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JOAN MATER:
Me gustaría que hablaras de tus clases con Cage.
ALLAN KAPROW:
Antes que nada hablemos de lo que recuerdo que suponía entonces
la presencia de John Cage. Creo que era sin duda valorado por el
mundo del arte visual, hasta cierto punto por el mundo de la poesía,
y nada en absoluto por el de la música. De hecho algunos
de estos prejuicios aún perduran.
En realidad
no supe de John Cage hasta 1950 ó 1951, antes de tener yo
un trabajo en Rutgers. Hubo una presentación de su música
en el Cherry Lane Theatre, que era el escenario de un montón
de cosas vanguardistas. Por aquel entonces pusieron una de las obras
de teatro de Picasso, Desire Caught by the Tail, y en el
mismo programa había un concierto de la música de
John Cage, música para piano preparado. Lo entendí
como un tipo de música neo-impresionista; escuchaba las equivalencias
de silencio y las equivalencias de sonido como un tipo de fondo,
de escaso contraste similar a los de Monet, como una de esas enormes
pinturas de nenúfares. Menciono esto porque era fácil
para los artistas visuales entender a John Cage y no tanto para
los músicos, que estaban dominados por un estructuralismo
al estilo de Schönberg o por una tendencia igualmente neoclásica
y conservadora de aquel periodo. Cage no encajaba en nada de eso,
estaba en terreno aparte, pero lo percibíamos como la clase
de pintura que estaba empezando a desarrollarse, una suerte de abstracción
impresionista tipo [Milton] Resnick. Probablemente la idea de asumir
que el músico era como un pintor nos atrajo a mí y
a otros jóvenes artistas de aquel entonces. Estaban intentando
encasillar a Monet en un tipo de abstracción pura y tachismo,
y Cage encajaba muy fácilmente ahí. De modo que yo
no lo veía como un especialista en música, más
bien como un equivalente de la pintura.
Vi la muestra
de Bob Rauschenberg en 1952 ó 53 en la Stable Gallery, donde
se exhibían cuadros totalmente negros y totalmente blancos.
Yo había estado antes en su estudio, no recuerdo cómo
lo conocí, tenía un estudio impresionante tipo
loft en el piso superior de un edificio industrial; ya había
visto esos cuadros en blanco y negro en su estudio allá por
1951, más o menos la misma época en que escuché
a Cage. Iba de un lado a otro, sin saber cómo tomarme estas
cosas. Hasta cierto punto la pintura purista de Malevich me era
familiar, pero al ver los cuadros a gran escala de Rauschenberg
vinculé esos grandes tamaños al neoimpresionismo o
a los trabajos abstractos de Resnick y otros, con [Jackson] Pollock
al fondo. Iba de un lado a otro no sabiendo cómo tomarme
estas cosas, a pesar de que ya tenían un cierto prestigio,
y entonces vi mi sombra atravesando los cuadros, moviéndose;
Bob sonrió. Más tarde Cage habló de esto mismo
en sus escritos.
Por aquella
época [1952] hubo un concierto de John Cage, el 433
en el Carnegie Hall. El tiempo era cálido aún, las
ventanas permanecían abiertas y se podían oír
los ruidos de la calle; así que cuando hizo 433
con David Tudor sentado al piano y sin hacer otra cosa que pulsar
la alarma del reloj y abrir y cerrar la tapa de las teclas, inmediatamente
lo tomé como parte del cuadro. Luego oí el sistema
del aire acondicionado, los ascensores en movimiento, un montón
de gente riéndose, los crujidos de la sillas y las toses;
de abajo llegaban sirenas de policía y coches. Era como las
sombras en los cuadros de Bob Rauschenberg. Es decir, no se marca
una frontera para la obra de arte o una frontera para lo que se
denomina vida cotidiana, ambas se entremezclan y nosotros, los oyentes
en el concierto de Cage y los observadores de los cuadros de Rauschenberg
colaborábamos en la obra de arte. Era una relación
de colaboración eternamente en cambio. La obra de arte era
sencillamente ese organismo vivo; sonidos, toses, sirenas de policía,
aire acondicionado, sombras en los cuadros. Más tarde Cage
escribió que su esfuerzo fue continuación del de Bob.
JM: ¿Asististe
a las clases de Cage?
