Las rocas encajantes son, como en San Quintín, pizarras preordovícicas del Complejo Esquisto-grauváquico, en proximidad del contacto con los materiales del Ordovícico basal.
La interpretación primera de la mineralización es que correspondía a una tipología estratoligada, y posiblemente de origen sedimentario, interpretación que se no vió confirmada con los datos de observación directa, en las labores mineras: aquí resultó evidente su caracter filoniano, y complejo, existiendo en realidad un haz filoniano con relevos, zonas de bonanza y estrangulamientos, que complicaban enormemente la explotación. Este hecho, unido a la baja del precio de los metales de finales de los años 80, motivó su cierre en el año 1990, durante la preparación de las labores de explotación.
Las labores que llegaron a realizarse fueron un pozo, de 500 m. de profundidad, y una rampa que llegaba al nivel de -250 m., así como algunas de las galerías de acceso a la mineralización a explotar.
La mineralización estaba formada por galena
no muy argentífera y esfalerita, con calcopirita y pirita, y con
escasa ganga de cuarzo y carbonatos, uno de los factores que produjo su
interpretación errónea como sedimentaria.