|
La petición
de Walter
Walter Marchetti me
ha pedido, con ese verdadero pudor que siempre ha sentido para estas
cosas, que escribiese algo. No sobre Marchetti y su obra, eso hubiera
sido para Walter pedir demasiado, sino sobre nosotros dos.
Porque para Walter
el centro del mundo no fue nunca Marchetti sino todo y todos los
demás: la Música, Juan, John, Loriana, los niños,
el buen vino, los libros, los discos, los objetos o mejor dicho
las cosas. Para él las cosas nunca fueron objetos y el ego
nunca fue un problema. Su música se extiende a todos los
seres vivos, sin excluir a los cerdos y a toda naturaleza, haciendo
que las piedras canten.
Si se quiere entender
a Marchetti y su actitud crítica hacia la música y
los músicos hay que comprender ésta su postura deflacionista
ante la inflación egoica del mundo musical actual.
Mi primera reacción
ante la petición de Walter fue de sorpresa: no sé
nada de música y mi primer contacto con ella acabó
pronto cuando fui expulsado del coro del colegio (segunda voz) por
estar "distraído".
Ya entonces, por lo
visto, me molestaba esa incapacidad de la música convencional
para poder estar siempre ahí, es decir su temporalidad y
evanescencia, y al revés de lo que parecía sucederme
con la pintura, escultura, arquitectura o escritura, la música
tenía poco atractivo para una personalidad obsesiva y fetichista
como la mía, interesada en la presencia de los cuerpos y
no en los momentos fugitivos. Sólo más tarde comprendería
cuan fugitiva puede resultar esa presencia cuando no viene constelada
en una experiencia inmediata e inefable que trasciende al tiempo
y el espacio.
Una Amistad no es
una Relación
Como no podía
negarme a los modestos deseos de Walter pensé primero en
redactar una breve historia de nuestra relación o mejor dicho,
a falta de un diario personal, una breve memoria.
Pronto me di cuenta
de que una verdadera amistad no es ni tiene "historia" y desde luego
no es una "relación" ni sólo una "memoria" sino algo
más intangible: una disposición.
Vistas las cosas desde
la llamada lógica de la relaciones yo me habría convertido
en el "tercer hombre" de ZAJ en 1966 (antes podía decirse
que lo fue Ramón Barce) y Marchetti aparecería desde
su encuentro con Hidalgo en Milán en 1956 y la creación
de ZAJ en Madrid en 1964 como el "cofundador" y "segundo hombre".
Este esquema daría
una idea falsa de lo que fue ZAJ, que para Marchetti era como un
bar, el reducirlo a anécdota o sea a historia o sociología.
No es que vaya a negar aquí el papel "fundacional" de Hidalgo
en mi vida, no asi en la de Marchetti que siempre fue un autodidacta,
o sea el papel de Juan en mi "dependent arising" como dirían
los budistas, sino aprovechar este testimonio para trascender cualquier
"historia" que pretenda sujetarnos y reducirnos con sus interpretaciones,
suprimiendo indeterminación e impermanencia en exclusivo
beneficio de la causalidad.
Treinta y tres años
Hace 33 años
que conozco a Marchetti. No 33 años ininterrumpidos sino
33 años llenos de agujeros, vacíos, discontinuidades
y sorpresas para los dos, pero aún más para mí.
Ya he dicho que no voy a hacer la Historia de nuestras historias.
No entraré aquí en la relación de Marchetti
con Maderna de la que nada sé, con Cage y el Neodadaísmo
americano que yo no viví personalmente, o con Hidalgo, a
los que conocí juntos. Ni tampoco voy a hablar de mi afición
como coleccionista por la pintura americana, de mi amistad con Clement
Greenberg o de la influencia que ha tenido en mi Gertrud Stein,
a la que llegué incluso a traducir.
Solo diré que
Walter y yo veníamos de mundos muy distintos, él venía
muy a pesar suyo de la música, y yo menos radical en mi actitud
de la escritura pero sobre todo de la pintura modernista.
