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"... la nube que durante tantos días había coronado el volcán, pareció volcarse con un gran estruendo y se abalanzó sobre la ciudad...detrás del humo avanzaba una cortina de llamas...un enorme torrente de niebla negra, acompañado del rugir de estallidos acompasados, de intensidad variable, como el rítmico retumbar de una batería de cañones." Relato de un testigo de la erupción de la Montagne Pelée. Isla de La Martinica, 8 de mayo del año 1902.
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oleadas basales |
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La actividad explosiva de carácter hidromagmático está motivada por la interacción agua-magma a lo largo del proceso eruptivo. Este contacto puede ser directo, o bien, puede producirse un calentamiento y posterior vaporización del agua superficial o contenida en acuíferos, por la trasmisión de calor a través de las rocas que confinan el magma que asciende hacia la superficie. Se llama hidrovolcanismo a la actividad relacionada con la presencia de agua meteórica sobre un cuerpo magmático (Wohletz, 1993). Los ambientes geológicos en los que el agua y el magma pueden relacionarse son muy numerosos. Esto permite que la interacción agua-magma se produzca con cierta frecuencia en las regiones volcánicas. Los fenómenos derivados de este hecho, van desde la fracturación de la roca en la que se aloja el magma, hasta la generación de explosiones freáticas y freatomagmáticas. Las erupciones hidromagmáticas se dan tanto en magmas ácidos como en básicos, siendo un aspecto fundamental de las mismas, su extremada violencia. La eficacia de estas explosiones depende de la relación de masas entre el magma y el agua, de la presión de confinamiento y del volumen del agua sobrecalentada, de la geometría del contacto entre ambos fluidos y de su diferencia de temperatura (Martí y Colomo, 1992). La morfología, disposición y dimensiones de las depresiones explosivas y de los depósitos de flujos piroclásticos está determinada por la relación de masas en la que se produce la interacción del agua con el magma. Esta relación está comprendida entre 0,01 y más de 1. Relaciones entre 0,01 y 0,1 se consideran bajas, teniendo el agua meteórica un papel poco importante en el proceso explosivo. Las características de la erupción dependerán del comportamiento de los gases magmáticos. Valores más altos (0,1-1) determinan una rápida transformación de energía térmica en mecánica con generación de erupciones fuertemente explosivas, desarrollo de oleadas basales secas (dry surge) y de sus correspondientes depósitos. Un incremento en la cantidad de agua (valores por encima de 1) desencadenan erupciones en las que disminuye la explosividad y las oleadas que se emiten tienen un carácter húmedo (wet surges). |
El magma en su ascenso hacia la superficie puede entrar en contacto directo con acuíferos y dar lugar a erupciones freatomagmáticas como la que abre el cráter de Las Maestras, ocupado por la laguna de Alcolea |
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En otras ocasiones la presencia de sistemas geotermales generados a expensas de segregaciones de magma que no alcanzan la superficie, desencadenan erupciones hidromagmáticas someras que abren amplios y poco profundas depresiones explosivas como la que alberga a la laguna de La Camacha. |
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Aun después de que hayan pasado cientos de miles de años desde la finalización del último período eruptivo en el Campo de Calatrava, agua y gases volcánicos confinados dan lugar a violentos fenómenos freáticos como el de la surgencia de Granátula |
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Cuando la transferencia de energía térmica a mecánica es muy eficaz, los cráteres de explosión aparecen fuertemente encajados en la superficie topográfica previa. Así ocurre en la depresión de Cervera. |
Las oleadas piroclásticas son flujos turbulentos de baja densidad en las que la fase continua entre partículas es gas. Las oleadas piroclásticas pueden desarrollarse en erupciones volcánicas puramente magmáticas, pero son características de las hidromagmáticas. Se originan por diversos procesos eruptivos, pero en el Campo de Calatrava su génesis es basal (base surge). Las oleadas piroclásticas basales se generan en explosiones hidromagmáticas a diferente profundidad, aunque con preferencia, próximas a la superficie. El emplazamiento de sus depósitos forma una circunferencia de material piroclástico que en función de las características de la erupción determina la presencia de edificios tipo maar, anillos de tobas (tuff ring) o conos de tobas (tuff cone)
Los maares son edificios volcánicos encajados en la superficie topográfica previa a la explosión que los genera. Un buen ejemplo es el maar de El Mortero, situado en las inmediaciones de Ciudad Real. |
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Los anillos de tobas se disponen en torno a la depresión explosiva y están formados por los depósitos de oleadas basales, se caracterizan por presentar fuertes pendientes internas como la que se aprecia en el que rodea a la Nava Grande en Malagón |
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Los conos de tobas, de los que no hay restos en el Campo de Calatrava, alcanzan mayor altura y vertientes internas y externas con pendientes muy acusadas. En la imagen, Montaña Escachada en Tenerife |
Según sea la temperatura de deposición del flujo se pueden distinguir dos tipos de oleadas basales: secas y húmedas. Las primeras implican una temperatura de depósito más alta que la de la condensación del vapor de agua que el flujo contiene. Las húmedas, por el contrario, se mantienen por debajo de la temperatura de condensación del vapor, por ello la fase acuosa puede ser abundante y las características finales del depósito muy diferentes de las anteriores. En las oleadas secas el vapor de agua se escapa de la oleada antes de su emplazamiento, condicionando la forma de fondo, la dureza y su grado de litificación. Resultará un depósito caracterizado por su escasa consolidación y su estratificación en láminas finas. Las estructuras sedimentarias presentan facies "sand wave" y en menor medida planares. En estos depósitos son habituales las deformaciones por carga. La inclinación del conjunto es baja, en torno a los 10-15º en facies proximales, alcanzando la subhorizontalidad a medida que nos alejamos del centro de emisión. Es común una débil fracturación postdeposicional y la presencia ocasional de conductos de desgasificación.
