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El enfoque de enseñanza del modelo horizontal estructural en la iniciación deportiva

Por: Luis Miguel García López
Profesor de Fundamentos de los Deportes en la E. U. de Magisterio de Toledo
Email: lmgarcia@mag-to.uclm.es

RESUMEN:

De entre los modelos alternativos de enseñanza en el ámbito de la iniciación deportiva, los modelos estructurales han tenido un importante desarrollo en nuestro país. Sin embargo, es necesaria una reflexión acerca de las posibilidades reales de estos modelos en su puesta en practica así, como de una comprobación científica de las teorías que postulan. En este texto trataremos de dar respuesta a la primera de estas cuestiones, dejando la segunda para estudios posteriores.

De las diversas clasificaciones de los modelos de enseñanza en la iniciación deportiva (ver Blázquez, 1995; Devís y Sánchez, 1996; Garganta, 1997), nos parece la más adecuada la propuesta por Devís y Sánchez, por tres razones fundamentales: primera, se ajusta al panorama actual de propuestas metodológicas; segunda, utiliza una terminología adecuada; y tercera, abarca prácticamente todas las propuestas metodológicas. Y escribimos "prácticamente todas" y no "todas" porque existen unas serie de propuestas que no están contempladas en ninguna de estas clasificaciones anteriores.

La clasificación de Devís y Sánchez (1996) distingue las siguientes categorías en los modelos de enseñanza en la iniciación deportiva:

  • Modelos verticales de enseñanza centrada en el juego.
  • Modelo horizontal estructural de enseñanza centrada en el juego.
  • Modelo horizontal comprensivo de enseñanza centrada en el juego.

Todos estos modelos de enseñanza utilizan el juego como principal herramienta para el proceso de enseñanza y aprendizaje, pero parten de diferentes lógicas didácticas. Así, los modelos verticales de enseñanza utilizan la técnica como referencia para un proceso de enseñanza en el que técnica y táctica se afrontan de la mano; el modelo horizontal estructural parte de la estructura del juego y las funciones que adoptan los jugadores en función de ésta para establecer las progresiones en el mismo proceso; y el modelo horizontal comprensivo parte de juegos de predominio táctico para, una vez que se domina este tipo de contenido, ir introduciendo poco a poco la técnica.

Sin embargo, existen propuestas como las de Bayer (1987) y Antón (1990) para el balonmano que, siendo del corte estructural-funcional, no se pueden encajar en este grupo por tener un carácter vertical (específicos para una sola especialidad deportiva) y no horizontal (para una categoría: invasión, cancha dividida,...).

Hecha esta salvedad, nosotros vamos a tratar en este texto de analizar la propuesta de los modelos horizontales estructurales, describiéndolos en profundidad, citando los más importantes y señalando sus ventajas e inconvenientes. Los modelos verticales estructurales, van a resultar de una aplicación concreta de los anteriores, y no entraremos en su desarrollo.

1. Origen de los modelos estructurales y funcionales.

Dos son los autores franceses que se sitúan en el origen de este modelo: Parlebas y Bayer. Ambos tratan de plantear una enseñanza de los juegos deportivos partiendo de un adecuado análisis de los mismos. Dicho análisis difiere para ambos autores. Mientras que Parlebas se apoya en la estructura de los deportes para realizarlo, es decir, en como condicionan el juego los elementos que lo componen (reglas de espacio y tiempo, las características del móvil, ...) y las relaciones entre los mismos, Bayer se apoya en las funciones generadas por los diversos roles que asume un jugador a lo largo del desarrollo del juego.

De este modo, Parlebas (1986) nos propone un análisis de la estructura de los deportes basada en unos elementos a los que denomina "universales ludomotores". Estos universales se definen como "modelos operativos, portadores de la lógica interna de todo juego deportivo y que representan las estructuras de base de su funcionamiento (…) estructuras a las que previamente habremos dotado de una formulación lógica o matemática aunque sea elemental". Dicho de una manera más sencilla, "los deportes poseen estructuras características propias, definidas en gran medida por los reglamentos que los configuran, la gestualidad o modos de ejecución técnica que se emplean, el espacio físico de juego y el de interacción motriz entre los participantes, por el tiempo o ritmo y la comunicación, ésta última en aquellos deportes en los que se da" (Herández, 2000, p. 30). A partir de la estructura de los juegos aparece su lógica interna, "sistema de rasgos pertinentes de una situación ludomotriz" que "se apoyan sobre los elementos distintivos de la acción motriz: la relación con el espacio, relación con otros, imperativos temporales, modos de resolución de la tarea, modalidades del fracaso o del éxito" (Parlebas, 1986, p. 106).

