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Dr. D.
Ángel Cano; UCLM 12/12/2006
Comunicación y lenguaje
Conceptos
básicos sobre la comunicación y el lenguaje. Adquisición y
desarrollo de la comunicación y el lenguaje y su relación con el
desarrollo del pensamiento, social y afectivo.
Esquema:
1.
Introducción
2.
Conceptos básicos sobre la comunicación y el
lenguaje.
2.1. Características generales
2.2.. Funciones del lenguaje
2.3. Dimensiones y componentes del lenguaje
3. Adquisición y desarrollo de la comunicación y del
lenguaje y su relación con el desarrollo del pensamiento, social y
afectivo.
3.1. Adquisición y desarrollo de la comunicación y
del lenguaje
3.2. Desarrollo de la comunicación y del lenguaje y
desarrollo cognitivo
3.3. Desarrollo de la comunicación y del lenguaje y
desarrollo social y afectivo
4. Conclusiones.
5. Referencias bibliográficas y documentales.
1. INTRODUCCIÓN.
La comunicación humana y el lenguaje,
como parte de la misma, constituyen un fenómeno de enorme
complejidad, tai como se puede observar si tenemos en cuenta las
distintas disciplinas que se encargan de su estudio y análisis,
tales como la Anatomía, la Fisiología, la Neurología, la
Psicolingüística, la Filología, la Psicología, la Logopedia, etc.
Además, dentro de estas disciplinas es
posible, asimismo, encontrarnos con perspectivas teóricas y
prácticas muy diferentes, tal como ocurre en la
Psicolingüística, donde podemos ver modelos explicativos del
lenguaje tan diferentes como son los que nos ofrecen el conductismo
y la
Psicolingüística generativa de Chomsky, por
señalar uno de los ejemplos antagónicos más conocidos.
Otra perspectiva distinta sobre el lenguaje y su
relación con el desarrollo cognitivo del ser humano nos la ofrece
Vygotski. Para este autor la función primaria del lenguaje es
la comunicación, el intercambio social, constituyendo un
instrumento regulador y controlador de los intercambios
comunicativos. Aunque este autor destaca la comunicación como la
función principal
del lenguaje, también señala otra serie de funciones
básicas del mismo. Así, a partir de la interacción social
y del lenguaje el ser humano desarrolla las funciones psicológicas
superiores; en una primera instancia de forma interpsicológica,
para posteriormente, después del correspondiente proceso de
reflexión, de una forma intrapsicológica, asentando y profundizando
el desarrollo de dichas funciones. Todo esto lo explica a partir de
su conocida "Ley de la doble formación de los procesos
psicológicos superiores".
Desde el modelo explicativo de Vygotski se desprenden
la interacción entre lenguaje y pensamiento, siendo fundamental
la interacción social y, dentro de ella, la comunicación por
medio del lenguaje para el desarrollo cognitivo del sujeto.
A mediados de la década de 1970 surgió una nueva
perspectiva en el estudio del lenguaje,
teniendo amplia repercusión posterior. Dicha orientación, que partió
tanto desde la Filosofía del lenguaje como desde la Lingüística,
acentuaba los aspectos comunicativos del lenguaje. Éste era
considerado como un instrumento privilegiado para la regulación y el
control de los intercambios sociales. Así, según este modelo
explicativo, las descripciones lingüísticas no pueden limitarse a
analizar el sistema independientemente de los sujetos concretos que
lo usan y del contexto en el que lo hacen. Aprender a hablar implica
el conocimiento de reglas fonológicas, sintácticas y semánticas,
pero también supone el conocimiento sobre cómo usarlas. De esta
forma, la pragmática se incorporó a las investigaciones sobre el
lenguaje.
Esta perspectiva destaca que si el lenguaje es
comunicación, su uso comporta una determinada intención. Aprender a
hablar supone también aprender a anunciar la intención y aprender a
compartir un tema con un interlocutor y comentar sobre él. Desde
este modelo se destacan los aspectos instrumentales del lenguaje, de
tal manera que aunque se conozcan bien las reglas de funcionamiento
del mismo, si no se sabe cómo se utilizan, resulta prácticamente
imposible su uso. Es decir, este modelo explicativo añade a los
prerrequisitos cognitivos, los prerrequisitos comunicativos. De ahí
la importancia que para el desarrollo del lenguaje tiene el entorno
social que rodea al niño. El componente pragmático del sistema
lingüístico analiza el lenguaje en su ámbito contextual,
referencia fundamental para entender su funcionamiento, adquisición
y desarrollo.
Otros autores
definen la comunicación como la capacidad de realizar conductas
intencionadas y significativas, capaces de interactuar con otras
ajenas (Serón y Aguilar, 1992). Para estos autores, un acto
comunicativo es cualquier acción dirigida a un receptor y que éste
pueda interpretar y actuar en consecuencia.
La capacidad de comunicación no es exclusiva de los
seres humanos,
ya que también se ha comprobado que existe comunicación entre los
animales, tanto a nivel de signos sonoros como visuales, olfativos y
táctiles, entre otros. Sin embargo, el lenguaje sí constituye un
aspecto característico y especifico del ser humano, además del
pensamiento conceptual, estando ambos
estrechamente relacionados. En este contexto podemos
retomar el análisis que realizó Aristóteles, al destacar que el
hombre es el único animal que posee el lenguaje y con él, la razón.
La comunicación humana se puede desarrollar a través
de cualquiera de nuestros sentidos.
