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por : Antonio Manjón-Cabeza Cruz
E.U. de Magisterio de Toledo
Correo electrónico: Antonio.Manjon@uclm.es
Se presentan datos sobre la presencia de /-s/ espúrea en hablantes toledanos. En concreto se han estudiado los siguientes casos: helicóstero, telesférico, taxis singular, oyes y ves imperativos. Algunos autores califican a estos fenómenos como ultracorrección individual o ‘puramente lingüística’, terminología con la que no estoy de acuerdo ya que los ejemplos citados muestran una distribución y una presencia sociales evidentes, en las que cobran especial protagonismo las jóvenes de niveles socioculturales intermedios. Propongo, por tanto, simplificar la terminología de modo que reservemos ultracorrección para los casos de regularización infantil (vestió por vistió), mientras que hipercorrección abarcaría todos aquellos ejemplos con distribución y presencia sociales no infantiles a los que conviene diferenciar en cada caso por el grado de prestigio.
PALABRAS CLAVE: Toledo (España), ultracorrección, hipercorrección, cambio lingüístico, edad, sexo, nivel sociocultural.
Toledo es un lugar privilegiado no sólo desde el punto de vista histórico o paisajístico, sino también desde otras ópticas si se quiere más prosaicas, como puede ser el acercamiento sociolingüístico, ya que esta ciudad constituye un hábitat comunicativo relativamente reducido pero con innegables paralelismos con otros más amplios a los que puede sustituir como objeto de estudio más asequible. Esto explica que, por ejemplo, el segmento /-s/ haya sido estudiado por varios autores, como CALERO FERNÁNDEZ (1993), MOLINA MARTOS (1998) o yo mismo en 1992 y 2000.
De los datos de estos trabajos se deduce que la pérdida de /-s/ muestra una estratificación sociolingüística débil (puesto que todos los grupos sociales presentan algún grado de pérdida, aunque con diferencias patentes) y un patrón regular ya que la distribución de las soluciones lingüísticas corre paralela a la distribución social: el nivel sociocultural bajo favorece la pérdida, el nivel alto es el menos proclive a ella, mientras las capas medias mantienen una posición intermedia. Del mismo modo, los hombres patrocinan la pérdida, mientras que debemos ser cautos con las diferencias generacionales ya que todos los treinta y siete miembros de la muestra de CALERO tienen más de veinticinco años y de los treinta y dos de MOLINA todos tenían más de diez años, por lo que es difícil establecer comparaciones, máxime cuando MANJÓN (1992) se centra sólo en niños y preadolescentes entre 6 y 14 años. Aún consciente del riesgo mencionado, debo señalar que los datos apuntan a una mayor pérdida en los segmentos de mayor edad, mientras que son los niños los que favorecen la pronunciación de /-s/.
En 2000 presenté datos sobre las actitudes de grupos profesionales transmisores de prestigio lingüístico hacia esa pérdida. La valoración es claramente negativa, aunque los encuestados de menor edad, las mujeres y periodistas atenúan esa consideración.
Ante esta situación sociolingüística es relativamente lógico que en situaciones de tensión comunicativa los hablantes tiendan a pronunciar sibilantes excesivas en ciertos casos, fenómeno al que algunos manuales califican de ultracorrección, como en los de LÓPEZ MORALES (1989, 228) o MORENO FERNÁNDEZ (1998, 76) quien señala que "Debe aclararse, por cierto, que al hablar de hipercorrección se hace referencia específica a la hipercorrección sociolingüística, que no debe confundirse con la «ultracorrección» como fenómeno puramente lingüístico (expléndido ‘espléndido’)". Vemos que especial hincapié se hace desde el variacionismo clásico en la diferencia entre ultracorrección e hipercorrección. Alude el primero de estos términos a fenómenos de reestructuración fonológica como el empleo de tú comistes por tú comiste o el de bacalado por bacalao, mientras que con el segundo se hace referencia a un patrón de estratificación en el que un grupo social que no es el más alto del espectro (usualmente el nivel social intermedio) patrocina cierta variante considerada prestigiosa. Son muy citados los casos de la pronunciación de /-r/ en el inglés de Nueva York –estudiada por LABOV (1966a y 1966b)- y el dequeísmo en Caracas -BENTIVOGLIO y D’INTRONO (1977) y BENTIVOGLIO (1980-81)- patrocinado por las capas intermedias.