En las explosiones freatomagmáticas que abren la caldera de Cerro Gordo, se emiten flujos piroclásticos, que generan abundantes depósitos de oleadas basales secas y húmedas. |
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Las oleadas basales de Cerro Gordo se emplazan controladas por la topografía previa a la erupción. Esto implica que sobre los piroclastos de caída que forman el cono, levantado en las fases estrombolianas, se sitúe un potente depósito de oleadas secas que presenta la misma inclinación que la de la vertiente subyacente y una marcada forma de fondo planar |
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Estas oleadas se depositan también sobre las coladas lávicas de Cerro Gordo, formando un resalte que enlaza el cono de Cerro Gordo con los afloramientos cuarcíticos del zócalo. Sobre la superficie escoriácea de la colada, se emplaza una oleada húmeda que se adapta a las irregularidades del sustrato y se deforma. Sobre ella, se sitúa un pequeño depósito de caída, al que sigue una nueva oleada húmeda, y un potente depósito de oleadas con formas de fondo planares y puntualmente de flujos de alta energía. |
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| Estructuras propias de flujos de alta energía en los depósitos de oleada de cerro Gordo | |
En la imagen se aprecia la intensa fragmentación de la roca que forma el depósito de las brechas y oleadas, lo que nos muestra la violencia de las explosiones. |
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En detalle, en las dos fotografías, vemos la adaptación del flujo a las irregularidades del sustrato, la forma masiva de la oleada húmeda y el depósito de caída intercalado, nivelando la superficie. |
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En algunos depósitos se observan deformaciones asociadas a actividad sísmica, como las que muestran las imágenes pertenecientes a los anillos de tobas de los amplios maares situados al sur de Poblete. |
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Estas deformaciones son muy notorias en los depósitos del Maar de Granátula |
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Las estructuras festoneadas son también muy comunes en los maares de Poblete, así como las deformaciones por presencia de bombas. |
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La deformación por caída de bombas y los conductos de desgasificación son muy comunes en estos depósito. |
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Muchos de los edificios volcánicos del Campo de Calatrava, se han levantado a lo largo de varias erupciones separadas por miles de años. Las oleadas holocenas del volcán de Columba se emplazan sobre una formación edáfica que a su vez se desarrolla sobre una colada lávica pleistocena. |
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En la mayoría de los depósitos de oleada basal del Campo de Calatrava alternan las facies secas y húmedas (puntualmente laháricas).. Ello implica que en un mismo corte alternen estructuras masivas con planares y depósitos laháricos caoticos, con potencias de varios metros, con otras unidades constituidas por capas centimétricas y milimétricas. |
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La intercalación de fragmentos líticos de gran tamaño, pertenecientes a la roca de caja es muy frecuente en las oleadas del Campo de Calatrava. En oleadas secas la deformación por carga es muy notoria. |
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Son numerosos los núcleos de población edificados sobre materiales volcánicos. Esto ocasiona problemas de asiento en las edificaciones. En la imagen, depósitos deformados de oleadas piroclásticas, situados bajo el núcleo urbano de Ciudad Real. |
Las oleadas piroclásticas de carácter húmedo implican una importante cantidad de agua en contacto con el magma. Su emplazamiento se produce por debajo de la temperatura de condensación del vapor. Una buena parte de éste se transforma en agua durante el transporte. Esto implica la presencia de un depósito intensamente litificado por procesos de hidrotermalismo. Las formas de fondo predominantes son las masivas y en menor medida las planares. Los flujos de barro (mud flow) y los lapillis acrecionales se desarrollan con frecuencia.
En el Campo de Calatrava los depósitos de oleada presentan una considerable extensión, superior en la mayoría de los campos de volcanes a los flujos lávicos y a los piroclastos de caída. Las erupciones hidromagmáticas están presentes en todas las etapas eruptivas de la región. En los sondeos llevados a cabo en las subcuencas del Campo de Calatrava, es una constante la presencia de depósitos hidromagmáticos intercalados entre los depósitos lacustres. Ocasionalmente la erosión o los trabajos de canteras nos permiten acceder a ellos.
La importante fracturación de los flancos de pliegues en cofre, ha permitido que sobre las zonas de cumbres de las alineaciones serranas se desarrolle una intensa actividad eruptiva en la que son habituales los dinamismos hidromagmáticos. Las características litológicas locales, en algunas ocasiones, fuerza, por diferencia de competencia en los materiales implicados en los paroxismos freatomagmáticos, el desarrollo de explosiones dirigidas. Esto implica que las oleadas piroclásticas no se emplazan en torno al centro emisor, sino que orientadas hacia la zona de mayor debilidad del roquedo, siguen direcciones lineales guiadas por la toprografía previa. Así encontramos típicos emplazamientos en forma de lengua, con frentes convexos, lobulados o digitados.
El bajo grado de erosión de algunos depósito y la falta de cortes, impide un conocimiento en profundidad del mismo. En algunas ocasiones solo puede aventurarse un diagnóstico a través de pequeñas muestras de mano.
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Departamento de Geografía y Ordenación del Territorio
Área de Geografía Física. Geomorfología, Territorio y Paisaje en Regiones Volcánicas