Nº 13
Revista "El Recreo"
E. U. DE MAGISTERIO DE TOLEDO
Diciembre 2006

Para ser un buen maestro

 

Maestro en la escuela

        
            Lewin, Lippit y White, psicólogos sociales, observaron atentamente cuatro grupos equivalentes de muchachos de 10 años bajo la dirección de maestros autocráticos, democráticos y laissez – faire (anárquico). Éstos maestros fueron rotados cada seis semanas, de manera que todos los grupos pasaron por los tres tipos de maestros.

 

            El maestro autocrático, determinó la política del grupo, dictó todos los pasos y técnicas para conseguir los objetivos, asignó taras a parejas y se mantuvo apartado del grupo.

 

            El maestro democrático permitió que el grupo determinara la política, ofreció sugerencias acerca de procedimientos y tareas para que los miembros los eligieran, así como a sus parejas, fue objetivo de críticas en sus elogios y críticas y participó en las tareas del grupo, que consistieron en pasatiempos como fabricar máscaras y construir objetos.

 

            Los resultados mostraron que en la situación del maestro autoritario los niños fueron 30 veces más hostiles y 8 veces más agresivos que los niños con el maestro democrático.  La unidad del grupo fue mayor con el maestro democrático. El trabajo constructivo disminuía cuando el maestro autoritario dejaba un momento al grupo, pero se mantenía constante en el grupo democrático.

 

            El maestro anárquico, dio al grupo una atmósfera que permitió el relajamiento de la agresión contenida, que permitió el relajamiento de la agresión contenida, un impacto que ocurre a menudo después de derribar una regla autocrática.

 

            Lewin y sus colaboradores encontraron que los alumnos trabajaban más  y entregaban más productos con el maestro autocrático que con el democrático. Sin embargo, los sujetos al mando de este último entregaron productos de mejor calidad.

 

            Tras este estudio, somos nosotros los futuros docentes, los que tenemos que inclinarnos por una posición sólida y consistente, que proporcione a nuestros alumnos un aprendizaje significativo y acorde con sus necesidades. Es decir, decidirnos por dar gran cantidad de contenidos y acabar el programa de la asignatura, o bien  no acabar el programa y proporcionarles contenidos imprescindibles para resolver los problemas que se les planteen en la vida diaria, y que éstos queden bien asimilados, adquiridos y comprendidos.


 
Equipo de Redacción de Educación Primaria


 Dirección Pedagógica:
Ricardo Fernández Muñoz
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