Sobre
la obra de Gerhard Rühm :
a) Destacar
como positivo el carácter de "versión" en el sentido
correcto. Es decir, la versión radiofónica de una
obra teatral no tiene porqué ser la versión "escenificada
de otra manera" de esa obra. El cambio de medio de transmisión
ha de llevar consigo una traslación total de lenguaje, como
ocurre en este caso. Cuestiones tales como la visión, la
acción espacial o el valor del silencio diferencian radicalmente
el teatro de la radio. Por ello, en la radio sólo se debe
pretender emitir la sensación de Ofelia, y no el
papel de Ofelia
En este sentido, es acertado el título, pero por una razón
más protunda: no sólo porque ésas son las palabras
de Ofelia, sino además porque Ofelia solo es palabras.
b) La obra
está concebida, a mi modo de ver, sobre el esqueleto de la
poesía concreta más que sobre el de la pieza teatral.
La supervaloración semántica de las palabras, su aislamiento,
participa de un lenguaje gue de siempre ha implicado al poeta concreto.
En este sentido, la repetición (al menos una vez) de ]os
términos clave del texto no es sino otro recurso frecuente
de la poesía concreta que desmenuza la sonoridad y la ubicación
de las palabras.
c) Estructuralmente
hablando, es bien conocida la afición de toda la vanguardia
conreta consistente en "ordenar", ya sea alfabéticamente,
ya sea por tamaños, ya sea atendiendo a su valor dentro de
la oración... las palabras para, aun destruyendo el discurso
tradicional, construir un conjunto armónico, si bien sobre
otros parámetros. El cruce de sentidos (o de direcciones)
en que avanzan las palabras de esta obra es una ordenación
física antes que un valor simbólico.
d) Musicalmente
hablando, la concepción del guión está hecha
utilizando los mismos materiales que una composición lírica.
Tal vez aquí pueda marcarse un cierto contrasentido entre
el carácter rigidamente estructurado del que hablé
antes y la introducción de elementos que inclinan a una lectura
en clave excesivamente tradicional. En este momento me refiero sobre
todo a la "ambientación" sonora con ruidos excesivamente
referenciales.
e) En efecto,
el análisis conceptual de esta pieza ofrece un conjunto claramente
"visible"; el director nos lo manifestó en varias ocasiones:
la "cordura" de Ofelia crea en su entorno un efecto de retroalimentación
que va restringiendo su ambiente y cerrando sus salidas, que va
llevándola a la locura, en una palabra. Esa elaboración
conceptual, esa supeditación de "sus" palabras a las intervenciones
de los otros, esa limitación de "sus" respuestas a la longitud
de las respuestas ajenas, dejan en evidencia que ha sido contaminada
por el desequilibrio general.
Sobre la dirección
de Klaus Schöning :
f) Lo primero
que me ha saltado a la vista ha sido su carácter perfeccionista.
Sin que sea yo enemigo de ello, he de decir que siempre he considerado
un riesgo el empeño excesivo en alcanzar un grado cada vez
mayor de calidad. En lo que se refiere, sobre todo, a la actuación
de la actriz, Isabel Navarro, es evidente que nunca va a llegar
(como cualquier otro) a ser perfecta, pero es que ni siquiera nuestro
oído podría decir si alguna vez llegaba a serlo. A
mi parecer, el afán de superarse en la calidad técnica
o interpretativa debe tener su límite en el punto (impreciso)
en el que interfiere en la libertad expresiva o en ]a fidelidad
al mensaje creativo. No podría, evidentemente, afirmar si
la realización de "Ofelia y las palabras" ha traspasado ese
límite, pero si sé decir que ha estado muy cerca de
ello.
g) El respeto
a la componente musical de la que hablaba en el apartado D), se
ha seguido de forma estricta; tan es así que la pieza resultante
articula matemáticamente los silencios y los sonidos con
un completo sometimiento a las reglas métricas y rítmicas,
hasta llegar a convertirla en una pieza musical antes que teatral.