Mi propósito en este trabajo es intentar averiguar hasta qué punto la ultracorrección/hipercorrección de /-s/ está presente en los toledanos y si se trata de cuestiones puramente lingüísticas u operan factores sociales en ellas. Para ello me basaré en datos obtenidos de encuestas a residentes en Toledo y pueblos cercanos realizadas en el año 2001. Hay que aclarar que dichas encuestas formaban parte del trabajo práctico de algunos alumnos matriculados en la asignatura optativa Sociolingüística de la E.U. de Magisterio de Toledo (Univ. de Castilla-La Mancha) del curso 2000/01, aunque para la realización de este estudio sólo he considerado aquellos trabajos que aportaron grabaciones, para una mejor corroboración de los datos presentados.
Es muy importante resaltar para la correcta comprensión del fenómeno estudiado que los casos de pronunciación dudosa fueron poquísimos: cuando aparece la /-s/ la pronunciación es bastante tensa y perceptible. Incluso son prácticamente inexistentes los casos de pronunciación aspirada, usual en otros casos en los toledanos.
Las encuestas constaban de cinco ítem que consensuamos en clase:
Se puede observar que aunque todos los fenómenos se pueden estudiar bajo un mismo rótulo, presentan diferencias que conviene comentar, puesto que en los dos últimos casos junto a fenómenos de reestructuración fonológica actúa una analogía morfológica de otros tiempos verbales de segunda persona que sí presentan esa /-s/ que en imperativo es espúrea, como pueden ser, por ejemplo, el presente de indicativo o el de subjuntivo. En el caso de teleférico es posible que actúe una analogía léxica, en este caso, con esfera o esférico para explicar la pronunciación telesférico, puesto que en la actualidad son más raras otras hipercorrecciones en palabras compuestas con el formante tele- (pocos pronuncian, salvo errores esporádicos irrelevantes, telesvisión o telésfono). En los dos primeros casos no creo que haya influencias léxicas o morfológicas claras que expliquen la aparición de helicóstero o de taxis como singular.
El número de encuestados que constituye la muestra ha sido de 148, distribuidos del siguiente modo:
Permítaseme realizar dos observaciones acerca de estos tramos. La primera estriba en que creo necesario, frente a lo usual en los trabajos sociolingüísticos, incluir el sector social infantil: forman parte de la sociedad y tienen, a veces, un comportamiento lingüístico peculiar derivado de su propia especificidad social: mayor escolarización –o más permeabilidad a la influencia de los docentes- y mercado lingüístico restringido (no suelen participar en dos de los más importantes: el laboral y el erótico).
La segunda observación atañe a la justificación de los límites impuestos en los sectores y, por tanto, a su etiquetación, siempre discutible. El límite entre los tramos primero y segundo (niños y jóvenes, respectivamente) se justifica por la crisis de la preadolescencia, cuando esos niños comienzan a integrarse en el mundo juvenil (lenguaje, modas, marcas, aficiones, etc.) que antes suelen rechazar. Más discutible es el límite entre el tramo segundo y el tercero (jóvenes y adultos); quizá sea excesivo prolongar la juventud hasta los 29 años, pero hay que tener en cuenta tanto el aumento en la esperanza de vida, como la bisoñez laboral e, incluso, la percepción positiva de la juventud en la sociedad actual que hace que alarguemos en el tiempo la consideración cognitiva de sus límites. Problemática es también la distinción entre los dos últimos tramos de edad. He escogido los sesenta años por ser una edad de jubilación que podemos calificar de media en la sociedad española actual. Casi con seguridad las personas que cuenten sus años con dígitos superiores al sesenta no estarán de acuerdo con su inclusión en el último tramo, puesto que la palabra para nombrar a ese tramo en español –ancianidad- se ha cargado de consideraciones negativas ya que también la realidad que intenta nombrar es hoy negativa, por lo que se explican los eufemismos como tercera edad –que, por cierto, es la cuarta- edad avanzada, edad longeva, sexagenarios en adelante y el que yo empleo aquí al hacer alusión al último tramo de edad.
