"Imagen y memoria"

Existen imágenes en nuestra memoria tan profundamente instaladas, tan familiarmente ubicadas, que parecen estar acompañándonos desde los inicios de nuestra propia existencia. Imágenes "catálogo" que forman parte de nuestra propia cultura o que simbolizan aspectos fundamentales de nuestra forma de vivir y comprender la realidad que nos rodea. Existe una cultura de la imagen en cuanto referente de otras imágenes, unas todavía existentes en nuestro tiempo, otras en proyecto, otras temporalmente perdidas, otras completamente extinguidas. La imagen como referente de un original adquiere los rasgos propios de un resguardo que preserva tanto su veracidad como su existencia. Pero la imagen referencial también puede estar expuesta a interpretación, subjetividad, o simplemente inexactitud frente al pretendido original. La imagen referencial, multiplicada por la máquina hasta el infinito, ofrece distintos enfoques de una única realidad. Del mismo modo, todos y cada uno de nosotros podemos asegurar que disponemos de imágenes en cada uno de nuestros "catálogos" debido, simplemente, a que hemos tenido la oportunidad de descubrir una de estas imágenes referenciales reproducida por algún medio electro-mecánico o foto-químico. En el proceso de la representación, la copia también se convierte en un nuevo original en el que persiste, no obstante, una ambigua vinculación "mágica" en el espacio y el tiempo a ese otro item absoluto.

El conocimiento del mundo del arte continúa siendo mayoritariamente referencial a través de las imágenes que la nueva sociedad de la comunicación nos facilita con la ayuda de los medios de reproducción y transmisión que ofrecen las nuevas tecnologías: las ya clásicas y las emergentes. La construcción de una realidad exclusivamente referencial implica su síntesis en cuanto imagen, es decir, la compresión de su espacialidad, peso, materia, sonido, color, volumen en un formato y soporte determinados: fotografía, fotocopia, digitalización, papel fotográfico, papel, diapositivas, video, soportes infográficos,…etc. Del mismo modo, es preciso indicar cómo la re-presentación (reproducción) de estas imágenes referenciales al mundo del arte adquieren su propio lenguaje -en muchos casos completamente alejado del propio lenguaje original- en la obra reproducida: audiovisual, cd-rom, internet… etc.

Esta síntesis del arte en cuanto imagen también permite descontextualizar la leve frontera que separa al original de la idea que nosotros tenemos en "catálogo" de ese original. Cuando a una persona se le interroga por una obra de arte que se admite como un icono cultural fundamental, por ejemplo el cuadro "Mona Lisa" de Leonardo Da Vinci, esta pintura surge en su cerebro con la naturalidad y espontaneidad propia de una imagen referencial de ámbito universal. Es decir, brota con la naturalidad propia de una imagen sintetizada a la que le falta parte de su información absoluta. Por este motivo, cuando a la misma persona se le interroga por el tamaño real de esta pintura, su rostro adquiere la expresión propia de la duda y la perplejidad. He sido testigo de muchas personas cuya percepción de la obra real le ha causado un cierto desconcierto. Nunca hubieran imaginado que el cuadro mencionado tuviera esas dimensiones, según su criterio, "tan pequeñas". Y estas consideraciones también se pueden dirigir a otras experiencias y símbolos culturales globales: ¿Como es el verdadero rostro de un locutor de radio que nunca hemos visto, pero que siempre hemos escuchado? ¿Cuántos grados de inclinación tiene la Torre de Pisa? ¿Cuántas personas aparecen representadas en el cuadro "Las Meninas" de Velázquez? ¿Cuántos centímetros mide el "David" de Miguel Angel?

El mundo del arte es un mundo formado por actitudes y comportamientos capaces de generar imágenes. No debemos olvidar cómo, a su vez, estas imágenes originales son capaces de generar otros referentes, y cómo nuestra memoria tiene la capacidad de aportar otras lecturas y perspectivas que amplían su significado propio.

Javier Ariza