Resumimos la exposición de los universales de Parlebas de la manera siguiente:

  • La red de comunicación motriz, estructura de interacciones entre los participantes, en la que se describen los intercambios de información entre los jugadores, pudiendo darse una comunicación positiva (cooperativa) o negativa (oposición).
  • La red de interacción de marca, aquel tipo de acción que permite un cambio en el tanteo. Normalmente, en los deportes colectivos o de invasión solo se tienen en cuenta aquellas acciones que consiguen su objetivo (ej.: lanzamiento a canasta en baloncesto). En otros deportes como los de cancha dividida aparece una mayor variedad, pues ofrecen la posibilidad de anotar puntos al errar cualquier tipo de acción.
  • La red de tanteo final es el sistema de resultados que permite conocer el ganador del juego: cuánto vale cada acción, cómo se consigue la victoria en el juego.
  • El rol sociomotor: conjunto de obligaciones, derechos y deberes que el reglamento de juego marca para cada jugador y determina sus posibles acciones motrices. Así, un jugador de balonmano puede adquirir dos roles bien diferenciados por el reglamento: jugador de campo y portero
  • El subrol sociomotor abarca las diferentes acciones motrices que se pueden llevar a cabo dentro de un mismo rol. Siguiendo con el ejemplo del balonmano, un jugador puede botar, pasar, tirar,...
  • El código gestémico está constituido por el conjunto de gestos que los jugadores utilizan para transmitir información a los compañeros. El mejor ejemplo puede ser la indicación de jugada con la mano en alto de un base en baloncesto.
  • El código praxémico lo configuran los significados de los comportamientos llevados a cabo por los jugadores que participan en el juego: un desmarque suele realizarse para recibir la pelota.

Bayer (1979) por su parte, estructura el análisis de los deportes a partir de los principios básicos de juego en ataque y defensa. Los principios que configuran el ataque son: conservar el balón, progresar hacia la portería y conseguir marcar; los principios de defensa son los contrarios a los anteriores: recuperar el balón, evitar el avance del contrario hacia la portería del equipo que defiende y evitar la consecución del tanto. Bayer no relaciona estos principios con los roles que describe Parlebas, los cuales vienen definidos por el reglamento de juego (derechos y obligaciones de cada jugador), sino que en su caso son el resultado de la posesión o no del móvil. Pongamos un ejemplo que lo aclare: en el juego deportivo fútbol, el sistema de Parlebas diferencia dos roles, jugador de campo y portero, mientras que el de Bayer diferenciaría el atacante con balón, los atacantes sin balón, el defensor a atacante con balón y los defensores a atacantes sin balón. Esta última definición de Bayer es la que aceptan otros autores, tales como Hernández (2000) y Jiménez (2000).

Bayer además, trata de incidir en la necesidad de la búsqueda como técnica de enseñanza (ver Sánchez Bañuelos, 1984) en el aprendizaje de habilidades deportivas, para lo que distingue tres momentos en el aprendizaje: 1) "orientación-investigación", en el que el jugador afronta una situación problema; 2) "toma de conciencia", en la cual el jugador capta cuáles son los elementos esenciales de la situación a los que ha de prestar mayor atención para conseguir la respuesta adecuada; y 3) "repetición", necesaria para fijar y automatizar las respuestas, variando las condiciones del entorno para que la respuesta sea flexible. Esta secuencia en el aprendizaje, es enunciada de igual forma tanto para las etapas generales de todo el periodo de iniciación deportiva (Bayer, 1979), como para las fases de una acción pedagógica determinada al afrontar una actividad concreta (Bayer, 1987).

En resumidas cuentas, según Jiménez (2000), Bayer trata de organizar la motricidad de una manera comprensiva y significativa a partir de los roles que se pueden asumir en un juego deportivo determinado, ampliando y evolucionando el planteamiento de Parlebas.

2. Propuestas actuales de Modelos Horizontales Estructurales.

Los autores que continúan la corriente estructural-funcional dentro de nuestro contexto son Blázquez, Hernández, Lasierra y Lavega y Jiménez. Los dos primeros lo hacen desde los años ochenta, continuando en el desarrollo de esta corriente Hernández. Lasierra y Lavega, y Jiménez también participan de esta corriente ya desde principios de la década de los noventa hasta la actualidad.

