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Manifiesto
técnico de la literatura futurista
Sentado sobre el depósito de gasolina
de un aeroplano, con el vientre caliente por la cabeza del aviador, sentí
la rídicula inutilidad de la vieja sintaxis heredada de Homero.
¡Violenta necesidad de liberar las palabras, sacándolas de
la prisión del periodo latino! Naturalmente, como todo imbécil,
tiene una cabeza previsora, un vientre, dos piernas y dos pies planos,
pero jamás tendrá dos alas. ¡Apenas lo necesario para
caminar, para correr algunos instantes y pararse casi en seguida resoplando!...
He aquí lo que me dijo la remolinante
hélice, mientras volaba a doscientos metros sobre las poderosas
chimeneas de Milán. Y la hélice añadió:
I .- Es necesario destruir la sintaxis,
disponiendo los sustantivos al azar, tal como nacen.
2.- Se debe usar el verbo en infinitivo
para que se adapte elásticamente al sustantivo y no lo someta al
yo del escritor que observa o imagina. El verbo en infinitivo puede sólo
dar el sentido de la continuidad de la vida y la elasticidad de la intuición
que la percibe.
3.- Se debe abolir el adjetivo
para que el sustantivo desnudo conserve su color esencial. El adjetivo,
que tiene en si mismo un carácter matizador, es incompatible con
nuestra visión dinámica, porque supone una pausa, una meditación.
4.- Todo sustantivo debe tener
su doble, es decir el sustantivo debe ir seguido, sin conjunción,
de otro sustantivo al que está ligado por analogía.
Ejemplo: hombre-torpedero, mujer-golfo, multitud-resaca, plaza-embudo,
puerta-grifo.
Como la velocidad aérea
ha multiplicado nuestro conocimiento del mundo, la percepción por
analogía se hace mucho más natural para el hombre. Por lo
tanto hay que suprimir el como, el cual, el así,
el parecido a. Mejor aún, hay que fundir directamente el
objeto con la imagen que evoca, dando la imagen abreviada mediante una
sola palabra esencial.
5.- Abolir también la puntuación.
Al suprimirse los adjetivos, los adverbios y las conjunciones, la puntuación
queda lógicamente anulada, en la continuidad variada de un estilo
vivo que se crea por si mismo sin las pausas absurdas de las comas y los
puntos. Para acentuar ciertos movimientos e indicar sus direcciones se
emplearán signos matemáticos: + - x = ( ) y signos musicales.
6.- Los escritores se han entregado
hasta ahora a la analogía inmediata. Han comparado, por ejemplo,
el animal al hombre o a otro animal, lo que casi equivale, más
o menos, a una especie de fotografía. Han comparado por ejemplo
un fox-terrier a un pequeñisimo pura sangre. Otros, más
avanzados, podrían comparar ese mismo fox-terrier trepidante a
una pequeña máquina Morse. En cambio yo lo comparo
con el agua hirviendo. Hay en ellos una gradación de analogías
cada vez más amplias y unas relaciones cada vez más
profundas y sólidas, aunque muy distantes.
La analogía no es más
que el amor profundo que une las cosas distantes, -aparentemente diversas
y hostiles. Sólo por medio de analogías amplisimas se logrará
un estilo orquestal, al mismo tiempo policromo, polifónico y polimorfo
capaz de contener la vida de la materia.
Cuando en mi Batalla de Trípoli
he comparado una trinchera erizada de bayonetas a una orquesta, una ametralladora
a una mujer fatal, he introducido intuitivamente una gran parte del universo
en un breve episodio de batalla africana.
Las imágenes no son flores
para escoger y recoger con parsimonia, como decía Voltaire. Ellas
constituyen la sangre misma de la poesía. La poesía debe
ser una serie ininterrumpida de imágenes nuevas, sin las cuales
no es más que anemia y clorosis.
