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notas
a la escritura de vortex temporum, alghero.
somos
cuanto escuchamos. la escucha nos reinventa día a día.
HOMO AUSCULTANS, la actividad más blanda y persistente
de nuestro vivir - la escucha - testifica la transitoriedad
permanente y profunda que somos y que es cuanto nos rodea.
ese
vacío que es nuestra aurícula desvela cuanto
vuela y parpadea por el aire y nos llena de "volaverunt", de goyescos
fantasmas, que nos "signan", esto es, que nos dejan vivas huellas
de su aleteante comunicarse.
pero
también somos lo que sonamos: emitimos "signa", señales.
somos HOMO SONORUS y entre los sonidos que generamos, el
más íntimo es aquel que nace dentro de ese cajón
que somos. HOMO PHONICUS, fonamos. somos nuestros pliegues
- aireados y húmedos - fonan, emiten phonos que son "signa"
de desastroso "yo" mal sentado en este cosmos.
para
vivir, HOMO URBANUS construimos seguridades que amontonamos
apoyándose las unas a las otras, formando calles y plazas,
esto es pueblos y villas que cuando abultan se visten de mayores
y las llamamos ciudades. y también tienen voz, también
rugen desprediendo "sonido y furia" (al igual que el idiota ese
que nos cuenta shakespeare en su macbeth).
pero
también la urbs enmudece, y no porque falte el son, sino
porque a base de olvidos y despistes y modorras, se pierden hasta
las resonancias y los ecos y la villa se vuelve afónica,
o mejor áfona, y ya ni habla, perdiendo consecuentemente
hasta los saberes y sabores que tanto le adornaron y por los que
tantos afrutados elogios era recordada.
algunos
pueblos, peor que áfonos, viven en la monotonía:
un voraz sonar plastofónico lo ensordece todo. un soltero
son llena el aire de inapetencia y emasculados acribilles que impiden
a sus moradores el recordar y hasta el imaginar. pura obscenidad
pues.
en
tales casos, sólo cabe para recuperar el énfasis y
los pasos perdidos, así como las melancolías y los
festejos, el atender a lo insólito, esto es al HOMO MAGICUS
que a duras penas nos habita acurrucado.
se
cuenta que en algunas ciudades, para superar afonías y monotonías
de gravedad extrema, se practicaron todo tipo de sonados ceremoniales,
exorcismos, colisión de contrarios e inflames fervorosos,
y con muy diversos y variables resultados.
sábese
con certeza que la ciudad de los ponientes - alghero - tras una
profunda afonía que afectó hasta a los pájaros,
logró amueblar, cual oasis, su aire civil de nuevos sonares,
de ricas músicas con atributos.
y
así se obró: se reunió "en el espacio de todas
las promiscuidades y penares" a cuantos artistas, sacerdotes y usureros
habitaban el locus, el lugar. se les obligó, con hartos
esfuerzos a hacer dejación de egos, intereses y dogmas para
cuaresmar en toda clase de inducidos silencios, algunos importados
de muy lejanas tierras y parajes.
cuando
tuvieron un buen montón de ellos - HOMO SILENS - los
auscultaron parsimoniosamente y, una vez clasificados (silencios
mudos, espesos, tranquilos, expectantes, secos, amargos, de séptimo
sello, sombríos, vacíos y estruendosos entre otros
muchos) los fueron distribuyendo de tejas abajo por cuantos edificios
poblaban sus estrechas callejas que daban al mar. y sólo
entonces viejos sonares nuevos y apetitosos volvieron a anidar
y a adueñarse de las aurículas de sus habitantes.
se volvió tras ello a las escuchas de antaño: espontáneas,
perceptivas y reflexivas. HOMO HYEROPHONICUS también
los hombres se llenaron repentinamente de re-sonancias, re-verberaciones
y "verba".
para
que nunca jamás volvieran los malos tiempos de piedra y opacidades
ordenaron fundir - ARS INCOGNITA - vasos de bronce de muy
plateado y suculento sonido-nido-ido-do-oh, y se les recomendó
la dulce y esforzada tarea de sacralizar las brisas y de husmear
los registros de memoria humana de forma que oir campanas - HOMO
MUSICUS - devino escuchar aquel yo que fuimos, aquel tú
que siempre quisiste ser, aquel ellos que también son los
otros (Lo Otro), aquel nosotros que son historias memorables, aquel
más allá que llena algunas mañanas de domingo,
aquellos ecos de porosidades pascuales que conforman un "gradus
ad parnassum" para subir a una inopia desde la cual llover
SIGNA, cenizas, presagios, barruntos, arranques, intensidades
y sigilos para que alghero atienda a alghero sin desmayo:
crux domini dicor, fugite partes adversae.
madrid,
marzo, 2000.
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