Blázquez (1986) reduce a cuatro los principios sobre los que es necesario establecer el análisis de la estructura de los juegos deportivos: espacio, comunicación motriz, estrategia (entendida como las intenciones que se dan de manera implícita en las acciones motrices) y limitaciones reglamentarias. También, desarrolla la propuesta de momentos del aprendizaje realizada por Bayer enriqueciéndola mediante una progresión en espiral (figura 1), en la que, tras plantear la situación problema y dejar varios minutos de práctica, se para la misma para analizar las situaciones de juego y tomar decisiones que a continuación trataremos de aplicar en una segunda fase de práctica. El ciclo se repetiría hasta la total comprensión de la situación y la corrección de los errores que se hubieran detectado. Para Blázquez, la aplicación de estas fases de la situación de enseñanza debe ser común a todos los métodos activos.

En este mismo sentido, y en contraposición con el método tradicional, el progreso no aparece como una sucesión de fases que constituyen una línea continua, sino que se da una constante reorganización de los conocimientos ya adquiridos en la anterior etapa de aprendizaje, "construyendo" los nuevos aprendizajes sobre los antiguos, favoreciendo así el aprendizaje significativo. De esta manera, el gráfico resultante (figura 2) es el de un cúmulo de conocimientos de partida, estructura inicial, con más de una dimensión (en el modelo técnico se trabajaba una sola dimensión por fase: la técnica básica en la primera fase, la técnica elaborada en la segunda,...), y, a partir de ahí, en cada fase crecen todas y cada una de esas dimensiones (percepción, técnica y táctica). Como resultado, el progreso es circular.

En 1983, Hernández coincide en su propuesta con Blázquez, partiendo del mismo número de parámetros estructurales. Sin embargo, en 1987 propone un nuevo parámetro, la técnica o modelos de ejecución, y a partir de 1994 su propuesta se completa por medio de un sexto, el tiempo, quedando la estructura y dinámica de los deportes definida en función de:

  • El reglamento de juego.
  • La gestualidad o técnica.
  • El espacio.
  • El tiempo.
  • La comunicación motriz.
  • La estrategia motriz.

Para Hernández (1996) la praxeología motriz permite el estudio y análisis de los deportes estableciendo como criterios la relación entre los participantes y la relación entre éstos y el medio. Más tarde, sin embargo, Hernández (2000) va más lejos considerando que "un adecuado proceso de iniciación deportiva debe tomar también como referencia la estructura de los deportes y el grado de complejidad de la misma (...) considerando los siguientes aspectos de la misma: objetivo motor que prioritariamente se deba alcanzar, el tipo de comunicación motriz que la configura y la estandarización o no del espacio". De esta manera plantea el diseño de situaciones de enseñanza a partir de objetivos motores (reproducir modelos, combatir,...) y las condiciones de la práctica (espaciales, temporales, materiales,...).

El resultado de esta última propuesta de Hernández (2000, pp. 74-77) son las siguientes secuencias de aprendizaje para la iniciación deportiva:

  • Secuencia general para la iniciación deportiva desde la complejidad estructural de los diferentes grupos de deportes. En este caso se propone que el alumno parta en su aprendizaje del deporte más sencillo y termine abordando los más complejos estructuralmente. Así, los deportes más sencillos son los deportes psicomotrices con espacio estandarizado y traslación, como el salto de longitud, y los más complejos los deportes de cooperación/oposición con espacio no estandarizado y de situar un móvil en una meta y/o evitarlo, como el ultimate.
  • Secuencia general en fases para la iniciación deportiva desde la estructura y dinámica de los deportes cuando se aplica a un grupo. Atendiendo al grado de complejidad resultante de los parámetros que componen la estructura de una especialidad deportiva concreta, las fases que se establecen son las siguientes:
    • Práctica de situaciones motrices que contengan subobjetivos motores no prioritarios, por ejemplo pasar, tirar,...
    • Práctica de situaciones motrices correspondientes a un grupo de deportes que posean el mismo objetivo prioritario, y condiciones diferentes del espacio y comunicación, como por ejemplo llevar el móvil a la meta en voleibol, baloncesto,...
    • Práctica de situaciones motrices correspondientes a un grupo de deportes que posean el mismo objetivo prioritario, y las mismas condiciones de espacio y comunicación, como por ejemplo llevar el móvil a la metaen hockey, fútbol,...
    • Práctica de situaciones motrices correspondientes a un deporte concreto, por ejemplo balonmano.
  • Secuencia específica en fases o etapas para la iniciación a cada deporte o grupo particular de deportes. Esta secuencia trata de facilitar la aproximación a la enseñanza de un deporte en particular, mediante el paso por otras especialidades de características comunes o similar complejidad estructural. Sería una simplificación de la primera secuencia. Hernández establece cuatro secuencias. A modo de ejemplo exponemos la cuarta, que es la más relacionada con nuestro trabajo: deportes de cooperación/oposición con espacio estandarizado y de traslación (4x400 m en pista de atletismo), con espacio no estandarizado y de traslación (ciclismo en ruta por equipos), con espacio estandarizado y de situar un móvil en una meta y/o evitarlo (baloncesto, fútbol), con espacio no estandarizado y de situar un móvil en una meta y/o evitarlo (ultimate).

