervenciones quirúrgicas importantes déficits atencionales de importancia, que generalmente obedecen a desordenes producidos por los estados de ansiedad y estrés de los que venimos hablando. Por ello he creído importante incluir este apartado en estas reflexiones.
De forma continua las personas sufrimos algún fallo de atención, ¿cuándo podemos hablar realmente de un problema de atención?. Vamos a definir un problema atencional como:
Aquellos fallos en los mecanismos de funcionamiento de la atención que producen una falta de adaptación a las exigencias del ambiente o a las nuestras propias. La gravedad de un problema atencional vendrá definida, pues, por la mayor o menor capacidad que tengamos de responder a dichas exigencias.
Las dificultades atencionales más frecuentes que nos vamos a encontrar son las siguientes:
# Menor capacidad para atender a la información relevante.
# Mayor susceptibilidad a la distracción.
# Menor flexibilidad para orientar adecuadamente la atención.
# Un menor número de automatismos adquiridos.
# Menor autocontrol atencional
# Dificultades para mantener la atención.
En este sentido diremos que un niño/a tiene realmente problemas atencionales cuando:
A,. Su desarrollo evolutivo en este proceso no es el normal, sino que está por debajo de su edad cronológica o mental.
B.- Se producen desórdenes concretos que dan lugar a un cuadro psicopatológico determinado.
8.1. DISFUNCIONES ATENCIONALES.
Técnicamente se definen como aquellos casos en los que los mecanismos de funcionamiento de atención fallan o no se utilizan adecuadamente. Dichos fallos pueden provocados, o bien por carecer de dichos procesos – es el caso de niños/as muy pequeños- o bien por no saber utilizarlos. En estos casos hablamos de discapacidad o déficit atencional, de los cuales los más importantes son los siguientes:
# Disfunciones de amplitud de la atención: En algunas ocasiones los niños/as pueden tener un foco atencional excesivamente amplio, y en otras demasiado estrecho. Esto da lugar, en el primero de los casos , a una sobrecarga de información, pues no puede manejar toda la información que le llega, y en el segundo, a no poder procesar una cantidad de información que la mayoría de los individuos restantes individuos si que podría.
# Fallos en la rapidez de los oscilamientos de la atención: Tienen lugar cuando el sujeto es excesivamente lento a la hora de desplazar su atención de un objeto a otro o de una tarea a otra, y se consideran como una falta de flexibilidad atencional. Es frecuente en niños/as menores de años.
# Problemas de concentración: tienen lugar tanto por defecto, como por exceso. La falta de concentración tiene lugar cuando los niveles de concentración son bajos y pro tanto no focaliza su atención adecuadamente. Un fenómeno asociado es el que se conoce con el nombre de laguna mental . El sujeto en estos casos no recuerda lo que ha hecho en un pasado reciente. Es el caso por ejemplo de no saber donde he dejado las llaves al poco de entrar. Por su parte la hiperconcentración consiste en una concentración excesiva en algún aspecto del ambiente, por lo que el sujeto no responde a los restantes estímulos. Un caso específico de hiperconcentración es el fenómeno conocido como ausencia mental. En esta caso el sujeto está tan centrado en sus propios pensamientos que no atiende a nada de lo que ocurre a su alrededor. Suele ser frecuente en niños/as de educación infantil
# Distraibilidad: se define como la incapacidad para ignorar la información irrelevante, esto es, los distractores. En casos extremos, cuando las alteraciones de distraibilidad son muy importantes se habla de aproxesia o hiperprosexia, términos clínicos cuya manifestación principal son las continuas oscilaciones de atención que dan lugar a una atención totalmente dispersa.
# Indiferencia: tiene lugar cuando el niño/a apenas muestra interés por los estímulos que lo rodean. Así ante la presencia de información relevante el sujeto no pone en marcha sus mecanismos atencionales y no procesa la información.
# Curiosidad excesiva: se produce cuando el niño/a muestra un interés excesivo por todos los estímulos del ambiente, por lo que continuamente está prestando atención a todas las cosas y se da lugar a una atención totalmente dispersa.
# Fallos en los mecanismos de distribución: aun cuando contamos con suficientes recursos , no sabemos organizarlos bien. Este fenómeno se produce especialmente en aquellos casos en los que el nivel de activación es excesivamente alto.
# Fatigabilidad: es la tendencia a aparecer altos niveles de fatiga excesivamente pronto.
# Impersistencia: es la tendencia repetida que un niño/a tiene a no mantener la atención durante mucho tiempo. En estos casos, y a diferencia del caso anterior el niño/a no se siente fatigado.
