4.- Prospección
geoquímica
P. Higueras1 y R. Oyarzun2
1:
Departamento de
Ingeniería Geológica y Minera, Escuela Universitaria Politécnica de Almadén,
Universidad de Castilla-La Mancha, Plaza M. Meca 1, 13400 Almadén, España.
2:
Departamento de Cristalografía
y Mineralogía, Facultad de Ciencias Geológicas, Universidad Complutense, 28040
Madrid, España.

Toma de muestras de sedimentos
fluviales (Río Toro, Chile)
para la
determinación de As, Cu, Zn.
Uno
de los temas más importantes en geoquímica ambiental es el relacionado con la
determinación del grado y extensión de la contaminación. Durante décadas los
métodos de prospección geoquímica se
utilizaron para detectar yacimientos minerales. Hoy, paradójicamente, estos
mismos métodos se empiezan a emplear para determinar el alcance de la
contaminación inducida por la actividad minera relacionada con esos mismos
yacimientos minerales. La actividad minera genera residuos que se derivan de
cuatro fuentes principales: 1) los gases expulsados por las chimeneas de las
fundiciones, cuyos compuestos tarde o temprano precipitan en los suelos, a
mayor o menor distancia de la fuente de emisión; 2) las escombreras (mineral dumps), con materiales
supuestamente estériles pero ricos en minerales altamente reactivos en
condiciones atmosféricas, entre estos, sulfuros de hierro, cobre, zinc, plomo,
cobalto, mercurio, etc.; 3) de las balsas de estériles (tailings dumps), que similarmente a las escombreras, contienen
sulfuros, los cuales a su vez fueron rechazados por el proceso concentrador; y
4) los estanques de solución (pregnant-barren
solution ponds) que contienen especies tan nocivas como el cianuro, el
ácido sulfúrico, y especies metálica tales como cobre o hierro.

Fuentes potenciales de contaminantes
químicos en minería. A: expulsión de gases con SO2 – As2O3
(Chuquicamata, Chile); B: escombrera con minerales de mercurio (Las Cuevas,
Almadén); C: balsa de estériles con abundante pirita (Talcuna, Chile); D)
estanque con solución cianurada y pila de lixiviación (Punitaqui, Chile).
Todo esto en lo que respecta a la
minería, pero esta actividad no es la única que genera residuos solubles,
susceptibles de ser movilizados, ya que prácticamente cualquier industria
genera un rastro de residuos metálicos u orgánicos que solo en ocasiones son
tratados previamente, y en general suelen ir a parar a suelos (y de ahí a las
aguas subterráneas), ríos, lagos, o al mar.
¿Cómo
detectar la extensión de la contaminación, y la intensidad de la misma? aquí es
cuando los viejos métodos de la prospección geoquímica pueden ser de una ayuda
inestimable. Dado que el principio básico de la prospección geoquímica se basa
en detectar la dispersión de un determinado metal para detectar la fuente de
emisión, esto es, el yacimiento mineral, sus principios son válidos también
para poder trazar la extensión de un fenómeno de contaminación, ya que las
reglas físico-químicas que gobiernan la dispersión de elementos químicos en el
ciclo exógeno son las mismas. La dispersión de elementos químicos lleva a la
formación de una zona geoquímicamente
anómala, que denominaremos anomalía
geoquímica. La anomalía geoquímica contrasta claramente con lo que
podríamos denominar valores normales
de un determinado elemento químico en el medio de dispersión (suelo, aguas,
atmósfera). Aunque a veces una anomalía pueda ser obvia en términos numéricos
(valores extremadamente altos de un elemento), la caracterización de la misma
se lleva a cabo mediante un tratamiento estadístico, más o menos complejo, de
la información. Definiremos dos conceptos básicos: 1) valor de fondo (background),
que corresponde al valor normal de un elemento en un medio concreto; y 2) anomalía, que corresponde a una
desviación estadísticamente significativa a partir del valor de fondo, por
ejemplo, los valores que se encuentran sobre dos o tres veces el valor de la
desviación estándar (x > 3s). Un concepto relacionado es de umbral (threshold), que corresponde al límite superior de las fluctuaciones
de la media, en otras palabras, el límite inferior de los valores anómalos. Es
importante tener en cuenta que durante el tratamiento estadístico de los datos
geoquímicas puede aparecer más de una población, dando lugar a una población
bimodal. En esos casos la segunda población puede ser considerada anómala en su
globalidad y el umbral ser fijado en el límite entre ambas poblaciones. En este
caso lo más probable es que la segunda población se encuentre relacionada con
la anomalía geoquímica (fuente de emisión) que se busca.


Análisis poblacional. A la izquierda
definimos la anomalía en función de los
datos que quedan sobre la media más
2 S; a la derecha tenemos una población bimodal,
los datos pertenecientes a la
segunda población pueden ser considerados
como globalmente anómalos.
Por
muy sofisticado y discriminante que sea el procedimiento estadístico utilizado
para “tamizar” la información, la persona encargada de llevar a cabo el trabajo
deberá utilizar además el “sentido común”, ya que cabe recordar que la
estadística es tan buena (o mala) como quien la emplea. La utilización de
procedimientos estadísticos sin un conocimiento adecuado de la geología de una
zona o región puede llevar a errores de gran magnitud. Por ejemplo, la
respuesta geoquímica de un elemento químico en una región caracterizada por rocas
sedimentarias carbonatadas (e.g. calizas) no es igual a la de una donde las
rocas corresponden a secuencias máficas (e.g. basaltos). Tanto los valores de
fondo como los halos de dispersión serán diferentes. Así, valores que podrían
ser considerados anómalos en la primera no tendrían por qué serlo
necesariamente en la segunda.
Existen
diferentes escalas a la que se puede llevar a cabo una campaña de prospección
geoquímica: 1) de reconocimiento, que tiene un carácter orientativo, basada en
mapas 1: 1.000.000 a 1: 500.000; 2) preliminar, donde se utilizan mapas 1:
200.000 a 1: 100.000; y 3) detallada, mapas 1: 50.000 y de mayor detalle. Los
conceptos de prospección estratégica
y táctica se relacionan con los
anteriores, siendo la primera de carácter regional (orientativa), y la segunda
de tipo local, sobre blancos (targets)
previamente definidos en el estudio regional.
El tipo de muestras que se toman en
prospección geoquímica son variadas: rocas, sedimentos fluviales, suelos,
aguas, vapores, plantas. La elección depende de múltiples variables, entre
ellas: 1) la fisiografía; 2) el marco geológico; 3) el tipo de anomalía que
estamos buscando.
Contenidos del resto del Tema:
4.1.-
Detectando anomalías geoquímicas
mediante la utilización de diferentes tipos de muestras
4.1.1.-
Geoquímica de suelos
4.1.2.-
Sedimentos fluviales
4.1.3.-
Aguas
4.2.-
Biogeoquímica
4.3.-
Bibliografía