Autores:
Rocío Balmaseda Crespo, Mª Sierra Banegas Villalobos, Beatriz
Cerro Piqueras,
Isabel Ortega Galiana, Javier Rincón Calero. Alumnos/as de la Escuela
de Magisterio,
especialidad de Educación Ifantil, curso 99/00
Contenidos matemáticos: Conceptos de pesado y ligero
Dirigido a:
párvulos de 4 años
¡Atentos todos! Reuníos entorno a la mesa que el cuento va a empezar. Escuchad con atención, no me vaya yo a enfadar.
En un bosque muy lejano, vivían muy felices y contentos diez leones, dos panteras, tres elefantes, una cigüeña... y una vieja lechuza. Además de todos ellos, se encontraba en esta selva un chiquito muy pequeño, que cuidaban las panteras.
Allí tenían de todo, compartían su comida y bebían agua del río. Y nunca estaban tristes, porque siempre alguien cantaba.
Un día todos reunidos escucharon a la lechuza hablar, asombrados se quedaron cuando le oyeron cantar:
Todas las noches veo las estrellas -decía- Todas las noches las veo brillar, bailan felices por el universo, bajan a verme con su traje de gala y siempre conmigo quieren bailar. Pero yo ya no puedo bailar, porque estoy muy vieja y del cansancio me puedo asfixiar...
El niño quedó tan asombrado que aquella noche él quiso volar. Quería bailar con las estrellas y poderles contar lo bien que se lo pasaban en su selva tropical. El niño pensaba:
Me presentaré amablemente y les diré: ¿puedo jugar con vosotras?
Y así, cuando llegó la noche, se escapó de su cueva y subió a lo alto del monte. Allí estaba la lechuza, junto con las cigüeñas, esperando a que las estrellas bajaran a visitarles.
¿Qué haces aquí? -le preguntó la cigüeña-
Quiero bailar con las estrellas -respondió el niño-
Pero para eso tienes que saber volar. Y tú no sabes volar.
Claro que sé
-respondió el niño- Ahora moveré mis brazos y volaré
como tú.
Tú eres pesado
como una roca y por eso no puedes volar. Si fueras ligero como una pluma,
entonces sí que podrías volar -le comentó la lechuza-.
Nosotros, los pájaros somos menos pesados que tú, y por eso
podemos volar.
El niño se quedó un poco triste: Y entonces, ¿si no soy tan ligero como una pluma, no puedo volar?
Exacto -respondió la cigüeña-
Me gustaría ser ligero como un pájaro y así poder bailar con las estrellas.
En aquel momento llegaron las panteras, preocupadas por su hijo. El niño lloraba sin descanso, y sus padres le intentaron consolar con caricias.
Tranquilo -le decía su madre- no estés triste por no poder volar, piensa que no eres el único. El elefante o el león son más pesados que tú y tampoco pueden volar.
Aquella noche el niño lloró tanto que cayó dormido en la cama, y en su sueño con las estrellas bailaba. Estaba feliz y contento y volaba sin descanso, ligero como una pluma sonreía sin parar. Y nunca más sintió pena por no poder volar, porque sabía que en sus sueños, tan ligero se sentía, que con las estrellas bailaba... y todo le daba igual.