6.1.- Residuos: tipología

La humanidad genera volúmenes inmensos y crecientes de residuos de todo tipo, cuya gestión se está transformando en uno de los mayores problemas que tiene planteada la sociedad moderna. En este ámbito, la conciencia conservacionista surgida a partir de los años 70 ha hecho surgir normativas muy diversas, basadas fundamentalmente en el reciclado y reutilización de los materiales ya utilizados. Sin embargo, un volumen muy significativo de residuos no puede ser reciclado ni reutilizado por motivos diversos: pueden ser materiales para los que no se encuentren usos adecuados en ese momento, o cuyo empleo represente un riesgo para la salud o para el medio ambiente. Estos últimos son los denominados “residuos tóxicos y peligrosos”.

  

Iconografía que denota residuos peligrosos.

A la izquierda biológicos, a la derecha radioactivos

 

En el ámbito legislativo relativo a residuos tóxicos y peligrosos, en España se ha dado en los últimos años un proceso similar al que se había producido con anterioridad en los países más avanzados. Hasta mediados de la década de los 80, no se ha contado con la legislación específica sobre esta materia. La Ley sobre “Desechos y Residuos Sólidos Urbanos” de 1975 (BOE, 1975) fue promulgada en el mismo año que la CEE dictaba su Directiva 75/442/CEE relativa a la gestión de residuos sólidos en general (DOCE, 1975). Aunque la ley española era competente sobre los residuos industriales, no regulaba su gestión, ni establecía base alguna para su desarrollo reglamentario. Por lo tanto la gestión de residuos tóxicos y peligrosos (RTPs) no ha existido prácticamente hasta el momento en que se promulgó la Ley 20/1986 de 14 de Mayo, Básica de Residuos Tóxicos y Peligrosos (BOE, 1986), pudiendo afirmarse que antes de esta ley más del 85% de este tipo de residuos eran eliminados incontroladamente.

Estas consideraciones y la circunstancia del ingreso en la CEE, condujeron a la promulgación de dicha ley, que establece la siguiente definición de Residuos Tóxicos y Peligrosos (capítulo 1°, artículo 2º):

Los materiales sólidos, pastosos, líquidos, así como los gaseosos contenidos en recipientes, que, siendo el resultado de un proceso de producción, transformación, utilización o consumo, su productor destine al abandono y contengan en su composición alguna de las sustancias y materias que figuran en el Anexo de la presente ley en cantidades o concentraciones tales que representen un riesgo para la salud humana, recursos naturales y medio ambiente”.

Quedan excluidas de su ámbito las actividades o los residuos que por sus características poseen un tratamiento legislativo propio, como son los residuos radiactivos, mineros, emisiones a la atmósfera y efluentes cuyo vertido al alcantarillado, a los cursos de agua o al mar esté regulado por la normativa vigente.

  

Uno de los casos más notable de vertidos no regulados en España son los

que se realizaron en la (“ex”) Bahía de Portman (izquierda). Durante

unos 30 años, hasta fines de los 80’s se vertieron “directamente” los

lodos de rechazo (tailings) de la planta de flotación de la compañía

minera Peñarroya. Debido a esto la bahía se colmató con unos

50 Mt de materiales. A la derecha se puede apreciar el antiguo muelle,

hoy rodeado por tierra.

 

Esto nos lleva a la problemática de la clasificación de los residuos, base de la legislación y normativa para su manipulación y almacenamiento. En el momento actual, desde el punto de vista legislativo, se establecen los siguientes tipos de residuos según su origen:

-                           Residuos sólidos urbanos. Son los que se originan en las ciudades y áreas próximas, e incluyen los residuos domiciliarios, los generados en vías urbanas, zonas verdes y recreativas, los de construcción, demoliciones y obras domiciliarias, animales domésticos muertos, muebles y enseres, y vehículos abandonados.

Residuos urbanos.

 

-                           Residuos industriales. Los que generan las actividades industriales. Pueden ser muy variados, en función del tipo de industria que los genere, aunque poseen en común la característica de ser potencialmente peligrosos.

Residuos industriales.

 

-                           Residuos mineros. Son los que se originan durante las actividades mineras. Incluyen los procedentes de las etapas de prospección, extracción y almacenamiento de recursos minerales, pudiendo ser sólidos o líquidos.

Almacenamiento de residuos sólidos: balsa de estériles (tailings) en Andacollo (Chile).

 

Almacenamiento de residuos mineros líquidos: estanque de solución

cianurada (flecha amarilla), que descansa sobre un fondo impermeable de

plástico de alta densidad (flecha roja). Punitaqui, Chile.

 

-                           Residuos radioactivos. Generados en Centrales Nucleares, y en las instalaciones que utilizan materiales radioactivos, tales como plantas de tratamiento de minerales de uranio, hospitales, etc.

 

  

Recubrimiento de las instalaciones de producción y las escombreras de concentrados

de uranio de Andujar (ENUSA).

 

-                           Residuos forestales. Son los que proceden o bien del mantenimiento y mejora de las montañas y masas forestales, cuando se hacen podas, limpiezas, etc., o bien de los residuos resultantes de cortar los troncos de los árboles para hacer productos de madera.

Residuos de la industria maderera.

 

-                           Residuos agropecuarios. Pueden ser agrícolas o ganaderos, según el tipo de explotación agropecuaria que los origine.

  

Prensado de aceitunas (izquierda), proceso que deja un residuo sólido contaminante

denominado alpechines. Estos deben ser procesados en plantas de tratamiento

(derecha) antes de su vertido.

 

-                           Residuos sanitarios o clínicos. Son los originados en instalaciones sanitarias: hospitales, clínicas, centros de salud, que pueden entrañar extrema peligrosidad.

  

Residuos hospitalarios.

 

La mayoría de los residuos antes señalados  pueden ser clasificados como potencialmente tóxicos y peligrosos.

Por otra parte tenemos los residuos inertes, que se definen como aquellos que no experimentan transformaciones físicas, químicas o biológicas significativas. No son solubles, ni combustibles, ni reaccionan física ni químicamente de ninguna otra manera, ni son biodegradables, ni afectan negativamente a otras materias con las cuales entran en contacto de forma que pueda dar lugar a contaminación del medio ambiente o perjudicar la salud humana.

Bloques de granito abandonados. No representan ningún peligro en

términos de toxicidad potencial.

 

 La lixiviabilidad total, el contenido de contaminantes, y la ecotoxicidad del lixiviado deberán ser insignificantes en los residuos inertes, y en particular no deberán suponer un riesgo para la calidad de las aguas superficiales y/o subterráneas. Proceden de desechos de obras de reforma, reparación, mantenimiento y nueva construcción de viviendas y otras edificaciones. En ocasiones, en el flujo de residuos de estas actividades también se encuentran sustancias calificables como residuos peligrosos (pinturas, barnices, colas y pegamentos, etc.).  El problema que generan estos residuos viene dado por el enorme aumento de su producción y su vertido incontrolado.

Cada uno de estos tipos presenta características propias, y en el momento actual hay un gran interés por ordenar de forma adecuada su eliminación o almacenamiento, lo que se traduce en una importante actividad legislativa que conduzca a una serie de normas para llevar a cabo esta eliminación o almacenamiento. En esta regulación los estudios del terreno y de los materiales que se consideren adecuados para proteger los lugares de almacenamiento es donde la mineralogía ofrece un campo de estudio de gran importancia, para el correcto sellado de los almacenes.

 

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