| LA REGIÓN NATURAL DEL CAMPO DE CALATRAVA |
José
Luis GARCÍA RAYEGO |
| Aunque en el Campo de Calatrava la trama apalachense sigue
definiendo los rasgos básicos del relieve y del paisaje, otros componentes
geomorfológicos esenciales imponen unos matices que, en determinadas áreas y a ciertas
escalas, dejan de ser anecdóticos y se convierten en fundamentales. Este esqueleto del
paisaje que es el relieve, además, modifica, altera o favorece la presencia o ausencia
del resto de los integrantes, no sólo del medio natural, sino también del espacio
geográfico en su totalidad. El relieve, basado en la erosión diferencial de conjuntos litológicos contrastados (cuarcitas ordovicicas y esquistos y pizarras del Precámbrico y Paleozoico medio) y en la organización estructural hercínica, configura unas morfoestructuras similares a las de los Montes. Si bien es cierto que se establecen diferencias en ellas y, mientras algunas poseen características semejantes a las de la anterior región natural, otras se muestran más abiertas y escasamente montanas. Sin embargo, en el Campo de Calatrava, aparte de las formaciones modernas como rañas, glacis, depósitos de ladera y pedrizas y formaciones fluviales, que también estaban presentes y con características semejantes en los Montes, se organizan otras formas relevantes. Se trata de formas estructurales de mediano tamaño y que poseen un realce particular en ciertas cuencas e incluso en algún macizo. Por un lado, los relieves de la cobertera pliocena, en buena parte calcáreos, que dominan las cuencas y depresiones calatravas. Estos materiales, en posición subhorizontal, conforman mesas y vallonadas en relación de los contrastes litológicos y de la erosión cuaternaria, en parte fluvial. Pero, como se ha dicho ya repetidas veces, el Campo de Calatrava ofrece, además, una singularidad, sin la cual no tendría rasgos de diferenciación con algunas zonas vecinas: es el volcanismo, que aporta unas variadas formas y acumulaciones en número de unos 200-250 afloramientos, modificando el relieve y el paisaje en general. La situación de esta región, a oriente de los Montes, le resta influencia atlántica y le hace ganar en continentalidad. De este modo el descenso de la pluviosidad por debajo de 600 mm. es general y muy frecuentemente por debajo de 550-500 mm, no alcanzando ni los 400-430 mm. en las áreas más secas del oriente calatraveño o en las más bajas. Por otro lado, las temperaturas acusan también la posición algo más interior, manifestándose un ligero enfriamiento que hace que sus valores anuales desciendan incluso a 14' 0 ºC, y en el mes más frío se den poco más de 5'0 ºC. Los factores anteriores explican que la cubierta vegetal y los usos del suelo, aunque muestren similitudes con los Montes, ofrezcan también diferencias reseñables. El desarrollo de ciertos complejos biogeográficos está impedido o dificultado por las condiciones bioclímáticas y el estado de las formaciones vegetales se halla en mayor grado de deterioro que el que observa en los Montes, porque la presencia humana es aquí muy superior. En esta región se instalan los mayores núcleos de población de todo el territorio, incluidos Ciudad Real y Puertollano. Por otro lado, la posible aparición de tipos vegetales calcícolas no tiene gran importancia dado que los usos antrópicos han deforestado particularmente estos espacios. 1. Subregión natural de las sierras y macizos Al igual que ocurre en los Montes, esta subregión cuyo relieve se labra en los duros roquedos cuarcíticos del Ordovícico inferior, destaca por sus altitudes y pendientes, llegándose a superar, en el extremo suroriental, ligeramente los 1.000 m. Se conforman de este modo unos volúmenes topográficos que recuerdan a los de las sierras del Sur de la provincia de Ciudad Real. No obstante, lo que predomina es un relieve que, en buena parte del Campo de Calatrava, es algo menos enérgico y más abierto y accesible que el de los Montes. Hay que tener presente, además, que en los Montes los piedemontes y