AK: Por aquel
entonces trabajaba en obras ambientales, estoy hablando de finales
del 57 o principios del 58, cuando sentía que tenía
que sacar el cuadro de la pared. Comencé a realizar collages
de acciones que eran cada vez más y más grandes. Materiales
como luces eléctricas o mecanismos que producían sonido
llenaban toda la galería, así que uno podía
caminar por la obra. Tenía la idea de trabajar con la imagen
del espacio einsteniano de un campo total, un campo unido, nada
tenía una frontera. Ni mi idea ni mi presencia física
eran el fin de la obra, era un campo en el que las acciones se interpenetraban.
"Events" (acciones) era una palabra que -prestada
de la ciencia, de la física- Cage usaba para su música,
palabra que mi amigo y colega George Brecht adoptó a su manera.
Comencé
a pensar en sonidos y me daba cuenta de que no tenía suficiente
experiencia en ese campo. Le comenté a Cage que tenía
problemas con los sonidos que estaba introduciendo en los Ambientes.
Estos se conectaban y desconectaban al azar y tenían un efecto
espacial, ya que eran pequeños juguetes japoneses, campanas
y cosas que, por aquel entonces, ponía sobre la moldura del
techo de la Hansa Gallery colocándolos bastante altos y detrás
de las cortinas. No podías verlos, los oías de manera
semejante a como escuchas un pájaro en el bosque; está
el crujido de una hoja, o el sonido de un avión que pasa
o cualquier cosa azarosa de este tipo. Le dije a Cage que estaba
teniendo problemas con eso porque, en primer lugar, los sonidos
son demasiado simples en comparación a los elementos visuales
o táctiles -como luces y demás cosas del Ambiente
en segundo lugar, y todavía más importante, porque
a pesar de que durante los primeros cinco minutos no podías
establecer ningún patrón entre esos acontecimientos
sonoros, pasados esos cinco minutos sabías perfectamente
qué era lo que iba a ocurrir y durante cuánto tiempo.
Le dije: "me interesaría algo más azaroso, ¿puedes
sugerirme algo?" Y contestó: "¿por qué
no te pasas el próximo día por mi clase en la New
School y hablamos? De modo que aparecí en la clase, que estaba
a punto de comenzar, y dijo: "¿Por qué no te unes
a nosotros?" Me quedé toda la clase, estaba absolutamente
fascinado por la inteligencia y el punto de vista filosófico
de Cage. Cuando terminó la clase se puso a explicar muy rápidamente
cómo hacer música grabada en cinta. Al poco solicité
una ayuda al Rutgers para comprar un equipo barato, que era todo
lo que necesitaba por entonces, y de ahí salieron los sonidos
para el siguiente Ambiente [Hansa Gallery, febrero de 1958]. Eran
sonidos mucho más ricos y más al azar. Bob Watts me
ayudó y nos inventamos una rueda de la fortuna que giraba
lentamente; tenía varios bultos y una barra que la cruzaba
por arriba con micro-interruptores que conectaban o desconectaban
varios altavoces, de modo que cambiaba constantemente. De todas
formas le pregunté a Cage si podía asistir a sus clases
y me dijo que "desde luego". Fue muy generoso, me dijo
que no tenía que pagarlas, que podía ser su invitado;
más tarde descubrí que casi todos los demás
también asistían gratis.
Fue en
sus clases con su apoyo donde realicé mis primeros happenings.
Cage me preguntó que por qué, si yo era un pintor,
quería estudiar allí, y le contesté: "la
verdad, no me interesa hacer música, me interesa hacer ruido";
sonrió y dijo: "eso está bien". Yo seguía
fascinado con las clases y convencí a George Seagal y a otros
amigos, como Bob Whitman, para que viniesen. George se quedó
tan fascinado como yo, pero nunca se decidió a tomar parte
en ellas, aunque estoy seguro de que lo abierto de la situación
potenció la exploración en sus trabajos: el sentido
de lo cotidiano, fragmentos de ambientes reales, encontrar cosas
viejas que poder usar en tu trabajo; todo esto eran cosas que implícitamente
formaban parte de la música de la realidad de Cage. Sin lugar
a dudas nos afectó a todos.
