BIOGRAFÍA
Alfonso Sánchez García (1880-1953), nació en Ciudad Real, el 21 de febrero de 1880, aunque su vida y su obra tuvieron como eje el Madrid destartalado de la primera mitad del siglo XX. En 1904 comenzó a firmar sus fotografías con el seudónimo ALFONSO, y ya en el ecuador de los años diez se había convertido en el más popular reportero gráfico de Madrid, tras sus celebrados reportajes sobre la guerra de Marruecos (1909), el crimen del capitán Sánchez (1913) o la Huelga General Revolucionaria (1917). Cuando en 1923 el general Primo de Rivera dejó en suspenso la Constitución, todas las publicaciones gráficas se disputaban su trabajo, a pesar de su conocida vinculación con la prensa progresista y republicana. Nadie le discutía entonces un lugar de privilegio en la jerarquía laboral de su oficio, gracias a sus plurales talentos para el reportaje, a su natural instinto y penetración, su sorprendente ubicuidad y una afición por su oficio que le distinguió del resto de sus colegas. ALFONSO fue, ante todo, un reportero; un testigo privilegiado y atento que supo captar como ninguno el pulso de la calle y los momentos más decisivos de medio siglo de vida pública española. Su monumental archivo cobra hoy una especial importancia, no sólo como la obra de un fotógrafo excepcionalmente dotado, sino como reflejo de una época irrepetible del periodismo gráfico español, y espejo fidedigno y luminoso de la historia política y social española, desde el país deprimido del noventayocho, hasta las sucesivas campañas de Marruecos, la dictadura primorriverista, la trémula esperanza republicana, la guerra civil, y los días inclementes de la posguerra. Incluso en su admirable "Galería de Celebridades" encontramos la huella del reportero. Sus mejores retratos tienen su anclaje en la prensa, y para los periódicos se hicieron con su firma algunos de los que ya forman parte de nuestra memoria visual, como los de Pérez Galdós, Pío Baroja o Antonio Machado. Pero ALFONSO, no sólo nos dejó el milagro de sus imágenes, sino que creó una prestigiosa saga de reporteros integrada por sus hijos, Alfonso, Pepe y Luis Sánchez Portela, que fueron sus más leales asistentes. Con ellos vivió y trabajó hasta las vísperas de su muerte, ocurrida en Madrid, el 13 de febrero de 1953. Moría con él, no sólo una de las grandes figuras de la fotografía española, sino una época irrepetible del periodismo gráfico español y de la propia historia de España. Un tiempo que quedó fijado en la edad eterna de sus fotografías.
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