valles se sitúan a una altitud ligeramente inferior (550-600 m.) que el Campo de Calatrava (más de 600 m. generalmente), lo que disminuye levemente los desniveles. Las condiciones bioclimáticas, sin llegar a las cuantías pluviométricas de los Montes, poseen un mayor grado de humedad y una mayor riqueza de matices microclimáticos que las cuencas y depresiones, tanto de una región como de otra. Pero, la vegetación encuentra un potencial menos variado y las formas que presenta no son tan diversas como en los Montes. Este tapiz biogeográfico, además, ofrece un grado de deterioro superior debido a la presión humana más acusada que se registra en esta región natural, aunque los usos mayoritarios que se dan al territorio se relacionan con las explotaciones cinegéticas, forestales (cultivo de pinos) y ciertos tipos de ganadería extensiva. Esta subregión incluye el Macizo de Calatrava y las siguientes sierras: Sierras de Porzuna-Fernancaballero, Sierras de Piedrabuena-Alcolea de Calatrava, Sierras de Villamayor de Calatrava, Sierras de Almodóvar del Campo y Sierras del Campo de Calatrava Suroriental. 1.1. Geocomplejo mediterráneo silíceo seco del encinar Este geocomplejo se encuentra en esta subregión perfectamente adaptado, de manera que bien puede decirse que es el que mejor la define. Los aportes pluviométricos anuales oscilan en torno a los 500 mm. y, por tanto, el complejo biogeográfico del encinar es el que mejor puede aprovechar estas condiciones bioclimáticas. A diferencia de las sierras y macizos de los Montes, aquí todas las unidades de paisaje de rango inferior encuentran lugar para su desarrollo, constituyendo un abanico muy amplio, en relación con pequeñas variantes microclimáticas, pero, sobre todo, del diverso grado de deterioro del medio natural. Las unidades de paisaje inferiores que pueden reconocerse en este geocomplejo son: - Geofacies arbustiva-arborescente cerrada de encínares y chaparrales - Geofacies arbustiva-arborescente cerrada de los enebrales de umbría - Geofacies arbustiva-arborescente semicerrada de los acebuchares de solana - Geofacies arbustivo cerrada de los labiernagares - Geofacies arbustivo cerrada de los coscojares de las bajas laderas - Geofacies arbustivo cerrada de los lentiscares de solana - Geofacies arbustivo semicerrada de los escobonales de umbría - Geofacies arbustivo cerrada de los jarales comunes xerófilos y mesófilos - Geofacies subarbustiva-arbustiva semiabierta de los jarales negros de solana - Geofacies subarbustiva-arbustiva semiabierta de los jarales blancos de umbría - Geofacies subarbustiva-herbácea abierta de los matorrales xerófilos de romeros, cantuesos, aulagas y tomillos Con excepción de las geofacies más localizadas bioclimáticamente, las otras mantienen un nivel de representación muy alto en esta subregión por lo mismo que el geocomplejo se halla perfectamente adaptado a ella. De todos modos, destacan las geofacies de encinares y chaparrales, la de labiernagares, jarales comunes y la de los matorrales xerófilos. 1.2. Geocomplejo mediterráneo silíceo seco-subhúmedo del encinar de transición Las posibilidades microclimáticas en estrecha relación con las morfoestructurales determina una variedad suficiente como para que se desarrolle este geocomplejo, particularmente en ciertas sierras o macizos más elevados como el de Calatrava. Dentro de estas áreas, son las laderas de umbría las que resultan más apropiadas y en ellas estos geosistemas pueden reconocerse con cierta amplitud. Las unidades de paisaje que se distinguen en este geocomplejo son: - Geofacies arbustiva-arborescente cerrada de los encinares y chaparrales de transición. - Geofacies arbustivo cerrada de los madroñales termófilos. - Geofacies arbustivo cerrada de los labiernagares de transición. - Geofacies arbustivo cerrada de los jarales comunes de transición sin arbolado subhúmedo - Geofacies de los matorrales xerófilos de cantueso. Las geofacies de encinares, madroñales y jarales comunes son las que recubren mayor extensión en función directa de la abundancia de las formaciones vegetales que las componen. 