José Antonio Sarmiento

Críticas a una velada ultraísta

 

La publicación del poema “Un golpe de dados nunca abolira el azar” de Mallarmé en la revista francesa Cosmopolis (1897) significó, según palabras del mismo autor un nuevo “estado” que, aunque mantenía cierta vinculación con la tradición, significaba la renovación del lenguaje poético. Hubo que esperar unos años para que Marinetti publicara su Manifiesto técnico de la literatura futurista (1912) y, fundamentalmente La imaginación sin hilos y las palabras en libertad (1913), para que se produjera la ruptura total con el pasado.

Marinetti no sólo busca la destrucción de la sintaxis, la plasticidad de la página y la poesía abstracta, sino que además plantea una nueva concepción del libro y un nuevo espacio de interpretación que implica la participación del público. Los poemas de su libro Les mots en liberté futuristes son ejemplos significativos así como sus poemas fonéticos, su libro objeto Parole in libertà futuriste tattile termiche olfattive y sus recitales o happenings.

El futurismo de Marinetti significó el comienzo de un nuevo hacer poético que va a influir de forma determinante en la vanguardia histórica y, en todos los movimientos surgidos después de la segunda guerra mundial, desde el letrismo hasta las diferentes tendencias aparecidas a partir de los sesenta que se agrupan bajo la denominación de poesía experimental.

A Marinetti se le conocía como la «cafeína de Europa» por su continua presencia en los centros artísticos más importantes de la época dando conferencias o recitando sus palabras en libertad. Sus manifiestos editados en hojas sueltas y sus libros eran enviados por todo el mundo. Esta estrategia de creación de una red internacional de comunicación figura como precursora del denominado mail-art o arte postal.

En París, Guillaume Apollinaire se acerca al movimiento dando a conocer su manifiesto La antitradición futurista (1913). El protagonismo de Apollinaire durante esta época viene motivado más por su poesía modernista que por su escritura experimental. Defendió la revolución tipográfica iniciada por Marinetti, como lo demuestra en su texto El espíritu nuevo y los poetas, al afirmar que esta nueva poesía puede consumar la “síntesis de las artes, de la música, de la pintura, y de la literatura”, pero en la práctica, tenemos que decir que sus caligramas no alcanzan esa síntesis ni la belleza plástica de las palabras en libertad, son sólo una continuación de la tradición iniciada por el poeta griego Simias de Rodas.

Cuando se inaugura en Zurich el Cabaret Voltaire, inicio del dadaísmo, en sus paredes están presentes las “cartas-poemas geográficas futuristas” como Tristan Tzara denominaba a las palabras en libertad de Marinetti. A pesar de que los dadaístas en sus veladas y escritos proclamaban: “El futurismo ha muerto. ¿De qué? De DADA”, seguían utilizando todos sus recursos formales innovadores y sus métodos de acción: poesía visual, poesía fonética, veladas, edición de revistas, etc.

Recordemos lo que escribe Hans Richter en su libro Historia del dadaísmo: “Como todos los recién nacidos estábamos convencidos de que el mundo comenzaba con nosotros. En realidad, era simplemente que nos habíamos tragado el futurismo integro, aunque escupiendo en el transcurso de la digestión un trozo por aquí, un trozo por allí...”

A España el futurismo llegó a través de Ramón Gómez de la Sema, quien traduce y publica el manifiesto de fundación de dicho movimiento en su revista Prometeo meses después de su publicación en el periódico francés Le Figaro (1909). Dos años más tarde la editorial valenciana Sempere presentó El Futurismo, libro en el que Marinetti desarrolla las ideas básicas de su movimiento. Los manifiestos “técnicos” sobre la nueva literatura no fueron traducidos.

Aunque el futurismo en un principio gozó en nuestro país de una aceptable difusión, los poetas españoles permanecieron al margen de su mensaje de destrucción y renovación. Hubo que esperar a que en Barcelona, Josep Maria Junoy diera a conocer su cuaderno de poemas visuales Troços (1916), para encontrar la primera manifestación literaria vanguardista. Esta edición se puede considerar como el número cero de la revista que con el mismo título publicó a partir del año siguiente, en el transcurso del cual harán su aparición dos nuevas publicaciones: 391 de Francis Picabia y Un enemic del Poble de Joan Salvat Papasseit.