Siempre
he dicho que mis primeros happenings los hice en las clases
de Cage, eran muy ruidosos, con esto no quiero decir que el volumen
fuera alto, aunque en algunos casos lo era. Uno de ellos lo realicé
en respuesta a una de las tareas semanales que nos puso (siempre
nos ponía una tarea para una pieza corta en la que participara
toda la clase, él incluido). Normalmente mis piezas estaban
escritas en partitura, que era la descripción que usábamos
por entonces, de una forma prototípicamente musical aunque
también moderna ya que no usábamos las líneas
del pentagrama. Se leían de izquierda a derecha. Podías
tener una línea en la parte superior de la pieza que era,
por ejemplo, la parte indicada para una sierra eléctrica,
luego aparecía una duración en la línea, usando
este esquema escribía minutos y segundos, y luego indicaba
la ubicación, algo muy importante ya que me interesaban los
Ambientes. Fui yo quien sacó en clase la cuestión,
sobre la que Cage habló durante un tiempo, de la espacialización
en la que él también estaba interesado. Yo ponía
objeciones a la convención, en la mayoría de los conciertos,
incluidos los de música contemporánea, de tener todo
centralizado en un lugar. Así que construía mis piezas
en diversos espacios y con fuentes sonoras en movimiento, tales
como una persona haciendo ahhhh y moviéndose de aquí
a allá o saliendo de la habitación y adentrándose
en el pasillo, de modo que pudieras escuchar un sonido pero no verlo.
Cage ponía el énfasis en lo visual; decía que
comparados con los conciertos los discos no le gustaban, porque
en ellos no podía ver a los músicos rascando o soplando.
Por aquel entonces yo también ponía objeciones al
típico asistente serio de conciertos que cerraba los ojos
o que llevaba la partitura y la seguía en lugar de mirar
el maravilloso despliegue visual que tenía lugar delante
de él. Traté de llevar a las clases todas las cuestiones
que me interesaban en relación a los ambientes.
JOSEPH JACOBS:
¿Estaban cuidadosamente orquestados tus happenings en
las clases de Cage?
AK: No, estaban
descuidadamente orquestados. Había una precisión formal
basada en la falta de formalidad, ¿tiene sentido?, es una paradoja,
lo sé. Si observas el primer método de Cage para las
operaciones de azar, que por aquel entonces consistía en
lanzar granos de café sobre un gran gráfico extendido
en el suelo, marcado con secuencias de tiempo, frecuencia y demás,
te das cuenta de que el método era una forma de eliminar
el control, ya fuese el control ejercido por el sistema aparente
-como puede ser la forma de una sonata- o el control ejercido por
el gusto del artista. El sistema era en realidad un sistema antisistemas.
Algo que podríamos denominar sistema azaroso y que más
tarde los ordenadores usarían de forma más sofisticada.
Ese era el sistema que yo usaba: estaba cuidadosamente orquestado;
estaba cuidadosamente desorquestado.
JM: ¿Cómo
conociste a Brecht?
AK: En esto
mis recuerdos son muy confusos, no recuerdo ni cómo ni cuándo,
así que voy a especular un poco. Bob Watts, que lo conocía
de antes, había realizado con él algunos trabajos
asistidos o en colaboración. Yo conocí a George por
entonces y solíamos ir al Howard Jonson para comer -debía
de ser más o menos en 1957-. A partir de ahí nos juntamos
los tres e ideamos la propuesta que denominamos "Project
in Múltiple Dimensions". Los tres trabajamos en
ella, queríamos conseguir una ayuda para montar un instituto,
que esperábamos situar en Rutges, a través del cual
pudiéramos encauzar oficialmente las artes experimentales.
Bob Watts pensó que podría acercarse a la Carnegie
Corporation para que financiase la propuesta en Rutgers. El proyecto
nunca llegó a arrancar.
JM: Háblame
de tu participación en las series de la Voorhees Assembly.
AK: Bob Watts
y yo nos juntamos, como una especie de equipo electo, para colaborar
entre los dos campus de la Rutgers University y ayudar a crear una
serie de encuentros diurnos en el auditorio, básicamente
para el Douglas College. En aquel momento había una decana
muy interesante, Mary Bunting, que fomentaba todo tipo de experimentos.
Fue ella quien nos pidió que organizásemos una serie
de encuentros diurnos que despertaran un sentido de responsabilidad
en relación al mundo, que en aquellos momentos cambiaba rápidamente,
así como una idea sobre qué papel podía desempeñar
la educación en ello. Pensábamos que la palabra clave
era "comunicación", y al igual que muchos teóricos
del momento estábamos convencidos de que la des-comunicación
predominaba sobre la comunicación. Queríamos explorar
los matices, superposiciones y ambigüedades de esas dos palabras
y programar una serie de conferencias y/o acciones a lo largo de
todo el año, la visita de Cage y Tudor fue una de ellas.