1.3. Geocomplejo mediterráneo silíceo subhúmedo fresco del quejigar Este geocomplejo se encuentra en la subregión de las sierras y macizos de Calatrava en una situación límite. Las exigencias bioclimáticas, en particular las higrométricas, se satisfacen, pero muy escasamente, y sólo en las umbrías de determinadas sierras más altas. Las unidades de paisaje reconocidas son: - Geofacies arborescente-arbustiva cerrada de los quejigares de umbría. - Geofacies arbustivo cerrada de los madroñales umbrófilos. - Geofacies arbustivo cerrada de los brezales blancos umbrófilos. - Geofacies arbustiva-subarbustiva semiabierta de los jarales populifolios de umbría. Todas las geofacies muestran un grado de presencia muy pequeño: las más desarrolladas, por las acciones de degradación que se observan (incendio en uno de los pocos quejigares reconocidos), y las menos importantes, por su escasa frecuencia que es general en el geocomplejo. El mayor deterioro, incluso en formaciones relativamente desarrolladas, con respecto a los Montes es manifiesto. 1.4. Geocomplejo mediterráneo silíceo de los enclaves húmedos A pesar de que no se han reconocido geofacies diferenciadas y específicas propias de este geocomplejo, es incuestionable la presencia del mismo. El deterioro vegetal y paisajístico hace que las formaciones vegetales que componen las geofacies no se observen claramente, por lo que éstas se difuminan, tornándose difícil su reconocimiento e individualización en el paisaje. Hay que advertir, además, que en esta subregión natural no existen cursos fluviales de la importancia de los que aparecen en los Montes. Por otro lado, el mayor deterioro por causas antrópicas contribuye a la escasa diferenciación que pueden poseer con respecto al resto de los paisajes. Así pues, ni los factores naturales, ni los antrópicos favorecen la configuración en este geocomplejo de unidades de paisaje nítidamente individualizadas. Pero es innegable la existencia de condiciones diferentes de humedad y de escorrentía en los barrancos y surcos que cortan las sierras y macizos en esta región natural y que, aunque sólo muy esporádicamente lleven agua y los componentes vegetales se encuentren muy degradados, conservan, al menos, mayor humedad y más abrigo que los ámbitos en los que se insertan. Al igual que ocurría en la subregión natural de las sierras y macizos de los Montes, los geocomplejos mencionados en la actual subregión se encuentran mayoritariamente provistos de una cubierta vegetal que, aunque en peor estado de desarrollo y conservación, asegura la protección de suelos y formaciones superficiales. Por ello, salvo excepciones más o menos localizadas, estos paisajes pueden considerarse en régimen de biostasia, pues no son los procesos morfogenéticos los que dominan en el funcionamiento natural. La degradación relativamente importante en las unidades de paisaje de esta subregión hace que se les pueda incluir en los geosistemas paraclimácicos. Éstos se encuentran, en líneas generales, lejos de las condiciones clímax, debido a la larga historia y ocupación humana de estos territorios. 1.5. Geocomplejo mediterráneo silíceo de los enclaves rocosos Como su personalidad radica en sus caracteres geológicos y geomorfológicos, este geocomplejo, compuesto de roquedales y determinadas partes de las pedrizas, resulta muy similar al definido en los Montes; aunque ciertas condiciones bioclimáticas puedan comportar diferencias: menor humedad y mayor continentalidad. También hay que resaltar la mayor degradación que afecta a toda esta región natural y que hace que incluso las pedrizas estén abancaladas o hasta hayan desaparecido en ciertas sierras más accesibles del Campo de Calatrava suroriental. Con un potencial geoecológico muy limitado, el subsistema biótico que ocupa estos ámbitos se restringe a plantas herbáceas o a algunas de las más resistentes jaras enanas o comunes y algunas labiadas. Por consiguiente, aquí el régimen biostásico cede paso al rexistásico ante la pobreza vegetal y edáfica, aunque, como ya se explicó anteriormente, tampoco los procesos rexistásicos son virulentos ni importantes. 