Mientras tanto, en Madrid, bajo la tutela de Rafael Cansinos Assens un grupo de jóvenes poetas, entre los que hay que destacar por su proyección futura a Guillermo de Torre, César A. Comet, Pedro Garfias y José Rivas Panedas, redactan el primer manifiesto ultraísta (1918). Este texto, que no es más que una simple declaración de principios, termina con el anuncio de la publicación de una revista que llevará el titulo de Ultra y “en la que sólo lo nuevo hallará acogida”.

El ultraísmo surge como un movimiento de síntesis de todas las estéticas vanguardistas. Marinetti, Apollinaire y Tristan Tzara son los modelos a seguir. El nexo de unión se produce a través de Vicente Huidobro y, sobre todo, con Guillermo de Torre, quien en estos años va a desarrollar una intensa labor de difusión de lo nuevo que culminará con la publicación del libro Literaturas europeas de vanguardia (1925).

Los manifiestos ultraístas no alcanzaron la fuerza provocadora e incendiaria de los futuristas y dadaístas. Entre ellos merecen ser mencionados el Manifiesto vertical (1920), de Guillermo de Torre y, el texto Ultraísmo (1921), de Jorge Luis Borges, en este último se definen por primera vez y de forma contundente los principios de la poesía ultraísta “

1) Reducción de la lírica a su elemento primordial: la metáfora.

2) Tachadura de las frases medianeras, los nexos, y los adjetivos intútiles.

3) Abolición de los trabajos ornamentales, el confesionalismo, la circunstanciación, las prédicas y la nebubosidad rebuscada.

4) Síntesis de dos o más imágenes en una, que ensancha de ese modo su facultad de sugerencia”.

Estos pricipios que formula Borges y aceptan en la práctica los ultraístas ya estaban presentes en el primer Manifiesto técnico de la literatura futurista. Sus libros y revistas son el más claro ejemplo de adhesión a este nuevo credo, sin embargo no llegaron a alcanzar la libertad anunciada en los sucesivos manifiestos futuristas. Apenas

encontramos poemas que cuestionen el espacio de la página y, cuando esto ocurre, son composiciones más cercanas al “Golpe de dados...” de Mallarmé y a los caligramas de Apollinaire que a las palabras en libertad marinettianas. El libro que marca este período es Hélices (1923) de Guillermo de Torre y la revista más significativa es Ultra.

Mientras se concretaba el proyecto de edición de una revista propia, los ultraístas dispersaron sus colaboraciones en diversas publicaciones. Se iniciaron en Los Quijotes (1915-1918), revista sin demasiado interés, en ella comenzaron a colaborar Rafael Cansinos Assens y Guillermo de Torre, a los que se van a unir de forma paulatina un grupo de escritores que luego serían entusiastas defensores del ultra: Pedro Garfias, Rogelio Buendía, Rafael Lasso de la Vega, Adriano del Valle, Eliodoro Puche, Manuel de la Peña, Luciano de San-Saor y Ernesto López Parra. La desaparición de Los Quijotes coincide con la fundación de Grecia (1918-1920). Esta revista modernista pronto cambió de rumbo y se convirtió en portavoz de lo nuevo, así lo reivindicaba su director Isaac del Vando Villar en su artículo El triunfo del ultraísmo.

Al fin, tres años después de su declaración en favor de una revista que bajo la denominación de Ultra acogería sólo lo nuevo, un grupo de ultraístas iniciaron su publicación cl 27 de enero de 1921. Aunque en cada número se señala que la revista está regida por un “comité directivo anónimo”, en realidad, según Guillermo de Torre, estaba dirigida por Humberto Rivas. Un poeta hasta entonces desconocido, pero venido al ultraísmo seguramente por su hermano José Rivas Panedas.