Al igual que ocurrió con el factor social edad, conviene realizar aclaraciones. Como ha señalado GARCÍA MARCOS (1999, 196-198) la sociolingüística se debate entre la pertinencia o no del criterio ‘clase social’ en los estudios de variación de las lenguas. Seguramente, como este profesor señala, será válido en unas sociedades y no en otras, como en la toledana en la que parece más relevante sociolingüísticamente la matización de la pertenencia a una clase social con otro tipo de factores.
LABOV (1966) propuso la elaboración de un índice ‘nivel sociocultural’ que integrara el nivel educativo, la profesión y los ingresos. Ese ha sido mi modo de hacer, aunque con diferencias. Así, no es ningún secreto que en España –a diferencia de E.E.U.U.- no es de buen gusto hablar del nivel de ingresos y su determinación hubiera acarreado dificultades insalvables para la realización del trabajo, cuando no datos falsos que distorsionarían la investigación; de modo que sólo tuvimos en cuenta el nivel de estudios y la profesión para la elaboración del índice. Para ello adscribimos a cada encuestado dos valores:
Está claro que hubo casos especiales que tuvieron que adscribirse a posteriori. De éstos, los más usuales fueron los siguientes:
Una vez realizado el proceso, a cada persona le correspondieron dos dígitos que, sumados, nos dieron su adscripción:
Puede observarse que, a diferencia de otros estudios basados en las ideas labovianas, aparece el término nivel alto –correlato de clase alta- frente a aquellos que en las alturas del espectro prefieren hablar de nivel sociocultural medio-alto.
De la observación de la Tabla I del Apéndice III se deduce que en situaciones de tensión comunicativa los porcentajes de /–s/ espúrea son bastante elevados, aunque presentan una evidente variabilidad puesto que hay sesenta puntos de diferencia entre el mayoritario ves a Madrid imperativo y el minoritario helicóstero, ítem éste que presenta otras soluciones. Asimismo se constata que no ha sido el mismo el número de personas (N) que contestó a cada cuestión por lo que lo más conveniente será tratar los cinco casos por separado.
Sólo un anciano no supo decir cómo se llamaba la imagen mostrada, de modo que la muestra es de 147. Lo más reseñable es que en este caso encontramos otras soluciones a la pronunciación normativa o con –s, sobre todo la pronunciación con las variantes velares [k] y [g]. Conviene recordar que la presencia de esa combinatoria de sonidos se da, sobre todo, en tecnicismos y son escasas las palabras de uso común que presenten –PT-. Ante la dificultad de pronunciación surgen dos tipos de hipercorrecciones:
1ª) con variantes velares, más culta. 2ª) con /–s/, con connotaciones menos cultas.
Es fácil corroborar la distinción con los datos presentados en la tabla II del Apéndice III, ya que en ella observamos que la solución con /–s/ es prácticamente inexistente en los grupos de edad intermedios que tienden a reprimir esa pronunciación como medio de corrección social, factor que no opera o la hace de manera atenuada en niños y ancianos. Por contra la pronunciación velar sí está presente en jóvenes y adultos. Asimismo, es sintomático que la pronunciación con /–s/ sea escasísima en las mujeres y tenga más presencia en el caso de los hombres, ya que se supone que las mujeres tienen tendencia a usar las variantes prestigiosas, ya sea la normativa, ya sea la hipercorrecta con sonidos velares.
Que existe una hipercorrección sin prestigio (con –s) y otra con algo de prestigio queda apoyado por el hecho de que los niveles socioculturales altos no presentan casos de la primera, mientras que sí tienen de la segunda; aunque siempre en menor proporción que los otros dos niveles socioculturales en los que dividimos la muestra.
De las distintas correlaciones que se pueden hacer entre los distintos factores es interesante resaltar, en este caso, la correlación de la edad con el nivel social, que se observa en el gráfico 1 en el que se han sumado los valores de las dos ultracorrecciones. Creo que es muy llamativo el comportamiento de los niños de nivel medio que tienen un porcentaje pequeño (16.66 %) de estas ultracorrecciones frente al 60 % y al 75 % de los niños de niveles altos y bajos, respectivamente. Quizá la explicación de estos datos deba apuntar a que es posible que el mecanismo de autocorrección actúe antes en los niños de niveles medios que en los niños de los otros dos extremos.