El habla y el lenguaje constituyen únicamente una parte de la
comunicación. Existen otros elementos en la comunicación que
forma parte esencial de la misma: los aspectos metalingüísticos,
paralingüísticos y los no estrictamente lingüísticos pueden provocar
el cambio del significado de un mensaje; además de implicar la
intervención de elementos afectivos y/o emocionales que se expresan
de las formas mas diversas. Sirvan como ejemplos los acentos en
determinados lugares de las palabras, determinadas entonaciones o
pausas, los gestos corporales, las expresiones faciales, la
velocidad o intensidad de expresión, el contacto visual, la
repetición de ciertos gestos o expresiones, etc.
No obstante, se puede afirmar que el principal medio de comunicación
humana es el verbal / auditivo, es decir; el lenguaje.
El lenguaje tiene dos fines básicos: por un
lado, ser un medio de comunicación y, por otro lado,
servir de instrumento cognitivo, teniendo una relación estrecha
con el pensamiento (Gallardo y Gallego, 1995).
Si analizamos la literatura sobre el tema, podemos
observar que existen numerosas y diversas definiciones sobre el
lenguaje, una muestra más de la complejidad del mismo:
·
Rondal (1991)
lo define como una función compleja que permite expresar y percibir
estados afectivos, conceptos, ideas, a través de signos acústicos o
gráficos.
·
Coseriu (1964)
destaca que el lenguaje está fundado en la asociación arbitraria de
un significado (contenido semántico) y un significante (imagen
acústica). Esto supone que para poder establecer la comunicación es
preciso que hablante y oyente acepten los mismos símbolos para los
mismos objetos y que la combinación de los mismos se efectúe según
una determinadas reglas; es decir, deben aceptar una norma
preestablecida.
·
Crystal (1983)
subraya que para que la comunicación pueda producirse es necesaria
la existencia de un emisor, un receptor, un mensaje y un acuerdo
entre los interlocutores respecto a la utilización de un código.
Según este autor, toda actividad comunicativa conlleva los
siguientes pasos o fases:
-Fuente de información: ser humano
-Proceso de codificación: elaboración del mensaje
-Producción: publicidad de la señal codifiicada
-Transmisión: envío de la señal
-Recepción: la señal es recibida
-Descodificación: desciframiento del mensaaje
-Destino: descodificado el mensaje, se registra su
significado
Siguiendo este
análisis, es fundamental tener siempre presente que la comprensión
del lenguaje como medio de comunicación depende también del contexto
determinado en el que se produzca, ya que todo mensaje se produce en
un entorno social concreto.
Tal como se señaló en la introducción, una de las
perspectivas más amplia y diversificada sobre el lenguaje la podemos
observar a partir de las aportaciones de la Psicolingüística
o Psicología del Lenguaje, ciencia que viene marcada por las
aportaciones de Noam Chomsky, quien
revolucionó dicho campo de estudio.
Según Chomsky,
el lenguaje constituye la línea de demarcación entre los seres
humanos y el resto de especies animales. Según este autor, la
Lingüística tiene como objeto establecer la descripción del lenguaje
humano, entendido como una capacidad exclusiva del ser humano, que
permita posteriormente describir cada una de las lenguas conocidas.
El objetivo de esta disciplina científica, según Chomsky, consiste
en descubrir los aspectos comunes de las distintas lenguas o, sus
propios términos, los "universales lingüísticos".
Chomsky destacó dos nuevos aspectos del lenguaje que
forman parte de su planteamiento revolucionario: por un lado, afirma
que la capacidad humana para hablar esta genéticamente
determinada. La adquisición del lenguaje es simplemente un
proceso de despliegue de capacidades innatas, de modo que los niños
aprenden a hablar de la misma forma como a los peces les surgen las
escamas o a los pájaros les crecen las alas. Y, por otro lado,
Chomsky relaciona los universales lingüísticos con la
sintaxis, de tal forma que las producciones lingüísticas que
realiza un hablante de una lengua concreta responden a su
conocimiento sintáctico. Así, para el estudio de la adquisición del
lenguaje, desde esta perspectiva lo que se trata es de descubrir el
conocimiento sintáctico que subyace a las producciones infantiles en
cada momento del desarrollo.
No obstante, a partir de las investigaciones
posteriores, se ha constatado que el conocimiento que tiene
un hablante de su lengua no es exclusivamente sintáctico, sino
también semántico. Esto supuso la introducción del análisis del
significado en los estudios sobre la adquisición del lenguaje, al
constatarse que en toda producción lingüística hay una relación
entre su forma y lo que significa. Es decir, la forma en que se unen
y ordenan las mismas palabras determina un significado u otro. Así,
por ejemplo, no es lo mismo decir "Ana escucha a Maria" que "Maria
escucha a Ana". Ello supone que para poder usar el lenguaje debe
existir previamente o a la vez un cierto conocimiento de la
realidad.
En este contexto explicativo debemos hacer referencia
a la figura de Piaget, uno de los principales representantes
de la perspectiva que destaca los prerrequisitos cognitivos como
condición para la aparición del lenguaje. Para este
autor, la posibilidad de emplear y combinar las palabras responde a
la aparición de una capacidad previa, lo que él denomina la
"función simbólica". Esta capacidad la va construyendo
el niño a lo largo del estadio del desarrollo cognitivo conocido
como "estadio sensomotor', siguiendo la terminología de este
psicólogo.
Piaget, a diferencia de
Chomsky, no considera al lenguaje como el aspecto más
específicamente humano; sino que es la capacidad cognitiva
general lo que diferencia a los humanos de las demás especies
animales, siendo el lenguaje una expresión de dicha capacidad
cognitiva. Para Piaget, el lenguaje es un sistema simbólico y, por
tanto, arbitrario. Para poder utilizarlo, el ser humano debe
previamente construir la capacidad para simbolizar. De todo ello es
fácil deducir que para este autor el estudio del desarrollo de
la capacidad simbólica es anterior al
lenguaje.