Eugenio D'Ors saludó su aparición en los feos y sucios quioscos de Madrid en los siguientes términos: “Atención. He aquí que, un buen día del pasado invierno, empezaron a poblar quioscos y puestos de Madrid unas anchas hojas blancas, con el descarado y vivavísimo agrupamiento de cinco letras en crudo color y de un garabato atrevido... Esto eran portadas; tras de cada portada, había un periódico; tras de cada periódico, ciertos ideales estéticos; tras de estos ideales, un grupo juvenil literario. Pero nosotros, de momento, no teníamos siquiera necesidad de averiguar tantos detalles del asunto. No bastaba con ver los horizontes urbanos madrileños alegrados -¡por fin!- por unos cuantos manchones gratos, en cuya repetición hallaba el mirar incentivo y a la vez reposo de una harmonía muda. Inmediatamente dimos la razón a la nueva revista. Sí, Ultra tenía razón.Opticamente, por lo menos, ´tenía razón´” (La Libertad, 14 de mayo de 1921).

César González Ruano, en sus memorias, recuerda la acogida que el público le dispensó: “La revista, entre las carcajadas y los insultos de la burguesía y el paquidermismo de los periodistas matalones, tuvo un pequeño público de jóvenes y consiguió vivir, publicándose cada diez días (Mi medio siglo se confiesa a medias, 1951).

Los ultraístas también adoptaron las veladas como creación de un nuevo espacio de intervención y acercamiento directo al público. Causaron cierto impacto las celebradas en Madrid el año veintiuno en el salón de espectáculos Parisiana y en el Ateneo. De esta última, hemos recogido, bajo e1 título de “Críticas a una velada ultraísta”, las diferentes crónicas aparecidas en la prensa madrileña y que, en cierto sentido, nos recuerdan las provocadas, aunque con mayor virulencia, cuarenta y siete años más tarde por el grupo Zaj en su concierto del teatro Beatriz.

Los jóvenes ultraístas en el viejo Ateneo

Dicen los ultraístas:
Unos jóvenes poetas del grupo de paladines del ultraísmo, nos envía para su publicación la siguiente nota oficiosa:
"Los ultraístas alcanzaron anoche un clamoroso éxito en el Ateneo. Cuando aparecieron para subir a la tribuna, el público les saludó humorísticamente con una prolongada salva de aplausos. De lo que los ultraístas gustan es del humor, y no cabe duda de que el público no les dejó descontentos en este sentido.
Las teorías y poemas ultraístas fueron escuchados, como en Parisiana, entre un torbellino de risas, protestas y aplausos. No cabe duda de que los jóvenes poetas de vanguardia se condujeron con gran talento, aplomo y valentía; a pesar del innumerable elemento hostil, mezclado entre el público que llenaba el salón de actos, los ultraístas se pueden congratular del triunfo innegable que consiguieron. Sus trabajos eran admirables, y sólo podían reirse de ellos los que son incapaces de toda labor.
Es lamentable que el público del Ateneo diese pruebas ayer de una falta absoluta de reverencia que contrastaba con la actitud noble, valiente y respetuosa de los ultraístas, que se vieron obligados a última hora a increpar al público, lo que motivó un escándalo formidable. No se oían más que gritos, imprecaciones, risas y aplausos. Los ultraístas esgrimian jovialmente las clásicas campanillas de conferenciante.
Tomaron parte los ultraístas Humberto Rivas, César A. Comet, S. Rivas Panedas, Rafael Lasso de la Vega, López Parra, Guillermo de Torre, Antonio M. Cubero, Tomás Luque, Francisco Vighi, Heliodoro Puche, Pérez Domenech, Barradas, Ciria Escalante, etc."
Pueden estar satisfechos los ultraístas.
Dicen los demás: Unos espectadores de la velada también nos envían, para los mismo fines, esto:
"Los ultraístas irrumpieron anoche en la cátedra de la "docta casa", y lanzaron al respetable público desde la tribuna una copiosa cantidad de palabras danzantes y de conceptos inauditos.
El respetable público somos nosotros, y obrando ahora en legítima defensa, escribimos estas palabras transparentes y terminantes para rechazar la agresión que fuímos objeto.
Como ninguno de lo que ya allí escuchábamos hemos agredido a esos señores jamás, esos señores no tienen el derecho de agredirnos, ni a nosotros ni al Ateneo. Y si, audaces y heróicos, aprovechan la hospitalidad que se les ofrece para poner por obra el terrible propósito de volvernos el juicio, nosotros, juiciosamente, rechazamos ahora, como rechazamos anoche el nefasto propósito.
No estamos autorizados para hacer reclamación alguna en nombre de los comerciantes de la Carrera de San Jerónimo, en cuyas vitrinas expusieron los ultraístas los carteles de su velada; pero es de temer que estos señores comerciantes redacten asimismo su nota oficiosa, dando a los transeuntes de la carrera y a los cllentes de sus comercios amplias explicaciones".
Decimos nosotros:
Por el rancio prestiglo del Ateneo es menester que estas cosas no se repitan. Bien está que en la "docta casa" se celebren veladas. Pero nada más que veladas.
Y no hay que confundir las veladas del Ateneo con el Rosario de la Aurora. Ni los versos con los farolazos.