Frente al caso anterior, ahora sí es significativa la disminución de la muestra puesto que contestaron 121 individuos sobre los 148 encuestados, unas veces por desconocimiento del objeto, otras veces por la presencia de otra palabra, en especial funicular. Los grupos que más ausencia de respuesta presentan son los niños y ancianos y los niveles socioculturales bajos. Del mismo modo, las otras posibles soluciones en la pronunciación son tan escasas que no aparecen reflejadas en la tabla correspondiente. Otra gran diferencia con respecto al ítem anterior es la elevada presencia de la solución con /-s/ (51.24 %). Este elevado porcentaje general tiene también su trasunto en la amplia distribución de telesférico en el mundo hispánico, como hemos comprobado con el buscador Google en junio de 2002 cuando obtuvimos más de trescientas apariciones de telesférico: desde Argentina a la República Dominicana, pasando por Venezuela, Cuba, España (Asturias, Canarias), etc.
Como en el caso anterior, la edad nos muestra una distribución en v, donde los grupos intermedios –jóvenes y adultos- tienden a aminorar la pronunciación telesférico. Asimismo la pronunciación con /–s/ es patrocinada por las mujeres, mientras que la distribución por niveles socioculturales muestra un claro descenso según ascendemos de estrato. Estos datos –reflejados en la tabla III del apéndice III- son contrarios a lo esperado, puesto que lo usual en los estudios sociolingüísticos comparables al que presento es que las mujeres sean portadoras del prestigio lingüístico, pero en este caso son los niveles socioculturales más bajos los que presentan –contrariamente a lo previsible- una mayor presencia de la solución hipercorrecta; igualmente llama la atención la distribución en v según el factor social edad que se suele explicar por el mecanismo de autocorrección de los estratos de edad intermedios inmersos en el mercado laboral.
Algo podemos matizar estos datos sorprendentes si analizamos con más detenimiento el comportamiento femenino al respecto. De este modo, si correlacionamos el sexo con el nivel sociocultural observamos una divergencia muy llamativa entre hombres y mujeres, puesto que, como se observa en el gráfico 2
las mujeres de nivel sociocultural elevado divergen con respecto a los hombres, de modo que las producciones lingüísticas femeninas en este caso son más homogéneas socialmente que la de los hombres, es decir, las diferencias sociolingüísticas son más acusadas en el caso de los hombres que en el de las mujeres. De la misma manera conviene matizar la forma en v de la distribución de telesférico según la edad –gráfico 3- ya que esa forma es clara en el caso de los hombres, pero otra vez las mujeres muestran una homogeneidad sociolingüística acusada
En este caso, al igual que sucedió con helicóptero, contestó casi la totalidad de los encuestados, que muestra un porcentaje de /–s/ espúrea de 20.41 %. Este dato debe matizarse en el sentido de que aparecen grupos muy alejados desde el punto de vista sociolingüístico. Así, los individuos pertenecientes al nivel sociocultural alto no produjeron hipercorrección alguna, aunque lo más llamativo aparece en la consideración de los grupos de edad, en los que aparece una estratificación regular muy clara donde los niños desconocen la ultracorrección que en los siguientes grupos irá subiendo paulatinamente hasta alcanzar un 41.86 % en el último tramo de edad.
Debemos intentar una explicación ante el comportamiento lingüístico infantil que en este caso diverge notablemente de los otros ítem. Creo que una posible explicación debe atender a lo más evidente: estamos ante el único caso de estratificación sociolingüística media, puesto que en el nivel alto no aparece taxis; esto hace que sea una solución estigmatizada y con tendencia a ser neutralizada por el entorno escolar.
Si consultamos la Tabla IV del Apéndice III observamos que también en este caso son las mujeres algo más patrocinadoras de la solución con –s, pero las diferencias con los hombres, en esta ocasión, son sólo cuantitativas, puesto que las tendencias de realización en ambos casos son semejantes.
En este ítem el número de encuestados de los que obtuvimos respuesta es el menor de toda la encuesta con un total de 117, ya que, como vimos, se trataba de una respuesta abierta a una pregunta de modo que la variabilidad podía ser mucha. Es relevante que en esta ausencia de respuesta no todo sea aleatorio, puesto que hubo condicionamientos pragmático-sociales, ya que el grupo donde se detecta la ausencia de emisión –tras varios intentos- de oye u oyes, ven está formado mayoritariamente por hombres adultos, quienes preferían emitir la orden directamente (ven) o con preparaciones a la orden más ruda o que parecen denotar una posición social de dominancia (tú, ven, por ejemplo).
