LUDUS, LUDI, LUDO
Podría pensarse que es una gran contradicción que alguien -en este caso quien firma- se encuentre escribiendo unas líneas para una Revista Digital y precisamente sobre un tema que hunde sus raíces en lo más lejano de la existencia del hombre, de la humanidad toda: el juego . Pero, si se piensa bien, no es tan disparatado el “maridaje” pues, al fin de cuentas, ambas actividades permiten -entre otras cosas- satisfacer el deseo innato de comunicación del ser humano a quien los lleve a la práctica.
Sin más preámbulos quiero presentar al protagonista indiscutible de esta reflexión, el libro LOS JUEGOS POPULARES E INFANTILES EN CASTILLA-LA MANCHA, de Mª Carmen Medina Díaz-Marta , que ha sido editado recientemente por el servicio de publicaciones de la Junta de Castilla-La Mancha. Fue presentado oficialmente en febrero de este año y estoy en condiciones de asegurar que todos los allí presentes disfrutamos enormemente. Y ello es así no sólo porque siempre es hermoso el momento del nacimiento de un libro, también por la clase de libro de que se trata. Aparte, claro está, de los motivos afectivos hacia la autora que pueda tener cada cual y que en mi caso concreto se resumen así: primero la conocí como una magnífica profesora en el Instituto y después fue una cordial compañera en la Escuela de Magisterio. Los profesores que estamos en tal situación creo que debemos sentirnos contentos de compartir con ella el nacimiento de este libro que tan interesante va a resultar a la formación del futuro maestro, y de ahí mi interés por hacer esta breve reseña.
Pero centrémonos en el libro. A lo largo de sus 387 páginas el lector -sobre todo si tiene cierta edad- puede experimentar el milagro de que cualquiera de sus entregas opere como la magdalena de Proust: se descorre la cortina del tiempo y navegando a través de la memoria aterrizamos en aquellos felices años de la infancia. Atardeceres calurosos del verano en los que buscábamos el suelo durito y ensombrecido por una tapia para trazar las líneas del “truque” (castro, cuca, rayuela... en otros lugares); días dorados del otoño en los que buscábamos alfileres en montoncitos de arena; frías mañanas de invierno, cuyos vientos heladores combatiamos corriendo, mientras jugábamos al escondite, a las prendas... por sólo poner algún ejemplo. Y al fondo de la memoria se oye que“El patio de mi casa es particular...”
Este “patio”, y todo lo demás que conformó nuestro mundo de niños felices que jugaban, está en el libro de Carmen Medina, recogido con el tesón, la paciencia, el amor y el rigor que siempre caracterizan a un buen investigador. Porque la autora, con esta obra, no ha hecho otra cosa que prolongar su vocación por la cultura popular y el folklore, centrándose ahora en los juegos (no sólo los infantiles, también los de adultos). Asimismo, en otros tiempos, contribuyó en buena medida a preservar del olvido manifestaciones tan importantes como las danzas populares, recorriendo para ello los caminos polvorientos de Castilla, casi, casi...como don Quijote.
Esta labor que acabo de mencionar me parece especialmente importante en estos tiempo que corren, en los que las señas de identidad de un pueblo, su cultura propia, están seriamente amenazadas-más bien desaparecidas-engullidas en la ameba informe y vulgar de otra ¿cultura? globalizadora : la de los medios de comunicación, la de la hamburguesa con ketchup y cucurucho de patatas, la de las pastillas de éxtasis en las madrugadas de los fines de semana... por citar sólo algún ejemplo.
Enlazando con todo esto, confiesa la autora que además de su interés por la cultura popular le ha movido hacia la investigación de los juegos una ingenua esperanza: que los maestros tengan conocimiento de ellos para que puedan convertirlos en algo vivo , enseñándoselos a los niños. Creo que es éste un valor fundamental en la obra y sería muy positivo que así sucediese. Los niños de ahora –que están ahítos de casi todo- se aburren soberanamente (entendemos que me refiero a los de los países desarrollados, como el nuestro); y también se aburren muchos jóvenes, jóvenes que por ello necesitan poner en marcha su motor lúdico a base de efectos artificiales, cuyas consecuencias sabemos a veces por la prensa lo perniciosas e irreversibles que son. Los niños hoy viven deficitarios del oxígeno de las calles y parques, sometidos en exceso a “placeres” solitarios (que les hacen insociables), cavernarios (porque abusan de la permanencia en interiores),sedentarios (les arrastran a la obesidad). Me refiero concretamente al “enganche” a los videojuegos, internet y similares. Los niños y jóvenes han perdido el placer de jugar al aire libre, nadie se lo ha enseñado; y este libro puede ser una gran ayuda para aquellos que quieran tomar por otras sendas menos trilladas.
Pensando sobre todo en nuestros alumnos, futuros maestros, quiero parafrasear lo que dice la autora acerca de los valores educativos del juego:
- Es espontáneo en el niño y se dirige a la integridad del individuo.
- Facilita su desarrollo físico.
- Con él adquiere valores éticos y morales: la constancia, el esfuerzo, la valentía, la generosidad...
- Sirve para facilitar la integración en el grupo.
- Permite descubrir líderes.
- Les ayuda a acatar con naturalidad la superioridad del contrario.
- Aprenden a que todos deben someterse a unas reglas.
- Igualmente les enseña que todos deben aportar su esfuerzo para la consecución de una meta común.
- Puede usarse como correctivo en actitudes como la del niño egocéntrico (supera su individualismo aportando sus facultades al equipo), o la del niño soberbio (obligándole a someterse a las necesidades comunes).
Y todo ello, añade la autora, para irles entrenando en “el gran juego” que es la vida. Y todo ello, mientras se divierten. Y todo ello, a cualquier hora o en cualquier día.Finalmente, es preciso destacar algo importante: el juego es una impagable fuente de información para conocer la psicología del niño. Porque, efectivamente, el que se manifieste tramposo en el juego puede serlo el resto de su vida; el que actúe con generosidad seguramente será un buen amigo de sus amigos.En lo que se refiere concretamente al contenido de la obra, se estructura ésta en tres apartados: juegos nobles, juegos populares y juegos infantiles. Los dos primeros se centran en el adulto como “homo ludens”; el tercero se deduce fácilmente a quien tiene como protagonista. Los tres apartados están muy bien documentados, tanto en el primero de ellos, en el que hace un interesante repaso histórico de cómo se divertían antes aquellos que podían hacerlo; como en los otros dos, detrás de los cuales se adivinan largos años de trabajo de campo. Además, el texto se completa con ilustraciones de dibujos y fotografías, lo que le convierte en un libro bonito, además de útil. Pero ahora no voy a decir más, no voy a desmenuzar su contenido pues espero que lo lea todo el mundo. Y en este sentido me hago eco de las palabras de Nietzche, que encabezan la obra, para rematar mi reflexión:
En el hombre auténtico siempre hay un niño que quiere jugar
Humildad Muñoz Resino
Para la Revista Digital El RecreoE.U. de Magisterio de Toledo