Tanto para Chomsky como para Piaget el lenguaje
constituye un sistema para representar la realidad y, por
lo tanto, la explicación de su dominio por parte de los niños
comporta necesariamente la invocación de capacidades, bien innatas,
bien construidas, que permiten la representación, tal como señala
Vila (1992).
Otra perspectiva distinta sobre el lenguaje y su
relación con el desarrollo cognitivo del ser humano nos la ofrece
Vygotski. Para este autor la función primaria del lenguaje es la
comunicación, el intercambio social, constituyendo un instrumento
regulador y controlador de los intercambios comunicativos. Aunque
este autor destaca la comunicación como la función principal del
lenguaje, también señala otra serie de funciones básicas del mismo.
Así, a partir de la interacción social y del lenguaje el
ser humano desarrolla las funciones psicológicas superiores; en
una primera instancia de forma interpsicológica, para
posteriormente, después del correspondiente proceso de reflexión, de
una forma intrasicológica, asentando y profundizando el desarrollo
de dichas funciones. Todo esto lo explica a partir de su conocida “Ley
de la doble formación de los procesos psicológicos
superiores”.
Desde el modelo explicativo de Vygotski se
desprenden la interacción entre lenguaje y pensamiento,
siendo fundamental la interacción social y, dentro de ella, la
comunicación por medio del lenguaje para el desarrollo cognitivo del
sujeto.
A mediados de la década de 1970
surgió una nueva perspectiva en el estudio del lenguaje, teniendo
amplia repercusión posterior. Dicha orientación, que partió tanto
desde la Filosofía del lenguaje como desde la Lingüística, acentuaba
los aspectos comunicativos del lenguaje. Éste era considerado como
un instrumento privilegiado para la regulación y el control de los
intercambios sociales. Así, según este modelo explicativo, las
descripciones lingüísticas no pueden limitarse a analizar el sistema
independientemente de los sujetos concretos que lo usan y del
contexto en el que lo hacen. Aprender a hablar implica el
conocimiento de reglas fonológicas, sintácticas y
semánticas, pero también supone el conocimiento sobre
cómo usarlas. De esta forma, la pragmática se incorporó a las
investigaciones sobre el lenguaje.
Esta perspectiva destaca que si el lenguaje es
comunicación, su uso comporta una determinada
intención. Aprender a hablar supone también aprender a
anunciar la intención y aprender a compartir un tema con un
interlocutor y comentar sobre él. Desde este modelo se destacan los
aspectos instrumentales del lenguaje, de tal manera que aunque se
conozcan bien las reglas de funcionamiento del mismo, si no se sabe
cómo se utilizan, resulta prácticamente imposible su uso. Es decir,
este modelo explicativo añade a los prerrequisitos cognitivos, los
prerrequisitos comunicativos. De ahí la importancia que para el
desarrollo del lenguaje tiene el entorno social que rodea al niño.
El componente pragmático del sistema lingüístico analiza el lenguaje
en su ámbito contextual, referencia fundamental para entender su
funcionamiento, adquisición y desarrollo.
2.2. Funciones del lenguaje.
La variedad de modelos teóricos que explican el
lenguaje, su funcionamiento, adquisición y desarrollo deriva también
en una gran diversidad de funciones, dependiendo del enfoque teórico
y del autor que sigamos. Veamos las aportaciones más representativas
relativas a este apartado del lenguaje:
Halliday (1983)
distingue las siguientes funciones:
·
Función instrumental. Satisfacción de
necesidades.
·
Función reguladora. El lenguaje como
elemento de control del comportamiento.
·
Función interactiva. Función social del
lenguaje.
·
Función personal. Relativa a la
concepción del lenguaje como un elemento de la propia
individualidad.
·
Función heurística. El lenguaje como
instrumento de conocimiento de la realidad.
·
Función imaginativa. También conocida
como función creativa: el lenguaje como instrumento de recreación,
más allá del entorno real.
·
Función informativa. El lenguaje como
medio para el intercambio continuo de información.
A todas estas funciones, Jakobson (1972) añade la
denominada "función metalingüística", que consiste en volver sobre
el propio uso del lenguaje para explicarlo con referencia a un
determinado código. Otra clasificación de las funciones del lenguaje
es la que nos ofrece Alós (1991):
a) Función emotiva. Hace referencia a la comunicación
primera, antes de que el sujeto sepa captar el significado. Actúa
como un elemento catártico o de control de la propia emotividad. Un
ejemplo representativo es la expresión de dolor o de satisfacción
que experimenta el bebé ante el tono de voz o ante la sonrisa de su
madre o de cualquier otro adulto.
b) Función lúdica. Hace referencia a los inicios del
lenguaje, vistos como un auténtico juego: laleo, ecolalia, comienzo
de la articulación de sonidos. Posteriormente esta función seguirá
perdurando, en forma de trabalenguas, adivinanzas, refranes,
acertijos, etc. También está relacionada con el control
afectivo-emocional.
c) Función apelativa. Consiste en dar nombre a las
cosas. En las etapas iniciales se hace de una forma polivalente.
d) Función verbal. El lenguaje entendido como
expresión del pensamiento y como forma de relacionarse con el
entorno físico y social.
e) Función simbólica. Hace referencia
a la representación de la realidad mediante el propio lenguaje. De
esta manera se produce el paso de lo concreto a lo abstracto,
permitiendo el establecimiento de interacciones progresivamente más
complejas.
f) Función estructural. El lenguaje sirve también
para dar forma a los diferentes contenidos mentales, así como para
organizar y estructurar el pensamiento.
g) Función socializadora. El lenguaje constituye un
instrumento básico para la inserción en los distintos entornos en
los que se desenvuelve el niño: familiar, escolar, social.
h) Función de hominización. A través del lenguaje el
ser humano puede realizarse como tal, distinguiéndose del resto de
especies animales.
i) Función metalingüística. El lenguaje como medio
para acceder a la meditación y a la reflexión. Constituye el nivel
más abstracto del desarrollo cognitivo.
j) Función reguladora de la acción. A partir del
lenguaje interior el ser humano puede dar solución a los diferentes
problemas con los que se enfrenta en su vida diaria.