Conviene asimismo anotar que, junto con el ítem siguiente, estamos ante un caso que surge por influencia de analogía morfológica: la interpretación de la /–s/ como marca de segunda persona del singular.
Al igual que en todos los apartados anteriores, como se observa en la tabla V del apéndice III, existen diferencias entre los grupos estudiados, puesto que parece propia de los niveles socioculturales más bajos, con una presencia muy reducida en los niveles medios y altos. Asimismo, es una solución más presente en ancianos, mientras que la aparición en los niños es reducida, mientras que los jóvenes constituyen el segundo grupo de presencia de la solución con –s.
Se trata de un caso algo difícil de explicar, puesto que el comportamiento sociolingüístico del grupo juvenil se debe, sobre todo, a las mujeres jóvenes, como se puede apreciar en el gráfico 4
en el que constatamos una vez más que los hombres tienen un comportamiento lingüístico más regular. Es posible que en el caso femenino esa línea quebrada refleje un considerable grado de inseguridad lingüística patente sobre todo en el momento en que se accede al mercado laboral. También puede ser esa la explicación del curioso dato que los jóvenes de todas las clases coincidan en el porcentaje de oyes por oye, mientras que los otros grupos de edad tienen diferencias dependiendo del nivel sociocultural, como se ve en el gráfico 5:
Para esta cuestión no se consiguió que el 18.24 % de los encuestados contestara a la pregunta con ve o su forma hipercorrecta ves, aunque en este caso no parece que este grupo presentase características especialmente comentables.
Sin duda, el dato más significativo es el alto porcentaje total de formas con /–s/, el mayor de la encuesta con 71.90 %. Incluso con este elevado uso de ves por ve se observa una distribución sociolingüística paralela en gran medida a la de los otros casos comentados con anterioridad; así, el porcentaje de ves aumenta conforme descendemos en el espectro sociocultural, ascendemos en edad y es algo más alto en mujeres que en hombres. Conviene, no obstante, matizar en lo que se refiere a la edad, puesto que, a diferencia de otros casos, podemos observar en la Tabla VI del Apéndice III cómo los niños, jóvenes y adultos muestran unos valores muy semejantes de formas hipercorrectas –en torno al 68 %- , mientras que es el último tramo de edad el que escapa algo a esa homogeneidad ya que alcanza el 80.56 %.
Al hacer un análisis algo más detallado observamos que la aparentemente homogénea distribución social no es tal, puesto que, como ha ocurrido en casos anteriores, las mujeres de capas intermedias se asemejan a las de niveles socioculturales bajos y no siguen la misma línea que los hombres como se puede observar en el gráfico 6:
En cuanto al parámetro de le edad hay que constatar dos datos significativos que se reflejan en el gráfico 7 y que afectan al nivel sociocultural medio. Por un lado el altísimo grado de hipercorrección de los niños de niveles intermedios frente a los grupos socioculturales altos y bajos; y, por otro, el acercamiento sociolingüístico de los jóvenes de niveles medios a los niveles altos, cuando los otros grupos de edad intermedios no muestran este comportamiento.
Debe observarse a la vista del gráfico 7 el hecho significativo del paralelismo en el comportamiento sociolingüístico de los grupos alto y bajo frente al grupo intermedio que se asemeja a los otros dos sólo en los grupos de edad adulta y anciana. Parece que, seguramente por la presencia de un alto porcentaje de inseguridad lingüística, los miembros de los estratos socioculturales intermedios tardan en acomodarse al panorama sociolingüístico del hábitat comunicativo toledano.
Los datos presentados en los apartados anteriores permiten hacer consideraciones algo más generales desde dos puntos de vista. El primero de ellos atañe a la aparente contradicción de no pocos de esos datos, mientras que el segundo toca a los conceptos mismos de ultracorrección e hipercorrección.
