Grupo Ácaro
          Con una obra presuntamente elaborada sobre motivos banales y superficiales, el trabajo artístico del Grupo Ácaro compuesto por Enrique Borrajeros y Joaquín Reyes, (Albacete, 1974) resulta, cuanto menos, perverso. Y esa mirada larvada adquiere un doble sentido cuando se dirige a los grandes ejes temáticos de la contemporaneidad, estableciendo una lúcida meditación sobre las sociedades espectaculares/ especulares. De ahí surge su complejo aparato crítico, una obra eminentemente política, material e ideológicamente compleja.Su discurso no es otro que la reflexión sobre el nuevo orden mundial impuesto tras la caída del bloque soviético y el protagonismo de una sola   potencia  hegemónica  y  sus
Grupo Ácaro
estrategias de colonización.

           Primero fue el imperialismo económico y colonial, en los últimos años el cultural, que, obviando algunos de sus grandes iconos, ha significado la conquista del globo.Por ello los Ácaros utilizan gran parte de la iconografía imperialista particularizada en las barras y estrellas, figura de conflicto que utilizan creativamente. Reelaboran los motivos norteamericanos que producen a escala mundial aprovechándose del kitsch generalizado. En este sentido su obra opera doblemente, ya que critican también el modelo impositivo adoptado en Europa. Después de miles de años de cultura el patrón es ahora el norteamericano, fortaleza contra identidad.

          Esta complejidad en la escala de las relaciones de poder la trasladan a su propia praxis artística. Desde medios tradicionales, como el acrílico, han ido evolucionando a trabajos en los que el procedimiento mecánico elimina cualquier tipo de vestigio humano. Su obra reciente está caracterizada por el uso de nuevas tecnologías digitales. Sin utilizar el extendido recurso de la fotografía en el campo expandido - pintura digital - el Grupo Ácaro utiliza procesos serigráficos computerizados, que confieren a sus piezas el carácter presuntamente banal, indisolublemente ligado a la publicidad y al diseño gráfico, al que ambos, por otra parte, se han dedicado profesionalmente. Su inquietud y vitalidad les ha llevado a experiencias en la utilización de medios como el video, los cortometrajes, la edición musical y, más recientemente, la televisión.

          Su obra se constituye como distorsión de la seducción de la propaganda norteamericana. Definen su trabajo como “pop ortodoxo”, construido a base de referencias al gran arte americano, un pop esencialmente divertido, con influencias Op-Art y del arte cinético de los cincuenta. Reestructuran los grandes iconos de los ochenta, convertidos en restos arqueológicos, del mismo modo que lo hicieron los grandes artistas norteamericanos de los sesenta: rostros de estrellas, banderas americanas, grandes patentes y sus relucientes colores. Los ochenta son la época de referencia ya que es la década del surgimiento de las grandes marcas, de la entronización deportiva, los grandes consorcios mediáticos, las invasiones y el fin de la era de la disuasión. Una época profundamente reaccionaria y conservadora.

          Por último hay una explicita orientación al fenómeno televisivo, lux aeterna , que actualmente consume dos tercios de la vida consciente de la población occidental.

         Ironía, humor, cierto cinismo, miradas políticamente (in)correctas cargadas de crítica. Un mundo que, en la frontera del abismo, no tiene capacidad operativa de respuesta, al menos, de un planteamiento político coherente: “El trabajo del Grupo Ácaro- escribe Luis Ballesteros- está en el aquí y ahora de las manifestaciones de la sociedad y de la cultura, y en este sentido, sin elipses ni cabriolas etimológicas, su trabajo es verdaderamente político”.