Cuanto más amplias relaciones
contengan las imágenes, más tiempo conservarán su
fuerza de sorpresa. Es necesario, dicen, no fatigar la admiración
del lector. ¡Vamos! Curémonos, más bien, de la fatal
corrosión del tiempo que destruye no solamente el valor expresivo
de una obra maestra sino además su fuerza de asombro. ¿ Nuestros
oidos demasiado entusiastas no han destruido a Beethoven y Wagner? Por
lo tanto hay que eliminar de la lengua todo lo que ella contiene de imágenes-cliché,
metáforas descoloridas, es decir, casi todo.
7.- No existen categorías
de imágenes, nobles o groseras, elegantes o vulgares, excéntricas
o naturales. La intuición que las percibe no tiene preferencias
ni prejuicios. El estilo analógico es, por lo tanto, el dueño
absoluto de toda la materia y de su intensa vida.
8.- Para representar los movimientos
sucesivos de un objeto es necesario ofrecer la cadena de las analogías
que éste evoca, cada una condensada, recogida, en una palabra esencial.
He aqui un ejemplo expresivo de una
cadena de analogías todavía ocultas y sobrecargadas por
la sintaxis tradicional:
¡Claro que sí!, usted
es, pequeña ametralladora, una mujer encantadora, y siniestra,
y divina, al volante de un invisible cien-caballos que ruge con explosiva
impaciencia. ¡Oh! ¡Dentro de poco os arrojaréis al circuito
de la muerte, hacia el vuelco aplastante o la victoria!... ¿Quiere
que le escriba unos madrigales plenos de gracia y de color? A vuestra
elección, señora... Usted me recuerda a un tribano gesticulante
caya lengua elocuente, infatigable, golpea el corazón de los oyentes
en círculo, emocionados... Sois, en este momento, una perforadora
todopoderosa que atraviesa en redondo el cráneo demasiado duro
de esta noche obstinada... Sois, también, un laminador, un tornillo
eléctrico y ¿qué más? Un gran soplete oxhídrico
que quema, cincela y funde poco a poco las puntas metálicas de
las últimas estrellas!... ("Batalla de Trípoli").
En algunos casos será necesario
enlazar las imágenes de dos en dos como balas enramadas que en
su vuelo arrancan a todo un grupo de árboles. Para envolver y atrapar
todo lo que hay de más huidizo e imperceptible en la materia es
necesario formar tupidas redes de imágenes o analogías
que se lanzarán al mar misterioso de los fenómenos. Salvo
la forma tradicional, esta frase de mi Mafarka el futurista es
un claro ejemplo de una tupida red de imágenes:
Toda la acre dulzara de su juventud
subía por la garganta, como desde los patios de las escuelas remontan
los gritos alegres de los niños hacia sus viejos maestros inclinados
en los pretiles de las terrazas desde donde se ve alejarse a los barcos
en la mar...
He aqui otras tres redes de imágenes:
Alrededor del pozo de la Bumeliana,
bajo los olivares frondosos, tres camellos, confortablemente recostados
en la arena, se relamían de alegría como viejas goteras
de piedra mezclando el chac-chac de sus escupitajos con el golpear regular
de la bomba a vapor que abastece a la ciudad. Estridencias y disonancias
futuristas en la orquesta profunda de las trincheras de hoyos sinuosos
y cantinas sonoras, entre el vaivén de las bayonetas, arcos de
violines que la roja batuta del poniente inflama de entusiasmo... Es el
poniente-director de orquesta quien con un gesto amplio recoge las pautas
esparcidas por los pájaros en los árboles y las arpas quejumbrosas
de los insectos y el crujido de las ramas y el rechinamiento de las piedras.
Él es quien para en seco los tímpanos de las gamelas y de
los fusiles entrechocados para dejar cantar a plena voz sobre la orquesta
de los instrumentos en sordina a todas las estrellas vestidas de oro,
rectas, los brazos abiertos sobre la rampa del cielo. Y una gran dama
presencia el espectáculo... Ampliamente descotado, el desierto
estacionario pone de relieve su seno inmenso de curvas limadas, todas
barnizadas de colorete rosado bajo las gemas ruinosas de la pródiga
noche ("Batalla de Trípoli").
9.- Teniendo en cuenta que toda clase
de orden es fatalmente un producto de la inteligencia cauta y reservada,
es necesario orquestar las imágenes disponiéndolas según
un máximo de desorden.