Ya sé que ninguna de las dos cosas pretende ser "Ofelia ....",
pero en su supeditación formal tal vez el aspecto dramático,
inevitable, quede solapado por el musical. No sé si vendría
a cuento hablar de espontaneidad, cosa que ni es por si una virtud,
ni tiene porqué ser necesaria. Solamente, me queda la impresión
de haber presenciado algo en lo que no cabía esperar ninguna
sorpresa. A este respecto, me hubiera gustado conocer del propio
Klaus Schöning su impresión, su comportamiento en esta
tercera realización (alemán, inglés, español)
de la misma obra. El nos ha dicho, es cierto, que aquí resultaba
"otra" obra, sobre todo por las características idiomáticas;
nos ha dicho que la fragmentación de los textos era consecuencia
lógica de la sonoridad y estructura del castel]ano... Lo
único que no sabemos es si realmente el director se ha dejado
llevar y sorprender por estos nuevos elementos o circunstancias,
montando una pieza nueva, espontánea, o si, aun respetando
estas características articulares, las ha elaborado en el
sentido de un guión previo que esté por encima de
todo imprevisto.
h) Lo que más
resalta para mí en todo el conjunto de la obra tal como la
oímos el día de su presentación y el día
de su transmisión radiotónica es su carácter
clásico. ¿Qué quiere esto decir? El respeto al
guión, en primer lugar; el respeto a normas de armonía
espacio-temporal, en segundo; el respeto a modulaciones escolásticas,
aun en su ruptura, más aparente que profunda; el carácter
de bloque compacto que la pieza conserva; el carácter predominantemente
lógico de su montaje, etc. Esta sensación de clasicismo
fue comunicada por mí a Klaus Schöning y fue plenamente
corroborada por el mismo.
Personalmente considero que, si bien nunca se podrá acusar
a una obra por su clasicismo, no es posible ignorar el factor de
actualidad que "Ofelia...." mantiene, ni el hecho de haber sido
concebida y ejecutada dentro de unos supuestos parámetros
novedosos. Si nos es posible hacer dos apartados dentro del trabajo
desarrollado por Schöning, dirección y montaje, como
si de una obra cinematográfica se tratara, veríamos
como el "despiece" de los elementos se orienta a que nada destaque
o rompa el conjunto, a que se conserve el carácter de bloque,
a que resulte, en fin, una obra "de una pieza", lo cual no deja
de ser la máxima expresión del clasicismo.
i) Si tomamos
"Ofelia...." como obra teatral (que lo es), hemos de analizar su
valor interpretativo Pero antes que nada es una realización
radiofónica. Si la radio está privada de la imagen,
está provista de un surtido técnico que le permite
sustituirla, a veces sin pérdida de expresividad. Quiero
decir: "la interpretación" de la actriz en las palabras
no podría ser teatral, pero sí radiofónica.
En una conversación mía con Isabel Navarro ésta
mantenía que aqui ella no interpretaba, muy al contrario,
desinterpretaba, vaciaba, neutralizaba su actuación. Por
supuesto que no estoy de acuerdo; esas palabras, dichas tan desprovistas
de modulación y de intención, son lo más interpretado
de la pieza. Luego, los textos de "Hamlet", que están troceados,
son también objeto de una interpretación no visual
(o sea, radiofónica). Tanto las frases que van como
las palabras que vuelven serían poco digeribles en
un escenario visual, pero sí en uno sonoro. (No hay que ignorar
que Klaus Schöning tenía consigo un plano escenográfico
perfectamente geometrizado que llevaba como eje de su trabajo).
Lo dicho hasta ahora en este punto con respecto a las voces, se
continúa con los ruidos. El ir y venir de los pasos, para
mí sólo se justifica con el ir y venir de la voz de
Ofelia, con el rebote de su personaje en el caos que lo envuelve.
Si no tuvieran más significación que la de ilustrar
términos como ir, venir, salir, andar, etc., creo que sólo
actuarían redundantemente.
Este carácter ilustrativo, demasiado inmediato o evidente,
no siempre resulta enriquecedor; de hecho, habría que plantearse
-con más audiciones de la obra- si no debilita el mensaje
literal, ya que acentúa con imagen sonora un concepto ya
oído. Se me puede decir que de eso se trata, después
de todo, pero yo pienso que, entonces, los ruidos tienen un papel
de "fondo" demasiado clasicista, (otra vez la misma idea).
Por fin, a
modo de impresión general, quiero resaltar el enorme provecho
que para quien esto escribe ha tenido el ser testigo de la realización
de "Ofelia y las palabras":
1º en tanto en cuanto se ha podido seguir la confección
material del producto.
2º porque se ha contemplado directamente el procedimiento de
trabajo de Klaus Schöning como director de actores y como compositor
de ambientes sonoros, a la vez que ha permitido conocer sus conceptos
sobre el género radiofónico.
3º por la posibilidad de ver en acción la mecánica
del medio, así como el instrumental y, en fin, sus posibilidades
expresivas.