2. Subregión natural de las cuencas y depresiones silíceas Posee una extensión menor que en los Montes ya que el relleno de estas cuencas y depresiones es en buena parte carbonatado. No obstante, no faltan las superficies amesetadas talladas en el Precámbrico, las lomas sobre Paleozoico medio y las rañas y glacis recientes o incluso, aunque son minoritarias, las partes de la cobertera pliocena que son de origen detrítico y no se encuentran carbonatadas por costras o mezcladas con margas y calizas. Todas estas formas se sitúan entre 500-650 m. de altitud. Las condiciones climáticas presentan un apreciable descenso pluviométrico y un ligerísimo enfriamiento en comparación de la subregión anterior, como ya se señaló. Por su parte, la escasa vegetación que recubre estas áreas pertenece a la categoría acidófila y, dadas las características climáticas, se puede integrar en el complejo biogegráfico del encinar. Las pocas áreas que no están totalmente deforestadas se encuentran adehesadas o escasísimamente recubiertas por tomillos y pastos. Esta subregión incluye las áreas silíceas de la cubeta de Piedrabuena, la depresión anticlinal de Picón-Alcolea de Calatrava, la cuenca sinclinal de Calatrava y la depresión anticlinal de Argamasilla de Calatrava. 2.1. Geocomplejo mediterráneo silíceo seco del encinar Dados los rasgos del potencial geoecológico, este geosistema es el que únicamente puede reconocerse con carácter general y el subsistema biogeográfico que lo explota es el encinar. Las limitaciones bioclimáticas y los escasos contrastes geomorfológicos que pudieran influir sobre aquéllas dan lugar a una acusada monotonía paisajística, que además se ve empobrecida por las intervenciones humanas. Por ello la única facies de paisaje diferenciable en este geocomplejo es: - Geofacies arborescente-arbórea adehesada de los encinares. El tamaño relativamente pequeño de esta subregión y las limitadas variaciones geomorfológicas y climáticas hacen que no aparezcan con claridad geocomplejos como el de los enclaves rocosos y el de los enclaves húmedos. La ausencia del primero se debe a la escasez de roquedales pues, excepto ciertas lomas y áreas amesetadas que no son prominentes ni rocosas, la mayor parte de la subregión se conforma sobre formaciones más modernas, como rañas, glacis, etc. Tampoco el geocomplejo de enclaves húmedos puede identificarse nítidamente, ya que no hay barrancos ni cursos fluviales mínimamente destacados. La desaparición casi por completo de la vegetación natural no ha conllevado, en esta su región, la aparición de mecanismos de rexistasia acentuados, puesto que las exiguas pendientes y lo escasamente virulento de otras manifestaciones naturales lo dificultan. No obstante, en taludes deforestados intensamente y utilizados ocasionalmente por el hombre, como canteras, etc., sí se pueden ocasionar procesos de tipo rexistásico, pero siempre localizados. 3. Subregión natural de las cuencas y depresiones calcáreas Aunque de configuración topográfico relativamente parecida a la subregión anterior, con escasas pendientes y ausencia de volúmenes orográficos significativos, las características geológicas y geomorfológicas la hacen sustancialmente distinta de ella. En la que nos ocupa ahora, la presencia de roquedos y formaciones carbonatadas introducen unas condiciones muy distintas a las de los paisajes de la anterior, trascendiendo a los rasgos biogeográficos, puesto que las comunidades vegetales que se instalen han de tener carácter calcícola. Las actitudes de esta subregión se sitúan entre 500 y 600 m. y sus configuraciones más típicas son mesas calizas que destacan sobre las vallonadas de margas y materiales detríticos; aunque también se ven paisajes llanos con escasos contrastes lito-morfológicos. La posición en el oriente de nuestra comarca y su escasa