El Tiempo, 1 de mayo de 1921

 

 

Participantes en la velada ultraísta

 

 

Un regocijante espectáculo en el Ateneo

Con un heroísmo digno de mejor causa se aprestaron al combate contra el ridículo, en la noche del sábado pasado, los jóvenes poetas que integran el grupo "ultraísta" español. No hubo vencedores ni vencidos: el público hizo objeto de sus burlas a los innovadores, y estos resistieron los ataques, y aún los devolvieron con una destreza extraordinaria. Resultaron malherido la literatura y la forma poética: nadie más que estas.
Tomaron parte en el festival, tan pintoresco como irreverente, los Sres. Humberto Rivas, César A. Comet, J. Rivas Panedas, López Parra, Guillermo de Torre, Antonio M. Cubero, Tomás Luque, Francisco Vighe, Heliodoro Puche, Pérez Domenech, Barradas, Ciria Escalante, etc. Destacaron su personalidad recia de literatos con y sin ultraísmo, los Sres. Rivas, López Parra y Vighi; el primero, con unas poesías preciosas, inspiradísimas, dignas de las ovaciones con que fueron premiadas; el Sr. López Parra, con un humorístico artículo y unos versos del lirismo de la vieja escuela, y el Sr. Vighi, leyendo unas composiciones festivas que le colocan en la categoría de poeta fácil, intencionado y lleno de humor. Copiamos una de las aludidas composiciones para que juzguen los lectores:

BUEN TIEMPO

Conducida por la Policía,
llegó la Primavera hoy de madrugada.
Aquellas hermanitas,
la Flora y la Fauna,
ya curaron su mal
- la encefalitis letárgica -.
Empolvaron su rostro
las acacias y en todas las cabezas florecieron
¡los sombreros de paja!

Los restantes intérpretes de la farsa cómica no obtuvieron el mismo brillante triunfo: prestaron simplemente sus lomos para que se encaramasen encima los que tenían derecho a ello.
Hubo escándalos, injurias, carcajadas y otros excesos.
Nosotros, los espectadores, nos divertimos mucho.
P.S.- Aguardamos resignados los denuestos que desde la revista "Ultra", nos serán dirigidos en contestación a estas breves líneas de impresiones acerca de la velada de los innovadores.

José L. Mayral, La Voz , 2 de mayo de 1921

 

Los ultraístas en el Ateneo

Con un público numerosísimo y selecto celebrose el sábado en la sala del Ateneo una interesante velada literaria, organizada por los jóvenes poetas ultraístas, que ratificaron su actitud innovadora ante el público, iniciada en la primera fiesta que hace meses se celebró en Parisiana.
Ante un público heterogéneo, y en su mayoría hostil, que iba con propósitos preconcebidos de acoger con burlas las palabras de los ultraístas, desarrollaron estos últimos, temerariamente, sus teorías y leyeron sus poemas, sin intimidarse, y aún más, prologando humorísticamente, con sus réplicas oportunas, las gracias espontáneas.
Tomaron parte personalmente los siguientes poetas ultraístas: Rafael Lasso de la Vega, que leyó un canto ultraísta, acogido con aplausos; Gulilermo de Torre, que se burló de la actitud rezagada del público en una prosa "teórica", y después leyó varios poemas dinámicos; Ernesto López Parra, que disertó con desenvoltura sobre la trascendencia lírica de la raza; Antonio M. Cubero, que delimitó los campos de los varios "ismos" de vanguardia; Francisco Vighi, original poeta caricaturesco, que leyó varias composiciones ingeniosas, que suscitaron amplias carcajadas.
Otros varios poetas, como Humberto Rivas, José de Ciria y Escalante, Rivas Panedas, Pérez Domenech, César A. Comet, Tomás Luque y Heliodoro Puche, leyeron diversos y originales poemas, y en unión de Barradas, expositor teórico-pictórico, coadyuvaron al interés y éxito de la velada, demostración palmaria -a jucio de los interesados de la vitalidad y curiosidad que despierta el juvenil movimiento ultraísta.

