Nº 14
Revista "El Recreo"
E. U. DE MAGISTERIO DE TOLEDO
Diciembre de 2007


CARTA URGENTE

 


             Nada es eterno, todo llega al final. Y en este momento nos encontramos. Cada uno  decidirá el camino a seguir. Unos continuarán alimentando su inteligencia  haciendo una doble especialidad, otros atormentándola  constantemente para aprobar las manidas  oposiciones, pero que nadie abandone, ¡seguid cultivando la curiosidad!, es sanísimo, os lo aconseja  la voz de la experiencia de la “madre superiora” (por lo de la edad, claro está, porque no me imaginareis en un convento con voto de silencio, ¿verdad?).
 
            Barruntando este “remolino de emociones” pensé:¡Cuidado que este  es un momento para estar a la altura de las circunstancias! (y creo que voy a fracasar en un 100%) pero como tiene que haber de todo, como en botica, me embarqué a sabiendas de que habrá quien piense que es una ñoñería, pero habrá una minoría apoyándome como siempre lo ha hecho y es a ellos a quien dedico estas sensaciones que llevan revoloteando sobre mi cabeza (cual pajaritos) y  lo más importante, necesito hacerlo.
 
           
De todas formas, es un crimen dejar a una mujer de mi edad a solas con sus pensamientos, porque pueden salir cosas como éstas. Sin vosotros nada hubiera sido igual, sois MUCHO dentro de mi . Me habéis  contagiado juventud, alegría, inquietud… ¡He estado tan a gusto…! En fin, que se os va a echar de menos. Sois  mi café de la mañana con el que me levanto pensando en tomarlo cuanto antes para animarme. Y ahora ¿qué?..Ahora no viene eso de… “pobre de mi, pobre de mi, se han acabado las clases de Infantil.” ¡Nada!, que no puedo escribir algo serio sin meter la puntilla, ¡Dios bendito! ¿Cómo me habéis podido aguantar tanto tiempo? Si yo no puedo conmigo ni por escrito. Me consuela pensar que hay otros peores (je,je,je, ¿a que estáis pensando los mismos que yo? Mira que soy mala, ¿eh?) Ya no sé por dónde iba, es que con tanto “elemento distractor…”
 
            Todavía recuerdo el primer día de clase donde no conocía a nadie. Todas unas “pipiolas”, excepto algunas que divisé a lo lejos y yo; demasiado joven para ser vieja, pero demasiado vieja para ser joven. Tanto me contagiasteis que llegue a pensar que yo también lo era. Tan obsesionada estuve que soñaba que vivía en una residencia con algunas de vosotras y que disponía de todo el tiempo del mundo para estudiar. No existían  las lavadoras, ni las lentejas, ni la plancha, ni los niños, sólo bibliotecas, apuntes, trabajos, y “juerguecillas nocturnas”. Fue entonces cuando llegaron las oleadas emocionales ingobernables en las que hubo de todo: empecé a  vestir parecido a vosotras, (por aquello del refrán que dice: “donde fueres haz lo que vieres”), intentaba ser “guasoncilla” para caeros bien, tenía berrinches (impensables) imaginando que no iba a aprobar. En fin,  una  inseguridad injustificable e impropia de mi edad; ¡vamos, que lo que no había hecho a los 20 años quería conseguirlo ahora!. Pero ahora no es momento de  disculparme  enumerando razones que ni a mi me convencen. Para eso estaban otras personas que enseguida me bajaron a la tierra, como  aquellos amables bedeles que me saludaban dándome los buenos días como si fuera una profesora asociada, o aquellos simpáticos albañiles que piropeaban a mis compañeras que iban delante y les aconsejaban que fueran en una dirección y cuando yo las seguía ellos  me sugerían: “¡señora, por ahí no que se puede caer!”. (No me están gustando esas risas de fondo).

             Debo entonar un “mea culpa” por mi falta de empatía con esas compañeras  que no han logrado formar  parte de esos grupos  que  funcionan bien,  que entre ellos se conocen, y que se evitan movidas extrañas  incluyéndolas, elitistas al fin y al cabo. Y mi  alabanza y mi admiración  hacia aquellas otros grupos que siempre, SIEMPRE, han acogido a todo el mundo.


Por supuesto, hago una mención especial en esta andadura a los profesores. Invito a reflexionar a algunos sobre su acción docente como modelos  de lo que seremos y a otros agradecer su entrega y dedicación, mediante las cuales nos han hecho sentirnos únicos y especiales. Indudablemente, debo ponerme de su lado si toco el tema de la “charlatanería”. ¡No hemos parado ni en tercer curso…! (sin comentarios). Qué decir de los modales;  se pueden contar con los dedos de la mano las personas que han dado las gracias cuando nos han proporcionado cualquier documentación, o aquellas que han despedido a los profesores tras sus clases… y así, bastantes temas que no necesitarían ser comentados. Pero si nosotros (casi maestros) no somos capaces de  hacerlo, ¿cómo vamos a enseñarlo?. No pretendo dar lecciones, simplemente  es la visión de alguien que ha vivido con vosotros  bajo otra perspectiva.
 
    
Cuando comencemos  a trabajar y tengamos nuestra clase, habrá muchos  “príncipes azules” pero encontraremos  algunos “patitos feos”. Dediquemos un especial  esfuerzo a estos últimos que son los que nos hacen dignos de llamarnos Maestros.

     Debemos pensar que la profesión de maestros es como si fuera una vacuna donde hay que hacer constantes  dosis de recordatorio para  no contraer enfermedades peligrosas como: el estancamiento, la rutina, la flaqueza.

         Seamos afables, y no lleguemos a tener la capacidad emocional de un ladrillo con determinados niños.

 Me llevo más de lo que dejo, y mis expectativas han superado con creces lo que esperaba. Han sido muchas  emociones y sentimientos vividos en un tiempo record,  risas, llantos, nervios, malos ratos, momentos durísimos… y todo son algo más que recuerdos. Emocionalmente hablando estoy exhausta y a la vez en paz con mi conciencia.

Antes de llegar a la universidad era como el reloj parado  del cuento de Papini: “un adorno de  una pared,  que si  lo  mirabas  a  la hora  que  marcaba (las siete) parecía que funcionaba a la perfección. Pero pasados eso instantes fugaces (las siete de la  mañana y las siete de la tarde) y cuando  los demás relojes seguían,  él volvía a  detenerse. Yo también he sentido esos momentos fugaces, en los que como él, he podido crear, sentir, volar, soñar…y, como él,  he querido aferrarme a ellos creyendo que podría hacerlos durar para siempre, pero también a mi se me escapa el tiempo de los otros (vuestro tiempo). Pasado ese tiempo, él volvía a su  rutinaria vida estática, pero para él  la vida de verdad  era la suma de aquellos momentos que aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía con el universo”.

 
            Esos momentos fugaces son los que he vivido en vuestra compañía (profesores y compañeros). Así, por todo ello,  permitidme que os exprese mi gratitud.


Foto de tercero de educación infantil


         Dedicado  a los alumnos de 3º de Infantil y a todos los profesores que nos acompañaron en el camino y muy especialmente a: María (la incertidumbre), Lidia (el atrevimiento), Ana (la inocencia), Ana Isabel (el tesón), Marisa (la generosidad), y  a mi sonrisa,  Mayca  (la voluntad).

 
 
Nota: el título es porque como dice Rosana en una carta se puede expresar todo aquello que no “puedes” decir  y lo de urgente porque no quiero que acabe llegando tarde ni  cuando  ya no hay nadie.
 

Con todo mi corazón

Begoña Rivas


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