10.- Destruir en la literatura
el "yo", es decir toda la psicología. El hombre completamente
deteriorado por la biblioteca y el museo, sumetido a una lógica
y a una sabiduría espantosa, ya no ofrece ningún interés.
Por lo tanto debemos eliminarlo de la literatura y sustituirlo finalmente
por la materia cuya esencia se debe alcanzar a golpes de intuición,
cosa que no podrán hacer jamás los físicos ni los
químicos.
Descubrir a través de los objetos
en libertad y los motores caprichosos la respiración, la sensibilidad
y los instintos de los metales, de las piedras, de la madera, etc. Sustituir
la psicología del hombre, ya agotada, por la obsesión
lírica de la materia.
Protegéos de atribuir sentimientos
humanos a la materia, adivinad sobre todo sus diferentes impulsos directivos,
sus fuerzas de comprensión, de dilatación, de cohesión
y de disgregación, sus riadas de moléculas en masa o sus
torbellinos de electrones. No se trata de expresar los dramas de la materia
humanizada. Es la solidez de una plancha de acero la que nos interesa
por si misma; es decir, la alianza incomprensible e inhumana de sus moléculas
y de sus electrones, que se oponen por ejemplo a la penetración
de un obús. El calor de un pedazo de hierro o de madera es para
nosotros en lo sucesivo más apasionante que la sonrisa o las lágrimas
de una mujer.
Queremos expresar en literatura la
vida del motor, nuevo animal instintivo cuyo instinto general conoceremos
cuando conozcamos los instintos de las diferentes fuerzas que lo componen.
Nada es más interesante para
un poeta futurista que la agitación del teclado de un piano mecánico.
El cinematógrafo nos ofrece la danza de un objeto que se divide
y se recompone sin la intervención humana. También nos ofrece
el impulso hacia atrás de un nadador cuyos pies salen del mar y
rebotan violentamente por el trampolín. Finalmente, nos ofrece
la carrera de un hombre a 200 kilómetros por hora. Son otros tantos
movimientos de la materia fuera de las leyes de la inteligencia y por
consiguiente de una esencia más significativa.
Además es necesario representar
el peso (facultad de vuelo) y el olor (facultad de esparcimiento)
de los objetos, cosa que ha sido descuidada hasta ahora en literatura.
Esforzarse en restituir, por ejemplo, el paisaje de olores que percibe
un perro. Escuchar los motores y reproducir sus disertaciones.
La materia siempre ha sido contemplada por un yo distraído,
frío, demasiado preocupado de si mismo, lleno de prejuicios de
sabiduría y de obsesiones humanas.
El hombre tiende a manchar con su
joven alegría o con su viejo dolor a la materia, que posee una
admirable continuidad de impulso hacia un mayor ardor, un mayor movimiento,
una mayor subdivisión de si misma. La materia no es ni triste ni
alegre. Tiene por esencia el coraje, la voluntad y la fuerza absoluta.
Pertenece entera al poeta adivinador que sepa liberarse de la sintaxis
tradicional, pesada, estrecha, pegada al suelo, sin brazos y sin alas,
porque ella es solamente inteligente. Sólo el poeta asintáctico
y de palabras desligadas podrá penetrar en la esencia de la materia
y destruir la sorda hostilidad que la separa de nosotros.
El periodo latino que nos ha servido
hasta ahora era un gesto pretencioso con el que la inteligencia arrogante
y miope se esforzaba por dominar la vida multiforme y misteriosa de la
materia. El periodo latino había por lo tanto nacido muerto.
Las intuiciones profundas de la materia,
unidas una a la otra, palabra por palabra, siguiendo su nacimiento ilógico,
nos ofrecerán las líneas generales de una psicologia
intuitiva de la materia. Ella se rebeló a mi espíritu
desde lo alto de un aeroplano. Mirando los objetos desde un nuevo punto
de vista, no más de cara o de espaldas, sino a pico, es decir,
en sintesis, he podido romper las viejas trabas lógicas y los hilos
de plomo de la comprensión antigua.