Una vez expuesta la última propuesta de Hernández, la cual más adelante analizaremos críticamente, nos parece de especial interés la propuesta de Lasierra, el cual, retomando la propuesta de roles de Bayer y Blázquez, plantea una secuencia de situaciones de enseñanza con la siguiente fundamentación teórica:

  • Aparece una relación de igualdad entre técnica y táctica, sin que una de las dos se tenga que subordinar a la otra. Así, un patrón motor básico estereotipado permite una acción inteligente, la cual forma parte a su vez de la estructura superior del juego.
  • Es necesario "buscar relaciones sincrónicas ataque-defensa" para facilitar la transferencia a las situaciones de partido, y a su vez ganar tiempo de aprendizaje al plantear en las sesiones un doble objetivo. Normalmente en los periodos de aprendizaje deportivo se discrimina la enseñanza de los aspectos defensivos respecto a los de ataque, pues se da por supuesto que son más fáciles de adquirir. En muchas ocasiones podemos observar grandes atacantes que no saben defender y viceversa. La transición entre ataque y defensa se realiza de manera automática, y el jugador debe saber jugar en ambos tipos de situación.
  • Las situaciones contemplan, no solo el mecanismo de ejecución, sino la secuencia completa PERCEPCIÓN-DECISIÓN-EJECUCIÓN. La incidencia en el último solo se realizará cuando el niño no tenga problemas con los dos primeros. Lasierra entiende que si no hay un adecuada percepción y análisis de los estímulos procedentes del medio, de la situación de juego, no es posible una adecuada toma de decisiones, con lo que a su vez la profundización en el trabajo técnico carecería de sentido.
  • Finalmente, Lasierra propone un programa marco que articule el desarrollo de la técnica y la táctica individual con las fases que citamos a continuación, y que queda desarrollado en el cuadro que las sigue:
  1. Fase de relación previa a los aprendizajes específicos. El dominio del móvil es un condicionante de tal medida que, según Lasierra, es necesario realizar esta fase de aprendizajes técnicos básicos previa al aprendizaje táctico.
  2. Fase de desarrollo de los elementos básicos de la técnica y táctica individuales, donde se desarrollan patrones motores de diferentes juegos, así como las intenciones tácticas individuales de ataque y defensa.
  3. Fase de desarrollo de los elementos básicos de la táctica colectiva.
  4. Fase desarrollo de los sistemas de juego de ataque, defensa y transiciones (repliegues y contraataques), así como otras situaciones especiales (golpes francos, saques de banda,...).

El programa marco de Lasierra queda esquematizado en la siguiente tabla (tabla 1).