La contradicción en los datos se produce fundamentalmente por el comportamiento sociolingüístico de algunos grupos estudiados, fundamentalmente las mujeres y, en menor medida, los jóvenes. Así, podemos señalar que, mientras en los niños observamos comportamientos lingüísticos diferentes según los casos, los jóvenes muestran un patrón más regular, puesto que en todos los casos son muy similares los datos de presencia de /-s/ espúrea de los jóvenes de nivel sociocultural intermedio y alto a los que se suman en ocasiones (taxi, oye) los jóvenes de nivel bajo y en otras se aparta. Parece, por tanto, que el grupo juvenil intermedio intenta tener unas producciones lingüísticas similares al alto.
Pero los datos más llamativos los encontramos en las mujeres, especialmente las jóvenes de niveles intermedios, ya que se apartan de lo esperado por una significativa mayor presencia de /-s/ en todos los casos, por lo que tienden a coincidir con los niveles socioculturales bajos, cuando lo citado en la bibliografía suele ser la tendencia femenina a la coincidencia con los niveles socioculturales altos ya que se supone que ambos grupos suelen ser los portadores del prestigio lingüístico. Creo que esa aparente contradicción se puede explicar por la propia naturaleza de los fenómenos aquí estudiados que provoca fuertes dosis de inseguridad lingüística en las jóvenes: la variación es a la par léxica (taxi, helicóptero, teleférico) o morfológica (oye, ve) y fonética. La variación léxica-morfológica no es prestigiosa (salvo, quizá, el caso de ve(s) y, en menor medida, tele(s)férico) como lo demuestra el comportamiento de los encuestados si atendemos al parámetro del nivel sociocultural, pero sí es prestigiosa en Toledo la pronunciación de /-s/. No es de extrañar, por tanto, que ante una realidad lingüística contradictoria, las soluciones sean inesperadas.
Por otro lado, aludía líneas más arriba a la necesidad de aclaraciones terminológicas en lo que toca a los términos hipercorrección y ultracorrección. Ya he señalado que varios autores abogan por una separación radical en cuanto a los fenómenos que esta terminología pretende distinguir, pero también los hay que no hacen distingos, como Milroy (1987, 177) cuando define hipercorrección como "a 'misfire' attempt at a prestige pronunciation which speakers have reconstructed by means of a linguistic schema fairly obviously derived by over-generalized analogical reasoning" o quien prefiere como Silva-Corvalán (1989, 162-163) distinguir entre hipercorrección cuantitativa frente a hipercorrección individual.
Para intentar aclarar la situación, también hay que recordar que existe un término ultracorrección con el que se suele aludir al fenómeno por el que los niños, en el proceso de aprendizaje lingüístico, regularizan las formas, sobre todo las verbales en el caso español: poniba por ponía, hacieron por hicieron, fio por fue, etc. De modo que tenemos tres fenómenos:
En este último caso parece que estamos ante un fenómeno especial, ya que la mayoría de las formas típicamente infantiles desaparece con el aprendizaje lingüístico posterior, sencillamente por no estar apoyadas socialmente ya que son prácticamente inexistentes los casos de, por ejemplo, transcurraba por transcurría o venió por vino entre los otros estratos generacionales. Al ser una manifestación lingüística con fronteras relativamente nítidas, podemos reservarle una terminología especial: ultracorrección parece ser la más asentada.
Sin embargo, los dos primeros fenómenos no tienen fronteras tan nítidas como se nos ha hecho creer, por lo que la asunción de terminología es complicada. Hay un aspecto que me parece fácilmente discutible: la reiteración por parte de algunos autores del carácter individual o ‘puramente lingüístico’ de ejemplos como telesférico , relacción o bacalado. Si fuesen ‘individuales’ les sucedería lo mismo que a dició (ultracorrección infantil): desaparecerían o tendrían una presencia exigua porque ni tienen prestigio como fenómenos analógicos, ni encuentran otro tipo de prestigio en el que apoyarse para la subsistencia y su presencia significativa en sociedad. Si telesférico, ves imperativo, tú comistes tienen presencia significativa en no pocos ámbitos del mundo hispánico es porque la /-s/ tiene prestigio sociolingüístico. Lo mismo sucede con bacalado por el prestigio del mantenimiento de la /-d-/. Y si cada vez más nos encontramos con universitarios que escriben relacción o expléndido es porque asociamos esa terminación o ese prefijo con la presencia de términos prestigiosos por cultos o técnicos (tumefacción, coacción, licuefacción, excéntrico, expectorante, exvicepresidente), a lo que se añade el carácter culto de la terminación silábica en consonante velar.