Por encima
de esas historias y de nuestras incipientes biografías Walter
y yo teníamos algo en común, que intentaría
definir en Marchetti como una insatisfacción radical hacia
las estructuras que oprimían a la música y le restaban
credibilidad, sobre todo con la temporalidad, en mí como
una búsqueda profunda de una escritura que pudiera constelar
la experiencia sin ser mera literatura o sea ficción. Si
a Walter le irritaban los musicantes a mí no me gustaban
los literatos, que compensaban con sus inflaciones egoicas la falta
de credibilidad de sus productos.
Walter tenía
un problema con la música y yo otro con la literatura. A
él no le gustaba la música que oía entonces
(serialismo, azar, concreta, etc.) y a mí no me gustaba
la literatura.
La risa
Ya entonces la risa
estaba ayer como hoy presente en Walter. De Hidalgo recuerdo la
sonrisa, de mi una cierta incapacidad para reir hasta mucho más
tarde en mi vida. La risa era el mundo de Marchetti. Todavía
hoy, a pesar de enfermedades y privaciones, a pesar de que su vida
ha asumido el dolor, no se puede entender Marchetti el hombre ni
su obra sin la risa, asi como tampoco se puede entender una vida
que no asume el dolor.
Esto no quiere decir
que sea sólo un compositor de obras cómicas sino que
el primer instrumento con que Marchetti rompe las estructuras convencionales
que oprimen o asfixian a la música, poniendo en evidencia
su incongruencia, es la risa.
La pérdida
de la credibilidad
La pérdida de
credibilidad del lenguaje musical convencional es uno de los problemas
con que Marchetti se encuentra, que se manifiesta en la música
quizá con anterioridad a otras artes con la crisis que representó
Wagner. El Wagnerianismo resultó en la teatralización
de la música y su infiltración por el teatro y la
ópera, es decir por la representación escénica,
mimética y mediatizadora.
Wagner es el precursor
de la actitud "Post" en las artes, aunque su origen verdadero esté
en el Manierismo italiano. La actitud "Post" evita la cesación
de las significaciones intrascendentes para constelar una experiencia
que siempre resultará como experiencia fresca y nueva, ya
que la experiencia no puede ser siempre la misma, puesto que ni
es ni es la misma. La mentalidad "Post" es una actitud "hyper" que
exagera, distorsiona, intensifica, agranda, miniaturiza, etc., las
significaciones convencionales del pasado. Está relacionada
con la actitud "Retro", porque una significación convencional
es una significación pasada. A pesar de su aparente "grandeur"
es una postura convencional, ecléctica y nostálgica.
En pintura el Postmodernismo ha derivado al Expresionismo y en Arquitectura,
donde parece más aceptable frente a la reducción pseudomoderna
del Bauhaus, al eclecticismo. En música, se advirtió
antes que en las otras artes el callejón sin salida a que
llevaba y quizá por eso no hay un verdadero "Postmodernismo"
musical que en realidad sólo se da en Arquitectura.
A pesar de la revolución
que representó el Ballet Moderno y su negación de
la teatralidad en favor de un arte más directo e incluso
más físico y corporal, el desplazamiento hacia el
Ballet, incluso de los grandes compositores (Stravinsky, Debussy),
no representó una solución.
La Parodia
Ante la falta de credibilidad
la parodia ofrece una salida rompiendo el monologismo del lenguaje
musical. "La Caccia" de Marchetti es una obra maestra de la parodia.
Esa parodia de la mimesis del lenguaje musical y del lenguaje musical
como mimesis conserva siempre su frescura. Parece realizada al aire
libre y con pajaritos de verdad porque con ella una brisa fresca
hace su entrada en la música: el aire libre es el de la música
de Marchetti, no el aire libre contaminado de nuestra civilización.