Por último, recordemos que Vygotski (1977) destaca
como función primaria del lenguaje la comunicación, si
bien también menciona que no es la única. Así, llega a señalar la
función reguladora y de control de los intercambios comunicativos y
de la propia conducta.
2.3. Dimensiones y componentes del lenguaje.
Para realizar el análisis de los distintos elementos
que componen el lenguaje vamos a distinguir entre las siguientes
dimensiones del lenguaje: forma, contenido y uso , que nos
van a permitir describir los componentes del lenguaje, tal como
señalan Gallardo y Gallego (1995).
Atendiendo a la forma del lenguaje, que podemos
distinguir son los siguientes componentes:
a)Fonología y Fonética. La definición de Fonología
parte de la oposición entre lengua habla, así como del concepto de
signo lingüístico de Saussure (1973). Mientras que el habla es una
realización física, la lengua son realizaciones abstractas de valor
supraindividual. La ciencia que
estudia los sonidos (realizaciones físicas) es la
Fonética; mientras que la ciencia que estudia la forma y
organización del significante es la Fonología. La Fonética
analiza los sonidos y la Fonología analiza los fonemas,
que son abstracciones.
b) Sintaxis. Según Hernanz y Brucart (1987), la
función principal de la sintaxis consiste en combinar las
piezas léxicas de una lengua con el fin de formar oraciones.
Cada lengua desarrolla sus propias normas sintácticas, permitiendo a
sus usuarios el intercambio en la comunicación a través del
lenguaje.
Si atendemos a la dimensión del
contenido del lenguaje, el componente representativo es la
Semántica, disciplina que forma parte de la Lingüística y que se
encarga del estudio del significado
de las palabras de una lengua. Dentro
del componente semántico, el léxico puede ser considerado como el
conjunto de las palabras de dicha lengua.
Los componentes semánticos son valores distintivos
que nos ayudan a analizar el significado de las palabras (Gallardo y
Gallego, 1995) Estos componentes constituyen elementos teóricos
necesarios para el análisis semántico de una lengua.
El significado de una palabra está constituido por un
complejo de componentes semánticos interrelacionados de forma
lógica. En este sentido es importante tener en cuenta que las
palabras cuyo significado ofrece ciertos rasgos en común, forman lo
que se denomina un campo semántico, que, a su vez,
puede ser dividido en distintos subcampos.
Entre los fenómenos semánticos más representativos
cabe destacar la polisemia, la sinonimia y la homonimia.
A partir de la dimensión del uso del lenguaje podemos analizar otro
componente esencial del mismo: la Pragmática. La forma y el
contenido del lenguaje son insuficientes para explicar todas las
dimensiones del mismo; por este motivo, el componente pragmático
analiza las situaciones en las que se usa el lenguaje para
comunicarse: quién es quien habla y qué es lo que dice. Para
realizar el análisis del uso del lenguaje
es necesario tener en cuenta los diversos aspectos
extralingüísticos, especialmente el contexto situacional.
3. ADQUISICIÓN y DESARROLLO DE LA COMUNICACIÓN y
DEL LENGUAJE y SU RELACIÓN CON EL DESARROLLO DEL PENSAMIENTO, SOCIAL
Y AFECTIVO.
3.1.
Adquisición y desarrollo de la comunicación y del lenguaje.
A nivel filogenético, la gran diferencia entre el ser
humano y el resto de especies animales está en la capacidad para
utilizar símbolos: el hombre es el único capaz de producir y
utilizar símbolos. Y esa capacidad no está relacionada
exclusivamente con el desarrollo
neurológico, mucho más complejo en el
hombre, sino también en la interacción social, que ha dado lugar a
que el ser humano pueda elaborar un entorno cultural, que se
convertirá en su medio habitual.
Cualquier cultura depende del sistema
de símbolos establecido para mantener la comunicación entre los
individuos que forman parte de la misma; constituyendo la base para
la transmisión de conocimientos adquiridos. En definitiva, sin el
símbolo no habría cultura.
La relación principal entre la capacidad humana para
la simbolización y el desarrollo del lenguaje, dentro del proceso de
hominización, se deriva del hecho de que el lenguaje articulado es
la forma más importante de expresión simbólica, si bien no es la
única que utiliza el ser humano, tal como señalan Gallardo y Gallego
(1995).
A través del
lenguaje articulado el hombre ha podido acumular y transmitir los
conocimientos adquiridos, pasando de una generación a otra.
Es desde la perspectiva ontogenética desde donde
se aborda la adquisición y desarrollo de la comunicación y el
lenguaje en cada ser humano. Tal como
ocurre con el estudio del lenguaje en cualquiera de sus distintos
aspectos, también cada marco teórico que sigamos va a ofrecernos un
modelo explicativo distinto. No obstante, se admiten a nivel general
una serie de datos explicativos, como por ejemplo que al nacer el
ser humano dispone de una base neurológica capaz de permitir la
fonación, así como el poder usar léxico y reglas semánticas.