Si analizamos las características y variables que favorecen la aparición de problemas atencionales, nos percataremos de que hay algunos de ellos que pueden ser paliados o minimizados con nuestra intervención:
# Trastornos orgánicos: entra de lleno en el campo que nos ocupa, pero es que además cuestiones como mala alimentación, o con anemia, o con mala salud, no tiene los ritmos biológicos básicos armonizados, y sin ellos difícilmente pueden conseguir un ritmo atencional adecuado.
Otro ejemplo: un niño/a con vegetaciones adenoideas pueden originar una deficiente oxigenación en los centros cerebrales, lo que produce mayor fatiga, y en consecuencia una atención deficiente.
# Presencia de estímulos distractores: esta es una cuestión fácilmente evitable en numerosas ocasiones, pero no hay que olvidar que la mayoría de los distractores son más atractivos para el niño/a que las tareas escolares.
# Características de la tarea
# Características personales: algunas de ellas se relacionan directamente con los déficits atencionales, en concreto, los introvertidos son personas que se encuentran mejor ante una estimulación no excesiva ni cambiante, mientras que los extrovertidos presentan unos niveles bajos de activación cortical y prefieren como mecanismo suplementario de incremento de la activación, los cambios continuos de estimulación
# Estados transitorios: son situaciones que tienen lugar en un momento mas o menos amplio de la vida de un individuo, y que influyen en la actividad mental y conductual de un individuo. En el caso de los problemas de atención los más importantes son la fatiga el estrés y el sueño.
8.2. DÉFICITS DE ATENCIÓN CON HIPERACTIVIDAD.
¿Se han encontrado alguna vez con un niño/a que tienen dificultades para concentrarse en una sola actividad , que no permanece mucho tiempo haciendo lo que se le ha indicado, que pasa rápidamente de una actividad a otra sin acabar lo que empieza, que no para mucho tiempo en el mismo sitio etc? Si éste es el caso, casi seguro que usted se encuentra ante un niño/a hiperactivo o que presenta un déficit de atención con hiperactividad. En algunas ocasiones, la ansiedad que la enfermedad le produce al niño/a le produce un déficit de atención por hiperactividad.
La academia americana de psiquiatría y la OMS en el DSM-IV se establecía una distinción entre la desatención y la hiperactividad , estableciéndose el diagnóstico diferencial en base a la presencia de los siguientes síntomas:
a.- Desatención : seis o más de las siguientes características.
# No presta atención suficiente a detalles o incurre en errores por descuido.
# Tiene dificultades para mantener la atención en tareas lúdicas.
# No parece escuchar cuando se le habla directamente.
# No tiene instrucciones y no finaliza tareas.
# Tienen dificultades para organizar tareas y actividades
# Evita o le disgusta dedicarse a tareas que requieren esfuerzo mental sostenido.
# Extravía objetos necesarios para tareas o dificultades.
# Se distrae con estímulos irrelevantes.
# Es descuidado en actividades diarias.
b.- Hiperactividad: Seis o más síntomas de entre los siguientes:
# Se mueve en exceso.
# Abandona el asiento en situaciones que requieren estar sentado.
# Corre o salta excesivamente en situaciones inapropiadas.
# Tiene dificultades para jugar con tranquilidad.
# Está "en marcha".
# Habla en exceso.
# Precipita respuestas antes de ser completadas las preguntas
# Tiene dificultades para guardar turno.
# Interrumpe las actividades de otro o se inmiscuye en ellas.
El sentido común nos induce a pensar que un niño/a hiperactivo no saca provecho de su enseñanza, y la mayor parte de las investigaciones así lo corroboran. Veamos a continuación cuales son los pasos a seguir para establecer un diagnóstico definitivo.
En primer lugar hay que analizar si hay variables externas o internas que favorezcan la poca atención del niño/a, tales como condiciones ambientales inadecuadas. En segundo lugar, es importante conocer la edad del niño/a y su nivel de desarrollo atencional (por ejemplo, si un niño/a de educación infantil no puede estudiar durante 30 minutos seguidos no tiene un problema de atención, simplemente es que no ha adquirido la capacidad para mantener la atención durante tanto tiempo. Finalmente hay que ver si los problemas de atención que el niño/a presenta se deben a auténticas disfunciones atencionales o a déficits en otras áreas físicas o psicológicas.