Por lo dicho no puedo estar de acuerdo con terminologías como hipercorrección individual o ultracorrección puramente lingüística. Se trata esencialmente del mismo fenómeno y como tal debe ser unificado terminológicamente: hipercorrección . Claro está que esa hipercorrección puede tener diversos grados que convendría definir atendiendo con preferencia a parámetros de prestigio lingüístico. Además, no se debe perder de vista que en el momento en que se trabaja con estos parámetros prestigiosos lo normal es no encontrarnos con límites tajantes sino con categorías no discretas en la que podemos ubicar hipercorrecciones muy prestigiosas (como /-r/ en N. York), prestigiosas (ves a Madrid en Toledo), neutras (telesférico), sin prestigio (oyes, ven) y altamente desprestigiadas (helicóstero).
BENTIVOGLIO, P. (1980-81): «El dequeísmo en Venezuela en el habla de Caracas», Boletín de Filología de la Univ. de Chile, 705-719.
BENTIVOGLIO, P. y D’INTRONO, F. (1977): «Análisis sociolingüístico del dequeísmo en el habla de Caracas», Boletín de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, 6, 1, 58-82.
CALERO FERNÁNDEZ, M.A. (1993): Estudio sociolingüístico del habla de Toledo: segmentos fonológicos /-s/ y /j/, Lleida, Pages.
GARCÍA MARCOS, F.J. (1999): Fundamentos críticos de sociolingüística, Univ. de Almería.
LABOV, W. (1966a): The social stratification of English in New York City, Washington, Center por Applied Linguistics.
LABOV, W. (1966b): «Hypercorrection by the lower middle class as a factor in linguistic change», en BRIGHT, W. (ed.): Sociolinguistics. Proceedings of the UCLA Sociolinguistics Conference. The Hague, Mouton.
LÓPEZ MORALES, H. (1989): Sociolingüística, Madrid, Gredos.
MANJÓN-CABEZA CRUZ, A. (1992b): «Aproximación a la sociolingüística infantil toledana», Revista de la Escuela Universitaria, XVII, 35-50.
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MILROY, L. (1987) Observing and Analysing Natural Language. A Critical Account of Sociolinguistic Method, Oxford, Basil Blackwell.
MOLINA MARTOS, I. (1998): La fonética de Toledo. Contexto geográfico y social, Univ. de Alcalá.
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SILVA-CORVALÁN, C. (1989): Sociolingüística. Teoría y análisis, Madrid, Alhambra.
VIGARA TAUSTE, A.M. (2002): «Cultura y estilo de los "niños bien": radiografía del lenguaje pijo», en RODRÍGUEZ, F. (coord.) (2002): El lenguaje de los jóvenes, Barcelona, Ariel, 195-242.
WARDHAUCH, R. (1986): An Introduction to Sociolinguistics, Oxford, Basis Blackwell.
APÉNDICE I (IMÁGENES EMPLEADAS EN LAS ENCUESTAS)
APÉNDICE II (MALLA SOCIOLINGÜÍSTICA EMPLEADA)
| EDAD | SEXO | NIVEL | N |
|---|---|---|---|
| Niños (0-12 años) | Hombres | Nivel Bajo | 5 |
| Nivel Medio | 5 | ||
| Nivel Alto | 1 | ||
| Mujeres | Nivel Bajo | 3 | |
| Nivel Medio | 7 | ||
| Nivel Alto | 4 | ||
| Jóvenes (13-29) | Hombres | Nivel Bajo | 7 |
| Nivel Medio | 11 | ||
| Nivel Alto | 4 | ||
| Mujeres | Nivel Bajo | 3 | |
| Nivel Medio | 8 | ||
| Nivel Alto | 6 | ||
| Adultos (30-59) | Hombres | Nivel Bajo | 7 |
| Nivel Medio | 6 | ||
| Nivel Alto | 6 | ||
| Mujeres | Nivel Bajo | 9 | |
| Nivel Medio | 10 | ||
| Nivel Alto | 3 | ||
| Ancianos (60-) | Hombres | Nivel Bajo | 12 |
| Nivel Medio | 8 | ||
| Nivel Alto | 3 | ||
| Mujeres | Nivel Bajo | 12 | |
| Nivel Medio | 6 | ||
| Nivel Alto | 2 |
APÉNDICE III. TABLAS PORCENTUALES
| N | Normativo | Con –s | Otra solución | No Responde | |
|---|---|---|---|---|---|
| Helicóptero | 147 | 70.75 | 10.20 | 19.05 | 0.68 |
| Teleférico | 121 | 47.11 | 51.24 | 1.25 | 18.24 |
| Taxi | 147 | 79.59 | 20.41 | 0 | 0.68 |
| Oye | 117 | 72.65 | 27.35 | 0 | 20.95 |
| Ve | 121 | 28.10 | 71.90 | 0 | 18.24 |
Tabla I. Datos generales: N para cada ítem y porcentajes generales.