complejidad topográfico influyen decisivamente en las condiciones climáticas, que en esencia resultan bastante más secas (400-500 mm.) que en las subregiones anteriores, especialmente que en las sierras y macizos. Los intensos aprovechamientos humanos a que esta región ha estado sometida han despojado a estos territorios de la cubierta vegetal, por lo que las repercusiones biogeográficas y paisajísticas de la presencia de geocomplejos y geofacies de signo calcícola no se dejan sentir prácticamente. Esta subregión comprende las áreas calcáreas de la cubeta de Piedrabuena (escasos afloramientos), la depresión anticlinal de Picón-Alcolea de Calatrava, la cuenca sinclinal de Corral de Calatrava y la depresión anticlinal de Argamasilla de Calatrava. 3.1. Geocomplejo mediterráneo calizo seco del encinar El potencial geoecológico general de esta subregión se corresponde con el de este geosistema donde el encinar calcícola constituye el máximo aprovechamiento biótico. Pero, como acabamos de señalar, las condiciones naturales y tambíen históricas han hecho que sean los paisajes más humanizados del territorio, donde se encuentran las ciudades y poblaciones más importantes, incluyendo la capital, y las vías de comunicación más destacadas. Sólo en determinadas áreas marginales de las explotaciones se observan algunos rastros de los complejos biogeográficos naturales: pequeñas, fragmentadas y abiertas manchas de matorrales de escasa talla, como los tomillares calcícolas. Sin duda los paisajes de este geocomplejo se hallan lejos de la fase clímax y no pueden reconocerse geofacies naturales, pues el paisaje de estos geosistemas dejó de ser natural hace mucho tiempo. 3.2. Geocomplejo mediterráneo calizo de enclaves húmedos Aparte de tener características propias al insertarse en esta subregión calcárea, este geocomplejo no posee la relevancia del de los enclaves húmedos silíceos. Las razones son geomorfológicas e hidrológicas y, en menor medida, climáticas. Ni el roquedo calizo permeable, ni la configuración geomorfológica de esta subregión, ni las condiciones hidrológicas de la red del Guadiana permiten aquí el desarrollo de un conjunto de ríos y riachuelos, etc., donde la vegetación higrófila pudiera instalarse, imprimiendo así un carácter más acusado a estos paisajes. Sólo el Guadiana y el Jabalón, ambos muy deforestados, ofrecen condiciones aptas para albergar complejos biogeográficos ribereños. Éstos se encuentran en estadios dinámicos tan regresivos que carecen de personalidad paisajística relevante, como ocurría con el complejo biogeográfico del encinar calcícola El funcionamiento de los dos geocomplejos anteriores dista mucho de ser natural, puesto que están totalmente influidos por las acciones antrópicas. Las acciones morfogenéticas a que pudieran dar lugar posibles crisis desencadenadas por estas intervenciones serían en general moderadas, dados los escasos desniveles y la moderación de todos los fenómenos externos. Estas acciones sí pueden estar acentuando la desecación de ciertos terrenos, que corren el riesgo de perder algunas cualidades al ser explotados más intensamente y no poseer tampoco unas condiciones geoecológicas excesivamente buenas. El potencial de estos geosistemas es muy posiblemente el que presenta unas modificaciones más radicales, por lo que la evolución en sentido progresivo, en caso de ceder la presión humana, sería difícil y muy lenta. Estamos, pues, en presencia de paisajes que dejaron de ser naturales hace mucho tiempo; son por ello más adecuados para ser estudiados desde la perspectiva de la Geografía Agraria. 3.3 Geocomplejo mediterráneo calizo de los enclaves rocosos Aunque, al igual que en la anterior subregión, muy poco desarrollado, se encuentra coincidiendo con determinados afloramientos, que configuran mesas estructurales calizas o taludes margosos. A pesar de que son escasamente prominentes, su litología y las pendientes locales limitan el desarrollo edáfico y por tanto la colonización vegetal. El carácter rexistásico es evidente en este geocomplejo al que se le une su escaso potencial ecológico y las intervenciones humanas próximas, roturando o pastoreando las áreas más favorables. 