Asimismo, se admite, por parte de la mayoría de especialistas, tal
como señalan Gallardo y Gallego (1995), que la adquisición y el
desarrollo del lenguaje implica:
·
Aprender a combinar fonemas, palabras y
oraciones en secuencias comprensibles para los demás.
·
Conocer y compartir los significados
elaborados socioculturalmente por una determinada comunidad
lingüística.
·
Acceder al uso de las reglas
gramaticales que estructuran convencionalmente las relaciones entre
forma y función en el lenguaje.
Asimismo, tal como destacan Serón y Aguilar (1992),
al analizar el desarrollo del lenguaje es fundamental tener en
cuenta tres aspectos básicos:
1.
Los aspecto formales: utilización
correcta de los signos y su correcta estructuración en unidades
superiores.
2.
Los aspectos semánticos: aquellos
procesos a través de los cuales las palabras van adquiriendo
significado.
3.
Los aspectos funcionales: uso del
lenguaje con el propósito de conseguir adaptarse e interactuar
progresivamente en su medio.
También podemos diferenciar, siguiendo a la mayoría
de los autores, dos grandes etapas en la adquisición y
desarrollo de la comunicación y el lenguaje: la etapa de la
comunicación prelingüística y la etapa de la comunicación
lingüística. Veamos detenidamente cada una de ellas:
a) Etapa de la comunicación prelingüística.
El bebé desde los primeros momentos de su vida va
progresivamente madurando las diferentes vías sensoriales. Además,
debemos tener en cuenta que desde que nace, el niño es un ser activo
que busca constantemente estímulos y organiza progresivamente la
información que va adquiriendo. A partir del establecimiento de los
primeros vínculos afectivos, basados en la satisfacción de sus
necesidades primarias, el bebé se enfrenta a una serie de rutinas
comunicativas cargadas de intencionalidad y significado,
capaces de ir modulando la conducta propia y la de los demás.
Los adultos, al interactuar con el bebé, tienden a
adecuar sus conductas a las que observan en él, dando lugar a una
interacción comunicativa que se conoce con el nombre de
“protoconversación” (Vila, 1992).
La realización de rutinas, de contactos
afectivos, dan lugar al comienzo de una comunicación basada en
gestos, articulaciones, movimientos generalizados, etc. , en gran
parte con un amplio sentido lúdico.
El niño, desde los primeros meses de vida se
acostumbra a reaccionar ante determinados patrones visuales o
auditivos, emitiendo diferentes respuestas que los adultos van
interpretando; constituyendo la comunicación no verbal de los
primeros meses de vida.
La posterior maduración biológica del bebé le
permitirá incorporarse a nuevas situaciones interactivas, tales como
las relacionadas con el sostenimiento mutuo de la mirada. En estos
primeros meses de vida las interacciones comunicativas se
caracterizan por una importante asimetría entre los participantes,
debido a que son los adultos los que controlan y dirigen estos
intercambios, adecuando sus conductas a las del bebé; con el fin de
que las conductas infantiles sean algo más que simples respuestas
biológicas, para que puedan pasar a ser controladas por el propio
niño, y, de esta forma, las pueda utilizar coma reguladoras de su
conducta en relación con los demás.
El bebé, poco a poco ira aprendiendo formas de
comunicación deícticas con objeto de poder expresar sus deseos y que
éstos puedan ser interpretados por los adultos de forma adecuada.
Durante los tres primeros meses de
vida, según destacados autores, como es el caso de Vila (1992), nos
encontramos en el bebé una habilidad comparable a la comunicación.
El bebé inicia la comunicación con el adulto: el desarrollo del
lenguaje está estrechamente ligado al proceso de
socialización. En este sentido, no debemos olvidar que el
lenguaje es un instrumento desarrollado
por el ser humano con el fin de
garantizar los intercambios sociales; es decir, está diseñado
para la comunicación.
A través de la simbiosis afectiva que se establece
entre el bebé y sus cuidadores surgen los rudimentos de la
conciencia. Esa simbiosis afectiva se va consolidando
progresivamente, favorecida por la comunicación inicial del bebé con
el adulto a través de gestos, expresiones faciales, sonrisas, etc.
De forma progresiva, el niño va respondiendo al habla de los adultos
de manera más definida, como lo demuestran acciones como volver la
cabeza en la dirección en que oye hablar, la mirada busca a la
persona que habla, etc. En este sentido, la contribución al
desarrollo de la figura de apego es básica en esta etapa para la
comunicación, el desarrollo cognitivo, el desarrollo socioafectivo,
etc.
Hacia los cuatro meses el bebé comienza a
diversificar su interés entre el mundo de los adultos y el mundo de
los objetos, lo que produce cambios importantes en la interacción
niño-adulto, ya que los objetos pasan también a formar parte de las
actividades y de la interacciones sociales entre ambos.
Entre los cuatro y los seis meses, la pareja
adulto-bebé empieza a diversificar sus juegos: el centro de interés
pasa de estar centrado en los propios cuerpos a dirigirse hacia
temas externos. Las interacciones cada vez son más complejas, lo que
supone un progresivo dominio de las habilidades comunicativas por
parte del niño.
Hacia los seis meses el niño comienza a emitir
sonidos vocálicos y consonánticos cada vez más diferenciados, que se
enmarcan en emisiones de una sílaba. Repite sílabas con secuencias
cada vez más complejas. Es la etapa del balbuceo. Desde esta etapa,
la lengua materna ya imprime su influencia en la actividad vocal del
niño, tal como destacan Gallardo y Gallego (1995). Desde la
perspectiva socioconstructivista, la etapa del balbuceo adquiere una
función fundamental, ya que el niño se entrena en la articulación
del lenguaje con el fin de integrarse socialmente en la familia,
para comunicarse con su madre y/o padre, para adaptarse al medio.