| Normativo | Con -s | Otra solución | |
|---|---|---|---|
| Niños | 56.00 | 12.00 | 32.00 |
| Jóvenes | 84.61 | 0.00 | 15.38 |
| Adultos | 80.49 | 2.44 | 17.07 |
| Ancianos | 57.14 | 26.19 | 16.67 |
| Mujeres | 68.92 | 5.41 | 25.68 |
| Hombres | 72.97 | 14.86 | 12.16 |
| N. Bajo | 49.12 | 21.05 | 29.82 |
| N. Medio | 81.98 | 4.92 | 13.11 |
| N. Alto | 89.66 | 0.00 | 10.34 |
Tabla II. Porcentajes (%) de helicóstero (y helicóctero) por helicóptero, según los factores sociales edad, sexo y nivel sociocultural
| Normativo | Con –s | |
|---|---|---|
| Niños | 37.50 | 62.5 |
| Jóvenes | 56.41 | 41.02 |
| Adultos | 52.78 | 44.44 |
| Ancianos | 33.33 | 66.67 |
| Mujeres | 39.34 | 60.66 |
| Hombres | 54.10 | 42.62 |
| N. Bajo | 21.43 | 73.81 |
| N. Medio | 56.60 | 43.40 |
| N. Alto | 66.67 | 33.33 |
Tabla III. Porcentajes (%) de telesférico por teleférico, según los factores sociales edad, sexo y nivel sociocultural
| Normativo | Con –s | |
|---|---|---|
| Niños | 100 | 0 |
| Jóvenes | 94.87 | 5.13 |
| Adultos | 75.61 | 24.39 |
| Ancianos | 58.14 | 41.86 |
| Mujeres | 75.68 | 24.32 |
| Hombres | 83.56 | 16.44 |
| N. Bajo | 68.42 | 31.58 |
| N. Medio | 80.33 | 19.67 |
| N. Alto | 100.00 | 0 |
Tabla IV. Porcentajes (%) de taxis por taxis, según los factores sociales edad, sexo y nivel sociocultural
| Normativo | Con –s | |
|---|---|---|
| Niños | 89.47 | 10.53 |
| Jóvenes | 71.43 | 28.57 |
| Adultos | 77.14 | 22.86 |
| Ancianos | 60.00 | 40.00 |
| Mujeres | 71.19 | 28.81 |
| Hombres | 74.14 | 25.86 |
| N. Bajo | 52.94 | 47.06 |
| N. Medio | 86.36 | 13.63 |
| N. Alto | 90.91 | 9.09 |
Tabla V. Porcentajes (%) de oyes por oye, según los factores sociales edad, sexo y nivel sociocultural
| Normativo | Con –s | |
|---|---|---|
| Niños | 31.82 | 68.18 |
| Jóvenes | 32.35 | 67.65 |
| Adultos | 31.03 | 68.97 |
| Ancianos | 19.40 | 80.56 |
| Mujeres | 25.93 | 74.07 |
| Hombres | 29.85 | 70.15 |
| N. Bajo | 16.33 | 83.67 |
| N. Medio | 29.41 | 70.59 |
| N. Alto | 52.38 | 47.62 |
Tabla VI. Porcentajes (%) de ves por ve, según los factores sociales edad, sexo y nivel sociocultural
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