Frente a los intentos
cuasi apocalípticos de la música germánica
para restablecer la credibilidad llevando al sujeto, al objeto y
al lenguaje musicales hasta el paroxismo y la descomposición
(Schoenberg y el expresionismo) Marchetti advierte que la situación
sigue siendo incestuosa y que la fuerte purga administrada no ha
evitado el ensimismamiento egoico y la asfixia y que por depurado
técnicamente que sea un monologismo, serial o aleatorio,
sigue siendo eso, un monologismo. De ahí que en "La Caccia"
muestre la incongruencia de todo lenguaje con pretensiones absolutistas,
por positivista que pretenda ser.
Una común
insatisfacción
Asi pues, aunque muy
distintos, Walter y yo tuvimos desde el principlo algo en común:
queríamos ver si era posible hacer lo que entonces parecía
imposible.
Las "palabras" y la
"música" nos producían una insatisfacción,
radical para Walter y profunda para mí. Pero a diferencia
de los vanguardistas aunque no de la vanguardia sabíamos
que la solución, si solución había, no iba
a consistir en condenarnos al silencio, silencio que cada vez resultaba
más ruidoso, ni en asistir a repetidos entierros, ya fuese
el entierro de la música, de la escritura o de la pintura
o de todo el arte.
En aquella época,
la insatisfacción y la intuición así como las
lecturas y el esfuerzo, eran nuestros inadecuados instrumentos.
A mí concretamente me faltaban entoces conceptos fundamentales
como el de escritura no escrita -que en aquellos tiempos era solo
una intuición- y "no escritura" (Nagarjuna) o el de "experiencia
inmediata" (William James, Bertrand Russell) y otros. Y Walter había
visto pronto que las ideas de Cage sobre el silencio y la ideterminación
se habían convertido en lugares comunes que no resolvían
lo que él veía como el problema fundamental de la
música: el sonido.
Cage no calaba con
la suficiente profundidad, la filosofía oriental. Solo disponía
de los textos de Suzuki y de los maestros Zen. Los estudios más
profundos sobre la historia de la Filosofía Budista y Nagarjuna
de David J. Kalupahana y la invasión de los exiliados tibetanos
no se había producido todavía por lo que no se advertía
la relación de la "tercera vía" de Buda y de Nagarjuna
con la experiencia inmediata, con lo que la caída en el literalismo
nihilista y/o el absolutismo metafísico seguían siendo
inevitables. Por eso las ideas de Cage acabaron en el malentendido,
a pesar de que de haberlas profundizado en vez de literalizado hubieran
podido constituir una vía de acceso a la experiencia y no
la "jaula" a la que se refirió Marchetti cuando dijo "mi
jaula".
La salida de la
jaula
Hemos visto que el
primer instrumento de Marchetti frente a la asfixia y a la opresión
de las estructuras musicales convencionales fue la risa y la parodia
("La Caccia"). Pero Marchetti no se iba a quedar ahí, su
ambición era menos limitada o si se quiere más profunda
que la de un Satie, al que sin duda debe bastante, o incluso de
un Cage, del que Schoenberg ya había advertido su propensión
por las soluciones técnicas (a las que no fue ajeno el propio
Schoenberg) o sea empiricistas pero no empíricas porque Cage,
que demostró no tener ningún gusto al final de su
vida, nunca desarrolló el gusto por la experiencia. Y en
el último término sin gusto, es decir sin un gusto
no convencional, no hay experiencia.
Marchetti no se iba
a quedar como otros, incluso cercanos a él, en la "jaula"
de Cage y vio pronto que el vanguardismo, que pronto iba a acabar
con la vanguardia con su pregonada "muerte del arte" tampoco iba
a ser una solución, que los "muertos" se resisten como desearían
los "vivos" a descansar en paz y que los artistas se estaban eternizando
provechosamente como sepultureros del arte.
Después de la
"liberación" de la música por ZAJ, una más
de esas liberaciones pero para mí la más significativa
personalmente, Marchetti se puso manos a la obra. Veamoslo.
