EXPOSICIÓN

ALFONSO

Cincuenta años de
historia de España

Inauguración en el Vestíbulo del Paraninfo Rector Luis Arroyo Zapatero el día 15 de noviembre de 2004,hasta el 15 de diciembre.

El fotógrafo

La firma ALFONSO apareció por primera vez en la prensa en 1904, cuando el célebre periodista Julio Burell llamó a Alfonso Sánchez García (Ciudad Real, 1880-Madrid, 1953) para dirigir la sección de fotografía del diario El Gráfico. Desde enton-ces, la celebridad de aquel fotógrafo casi adolescente no hizo más que crecer, tras sus celebrados reportajes de la revolución portuguesa (1909), las sucesivas campañas de Marruecos (1909-192l), la ejecución del tristemente célebre capitán Sánchez (1913), la Huelga General (1917), el vuelo del Plus Ultra (1926), las sublevaciones de Jaca y Cua-tro Vientos (1930), o la jubilosa proclamación de la República (1931). Cuando en 1923, el general Primo de Rivera dejó en suspenso la Constitución, todas las publicaciones gráficas se disputaron su trabajo, pese a su conocida vinculación con La Libertad, El Sol, y otros diarios republicanos y democráticos de la época. Nadie le discutía entonces un lugar de privilegio en la jerarquía laboral del periodismo gráfico madrileño, gracias a su talento para el reportaje, a su natural instinto y penetración, su sorprendente ubicui-dad, y una afición por su oficio que le distinguió del resto de sus colegas.

Pero su prestigio como reportero no empañó nunca su gran popularidad como retratista, que convirtió su estudio de la calle de Fuencarral en rebotica y punto de cita de periodistas, escritores, políticos, toreros y gentes de la farándula. De entonces son algunos de sus mejores y más olvidados retratos, como los del maestro Federico Chueca, un tímido y juvenil Valle-Inclán, José Nakens, La Fornarina, Cansinos-Asséns, Felipe Trigo o el general Burguete.
Alfonso fue, ante todo, un fotógrafo de prensa; un testigo privilegiado y atento que supo captar como nadie el pulso de la calle y los momentos más decisivos de medio siglo de la vida pública española. Su monumental archivo cobra hoy una singular impor-tancia, no sólo como la obra de un fotógrafo extraordinario, sino como el reflejo de una época irrepetible del periodismo gráfico español, y espejo fidedigno y luminoso de la historia política y social española. Desde el país deprimido del 98 hasta las sucesivas campañas de Marruecos, la dictadura primorriverista, la dictablanda de Berenguer, la trémula esperanza republicana, la guerra civil, y los días inclementes de la primera posguerra. Incluso en su admirable galería de celebridades encontramos la huella del reportero. Sus mejores retratos tienen su anclaje en la prensa, y para los periódicos se hicieron con su firma algunos de los que forman parte de la memoria visual del país, como los de Pérez Galdós, García Lorca, Valle-Inclán, Pío Baroja o Antonio Machado.



Pero Alfonso no sólo nos dejó el milagro de sus fotografías, sino que creó una prestigiosa saga de reporteros integrada por sus hijos, Alfonso, Luis y Pepe Sánchez Portela, que fueron sus más leales asistentes. Ellos se encargaron de dar continuidad a su nombre, cuyo crédito logró vencer los estragos del silencio impuesto por las plurales censuras de la dictadura. En este empeño fue decisiva la obstinada voluntad del mayor, conocido entre los del oficio, como Alfonsito, quien, ante el desinterés o el apartamiento de sus hermanos, fue el encargado de perpetuar su obra y el que acabó heredando sus réditos profesionales. Un hecho que originó no pocos equívocos sobre la paternidad de las fotografías, que todavía hoy se mantienen, y que al fin han podido ser aclarados, tras el minucioso análisis del copioso archivo familiar que ha realizado el prestigioso fotohistoriador Publio López Mondéjar.

La exposición y el libro


López Mondéjar ha invertido más de diez años en reunir y analizar las cientos de fotografías y documentos, que le han permitido desvelar buena parte de los lances profesionales y personales imputables a la vida de Alfonso.

De ahí que el libro que acompaña la exposición varíe esencialmente de las que, incluida la suya, se habían ocupado con anterioridad de esta prestigiosa firma. Y no sólo en su contenido, mucho más rico y diverso, sino en la propia decisión de hacer del fundador de la dinastía el protagonista central de la misma, por su condición de autor de las más relevantes fotografías y responsable último de la planificación, dirección y realización de los trabajos de su estudio y de su Agencia Gráfica.
La exposición contiene unas noventa fotografías hasta ahora desconocidas y el libro que le acompaña incluye más de trescientas cincuenta, de las que cerca de trescientas son absolutamente nuevas, y sólo eran conocidas por los lectores de las pu-blicaciones de la época en que fueron publicadas. Entre ellas, algunas verdaderamente extraordinarias, como la del discurso de la Corona de Alfonso XIII (1916), la capilla ardiente de Joselito (1920), la repatriación de los prisioneros españoles hechos por Abd-el-Krim (1923), el discurso de Manuel Azaña durante el acto de creación de Acción Re-publicana (1925), el Consejo de Guerra del capitán Sediles y los sublevados de Jaca (1930), o la estampa tristísima de Julián Zugazagoitia y Largo Caballero tras las rejas de la Cárcel Modelo (1934). Otras nunca se habían publicado, y permanecían guardadas en el rincón más oculto del archivo, como las estremecedoras imágenes del Consejo de Guerra y fusilamiento del general Fanjul (1936), o las tomadas en el interior de la cárcel de Porlier (1939). Estas fotografías son las que cierran el libro, al considerar el autor que las realizadas en la posguerra por Alfonso y sus hijos, distan mucho de la calidad y el interés de las que tomó en sus años de reportero, antes de la afrentosa inhabilitación profesional a la que le condenó el franquismo.



Para realizar esta obra, Publio López Mondéjar ha consultado detenidamente mi-les de negativos y documentos originales absolutamente desconocidos hasta hoy, que se guardan en el Fondo Alfonso del Archivo General de la Administración; cientos de co-pias de época de los archivos de los medios en que colaboró Alfonso en sus años de re-portero, especialmente el de las revistas de Prensa Gráfica, incautado por el Estado en 1939; diversas colecciones públicas y privadas, así como el importantísimo legado de documentos y fotografías originales conservados por los descendientes del fotógrafo.
El resultado es un libro deslumbrante, lleno de nuevos y reveladores datos, incluidos por López Mondéjar en un texto ameno, riguroso y analítico, en el que, no sólo construye definitivamente la biografía personal y profesional de Alfonso, sino que nos muestra la realidad política, social y cultural del Madrid y la España de su tiempo. Magníficamente impreso en tres colores, el libro se completa con exhaustivos índices cronológicos y onomásticos, que completan su carácter de obra interdisciplinar, que interesa, tanto a los aficionados a la fotografía, como a los interesados en la historia o la sociología.


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Biografía de Alfonso

La exposición
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