Programa marco: desarrollo de los elementos tácticos en los deportes de equipo (lasierra, 1990:62)
Objetivo general. Introducir al alumno en los elementos tácticos de los deportes de equipo a partir de una progresión metodológica.
Criterios didácticos básicos. Las etapas a alcanzar son de superación progresiva, no pudiendo saltarnos ningún paso ni utilizar elementos de una etapa para desarrollar una etapa anterior.
Fases a considerar en el proceso de adquisición. Secuencia metodológica (unidades de contenido). Objetivos específicos.
1. Fase de relación 1. La pelota como centro de atención.
2. La fase de progresión.
3. La fase de orientación al objetivo.
  • Conseguir la integración social.
  • Relacionar al alumno con el móvil y con el terreno.
  • Conseguir el respeto y el cumplimiento de las reglas de juego.
  • Estructurar las nociones básicas de cooperación y oposición y asentar los medios básicos de colaboración y oposición.
2. Fase de desarrollo de los elementos básicos de la táctica individual. 2.1. El. básicos táctica individual defensiva.
2.1.1. Atacante sin pelota.
2.1.2. Atacante con pelota.
2.1.3. Fase final posesión de pelota.
2.2. El. básicos táctica individual ofensiva.
2.2.1. Atacante sin pelota.
2.2.2. Atacante con pelota.
2.2.3. Fase final posesión de pelota.
  • Desarrollar los patrones motores básicos (técnica) para dotar de los recursos necesarios para adaptación a las diferentes situaciones de juego.
  • Desarrollar cada una de las intenciones tácticas de ataque y defensa de forma inteligente.
  • Dotar de los recursos para actuar continuamente en todas las posibilidades de ataque y defensa.
3. Fase de desarrollo de los elementos básicos de la táctica colectiva. 3.1. El. básicos táctica colectiva defensiva.
3.1.1. Combinaciones básicas.
3.1.2. Encadenamiento de las acciones.
3.1.3. Continuidad y variantes.
3.2. El. básicos táctica colectiva ofensiva.
3.2.1. Combinaciones básicas.
3.2.2. Encadenamiento de las acciones.
3.2.3. Continuidad y variantes.
  • Conocer y dominar cada una de las posibilidades de coordinación de las combinaciones tácticas.
  • Saber adaptar la solución más adecuada a la diversidad de situaciones planteadas.
  • Dotar de los recursos para variar las posibilidades de respuesta.
4. Fase de desarrollo de los sistemas de juego. 4.1. Los sistemas de juego ofensivo.
4.2. Los sistemas de juego defensivo.
4.3. Los sistemas de transición:
4.3.1. Contraataque. Fases.
4.3.2. Repliegue defensivo. Fases.
4.4. Las situaciones especiales.
  • Organizar las acciones individuales en movimientos coordinados de equipo.
  • Estructurar los movimientos básico regulando las capacidades de decisión individuales en función del abanico de situaciones posibles.

Esta propuesta es desarrollada en sus dos primeras fases por Lasierra y Lavega (1993) y tiene aportaciones muy interesantes. Desde esta perspectiva, la iniciación deportiva no tiene porqué retrasarse hasta los diez años, fecha aproximada en la que suelen coincidir los autores cuyo planteamiento tiene el enfoque del rendimiento, sino que puede empezarse desde los 6 o 7 años. Por otra parte, se facilita la existencia de una transferencia tanto vertical como transversal en los principios del juego (mantener el balón, conservar el balón y conseguir el objetivo) y en conceptos como la creación y ocupación del espacio.

El enfoque funcional de Lasierra y Lavega (1993) queda suficientemente claro en su amplia propuesta de ejercicios. Valga de ejemplo el desarrollo del primer punto de la primera fase del programa, el balón como centro de atención (aprendo a mantener el balón), en la que el alumno consigue por este orden mantener el balón solo, mantener el balón con sus compañeros, mantener el balón frente a sus adversarios y mantener el balón con sus compañeros y frente a sus adversarios.

3. Críticas al modelo horizontal estructural.

El mismo Parlebas (1986, p. 65) se plantea si su modelo no podría resultar vano y reduccionista, respondiéndose que es necesario abandonar el plano de las generalidades y tener en cuenta el plano de las interacciones precisas y específicas. Pese a todo, Parlebas no llega a plantear un modelo de iniciación deportiva, sino que sienta las bases para que otros lo hagan, cuyas propuestas parecen haberse quedado en un plano teórico y no haber bajado a la realidad práctica.

Esta reflexión de Parlebas, con la cual nosotros coincidimos, nos sirve para adelantar en este análisis que dentro del modelo horizontal estructural existen dos propuestas teóricas de iniciación deportiva claramente diferenciadas, y de diferente grado de aplicabilidad. De esta manera, las propuestas de Hernández se concentran en el análisis de la estructura de los deportes, y, cuando dan paso a secuencias de iniciación deportiva, sus criterios son de dudosa aplicabilidad a la práctica. Sin embargo, el otro grupo de autores como son Blázquez, Bayer y Lasierra y Lavega, van un paso más allá de la estructura, alcanzando las funciones derivadas de dicha estructura, y proponiendo unas secuencias de aprendizaje más acordes con las exigencias de la práctica.