Un mito musical
Ya en su escrito "Un
mito musical (de la mitología moderna)", ZAJ, Madrid, 25
de mayo de 1965, nos dice Marchetti lo que piensa:"en las oscuras
profundidades del mar como si fuese exámine, yace la música"
afirma como si anticipase el sonido de la caída de las piedras
en el profundo pozo de "Por la sete dell'orecchio". Añade
que "nada prosperaba y se reproducía" porque se mezclaron
cosas de la misma especie y por consiguiente no tuvo lugar ninguna
creación".
Es decir la música
(serial, aleatoria, etc) se había encerrado en sí
misma: ''los musicantes dicen al que busca, que sólo los
sonidos y los ruidos traen el conocimiento" cuando en realidad "cada
hombre, cada lugar, tú, yo, los músicos, cada objeto
y cada cosa, el tiempo y el espacio la libraron".
El conocimiento musical
no está sólo en los sonidos ni en los ruidos: "el
conocimiento está en cada hombre, en cada lugar, en tí,
en mí, en los músicos, está en cada objeto
y en cada cosa, en el tiempo y el espacio".
Esto lleva a Marchetti,
si no todavía a la trascendencia de la temporalidad y espacialidad
de la experiencia musical, sí a su ubicuidad que convierte
la temporalidad y la espacialidad en casi irrelevantes, es por esto
y desde entonces por lo que la música tiene el carácter
de la ubicuidad: "se la encuentra siempre y en todas partes, lo
que quiere decir que los conciertos se suceden siempre y en todo
lugar".
Ubicuidad que pone
en cuestión la reducción de la música a un
espacio o tiempo determinados, es decir la espacialización
o temporalización fetichistas que ya había criticado
el apocalíptico Adorno.
Pero a pesar de este
aire fresco y renovador que hace entrar en la música Marchetti
sigue insatisfecho con el literalismo que 1a sujeta no sólo
a cosas y personas sino al tiempo y al espacio.
"arpocrate seduto
sul loto"
En "arpocrate seduto
sul loto" (1968, ZAJ), arpocrate una de las personificaciones de
Marchetti como bodhisattva, expresa así su profunda insatisfacción
con la música: ''el problema (aún no resuelto) de
la música es que continúa a sonar". Él no lo
dice en estos términos pero es obvio que la mediatización
del sonido por el pensamiento y el lenguaje, por la composición
musical convencional, por los hábitos, asociaciones, emociones,
sentimientos y disposiciones convencionales, impiden el acceso
a la experiencia inmediata e inefable de la música.
En "arpocrate" Marchetti
establece la "vacuidad'' de la composición como vía
de acceso a la experiencia. Casi todas las "composiciones" de ese
libro no son tales sino "Mandalas".
Pero de su obra "Mandala"
hablaremos después. El acceso a la experiencia ha de pasar
por la trascendencia o cesación de las significaciones intrascendentes
del lenguaje y pensamiento musical convencional, es decir por la
vacuidad insignificante de la composición. De nada sirve
no saber componer, como Schoenberg pensaba de Cage, o saber descomponer
como bien sabía Schoenberg, si no se trascienden los postulados
impuestos por la composición es decir por el pensamiento
y el lenguaje convencional. Marchetti ni compone ni descompone.
Sencillamente abandona o trasciende todo pensamiento o lenguaje
musical abriendo la música a la totalidad de la experiencia.
El Mandala
El Mandala (Festival
ZAJ, Madrid, Noviembre-Diciembre 1965) juega un papel muy importante
en la obra de Marchetti que ya en esas fechas ve la composición
como un soporte para la constelación de la experiencia y
la trascendencia o cesación de los sonidos de la música
con sus significaciones convencionales e intrascendentes. El Mandala
es pues el guía provisional que propicia la integración
o constelación de la experiencia.