Una vez que hemos comprobado que efectivamente lo que el niño/a presenta es un déficit de atención por hiperactividad, lo mejor es que se realicen las necesarias pruebas neurológicas que descarten trastornos orgánicos y que pongamos el caso en manos de los especialistas. En todo caso, en la bibliografía adjunta relaciono el manual de Concepción López Soler como un buen ejemplo para ofrecer pautas de actuación correctas.
9.- DISFUNCIONES AFECTIVAS HABITUALES.
Voy a reseñar a continuación algunas de las más habituales, y que por otra parte, no suelen presentarse tras enfermedades largas u hospitalizaciones, pero no es menos cierto que a veces si que se producen, y que es conveniente conocerlas.
El ser humano no asiste a los acontecimientos de su vida de un modo neutral; de toda vivencia se desprende siempre una afectación, un colorido afectivo que matiza cualquier acto. La afectividad confiere una sensación subjetiva de cada momento y contribuye a orientar la conducta hacia distintos objetivos. La vida afectiva es el conjunto de estados y tendencias que el individuo vive de forma propia e inmediata, que influyen en toda su personalidad y conducta especialmente en su expresión, y que por lo general se distribuyen en términos duales, como placer-dolor, alegria-tristeza, agradable-desagradable, atracción repulsión etc.
Estas cuatro características constituyen los elementos esenciales para proceder al estudio psicopatológico de la afectividad:
# Euforia o alegría patológica: Es una variante patológica del humor en la que el sujeto se haya en un estado de euforia o hiperactividad característicos. El sujeto parece lleno de energía y capacidad, con un talante de omnipotencia, se siente optimista, alegre y con una autoestima elevada. Presenta una viva reactividad afectiva, con tendencia a la hilaridad, pudiéndose ésta convertir fácilmente en ironía, irritabilidad y agresividad, especialmente cuando se le contradice. La atención es viva y fugaz, aparece una verborrea e hiperactividad motora, junto a un comportamiento social osado y desinhibido. La escolarización de este tipo de niños es deficiente, manifestando especiales trastornos a nivel de funciones instrumentales. En su biografía suelen encontrarse antecedentes de abandono en los primeros meses de vida, enormes manifestaciones de avidez afectiva no satisfechas y episodios de ansiedad.
o Tristeza patológica: una serie de actitudes pueden poner en guardia sobre la presencia de este tipo de trastornos : apariencia de tristeza, retraimiento, desinterés, descontento con todo, sentimientos de ser rechazado, pasividad, irritabilidad extraordinaria, trastornos somáticos.
Sin descartar el posible papel de la herencia, el ambiente familiar y la experiencia social del niño/a (divorcio de los padres, conflictos familiares, excesivo tiempo en guarderías u hospitales, hijos no deseados o abandonados autoritarismo...) pueden constituir un elemento desencadenante en esta clase de trastornos afectivos.
Remito a todo lo escrito en el punto 7 para analizar con mayor profundidad esta cuestión.
+ Angustia patológica: La angustia es una emoción normal, cuya función primordial es el activar o tensionar ante un peligro o amenaza, estimulando con ello la capacidad de respuesta del individuo. Ahora bien, puede convertirse en patológica cuando el sujeto se siente tenso, atemorizado o alarmado en una forma desagradable y con notables manifestaciones somáticas. El niño/a angustiado se siente inquieto, tenso, con una impresión de inseguridad y temor de que le va a ocurrir algo, la concentración, atención y organización perceptiva están muy limitadas; se aprecia así mismo inquietud psicomotora con pensamiento atropellado. En el aspecto somático las manifestaciones son muy abundantes: gritar, defecaciones, opresión torácica, dificultad para respirar, debilidad en las piernas, palpitaciones, sensaciones vertiginosas, sequedad en la boca, sudoración etc.
+ Indiferencia o frialdad afectiva: El niño/a no suele experimentar apenas sensaciones afectivas en las relaciones con el mundo exterior, acontecimientos o vivencias. Va acompañada generalmente de apatía y falta de reactividad emocional.
+ Inadecuación afectiva: La actividad del niño/a no parece apropiada al contexto en que se produce.
+ Labilidad afectiva: cambios súbitos a nivel afectivo, provocados, o no, por estímulos externos. En los estados de labilidad existe una falta de control de la expresión afectiva. El niño/a está contento al tratar un tema y llora fácilmente al cambiar a otro. A menudo el niño/a rompe a llorar casi automáticamente, y al mismo tiempo dice no sentir ninguna tristeza.
+ Alexitimia: Incapacidad para expresar los propios afectos a través de las palabras.
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