Siguiendo el espíritu de las series, Cage preparó
el ahora tan famoso ensayo de preguntas "Lecture on Nothing",
toda la conferencia era una pregunta tras otra. Preguntas densas
del tipo "¿Qué quieres decir con significado?"
surgían todo el rato. Al final la cabeza te iba a estallar,
ya fuese por una total falta de respeto, por una confusión
total o por ambas cosas a la par. Creo que David Tudor intervenía
en ella con una partitura al azar de sonidos del piano.
La única
pieza que hice en Rutgers la realicé dentro de estas series.
Era una serie de acciones distintas y superpuestas, tales como encender
cerillas lentamente, hacer rodar latas vacías de un lado
a otro del pasillo central, dejar caer banderolas de seda de diferentes
colores, a veces desplegadas. Todo tenía una calidad majestuosa,
diseñé la pieza para el Douglas College con ese estilo
arquitectónico de la América temprana, que de alguna
manera armonizaba con la formalidad del espacio. En la pieza de
la capilla también usaba espejos, había un ritual
muy lento en el que se encendían cerillas y miraba mi propia
imagen en un espejo que también reflejaba al público.
Mi siguiente
happening público fue en la Reuben Gallery y se llamaba
18 Happenings in 6 Parts. Para éste sólo tenía
la imagen básica o estructura de un circo de tres pistas.
Recuerdo que Cage también estaba cautivado por esta imagen,
ya que denominó algunas de nuestras tradiciones de superposición
o de confusión de señales como "tradiciones tipo
circo de tres pistas". Los circos de tres pistas están
dispuestos de tal manera que los que están en un extremo
de la carpa no puedan ver lo que ocurre en el otro, te ofrecen un
espectáculo completo en cada extremo y otro en el centro,
todos ellos discordantes excepto en lo tocante a inicios y finales.
No puedes intentar juntarlos dándoles un significado, no
están organizados así. De modo que monté un
espacio tipo circo de tres pistas, en el que había tres salas
delimitadas simplemente por pantallas cubiertas por una película
semitransparente, y en el que por supuesto, estuvieses donde estuvieses,
pudieras oír lo que ocurría en todas las habitaciones,
pero sólo pudieras ver borrosamente lo que ocurría
en la sala contigua a la tuya. Las acciones pasaban de una habitación
a otra y se superponían al azar, como al azar se superponían
los sonidos de los tres espacios.
Esa fue mi
presentación en Nueva York, al menos en lo que se refiere
a un semipúblico. Fue mi primer intento de integrar al público
hasta un extremo que más tarde sería capaz de eliminar.
Entregaba a la gente unas tarjetas que les indicaban que en cierto
momento podían desplazarse de una sala a otra; podían
coordinar lo que los intérpretes hacían, ya que podían
ver lo de aquí y lo de allí. Recuerdo tazas y que
se exprimía zumo de naranja -se entregaba zumo de naranja
al público conforme se desplazaban de un lugar a otro y se
llevaban las tazas con ellos de un lado a otro-. Había sonidos
electrónicos, luces que chocaban y palabras que se decían.
En cierto momento pedíamos a varios de los pintores que se
encontraban entre el público móvil, que pintaran en
cada una de las caras de las divisiones entre las salas, de modo
que lo que se veía en uno de los lados también se
veía o traspasaba hacia el otro y viceversa; usamos pintura
de paredes que secaba muy rápido. Un lado estaba construido
a base de líneas verticales, en el otro los círculos
cubrían el espacio, con lo que obtenías signos de
"tanto por ciento".
Cage asistió,
y más o menos una semana después hablamos sobre ello.
Me lo encontré en la calle y como profesor mío dijo
algo así como "tal vez te interese saber lo que pensé",
y yo dije "sí". "Bueno, pensé que era
un poco romántico". Puso objeciones al hecho de que
se les dijera que fueran de un espacio a otro, y le contesté:
"yo no te lo dije, te lo dijo la partitura al azar, al igual
que tus partituras dicen a los músicos qué hacer."
Neward,
Nueva Jersey
8
de diciembre de 1995
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Publicado en
Off Limits. Rutgers University and the Avant-Garde 1957-1963
( ed. Joan Marter), Nueva Jersey, The Newark Museum y Rutgers
University Press, 1999.
Traducción:
Ana Buitrago.
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