Marchetti contempla
con compasión el lamentable espectáculo sonoro de
la música contemporánea y "arpocrate seduto sul loto''
es como la obra de un bodhisattva que intenta rescatar al mundo
de la música convertido en ilusorio de su ignorancia y conducirlo
a la experiencia.
La composición
se convierte en Marchetti en solo un soporte propiciatorio. No "compone"
ni "descompone" a los sonidos. Los deja libres en su vacuidad insignificante
o insustancialidad. Los sonidos de Marchetti no suenan a algo (Natura
Morta) ni a alguien. No son objetos cuya identidad sea sustancial,
no son pajaritos en "La Caccia", sino manifestaciones como sucede
con las piedras que sólo aparecen como los ruidos de una
caída en un profundo pozo. Tampoco suena el sonido como algo
o alguien. El sonido no suena para nadie como ocurre en "Le secche
dell delirio" donde sencillamente acompaña al gruñido
de los cerdos. No podemos negar a Marchetti el que sepa cual es
el lugar donde realmente está la música a fines de
este siglo, o mejor dicho donde y con quien estaría mejor
.
La trascendencia
del sujeto y del objeto musical
Pero la vacuidad de
la composición requiere la trascendencia del sujeto y del
objeto de la música, es decir de sus signficaciones convencionales
para constelar la experiencia. Mientras tanto la experiencia seguirá
desvirtuada o incluso ignorada u olvidada.
Sólo en la
experiencia sonora inmediata puede realizarse o liberarse la música,
una música que no suene a algo ni a alguien. Intuitivamente
Marchetti como en su observación de una mosca en el cristal
de una ventana desde las 8 de la mañana hasta las 7 de la
tarde de un día de mayo de 1967 sustituiría el tiempo
lineal y absoluto por la impermanencia y la indeterminación
y al sonido por su "pérdida", es decir por una manifestación
que supone la negación de su significación intrínseca.
Algunas afirmaciones
de Marchetti son de meridiana claridad: "The sounds in my music
are the last thing: not essential, empty" (I suoni, nella mia musica,
sono l'ultima cosa inessenziali, vuoti"). Como vimos en "apocrate"
Marchetti buscaba la vacuidad insignificante de la composición
o sea, de la sintaxis del pensamiento o lenguaje musical. Pero aquí
quiere ir más lejos, hacia la vacuidad del vocabulario, del
sonido mismo, ya sea trascendiendo sus significaciones como en "Natura
Morta" o dando paso a las cosas que hubieran podido designar, haciendo
que sean las piedras las que hablen o canten. Como en los juegos
de niños las piedras son el vocabulario y la vacuidad de
un profundo pozo la sintaxis de "Per la sete dell 'orecchio".
Pero a su vez las piedras no son entidades sustanciales sino la
manifestación de su caída.
La experiencia musical
Insistiendo en el tema
Marchetti dice además: "There has always been a sort of deafness
in my way of facing music. Already I no longer believe my own ears".
Ya nos hemos referido antes al problema de 1a credibilidad a que
alude aquí Marchetti. Diremos ahora que junto con la trascendencia
o vacuidad de la composición convencional Marchetti anda
además detrás de la trascendencia o cesación
del sujeto musical junto con la del objeto.
Asi lo dice claramente:
"A concert. A public. The public is listening to absolutely nothing".
Parece pues entonces
que se ha convertido en un imperativo del arte de nuestro tiempo
la constelación de la experiencia inmediata que trasciende
toda significación convencional impuesta por el pensamiento
y el lenguaje, así como por los hábitos o comportamientos
que mediatizan la experiencia y hacían que el sonido de la
caída de una piedra no fuese una experiencia sino un objeto
para un sujeto.
Entonces el imperativo
de la escritura no sería lo escrito ni el de la música
lo sonoro sino más bien la experiencia en la que lo escrito
o lo sonado se trascienden. Este imperativo no se cumple mediante
la destrucción del arte de que se trate sino mediante
la trascendencia de sus objetos y sujeto en la experiencia que trasciende
toda mediatización.
