MIS PEQUEÑOS MAESTROS Es habitual pensar que la función del maestro es la de enseñar y la del alumno la de aprender. Pero, sin embargo, los alumnos son "maestros de maestros".
Durante algo más de dos meses he aprendido lo que nadie me enseñó durante más de dos años. No ha sido ningún catedrático en Pedagogía con muchas canas y no pocas primaveras quien me enseñó a comprender a cada alumno, a descubrir que no todos son iguales (que cada uno es de su padre y de su madre, como vulgarmente se dice), que sus necesidades no son las mismas... No fue un decano en Pedagogía el que me enseñó a amar la enseñanza. Fueron unos "catedráticos" de 3, 4 o 5 años con coletas y tazos de Pokémon, con rodilleras en los pantalones y muñecas entre sus brazos. Fueron mis pequeños maestros los que me enseñaron a ser maestra.
Y es que ser maestro no es una elección, es una vocación. Aún recuerdo cuando, siendo pequeña, sacaba mi pequeña pizarra y mi caja de puros llena de tizas a la calle por la tarde o "cuando salía al fresco" y jugaba a ser maestra con mis amigas o los hijos pequeños de mis vecinos. Quince años más tarde conseguí que ese juego fuese una realidad.
Uno no elige esta profesión por tener más vacaciones (idea muy extendida entre todos). El verdadero maestro no tiene vacaciones, ni puentes, ni fines de semana. El verdadero maestro está en continuo aprendizaje, en un continuo reciclaje de conocimientos.
Maestro no es el que tiene un diploma que le acredita como tal después de pasar tres años en una facultad y se conforma con entregar un libro que los alumnos han de estudiar, con recitar unos apuntes que los alumnos copian o con repartir fichas que los pequeños colorean. Maestro es el que innova, el que aprende enseñando y enseña aprendiendo, el que no se conforma con hacer las cosas, sino con hacerlas bien.
Puede que no siempre sea agradecido este trabajo, pero hasta un niño de cuatro años es capaz de distinguir (sin ser catedrático en Pedagogía) quien es un buen maestro y quien no. Quizás no obtengamos todos los agradecimientos que debiéramos escuchar, pero la sonrisa de un niño al ver que es capaz de leer una palabra que se le resistía (por poner un ejemplo) vale más que mil agradecimientos.
Maestro no es alguien que se sienta en el patio a tomar el sol, es aquel que observa a sus alumnos, que les inculca valores... El maestro no solo enseña, el maestro educa, complementa el trabajo de los padres; trabajo que en ocasiones parece enfrentarse ya que los valores que uno inculca más tarde caen por los suelos al llegar casa.
"Si mi niño aprueba es porque es muy listo" y "si mi niña suspende es por culpa del maestro" son frases que se suelen escuchar.
No caeré en algo tan absurdo como dividir entre buenos y malos, pues siempre habrá alumnos brillantes y pésimos docentes o viceversa. Pero antes de buscar culpables, analicemos las causas.
En definitiva, lo único que intento reflejar en mis palabras es que la educación debe ser un trabajo compartido entre padres y maestros porque la sociedad del futuro estará formada por vuestros hijos y nuestros alumnos y esto será el reflejo de nuestro y vuestro duro trabajo: educar.
Finalmente, quiero agradecerles a mis pequeños maestros todo lo que he aprendido de ellos y con ellos durante mis practicas en el colegio. Gracias por vuestras sonrisas, por vuestros abrazos, por vuestros besos, por vuestras lágrimas... gracias por haberme enseñado a amar esta profesión.
ANA BELÉN LUDEÑA RODRÍGUEZ.
Ex-Alumna de Educación Infantil
Centro de Prácticas: C.P. "Santa Marina". Magán.