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¿ECTS, SD, EEES...?
Si no os suenan estos términos a estas alturas... tenemos un problema. Resumiéndolo demasiado podríamos decir que en estos momentos estamos inmersos en un cambio estructural del sistema educativo de educación superior a nivel europeo.
El EEES (Espacio Europeo de Educación Superior) hará que las titulaciones de toda Europa sean equiparables a través de medidas como el SD (Suplemento al Diploma o Suplemento al Título) o el todavía nonato Europass, una especie de documento personal que -en principio- nos permitirá llevar nuestros títulos y estudios parciales por todo el territorio europeo. Como base de todo este sistema se están cambiando los actuales créditos lectivos, 1 crédito = 10 horas de clases presenciales, a créditos ECTS (Sistema de Transferencia de Créditos Europeos), 1 crédito ECTS = 25 horas de trabajo relativo del estudiante. La diferencia radica en que los primeros se basan sólo en las horas que el profesor explica en clase, mientras que los segundos tienen en cuenta el tiempo que un estudiante “medio” tendrá que utilizar para seguir el ritmo de la asignatura. Dentro de estos nuevos créditos no sólo se tiene en cuenta el tiempo que el alumno pasa en clases, laboratorios y prácticas, sino que también contabiliza el tiempo que utiliza en casa, en trabajos grupales fuera del horario lectivo e incluso el tiempo que utiliza para desplazarse de su casa al centro o el que utiliza para realizar un examen.
Concretándolo todavía más, podemos decir que el nuevo sistema pasará de centrarse en la enseñanza -profesorado- para tener al aprendizaje -alumnado- como elemento principal del mismo. El alumno será protagonista, y como tales tendremos que aceptar nuestras nuevas responsabilidades.
Si todo va como dicen nuestros ministros -crucemos los dedos-, las actuales clases magistrales donde el profesor entra en clase, saluda, no para de hablar y se marcha cuando nuestros bolígrafos están todavía calientes de tomar tantos apuntes literales dejarán de ser tan comunes. El trabajo guiado, en equipo e individual, las clases sin profesores, el portafolio, contratos educativos, etc. serán novedades metodológicas que harán que nuestro aprendizaje dependa cada vez más de nuestro esfuerzo y afán de aprendizaje.
Todo esto puede entenderse desde muchos puntos de vista y por tanto atacado desde otros tantos. Pero puede que una de las principales preocupaciones del alumnado sea la sobrecarga de trabajo que se le puede venir encima. Podría entenderse que todo este sistema puede desembocar en una multitud de nuevos contenidos y horas de trabajo que acabarán con la vida social de nuestros alumnos... podría ser, pero debemos confiar en que la todopoderosa administración educativa reestructurará los contenidos y evitará los ya evidentes solapamientos inadecuados entre asignaturas y que la cooperación de los profesores a nivel intra e interdepartamental nos librará de tener que estar más tiempo en la universidad del que debamos. Si no se cumplieran estas expectativas deberían ser los alumnos los que dieran la primera voz de alarma.
Pero una cosa si que es cierta y, caiga quien caiga, deberá ser aceptada por todos. Los estudiantes trabajarán más de lo que actualmente lo hacen, aunque -visto desde un punto de vista crítico-constructivo- con poco que cambien lo lograrán, pues el estudiante universitario está demasiado acostumbrado a estudiar los cuatro días de antes tan rápidamente como luego olvida lo que vomitó el día del examen. Y puede que una de las causas de este problema -junto con la poca comunicación entre secundaria y universidad- sea la titulitis aguda que afecta a todos los estudiantes españoles. Buscan el título y no el aprendizaje, hablan de quitarse asignaturas en lugar de añadirlas a su conocimiento.
Parece que en España quién no tiene un título universitario no es nadie, cuando se ha demostrado que España es el único país desarrollado donde tener un título universitario no aumenta las probabilidades de obtener un empleo (Informe anual de educación de la OCDE, 2005). Los empleadores no valoran un papel firmado por un rector sino las competencias que la persona pueda desempeñar. Por ello, la universidad también trabajará teniendo en cuenta esas competencias -bien generales a todos los titulados o específicas de cada titulación- para que al acabar nuestros estudios, además del bonito y enmarcado título, también tengamos los conocimientos y habilidades necesarias para una plena integración en el mercado laboral, ya no solo nacional, sino europeo.
Muchas más cosas se podrían decir sobre este tema, se podría hablar del nuevo mapa de titulaciones de Grado y Posgrado que sustituirán a las actuales Diplomaturas o Licenciaturas, del carácter oficial que tendrán los nuevos Masters, de la problemática que rodea a la implementación de la legislación por parte del profesorado, del problema del coste “0”, del cambio de actitud que tan necesario se hace en alumnado y profesorado, los estudiantes que no son considerados como “medios”, etc etc... o irónicamente dicho ects ects...
Pero el motivo de este pequeño artículo no es sólo el de informar, sino el de crear una necesaria incertidumbre dentro de cada uno de vosotros, haceros pasar de ser meros alumnos pasivos en estudiantes activos responsables de vuestro aprendizaje. Estas líneas son la punta del iceberg y deberíais ser vosotros quienes os intereseis y busquéis las respuestas a estos interrogantes. Para ello no hace falta irse muy lejos pues en la web de nuestra universidad http://www.uclm.es existe un apartado dedicado al Espacio Europeo donde podréis encontrar toda la información y los enlaces necesarios para conocer vuestras nuevas obligaciones y derechos.
José Luis González Geraldo
Psicopedagogo