Conviene insistir en
que todo arte no puede ser sino propiciatorio, que ningún
arte de por sí puede alcanzar o lograr la constelación
de la experiencia inefable sino solo propiciarla. La trascendencia
o vacuidad de la forma en la composición así como
del sonido y su significación convencional no se produce
necesariamente por ninguna fórmula ni por una simplificación
o abstracción que siempre dejaría un significado convencional
por trascender reducido o empobrecido, por excelso o elevado que
fuese, sino por una liberación del sujeto y del objeto que
trasciende sus significaciones, entre ellas la identidad o temporalidad,
asi como también por la superación de la mimesis representativa
y el propio pensamiento y lenguaje musical.
La caída
de la música
Marchetti debe saber
que la música ha abusado de las significaciones elevadas,
excelsas y sublimes pero tan intrascendentes como cualesquiera
otras, así como de las profundas, con sus altibajos, explotando
hasta la saciedad todos los recursos del tiempo y el espacio, emulando
tanto a las carreras automovilísticas como a la de las tortugas
con que juegan los niños. En "Perpetuum Mobile" que
se puede interpretar como una parodia del tiempo musical Marchetti
denuncia la pérdida de tiempo de la música convencional.
|
|
También debe saber
Marchetti que una simple depuración de las significaciones
convencionales no va a ser muy propicia a la constelación
de la experiencia sino contribuir aún más al
enrarecimiento del ambiente musical hasta el punto de asfixia.
De ahí que frente a la verticalidad de la sublimación
de la música tradicional y el abuso de los recorridos
horizontales y de los altibajos Marchetti insiste en que la
música tiene que aceptar su caída e incluso
arrastrarse por los suelos o quizá tener los pies en
la tierra.
Es decir cuestiona la
verticalidad ascendente empleando solo caídas y nunca
subidas y quiebra la aburrida horizontalidad narrativa, incluso
la de la música serial o aleatoria, haciendo también
caer a esa horizontalidad o dejándola para el arrastre.
Cuando emplea la verticalidad
Marchetti lo hace como caída pero sin subida. No hay
apenas subidas en la música de Marchetti sino repetidas
caídas sin subidas. Esto que puede resultar paradójico
para nuestro pensamiento es totalmente satisfactorio como
experiencia. Sus piedras siempre caen y sólo caen.
En "Per la sete dell'orechio" la caída de las piedras
es también la caída del tiempo, su involución,
un tiempo que va de arriba a abajo y no de abajo a arriba.
En esta obra no hay evolución sino involución.
Tampoco hay en ella imágenes sonoras sino que sólo
hay la manifestación del sonido. Los sonidos son directos,
las piedras no son objetos dotados de naturaleza intrínseca
sino sólo la manifestación de su caída.
|
La pérdida
del sonido
En "Perpetuum Mobile"
Marchetti se plantea no sólo la "pérdida del
tiempo" sino también la "pérdida del sonido". Es una
obra magnífica que cuestiona la horizontalidad narrativa
abstracta o concreta de las músicas contemporáneas
(serial, aleatoria, concreta, etc.) y niega el dualismo sonido/silencio
o lo que es lo mismo el dualismo existencia/inexistencia. La "pérdida"
o "impermanencia" constituyen la obra misma. Es una de las obras
musicales menos dualistas pero también menos monologistas
que he escuchado y creo que en el fondo mucho más cercana
al pensamiento oriental que todos los minimalismos acústicos
de La Monte Young o los Repetitivos americanos que sustituyen el
dualismo por el monologismo (es decir por su otra vertiente lingüística)
y peor aún por la monotonía y el aburrimiento, cuando
no por la compulsión de repetición, síntoma
este último claro de una neurosis aunque sea musical.