Además, el balbuceo representa toda una fuente de estimulación,
juego y diversión.
El dominio de las habilidades
comunicativas lo va adquiriendo el niño en el ámbito de las
relaciones individuales en situaciones muy variadas. Así, entre los
seis y los doce meses aparecen gestos culturalmente determinados,
además de gestos idiosincrásicos, relevantes únicamente para la
pareja adulto-niño. Se produce también una diversificación muy
destacada de las expresiones faciales; y la mirada se convierte en
uno de los procedimientos más importantes del niño para regular sus
intercambios comunicativos, tal como señala Vila (1992).
El lenguaje del niño es, cada vez más, un reflejo del
lenguaje que se habla en su entorno inmediato, accediendo hacia los
nueve o diez meses a la etapa de la ecolalia, referida a las
emisiones verbales del niño que van dando ya cabida a los sonidos de
la lengua que pronto empezará a hablar.
Entre los 9 y los 18 meses, la mayoría de los
niños emiten las primeras palabras,
indicando el inicio de la siguiente etapa en el desarrollo del
lenguaje.
b) Etapa de la comunicación
lingüística
Podemos delimitar el inicio de esta nueva etapa,
siguiendo a Serón y Aguilar (1992), en el momento en que
el niño comienza a dar un significado permanente a
determinados sonidos y a usarlos para designar determinados
conceptos.
Al principio
de esta etapa el niño imita frecuentemente las palabras oídas a los
adultos, aunque su riqueza de vocabulario aún es muy restringida.
Inicialmente el niño utiliza una palabra
para referirse a una serie de objetos
y/o acontecimientos que son libremente asociados en su pensamiento.
Es importante
resaltar que entre el periodo prelingüístico y el lingüístico existe
una continuidad funcional, de manera que las primeras palabras, en
general, se insertan en situaciones interactivas cumpliendo las
mismas funciones que los gestos a los que sustituyen (Vila, 1992).
Durante esta etapa la comprensión del
lenguaje del adulto progresa de manera muy rápida. En realidad,
el lenguaje comprensivo va por delante del expresivo, ya que,
aunque comprenden una cantidad aceptable de palabras, únicamente
expresan las que significan objetos o acontecimientos que ellos
pueden manipular. Además, debemos tener en cuenta que los
significados que los niños asignan a sus palabras son distintos a
las de los adultos; de tal manera que podemos observar tres
características en la asignación de significados que realizan
los niños, según Serón y Aguilar (1992):
1.
La concreción restrictiva
con que usan determinados vocablos.
2. La sobreextensión, lo que provoca que
llamen con el mismo nombre a todos los objetos que se asemejen
funcionalmente.
3. El uso de referentes prototípicos,
formando el significado de las palabras con los ejemplos que más
características presentan dentro de una misma categoría.
Hacia los 18 meses el niño produce ya
palabras completas con significado, palabras que adquieren el
significado de palabra-frase, haciendo referencia al habla
holofrástica. También puede llegar a emitir frases de dos palabras,
con una sintaxis propia, dando lugar al denominado "estilo
telegráfico". Según va utilizando la palabra o las dos palabras en
contextos diferentes y va viendo aprobado su uso, el niño va
generalizando su significado, comenzando a formar conceptos, aunque
debemos tener en cuenta que inicialmente las palabras tienen sólo un
significado muy concreto, estando muy ligadas al contexto en el que
se utilizan. La generalización se va a ir produciendo a partir del
juego y de la interacción en diversos contextos.
La riqueza del vocabulario del niño comienza a
aumentar considerablemente. A los veinte meses ya pasa de las 100
palabras, a los 24 meses llega a las 300 y a cerca de 1000 al llegar
a los 3 años. De los 3 a los 5 años adquiere un notable
desarrollo del vocabulario y de un gran número de partículas
relacionantes, lo que le facilita la elaboración lógica de su
discurso. El niño aumenta su vocabulario a partir de la necesidad de
nombrar la realidad que le rodea en los diferentes contextos en los
que participa o a partir de la necesidad de expresar sus intenciones
en dichos contextos. Estamos ante una fase de auténtica explosión
lingüística, coincidiendo con una importante fase de maduración
neurológica. Al mismo tiempo, el niño cada vez comprende mejor el
carácter instrumental del lenguaje.
Dentro del desarrollo fonológico, Serón y Aguilar
(1992), distinguen dos características básicas: el punto y el modo
de articulación. El punto de articulación señala los órganos que
intervienen y el punto de contacto. El modo de articulación hace
referencia a la forma de entrar en contacto (de forma explosiva,
vibrando, fricando, etc.). Los sonidos que emite el niño van desde
los gritos con los que expresa sus necesidades primarias, hasta las
voces inarticuladas y articuladas.
El desarrollo semántico o adquisición
del significado representa un complejo entramado de estudio, debido
a que el niño adquiere las estructuras semánticas a partir de las
sintácticas. Para el niño, el léxico y la semántica se dan unidos:
se construye a partir de los nombres dados a objetos concretos y de
su entorno, sin tener que guardar relación con los significados de
los adultos, tal como señala Nelson (1988).
Según Dore (1974), los aspectos funcionales son la
base de la evolución del lenguaje, destacando la interacción
constante entre forma y función. Serón y Aguilar (1992) destacan las
siguientes funciones comunicativas básicas:
·
Función reguladora del lenguaje: el
hablante se comunica y expresa deseos a realiza alguna acción.
·
Función declarativa: mediante ella el
hablante puede intercambiar la información.
