Los conflictos han ocupado y siguen ocupando un lugar preeminente en nuestra sociedad. Para algunos autores el surgimiento de un conflicto es un aspecto positivo en la medida en que estos son generadores de cambios. Para otros se trata de un elemento negativo que condiciona el desarrollo de los recursos y de las potencialidades de los individuos y de la colectividad. Sea como fuere lo que parece ser un punto común a todos es el reconocimiento de la necesidad de superar el escenario de conflicto. Esto parece estar vinculado con los costes que genera vivir en situaciones de conflicto.
En este contexto, tres ámbitos de análisis han adquirido un papel preponderante: por un lado, se han desarrollado trabajos encaminados a la prevención de conflictos, esto es, investigaciones que pretenden establecer de manera prospectiva cuándo y cómo surgirán los conflictos. Por otro lado, se ha estudiado el tema de la administración de los conflictos, especialmente en lo que hace al control de la escalada en su intensidad. Y, finalmente, se ha trabajado en el establecimiento de modelos para la resolución pacífica de los conflictos.
Con el paso del tiempo y la especialización en este tipo de conocimientos ha ido tomando forma la figura del operador de conflictos, un experto que, con formación interdisciplinaria, trabaja en los tres planos mencionados, en áreas diversas de los sectores público y privado, y desarrolla su competencia mediante el diseño y la ejecución de programas de prevención, gestión o resolución de conflictos. Las ventajas primordiales que ofrecen este tipo de programas son: