La memoria del paisaje

 

Exposición de fotografías
de
José María Azcárraga

Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades de Cuenca
Desde el 5 al 19 de noviembre de 2002.


 

 

LA MEMORIA DEL PAISAJE

La huella del pasado permanece en el paisaje. De alguna forma la historia, las historias, impregnan las piedras y dejan su huella en el espacio donde acontecieron. Cuando un paisaje es, o ha sido habitado, algo cuenta de sus moradores, pero cuando en ese mismo paisaje se desarrollaron acontecimientos trágicos o dramáticos, la huella es mucho más profunda. Las piedras, incluso el viento con sus murmullos, nos acercan la impronta del pasado como si del eco se trataran. En las serranías de Cuenca, Teruel y Valencia, hoy prácticamente despobladas, es fácil encontrar huellas guerrilleras. A pesar del abandono de estas tierras, forzado en parte por el miedo y en parte por una nueva economía que propició el éxodo a la ciudad, todavía quedan en pie, tal vez por poco tiempo, casas y corrales que sirvieron de escondite o punto de apoyo. Entre la espesura del bosque, unas piedras amontonadas, unas rústicas escaleras o los restos apenas reconocibles de unas cabañas, son el testimonio arqueológico de los campamentos de aquel ejército poco pertrechado que mantuvo viva la llama de la República. Recorrer los paisajes donde se desarrollaron los diferentes episodios guerrilleros, donde hombres y mujeres dejaron su piel, como dice la frase hecha -y bien hecha-, es encontrar retazos de aquellas vidas pegados en piedras y troncos. Recomponer para la memoria el escenario rural que sirvió de telón de fondo a las intensas y desgarradoras historias de guerrilla, es el objetivo de estas fotografías. A pesar de la limitación de la cámara, que apenas puede captar alguna de las sensaciones que trasmite el paisaje real.

José Mª Azkárraga

Julio 2002