APRENDIENDO
A menudo pensamos, sobre todo cuando somos unos inocentes niños con las mentes aún vacías, cuando creemos que la vida es una acumulación de cosas, y no nos damos cuenta de que la vida es ir despojándose inexorablemente de todo, que el final de algo es el comienzo de otra novedad. Creemos frecuentemente que al acabar los estudios acabamos de estudiar; nada más lejos de la realidad. Pensamos que nuestra vida como estudiantes habrá terminado el día en que nos graduemos.
Poco a poco uno se va dando cuenta de que la vida es un continuo aprendizaje, que estamos aprendiendo siempre y en todo lugar. Al terminar nuestros estudios oficiales, después del esfuerzo que ello nos ha supuesto, las lágrimas, las risas, los insomnios, las preocupaciones, lo único que tenemos es un título, un título que de poco nos sirve sin el propósito de seguir esforzándonos en aprender cada vez más, pero ahora sin la ayuda de los maestros y profesores que nos han enseñado a lo largo de nuestro periodo de escolares. Y es que después de terminar la carrera empieza otra carrera, más dura aún si cabe, que es la carrera de la vida, la lucha por la supervivencia, la competitividad del mercado del trabajo. Nadie nos suele avisar de esto, o muy pocas veces lo hacen, y en ocasiones caemos en el error de pensar que una vez concluidos los estudios formales hemos concluido con los estudios.
Pero me gustaría llegar aún más lejos. No es que al finalizar la carrera tengamos que seguir estudiando, es que es una necesidad imperiosa el estar formándose y aprendiendo a lo largo de toda la vida. ¿De qué le sirven hoy los conocimientos de informática que había hace 25 años a un informático de hace 25 años? Lo mismo pasa con todas las profesiones, igual que con la de maestros. Los maestros estamos en contacto con los niños, pero con los niños del hoy y del mañana, no con los niños de hace años. Por eso debemos aprender nuevos conocimientos. El maestro de hoy en día debe estar dispuesto a aprender, olvidar y reaprender tantas veces como sea necesario, y seguramente sean muchas. Sí, porque también es importante saber olvidar, saber olvidar aquello que ya no nos sirve y que no podemos aplicar, olvidarnos de lo antiguo para poder llevar a cabo lo moderno; pero no para despreciarlo o desprestigiarlo como una antigualla destartalada y vieja, sino sabiendo que los pasos que otros han dado nos han servido para llegado donde nosotros estamos, pero que nosotros también debemos andar para que otros futuros maestros lleguen a donde tienen que llegar.
Osadamente me atrevo a llegar todavía un poco más allá. Todo en la vida es un proceso de enseñanza y aprendizaje. Todos los días aprendemos cosas nuevas, de multitud de ámbitos distintos, pero que nos son necesarias para seguir viviendo. Hace unos años aprendimos a manejar los teléfonos móviles, nos enseñaron cómo navegar por la red, y ayer aprendí a preparar la paella. La vida cotidiana está llena de aprendizajes, pequeños y grandes, unos nos cuestan más que otros, igual que en la escuela a los niños, pero no hay nadie que esté ahí específicamente para enseñarnos. Aprendemos a través de nuestros familiares, de amigos, de los medios de comunicación, de los libros también aprendemos mucho, aprendemos de los errores que cometemos, aprendemos de las situaciones en las que nos vemos envueltos. Y no sólo aprendemos a manejar cosas y realizar otras, sino que aprendemos cómo es la vida, cómo es la gente, cosas que no están escritas en ningún libro ni publicadas en ninguna hoja de la red, cosas que nadie nos transmite y que vamos aprendiendo nosotros solos, sin la ayuda de nadie. Por eso creo firmemente en el gran potencial del hombre para aprender, el hombre es capaz de aprender muchísimo, si nos parásemos a pensar en todo lo que hemos aprendido desde que nacimos hasta el momento actual nos volveríamos locos, quedaríamos asustados. Las personas somos como pozos infinitos donde vamos depositando aprendizajes de muy distintos tipos, pero realmente no conocemos la capacidad real de aprendizaje de las personas. Ya sé que los psicólogos me dirán que eso depende de cada persona, y que los pedagogos me dirán que depende de la calidad del proceso de enseñanza y aprendizaje, y quizás los sociólogos me digan que depende del contexto socio-cultural en el que estemos inmersos; pero yo creo que independientemente de todo eso, el ser humano es ante todo y sobre todo un ser que está continuamente aprendiendo cosas nuevas. Es más, el ser humano tiene ganas de aprender cada vez más cosas nuevas. Atrás quedan aquellos viejos anquilosados y trasnochados que piensan que los jóvenes de “hoy en día” no tienen interés por aprender nada. Yo veo a una juventud entusiasmada por aprender, por conocer lo nuevo, veo a jóvenes que se desviven por saber más y más. Pero muchas veces la respuesta a lo que los jóvenes preguntan no la encuentran en las aulas por desgracias, sólo encuentran un conjunto de conocimientos empaquetados, un paquete de pastillas llenas de conocimientos que les dan ya preparados y que les hacen tragar, un conjunto de conceptos que tienen que memorizar para luego escupir en un examen y volver a vaciar la mente para llenarla de otros conceptos que tendrán que escupir de nuevo en otro examen y así sucesivamente.
Todos estamos aprendiendo todos los días. La vida no es más que la experimentación del ensayo y el error. Nos atrevemos a experimentar con algo, y si sale con barbas San Antón y si no, ya se sabe..., la Purísima Concepción. Así es la vida, un devenir de aprendizajes y enseñanzas, de maestros y pupilos, donde uno puede ser alguna vez maestro y ser en otra ocasión el alumno más desaventajado que existe. Porque la vida dan tantas vueltas, y un día te crees que eres el amo del mundo y que te vas a comer a la humanidad, para otro día darte cuenta de que eres el más ínfimo de los seres que haya poblado el planeta. Y todo eso es aprender, aprender a vivir, algo que no se enseña en las escuelas, algo que los hombres vamos aprendiendo a través de la equivocación y de la experimentación; y al final, cuando hayamos recibido una somanta de palos en la vida, nos daremos cuenta, de que como decía el filósofo, sólo se que no se nada.
GUSTAVO DÍAZ DOMÍNGUEZ
Ex-alumno de la E.U. de Magisterio de Toledo (Educación Primaria)
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