4. Subregión natural de las formas y formaciones volcánicas Esta unidad natural la identificamos en base a su peculiar personalidad geológica y morfológica, ya que no posee ningún rasgo diferencial desde el punto de vista climático, ni actualmente manifiesta una diferenciación biogeográfica evidente. Los contrastes naturales con las otras subregiones y los que diferencian dentro de ella los distintos geocomplejos se relacionan con sus valores geológicos y morfológicos. Sólo en el caso de las formas de destrucción y en el de los enclaves húmedos ligados al volcanismo se aprecia una influencia significativa de los rasgos geomorfológicos en otros aspectos naturales. Por consiguiente, en líneas generales, estaríamos en presencia de paisajes plenamente rurales, si no fuera porque el fenómeno volcánico, muy reciente en este caso, imprime una huella geológica muy marcada, diferenciándolos netamente del marco en el que se insertan. Esta subregión natural se encuentra dispersa por todo el Campo de Calatrava y en las unidades que con mayor densidad se aprecia son: parte noreste de la cubeta de Piedrabuena, Sierras de Piedrabuena-Alcolea, depresión antíclinal de Picón-Alcolea de Calatrava, parte media y oriental de la cuenca sinclinal de Corral de Calatrava, depresión anticlinal de Argamasilla, Macizo norte de Calatrava y algunas áreas del Campo de Calatrava Suroriental (Almagro). Los geocomplejos en que hemos dividido esta subregión atienden, por las razones anteriores, a características relacionadas con el relieve y son los siguientes: 4.1.Geocomplejo mediterráneo deformaciones masivas o enclaves rocosos volcánicos Se corresponde con los acúmulos de lava en forma de domo, en general, o a determinadas partes masivas o poco alteradas de las coladas. Este geocomplejo suele presentar los paisajes menos humanizados, debido a las dificultades que ofrece su puesta en cultivo. Incluso en las áreas más favorables, la cubierta vegetal puede desarrollarse con cierta profusión, siendo el encinar el que ocupa estos geosistemas y no suele diferir mucho de la vegetación silicícola que le rodea. Se trataría, pues, en los poco numerosos casos en los que se conservan formaciones vegetales, de un geocomplejo de bioclima seco con el encinar como máximo aprovechamiento biótico. Con claros signos de degradación, en ocasiones aparecen jarales y muy frecuentemente retamares, típicos de suelos sueltos y con influencias ganaderas o humanas en general. Por tanto, este geocomplejo puede integrar unidades de paisaje diversas en relación con su estadio dinámico; las mejor caracterizadas son: - Geofacies arborescentes-arbustiva semicerrada de los encinares. - Geofacies arbustivo abierta de los retamares. - Geofacies arbustivo semicerrada de los jarales comunes. Por lo explicado con anterioridad, puede entenderse que el funcionamiento de estos geosistemas no es homogéneo y tampoco lo es su fase con relación a la clímax. Por ello, pueden encontrarse paisajes biostásicos donde las rocas volcánicas se hayan alterado lo suficiente para que la vegetación se desarrolle y otros en los que no haya habido tales procesos o que se encuentren deforestados, por lo que el régimen rexistásico les definirá mejor. Asimismo se producirá un abanico desde condiciones casi subclimácicas a otras paraclimácicas. 4.2. Geocomplejo mediterráneo de formaciones volcánicas sueltas Estos geosistemas muestran unos caracteres geológicos, morfológicos, topográficos y edáficos distintos. El aprovechamiento humano, intensivo generalmente, colabora singularmente en el contraste paisajístico que se establece con los otros geocomplejos de esta subregión. La ausencia total de vegetación natural y la puesta en cultivo de estos excelentes terrenos (en esta comarca) confieren una componente esencialmente agrícola a estos paisajes, que se refuerza por las características geomorfológicas de escasas pendientes, ausencia de roquedos masivos, etc. Las frecuentes tonalidades rojizas o negruzcas de estos materiales piroclásticos o lávicos muy alterados, los diferencian de los terrenos calcáreos cultivados próximos y ofrecen, fisonómicamente también, la sensación de ser las tierras roturadas por excelencia. Se hallan, por consiguiente, muy alejadas de los paisajes naturales primitivos. 