Presentación
FOTOGRAFÍA Y GEOGRAFÍA
LA MANCHA VISTA POR DOS POLACOS
Nos llamamos Ania (Ana) y Piotr (Pedro) y somos polacos, estudiantes de Geografía. Hemos venido a Ciudad Real para formarnos, conocer a sus habitantes y sus costumbres pero también para realizar nuestra mayor pasión, que es viajar.
Como geógrafos, estudiamos mucho sobre diferentes regiones del mundo, sobre la tierra, las aguas, la vegetación y la gente. Sin embargo, nuestros estudios no tendrían sentido si no pudiéramos comprobar en la realidad lo que aprendemos de los profesores y de los libros. Además, tenemos la sensación que en el hombre siempre vivirá el instinto primario de un nómada, siempre sentirá la necesidad de trasladarse, estar en movimiento continuo. Eso nos ocurre a nosotros. No aguantamos quietos en un lugar mucho tiempo. Queremos conocer, descubrir nuevos sitios, aprender y vivir con todos los sentidos. Esperamos que las fotografías muestren por lo menos una pequeña parte de nuestro insaciable deseo de conocer.
Como vivimos en Ciudad Real primero conocimos sus alrededores. Desde luego, merece la pena ver Madrid, Barcelona, Sevilla y otros ciudades, con una historia larga y arquitectura preciosa, pero a nosotros, en primer lugar, nos gusta una forma de turismo un poco distinta... Siempre cuando realizamos un viaje, intentamos omitir las grandes aglomeraciones y los lugares más típicos en sentido ‘turístico’. Nos gusta descubrir sitios un poco perdidos, escondidos y todavía no atropellados por las masas de gente. En Polonia, aun entre los geógrafos, se conoce poco Castilla-La Mancha. Desafortunadamente lo único que viene a uno a cabeza cuando se menciona España, son las principales ciudades y las costas mediterráneas.
Por lo tanto, la tierra manchega, desde el principio nos pareció un lugar un poco misterioso y un tanto inexplorado. Decidimos conocerla mejor. Como hemos dicho antes, primero viajábamos por los sitios más cercanos: Alcázar de San Juan, Daimiel, Los Montes de Toledo, Campo de Calatrava y los alrededores de Ciudad Real. Sin embargo, esto no significa que utilizáramos un coche para trasladarnos cómodamente de un lado a otro, sino que muchas veces el verdadero viaje lo hicimos a pie hasta alcanzar uno de esos destinos.
No tememos andar durante muchas horas ni dormir en la tienda de campaña cuando la temperatura es alrededor de cero grados. Siempre insistimos que cuanto más difícil y más doloroso sea algo, más se aprecia y más satisfacción aporta. Por ejemplo, para visitar las Tablas de Daimiel anduvimos 15 kms desde Daimiel hasta el Parque porque no encontramos ningún medio de transporte. Gracias a ese paseo admiramos el típico paisaje manchego, pintado con viñedos y pequeñas casas blancas, y pudimos fijarnos en detalles que sería imposible observar viajando en coche o tren. Nos gusta mucho el contacto con la naturaleza. Por eso, muy a menudo, cuando pasamos la noche en algún lugar, dormimos en nuestra tienda de campaña. Las sensaciones son aún más increíbles cuando estamos en las montañas. El camping en Horcajo de los Montes, por ejemplo, estaba situado en una pequeña colina por encima del pueblo.
Al despertarnos por la mañana, después de pasar una noche de diciembre en nuestra “casa portátil”, vimos salir el sol detrás de las montañas e iluminar poco a poco la aldea dormida. Inspiramos el aire fresquísimo y oímos a todo el mundo, animal y humano, comenzando lentamente su día. Sentimos que mereció la pena hacerse por una noche amigos del frío suelo.
Como geógrafos, somos también observadores. Eso significa que no sólo admiramos la belleza del mundo que vemos, sino también lo analizamos. La teoría que hemos aprendido en nuestra carrera nos facilita ver aún más detalles increíbles. Como, por ejemplo, los procesos volcánicos que han formado el impresionante y pintoresco paisaje del Campo de Calatrava. Nos fijamos tanto en lo abiótico (el extraordinario color del roquedo que forma los alrededores de Ciudad Real) como en lo vivo (la peculiar fauna y flora).
Para que los viajes sean más interesantes siempre intentamos encontrar una manera para diversificarlos. Cuando fuimos a Alcázar de San Juan, nuestro primer objetivo fue visitar una bodega y conocer los métodos de la elaboración de los vinos manchegos. Sin embargo, luego ocurrió que en una distancia de 4 kms del municipio había también unos molinos típicos manchegos, así pues decidimos caminar para verlos. A pesar de un calor insoportable para la “gente del Norte”, el paseo mereció la pena. Los molinos estaban situados en una pequeña colina. La subimos y la vista que se abrió ante nosotros fue impresionante. La tierra de color rojo-marrón, el impecable azul del cielo y la blancura de los molinos componían un espectáculo maravilloso.
Todo el mundo conoce Castilla-La Mancha como la tierra del ingenioso hidalgo Don Quijote. Como muchas personas antes, nosotros también hemos buscado huellas de su presencia en nuestras excursiones. Además nos atrevimos a coger su famosa Ruta. Repasando a pie el camino del más famoso viajero de esa tierra deseábamos que nuestro descubrimiento de Castilla-La Mancha no acabara nunca.
Ania
Piotr