·
Función interrogativa o heurística: el
sujeto puede así investigar la realidad que le rodea, el
conocimiento del mundo.
En términos generales puede afirmarse que hacia
los 4 años el lenguaje del niño está bien establecido, si
bien aún muestra desviaciones de la norma del lenguaje adulto.
3.2. Desarrollo de la comunicación y del lenguaje
y desarrollo cognitivo.
Las relaciones entre el lenguaje y el pensamiento
constituye uno de los ejes centrales de debate y de investigación
entre los distintos especialistas de estos campos de estudio, y de
forma especial entre los psicolingüístas, los psicólogos, los
neurofisiólogos, los lingüistas y los filósofos.
La característica principal de los distintos modelos
explicativos es la heterogeneidad de los mismos: mientras que para
unos modelos destacan la primacía de lo lingüístico sobre lo
cognitivo, para otros es todo lo contrario; y, como no podía ser
menos, para otros modelos lo importante es la interacción entre
ambos. Veamos las principales aportaciones de cada uno de estos
modelos.
a)Modelos que priman lo lingüístico sobre lo
cognitivo. Para estos modelos la
adquisición del lenguaje depende, básicamente, de factores
estrictamente lingüísticos. Por lo tanto, el desarrollo cognitivo
anterior a la adquisición del lenguaje es escasamente determinante
en la selección de las estructuras que marcan las diferentes y
sucesivas etapas del desarrollo del lenguaje. Desde esta perspectiva
teórica, o bien se reconoce un desarrollo cognitivo diferente del
desarrollo lingüístico, o bien se subordina el desarrollo cognitivo
al desarrollo lingüístico desde el momento en que el sujeto adquiere
el lenguaje. Según los principales representantes de esta
perspectiva teórica (Wharf, 1955; Saussure, 1961; Chomsky, 1969;
McNeill, 1970), el lenguaje es el primer dato que orienta toda
la organización de nuestra percepción y de nuestro pensamiento,
determinando, asimismo, nuestra propia percepción del mundo, tanto
físico como social. En definitiva, la lengua modela el pensamiento,
según esta corriente.
b) Modelos que priman lo cognitivo sobre el
lenguaje. Según esta perspectiva teórica, las funciones
cognitivas prevalecen sobre el desarrollo lingüístico, del que
únicamente es un aspecto de la función simbólica (aunque, eso sí, el
más importante). El lenguaje, por sí mismo, no produce el
progreso cognitivo. Todo lo contrario: únicamente es utilizable
en su plenitud cuando el sujeto ha desarrollado suficientemente sus
capacidades cognitivas. Incluso en las etapas finales del desarrollo
cognitivo, tal como señala uno de los autores más representativos de
este enfoque teórico, Piaget, es una condición necesaria,
pero no suficiente. Este mismo autor siempre sostuvo la tesis de la
primacía de lo cognitivo y de la subordinación del lenguaje al
pensamiento. El niño realiza imitaciones diferidas antes de la
propia adquisición del lenguaje, demostrando la emergencia de la
función simbólica. Ésta es un producto de la evolución psicológica
del niño, y es la que permite la adquisición del lenguaje, que no es
sino un producto social, y que constituye la ejecución más elevada
de la función simbólica. El lenguaje, una vez adquirido, según
Piaget, va a servir para el desarrollo cognitivo. Así, por ejemplo,
en el estadio de las operaciones formales, el instrumento
lingüístico es necesario para la lógica de las proposiciones, pero
no lo engendra.
c) Modelo que consideran la interacción entre lo
cognitivo y lo lingüístico. Según este enfoque teórico, desde
que se adquiere el lenguaje, desarrollo cognitivo y desarrollo
lingüístico están estrechamente unidos, por lo que es absurdo
plantear la especificidad de uno u otro, tal como sostienen autores
como Vygotski o Bruner.
La evolución del lenguaje sigue un claro paralelismo
con la evolución de lo cognitivo, siendo uno de los argumentos más
sólidos para este enfoque teórico.
Según Vygotski, el lenguaje surge
primero como medio de comunicación entre el niño y los demás, para
después convertirse en lenguaje interior que permite el desarrollo
cognitivo a través de la transformación de las distintas funciones
mentales (Ley de la doble formación de los procesos psicológicos
superiores). Por su parte, Bruner concibe el lenguaje como un
agente del desarrollo cognitivo, como el amplificador más potente de
las capacidades humanas; además de constituir el agente fundamental
en la transmisión cultural de dichas capacidades. Según este
autor, una vez que el niño ha alcanzado un determinado desarrollo
cognitivo, el pensamiento se acomoda al lenguaje, posibilitando que
lleguemos a niveles más elevados de pensamiento.
3.3. Desarrollo de la comunicación y del lenguaje
y desarrollo social y afectivo.
A través de las sucesivas etapas del desarrollo del
lenguaje, un factor fundamental va a ser el rol del adulto
(generalmente la madre o/y el padre) que establece un tipo especial
de relación con el niño desde su nacimiento. Esta relación
especial, denominada “apego” hace referencia al lazo
afectivo que una persona establece entre ella misma y
el otro, impulsándoles a estar juntos en el espacio y en el tiempo.
Esta tendencia a permanecer juntos, tal como destaca Pardal (1995),
les permite comunicarse y establecer un contacto físico frecuente.
Esta figura desarrolla respecto al bebé unos comportamientos
específicos que favorecen su desarrollo cognitivo y del lenguaje.
Tanto durante la etapa prelingüística como durante la etapa
lingüística la figura del apego desempeña un papel
fundamental en el desarrollo de la comunicación y el lenguaje.
