Durante las últimas décadas la creciente preocupación por los conflictos ha venido acompañada de un inusitado aumento de Centros especializados en el trabajo de intervención en situaciones potencial o efectivamente conflictivas. Centros educativos, asociaciones de vecinos, ayuntamientos, hospitales, cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, las Fuerzas Armadas y organizaciones no gubernamentales, entre otros, han ido incorporando servicios de prevención, administración y resolución de conflictos. Pero, en términos generales, este aumento no ha venido acompañado por desarrollos de tipo más integral que permitiesen una mayor investigación y coordinación de las distintas prácticas, y que sirviesen de transmisores de las diferentes experiencias sectoriales.
Se echa en falta esta instancia de remisión de las diferentes experiencias particulares, en la que se pudieran generar soluciones innovadoras a los problemas que surgen en los diversos ámbitos. El lugar en el que, de forma natural, es posible concebir este tipo de servicios para la sociedad es la Universidad. La creación de un Instituto de Resolución de Conflictos (IRC) es la estructura orgánica más adecuada para dar cabida a los programas que se proponen a continuación.