4.3. Geocomplejo mediterráneo de formas de destrucción volcánica y de enclaves húmedos Corresponde especialmente a los cráteres de explosión, que son uno de los ámbitos con más personalidad natural dentro de esta subregión. Estas depresiones embudiformes, aunque de modestas dimensiones, tienen unas características fisiográficas y geomorfológicas particulares que trascienden a las condiciones hídricas y microclimáticas, determinando un régimen endorreico, lo cual acaba repercutiendo, no sólo en la instalación de especies vegetales higrófílas, sino también en la recepción y hábitat de especies de avifauna que valoran singularmente estos geosistemas húmedos. La sequía de los últimos años y la puesta en cultivo de numerosos de estos encharcamientos temporales vienen degradando estos valiosos espacios que, paulatinamente, parecen a su vez ir desapareciendo y difuminándose en los paisajes que los enmarcan. En esta subregión, pues, se observa una cierta diversidad en espacios relativamente reducidos y se dan tanto paisajes relativamente próximos a los estadios subclímax como otros más emparentados con fases paraclimácicas. Asimismo aparecen unidades de paisaje totalmente humanizadas con modificaciones de su potencial geoecológico de cierta importancia. A modo de conclusión final puede señalarse que en la región natural analizada, así como en el nivel taxonómico inferior, el de las subregiones, el elemento geomorfológico es el que posee un mayor valor e impregna al paisaje de sus rasgos más sobresalientes. A esta escala influye significativa y directamente en las condiciones climáticas y en los aprovechamientos humanos, lo cual termina plasmándose en el mosaico biogeográfico, al que enriquece notablemente. Los geocomplejos se caracterizan y definen paisajísticarnente por un aprovechamiento biológico particular de los caracteres del potencial geoecológico, muy relacionado en este nivel con las diferencias bioclimáticas y ciertas condiciones específicas de las formaciones geomorfológicas más recientes y dinámicas. Tanto en las unidades de paisaje intermedias, pero sobre todo en las inferiores, la influencia del hombre es de gran importancia y su impronta debe ser considerada esencial en el nivel de geofacies, que se identifican con el aspecto más visible de las formaciones vegetales actuales. Con la profundización en el estudio cada subsistema biogeográfico, dentro del marco del geosistema, adquiere un papel distinto y, por tanto, su importancia debe modularse en relación a los cambios de escala. Por nuestra parte, según lo indicado anteriormente y por la naturaleza de la comarca, creemos que la cubierta vegetal ofrece importantes referencias de cómo es y en qué estado se encuentra no sólo ese elemento, sino el conjunto del medio natural, a condición de que se realice una integración del elemento vegetal en sistemas territoriales más amplios, que contemplen el resto de los constituyentes de los paisajes. Asimismo, pensamos que en nuestro territorio y en los vecinos (Montes de Toledo, Montes de Ciudad Real y Alcudia-Sierra Morena) la instalación y colonización vegetal sobre las distintas formaciones geomorfológicas, así como las dificultades y el freno que el antropismo le impone constituye uno de los aspectos claves del funcionamiento de los paisajes actuales. Con una dinámica algo distinta se hallan las áreas más deforestadas y menos montanas del Campo de Calatrava, que ofrecen unos paisajes humanizados que deben seguir mereciendo la antención de la Geografía Rural. |
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