El Sol, 3 de mayo de 1921

 

Velada ultraísta

Los jóvenes poetas ultraístas se han propuesto salirse con la suya, y lo conseguirán. Por lo pronto ya han logrado despertar en torno suyo una expectación enorme, demostrada anteanoche en el salón de sesiones del Ateneo. La mayoría de los espectadores acudió al llamamiento de la velada decidida a que esta acabara con la de San Quintín; pero los ultraístas hicieron alarde de una serenidad que desconcertó a los bélicos. Hubo momentos en que se esperaba una catástrofe, porque la cosa se puso realmente seria. El público agitaba los pañuelos y de la sala salían grandes voces.
Los ultraístas presenciaron impasibles el espectáculo, y leyeron sus poemas y dijeron cuanto tenían que decir.
Todos se portaron como buenos. Rivas Panedas, Lasso de la Vega, Luche, Puche, Comet, Cubero, Ciria, Guillermo de Torre, Pérez Domenech y Barradas, indignaron a unos y entusiasmaron a otros. Humberto Rivas leyó su poema "kKikiriki" entre aplausos, rumores y protestas, que iban hacia la tribuna como una ola. López Parra leyó el cantoa a la rana con un humorismo insuperable. Y, finalmente Vighi puso un nuevo leño a la hoguera.
Los ultraístas saben lo que se hacen y saben dónde van. Adelante.

La Tribuna, 3 de mayo de 1921

 

Nuestra segunda Velada

Anunciada por los carteles de Jahl que se exhibieron en la Carrera de San Jerónimo, nuestra segunda Velada se celebró el sábado 30 del pasado abril.
El Ateneo nos abrió sus puertas deseoso de oir nuestra palabra, nueva y vibrante. La Sección de Literatura quiso que fuésemos a leer nuestros poemas en la tradicional cátedra ateneísta y nosotros fuímos a ella con la libertad y el entusiasmo, que son dos de nuestras virtudes. Se leyeron cuartillas sobre la estética ultraísta, se pronunciaron palabras bautismales y se recitaron poemas, siguiendo este orden: 1º. "Ultraismo: alegría de ser poeta" y "Caminos de hierro" (poemas que publicamos en este mismo número), por Rafael Lasso de la Vega. 2º. "Consideraciones estéticas" y "Puzzle", poemas por Guíllermo de Torre. 3º. Palabras de A. M. Cubero. 4º "Exaltación de la Rana ultraica" y "Poema", por López Parra. 5º. "Ki-ki-ri-ki" (que publicamos en este número) y otros dos poemas, por Humberto Rivas. 6º. "Poemas", por J. Rivas Panedas. 7º. "El poemas de las manos", por Pérez Doménech. 8º. "El anti-yo", estudio teórico sobre el clownismo, y dibujos en la pizarra, por Barradas. 9º. "Especimenes", por César A. Comet. 10º. Poemas de Ciria y Escalante. 11º. "Poemas", por Luque y E. Puche. 12º. "Fuegos artificiales", poema humorístico de Vighi, con quien simpatizamos cordialmente, aunque no figura dentro del movimiento ultraísta. La velada fue un éxito clamoroso para mosotros, a pesar de las protestas de una exigua minoría retardataria y obtusa, que originó la indignación del público en general al grito de idiotas los que protestan, lanzado valientemente por Andrés González-Blanco, fogoso defensor del arte nuevo.

Ultra, nº 10, 10 de mayo de 1921

 


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