8.1.- Minerales y metales peligrosos

            Existen dos fuentes principales de introducción de metales al medio ambiente: 1) vía procesos naturales que implican la disolución de la fase mineral que los contiene; y 2) como residuos de la industria minera y otras.  Sin embargo, existen minerales que sin contener metales de alta peligrosidad, constituyen en si un riesgo de salud muy importante. Entre estos destacaremos los casos del cuarzo y los asbestos. El primero induce silicosis, y los segundos (asbestos es un nombre genérico) una serie de cuadros clínicos de extrema gravedad. En este caso el medio de propagación es la atmósfera. Las partículas que llegan a la atmósfera constituyen lo que denominamos vulgarmente polvo en suspensión. Su efecto principal es el de oscurecimiento de la misma, pero tiene o puede tener, en función de distintos parámetros, efectos notables sobre la salud de los que lo inhalan. Hay dos cuestiones especialmente relevantes en este sentido: la granulometría de las partículas, y su composición. En lo que se refiere a la granulometría, las partículas de polvo pueden tener tamaños muy variables, en función de la energía que las sustenta. Esta energía puede ser un fuerte viento, o la fuerza de una erupción volcánica, o una voladura de rocas. En cualquier caso, las partículas de tamaños menores se mantienen sistemáticamente durante periodos de tiempo más largos que las mayores. Las más pequeñas tienen mayores “tiempos de residencia” en la atmósfera, aunque todas tienden a sedimentarse en cuanto la energía de sustentación disminuye lo suficiente o cesa. En concreto, las de tamaño inferior a 2.5 μm presentan los mayores tiempos de residencia, con diferencia respecto a las de mayor tamaño. Esto hace que a menudo se estudie la distribución de estas partículas, que pueden tener procedencias remotas. Otra cuestión, que afecta especialmente a la salud, es que las partículas de tamaño inferior a 10 μm son capaces de alcanzar las zonas más profundas del sistema respiratorio (pulmones), mientras que las de tamaño mayor suelen quedar retenidas en el tracto respiratorio. Las menores, por tanto son susceptibles de causar mayores daños orgánicos. Por otra parte, las partículas de estos tamaños menores se suelen originar casi exclusivamente por efecto de procesos de combustión, por lo que suelen ser partículas asociadas a contaminación industrial o urbana. La cuestión composicional tiene también una gran importancia, puesto que algunas partículas pueden producir efectos muy nocivos.

            En lo que respecta a los metales, el enfoque de este capítulo estará centrado (aunque no exclusivamente) en las interacciones entre minerales, metales, y los sistemas acuáticos (fluviales, lacustres, estuarinos, y marinos). La razón es simple: 1) el medio acuoso es esencial para que los cationes puedan ser solubilizados; y 2) el medio acuático actúa como un “dispersante natural” de los contaminantes. Así, mientras en un sistema árido los contaminantes tienden a quedar retenidos "in situ", en regiones húmedas, éstos serán rápidamente incorporados a los suelos, para pasar por lavado total o diferencial a las aguas subterráneas, ríos, lagos, o mares, extendiendo así el problema.

 

Apartados del capítulo:

            8.1.1.- El cuarzo y la silicosis

            8.1.2.- Asbestos y la asbestosis

            8.1.3.- Carbón

            8.1.4.- Metales pesados

 

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