La caída
del sonido
Lo que llamo metafóricamente
la "caída del sonido" es uno de los recursos de Marchetti
para trascender la temporalidad de la música, con las significaciones
convencionales y narrativas de esa forma de pensamiento y lenguaje.
Esta "caída
del sonido" no es siempre una involución como en "Per la
sete dell'orecchio" sino también otras veces la liberación
del sonido de todo esquema evolutivo temporal o narrativo. La expresión
"caída del sonido" quizá sea inexacta para calificar
la realización que Marchetti lleva a cabo empleando el piano
en "j'aimerais jouer avec un piano qui aurait une grosse queue
1974-1975, per pianoforte a quarante mani".
Considero a esta obra
tan importante, aunque menos didáctica, que "Per la sete
dell'orechio", que al fin y al cabo tiene una legítima referencia
naturalista y expresiva, y que me hizo relacionar la caída
de las piedras con el término "caída del sonido".
Empleo las palabras
"caída del sonido" y no "sonido de la caída" porque
no es la caída lo que suena sino la caída de las piedras.
Ni la caída ni las piedras ni el sonido tienen naturaleza
intrínseca propia. Dificilmente podrá escucharse obras
más "profunda" que esta.
Ni concreto ni abstracto
"Per la sete dell'orechio"
amplia hasta las piedras el vocabulario de Marchetti pero esas piedras
no tienen nada que ver con la música concreta porque sólo
son manifestaciones o experiencias, no objetos. No hay nada fetichista
en esa obra ni nada concreto o abstracto, hay experiencias no lenguaje.
Marchetti hace así salir la música de ese estancamiento
en el que "se mezclaron cosas de la misma especie y por consiguiente
no tuvo lugar ninguna creación". Para Marchetti lo que hay
que trascender son los significados convencionales en experiencia,
no suprimir o silenciar la significación con que pueda interpretarse
esa experiencia que en su inmediatez nada dice y está libre
de todo pensamiento y lenguaje.
La totalidad de
los seres vivos y de las cosas
No sólo las
piedras sino también los animales están muy presentes
en la obra de Marchetti. Si en "La Caccia (cuarteto número
2) no son todavía actores directos, en "Le secche del delirio"
los cerdos han sustituido con gran éxito a nuestras divas
y primas donnas. La música de piano -inefable por cierto-
acompaña al sonido inmediato de los porcinos. No hay aqui
teatralidad ni cuestión alguna de credibilidad en una obra
en que sucede lo que sucede, es decir que la vida y la música
van a ir de nuevo juntas. Para Walter nunca debieron de haber estado
separadas.
Aporrear el piano
Podría decirse
que en las obras de Walter como "j'aimerais jouer avec un piano
qui aurait une grosse queue 1974-1975" se aporrea el piano como
si compositor e intérprete no supieran música. Claro
está que este golpear el piano es tan bello que nos hace
sospechar que quien la ha compuesto sabía demasiada música
o demasiado de la música y ha tenido que trascender todo
ese saber convencional para constelar una experiencia, que como
toda experiencia es siempre fresca e inmediata, en cuanto trasciende
al viejo saber y su gastado lenguaje.
En las obras de Marchetti
se toca el piano, no juega al piano, como se dice en inglés
"to play the piano" o en francés "jouer le piano". No se
juega a la música porque ninguna obra de Marchetti, ni siquiera
sus parodias, es un juego. Lo que sí es un juego o mejor
dicho una farsa para Marchetti es el que practican lo que él
llama "musicantes".
Es curioso que los
mejores intérpretes de la musica clásica tengan que
acudir a "aporrear el piano para sacar algún aliento de vida
del cuerpo exánime de la música, lo que demuestra
que Marchetti no va descaminado o que el descaminarse es el único
camino que conduce a la experiencia que trasciende todo "camino".
(noviembre de 1998)
José Luis Castillejo: "Walter Marcheti: A Friendship",
Walter Marchetti, Vancouver, Morris and Helen Belkin, Art
Gallery, 1999.
|