Todos vosotros, los que me habéis
amado y seguido hasta aqui, poetas futuristas, seréis como yo,
frenéticos constructores de imágenes y valientes exploradores
de analogías. Pero vuestras tupidas redes de metáforas están
desafortunadamente muy sobrecargadas del plomo de la lógica. Os
aconsejo aligerarlas para que vuestro gesto inmensificado pueda lanzarlas
lejos, desplegadas sobre un océano más amplio.
Inventaremos juntos lo que yo llamo
la imaginación sin hilos. Alcanzaremos un día un
arte aún más esencial cuando nos atrevamos a suprimir todos
los primeros términos de nuestras analogías, para no ofrecer
nada más que la continuación ininterrumpida de segundos
términos. Será necesario, para ello, renunciar a ser comprendidos.
El ser comprendidos no es necesario. Por otra parte, no lo necesitábamos
cuando expresábamos los fragmentos de la sensibilidad futurista
mediante la sintaxis tradicional e intelectiva.
La sintaxis era una especie de intérprete
o de cicerone monótono. Es necesario suprimir este intermediario
para que la literatura entre directamente en el universo y haga cuerpo
con él.
Indiscutiblemente, mi obra se distingue
netamente de las demás por su tremenda potencia de analogía.
Su sorprendente riqueza de imágenes casi iguala su desorden de
puntuación lógica. He desembocado en el primer manifiesto
futurista, sintesis de un 100 HP lanzado a las más locas velocidades
terrestres.
¿Por qué servirse todavía
de cuatro ruedas exasperadas que se aburren, desde el momento en que podemos
separarnos del suelo? Liberación de las palabras, alas desplegadas
de la imaginación, sintesis analógica de la tierra abrazada
por una sola mirada concentrada toda entera en palabras esenciales.
Nos gritan: " ¡Vuestra literatura
no será bella! " ¡ No lograremos las sinfonías verbales
de los armoniosos balanceos y de las cadencias tranquilizantes! Por supuesto.
¡Qué suerte! Nosotros utilizaremos, por el contrario, todos
los sonidos brutales, todos los gritos expresivos de la vida violenta
que nos rodea. Hagamos valerosamente el "bruto" en
literatura y matemos por todos los sitios la solemnidad. ¡Vamos!
¡No adoptéis esos aires de grandes sacerdotes al escucharme!
¡ Es necesario escupir cada día sobre el Altar del Arte!
¡Nosotros entramos en los dominios ilimitados de la libre intuición!
¡Después del verso libre, he aqui finalmente las palabras
en libertad!
En esto no hay nada de absoluto ni
de sistemático. El genio tiene ráfagas impetuosas y torrentes
fangosos. A veces impone lentitudes analíticas y explicativas.
Nadie puede renovar de un golpe su propia sensibilidad. Las células
muertas están mezcladas con las vivas. El arte es una necesidad
de destruirse y de esparcirse, inmensa regadera de heroismo que inunda
el mundo. Los microbiosno lo olvidéisson necesarios
para la salud del estómago y del intestino. También existe
una especie de microbios necesarios para la vitalidad del arte,
prolongación del bosque de nuestras venas, que se despliega
fuera del cuerpo en el infinito del espacio y del tiempo.
¡Poetas futuristas! Yo os he
enseñado a odiar las bibliotecas y los museos, para prepararos
a odiar la inteligencia, despertando en vosotros la divina intuición,
don característico de las razas latinas. Mediante la intuición
venceremos la hostilidad aparentemente irreductible que separa nuestra
carne humana del metal de los motores.
Después del reino animal se
inicia el reino mecánico. Con el conocimiento y la amistad de la
materia, de la cual los cientificos solamente pueden conocer las reacciones
físico-químicas, nosotros preparamos la creación
del hombre mecánico de partes cambiables. Nosotros
lo liberaremos de la idea de la muerte, por lo tanto de la misma muerte,
suprema definición de la inteligencia lógica.
' F.T. Marinetti, Manifesto tecnico dela
litteratura futurista, pliego, Direzione del Movimento Futurista, Milán,
11 de mayo de 1912. Traducción : José Antonio Sarmiento.
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