El apego supone también la construcción de un modelo mental de la
relación con la(s) figura(s) de apego.
Según Ajuriaguerra (1977), la importancia de la
afectividad deriva del hecho de ser considerada como el punto
de inicio del desarrollo del lenguaje infantil. Además, su
carencia provoca que el niño no aprenda a hablar y que detenga su
desarrollo normal. La imitación, conducta que el niño
estable, inicialmente, en su interacción con la figura de apego,
juega un papel preponderante en el desarrollo del lenguaje.
Junto con la imitación, el procedimiento de aprendizaje más
utilizado por el niño es el ensayo-error. En esta fase, el
refuerzo social de la figura de apego va a ser determinante;
además de servir de modelo de manera constante. Este refuerzo
social, afectivo, continuado, es una estrategia educativa
universalmente utilizada por las figuras de apego. Para la
adquisición y el desarrollo del lenguaje, además de los factores
individuales (desarrollo neurológico, motórico, sensorial,
cognitivo, etc.); también es necesaria la comunicación, la
interacción con el medio, con el entorno social. En este sentido,
parece ampliamente demostrado que determinados ambientes
familiares ofrecen mayores oportunidades que otros para el
aprendizaje del lenguaje. Así, Bernstein (1971, 1973}
distingue entre "lenguaje restringido" (propio de ambientes
familiares con escasa interacción y escasos recursos culturales) y
"lenguaje elaborado" (propio de las clases sociales mas
favorecidas).
4. CONCLUSIONES.
La complejidad que supone el estudio
de la comunicación y el lenguaje, su adquisición y desarrollo, así
como su relación con el desarrollo del pensamiento, afectivo y
social, se puede apreciar al comprobar la diversidad de enfoques
teóricos explicativos que aun hoy coexisten, determinando la
orientación que el especialista en audición y lenguaje debe seguir,
tanto en su tarea de evaluación como de intervención en alteraciones
del lenguaje. A lo largo del tema hemos constatado cómo la
comunicación puede ser entendida como la capacidad para realizar
conductas intencionadas y significativas, pudiendo así
interactuar con otras conductas ajenas. Se trata de una capacidad no
exclusiva del ser humano. Sin embargo, el lenguaje sí constituye una
capacidad exclusiva del hombre, además del pensamiento conceptual.
El lenguaje, entendido como el medio de comunicación más
sofisticado de los seres humanos, está formado por un sistema de
signos arbitrarios codificados que le permiten al hombre la
representación de la realidad en ausencia de
ésta. Se trata de un sistema de
implantación social, que únicamente se aprende a través de la
interacción social. Pero la función comunicativa no es la única del
lenguaje humano, sino se pueden distinguir otras muchas, como la
instrumental, la heurística, la reguladora, la personal, etc.
La adquisición y el desarrollo del lenguaje se
inicia con la maduración que en el niño se produce de sus vías
sensoriales, la maduración neurológica, además del establecimiento
de los primeros vínculos afectivos,
formalizando una relación de apego con el adulto encargado de sus
cuidados que se convierte en trascendental para el desarrollo global
del niño, y para el desarrollo concreto del lenguaje. Estos
contactos afectivos, de carácter inicialmente lúdico, proporcionan
el inicio de la
comunicación, primeramente no verbal, facilitando el
desarrollo de los prerrequisitos necesarios para la posterior
adquisición del lenguaje. En este sentido, debemos volver a
destacar la importancia del entorno familiar y educativo en
dicha adquisición, ya que el desarrollo del niño no es posible
sin el contacto con los demás, sin el estímulo y la orientación del
adulto, que actúa como modelo. Por último, debemos señalar la
importancia de conocer las diferentes etapas del desarrollo y
adquisición del lenguaje para un mejor conocimiento del mismo y
de las posibles alteraciones y/o retrasos significativos que se
puedan producir y que, por tanto, puedan suponer la necesidad de
intervención del especialista en audición y lenguaje.
5. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Y DOCUMENTALES.
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BRUNER, J. (1975): "De la comunicación
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CHOMSKY, N. (1983): Reglas y
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RONDAL, J. A. (1982): El desarrollo del
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Psicopedagogía de la comunicación y el lenguaje, Madrid, E.O.S.
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VYGOTSKI, J. v. (1977): Pensamiento
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Crítica.
OTROS:
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comunicación en la enseñanza, México, Trillas.
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GONZÁLEZ ALONSO, C.: Principios
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Buenos Aires, Siglo XXI.
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LOMAS, C.; OSORO, A.; y TUSÓN, A.
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enseñanza de la lengua, Barcelona, Paidos.
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MONFORT, M. y JUÁREZ, A.: (1996):
El niño que habla, Madrid, CEPE.
·
SCHLIEBEN-LANGE, B.(1987):
Pragmática lingüística, Madrid, Gredos.
Actividades
1.
Tomando como pauta lo subrayado,
haz un resumen del tema en 3 o 4 páginas como máximo para su lectura
en clase.
2.
¿Sabes de qué se ocupa la
Semiología? ¿Qué tiene de singular el signo lingüístico en relación
con otros sistemas de signos?
3.
Se habla de Pragmática en el tema.
¿Qué sabes de la Sociolingüística? ¿Y de la Lingüística textual?
4.
¿Podrías poner más por extenso el
punto 3.3 acerca del desarrollo del lenguaje y su incidencia en el
desarrollo social y afectivo?
5.
Expón brevemente las diferencias
entre Piaget y Vygotski a la hora de explicar la relación entre
lenguaje y pensamiento.
6.
¿Podemos decir que el lenguaje verbal es innato o es adquirido tras
múltiples experiencias? |