Acorde con esto, Bayer (1979), en su propuesta para los deportes colectivos de baloncesto, fútbol, balonmano, hockey, voleibol, rugby y waterpolo, expone la necesidad de una enseñanza que parta de los principios comunes a todos los deportes que pertenecen a esta categoría. Esta idea supone ciertas dudas como modelo horizontal, pues Bayer no plantea aquí una fase de enseñanza genérica para todo el grupo de juegos con los mismos principios básicos, sino tan solo partir de ellos. Pese a ello, lo hemos mantenido en este bloque por la globalidad de su propuesta, en la que al desarrollar el trabajo de los aspectos tácticos individuales desarrolla perfectamente el análisis funcional de cada rol y subrol que surge en las diferentes situaciones de ataque (desmarque, posicionamiento, búsqueda de espacios, petición de balón, orientación, uno contra uno, encadenamiento de acciones) y defensa (actuar, continuidad, ayuda) de juego, con ejemplos generales y particulares para cada una de las especialidades.

En lo referente a las secuencias que plantean Hernández y col. (2000) para las diversas modalidades deportivas, dos de ellas parecen no caber en los actuales planteamientos de iniciación deportiva.

La secuencia general para la iniciación deportiva desde la complejidad estructural de los deportes propone que para llegar a aprender un deporte de invasión (cooperación/oposición con espacio estandarizado y de situar un móvil en una meta y/o evitarlo, como el balonmano) se pase antes por el dominio de deportes tales como los individuales (psicomotrices, como el salto de longitud), por poner un ejemplo, los cuales poco tienen que aportar para el aprendizaje de los primeros.

Otro tanto sucede con la tercera propuesta, la secuencia específica en fases o etapas para la iniciación deportiva, en las que deportes más sencillos (por ejemplo, atletismo 4x400) dan paso a deportes más complejos (por ejemplo, el baloncesto), de una naturaleza tan diferente, aunque manteniendo la base de ser deportes de cooperación/oposición.

Esta excesiva ocupación por la progresión en la complejidad estructural, también aparece en las tareas clasificadas según estos autores, las cuales atienden a objetivos tales que no conectan con las necesidades reales del profesor en el desarrollo del proceso de enseñanza y aprendizaje. En el fondo, lo que ocurre en estas tres cuestiones es que no se establece con claridad qué tipo de transferencia permite que los conocimientos adquiridos en una disciplina deportiva vayan a servir de base para la siguiente disciplina a practicar. Es decir, que haya un aumento de complejidad y pertenezcan a un mismo grupo de deportes, según sean psico o sociomotores, no parece ser suficiente criterio para organizar todo un proceso de iniciación deportiva.

Si nos parece adecuada la secuencia general en fases para la iniciación deportiva desde la estructura y dinámica de los deportes cuando se aplica a un grupo, la cual coincide con los planteamientos de Lasierra y Lavega (1993), destacando en ella dos ideas fundamentales. La primera es la posibilidad de una iniciación deportiva desde los seis años de edad sin que por ello se caiga en una especialización temprana, al ser un planteamiento horizontal en el que se trabajan subobjetivos motores que están dentro de las necesidades planteadas por la Educación Física de Base.

La segunda, parte de la necesidad de dotar al niño de esas herramientas básicas sin las cuales el aprendizaje deportivo puede resultar imposible, aunque, por tanto, este enfoque parece estar destinado para cuando la iniciación deportiva se desarrolle desde las primeras edades, pues un adolescente con cierto bagaje motor no necesitaría de la primera fase de este modelo.

Dentro de la corriente estructural, son las teorías de Blázquez (1986) las que tiene un carácter menos específico, pues su Iniciación a los Deportes de Equipo parte de una concepción pedagógica del juego que puede ser utilizada también en el resto de modelos activos de enseñanza deportiva. También destacar de esta propuesta que, en contra de lo que afirman Lasierra y Lavega, Hernández y Bayer, para Blázquez el partir del análisis estructural de los juegos no le lleva a proponer una primera fase de subobjetivos motores o de relación con el móvil, sino a una progresión en la complejidad táctica, acercándolo orientaciones comprensivas que trataremos en el punto siguiente.

En general, las propuestas realizadas desde el enfoque estructural-funcional corren el riesgo de caer en la falta de globalidad debido a la progresión de complejidad de la que parten, complejidad que en sus primeras fases puede suponer propuestas similares a un modelo técnico. Si bien éste se centraría tan solo en el mecanismo de ejecución, puede ser igual de pobre centrarse tan solo en el mecanismo de percepción o de toma de decisiones. Además, "las formas jugadas, entendidas como actividades y circuitos que adoptan una estructura similar al juego pero que no pueden considerarse como tal, (...) parecen encubrir una progresión que va de la técnica a la táctica o que, al menos, enfatiza el aprendizaje técnico en la iniciación, ya que también incluyen juegos que no implican cambio de roles en los jugadores", según Devís y Sánchez (1996, p.70).

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