TRATAMIENTO DE LAS HERIDAS SIN SUTURAS
Catedrático
del Departamento de Enfermería y Fisioterapia
Universidad
de Granada. E.U. de Ciencias de la Salud
Cirujano
General y Digestivo
Traumatólogo
y Cirujano Ortopédico
Se comenta una nueva corriente terapéutica en el tratamiento de las heridas, se describe el producto adhesivo, sus propiedades y acción general, además del breve tiempo en que se aplica y su bajo costo con respecto a la sutura convencional. No obstante, de generalizarse su uso, prevemos un detrimento valorable a largo plazo en contra del uso de la técnica quirúrgica básica, del instrumental al uso y de las normas básicas de la praxis operatoria elemental.
Suturas, Tratamiento de las
heridas, Adhesivos tisulares, Alternativas a la sutura
Mucho tiempo ha pasado desde los primeros intentos conocidos del hombre
para cerrar las soluciones de continuidad de la piel, las heridas. A lo largo de
la historia, los métodos han sido variados, ingeniosos y hasta extraños hoy día,
pero sumamente importantes en su época.
Desde el uso de mandíbulas de hormiga hasta productos animales varios
(crin de caballo, huesos, intestino, tendones, etc.), se han empleado un sinfín
de materiales de reparación, unos absorbibles, otros no absorbibles y otros
intermedios con un tiempo de duración-actuación suficiente para conseguir su
propósito y evitar las maniobras de retirada (1).
Es así que durante las últimas décadas ha aparecido distintos
materiales adhesivos, cuya misión
era la de unir y pegar tejidos, casi siempre parénquimas nobles (hepático,
esplénico, etc.), y que el cirujano ha venido usando con cierta asiduidad y con
buenos resultados clínicos.
Pero he aquí, que le llega el turno a la piel, a ese órgano tan extenso
(el que más) e importante de nuestra economía, y aparecen pegamentos o
adhesivos para ella. En cirugía dermatológica y cosmética son aplicados hace
tiempo en heridas e incisiones pequeñas, con fines estéticos principalmente, y
por tanto ya conocidos. Es ahora cuando llega esta técnica y sistemática a la
“piel de la práctica quirúrgica general”, la que siempre hemos tratado con
suturas o grapas, con la técnica quirúrgica más idónea posible al tipo de
herida que encontrábamos, y comienza a aplicarse en gran número de pacientes.
Uno de los pioneros de esta práctica ha sido el Dr. Quinn del Centro Médico
de la Universidad de Michigan (EE. UU.). Sus recientes estudios los ha llevado a
cabo tanto experimental como clínicamente, preconizando que el uso de estos
compuestos adhesivos es una buena alternativa (aunque no siempre) a la sutura
convencional. Fue en 1949 cuando se usó por primera vez el cianocrilato y
publicados sus resultados clínicos diez años más tarde, en 1959 (2). Hace
solo unos meses, el Dr. Quinn y sus colaboradores (3), preconizan como opción
al cierre de heridas el uso de este “pegamento tisular”, el
octilcianocrilato, con un menor dolor para el paciente, ya que no se usa
anestesia previa.
Pendiente aún de su autorización definitiva por la F.D.A. (Food and
Drug Administration de EE. UU.), se puede decir que este producto es la “punta
del iceberg” de una nueva tecnología en el cierre de heridas y cuidado de
quemaduras. Tanto es así, que se está estudiando una nueva presentación en
aerosol del producto para el revestimiento de quemaduras (acción real?) estando
también en fase experimental su acción sobre injertos óseos, cirugía
oftalmológica, pérdidas de L.C.R. en Neurocirugía y problemas
gastrointestinales (perforaciones), además de unas aplicaciones más asequibles
como lesiones deportivas, domésticas o casuales.
Para aplicarlo, se deben de exprimir y unir los bordes de la herida,
apretándolos entre sí y aplicando el pegamento en superficie y no en la pared
cruenta de la herida, ya que actuaría de cuerpo extraño y haría de barrera
para proceso de curación. En un periodo de 7 a 10 días se renuevan las células
de la piel, siendo el poder tóxico casi nulo y la probabilidad de infección
local de tres veces menos que en las heridas en que se aplicó sutura
convencional. Respecto al tiempo empleado en la reparación, una media de 3,5
minutos se emplearon con el pegamento frente a 12,5 para la sutura, además de
no emplear anestesia local alguna. Por último, concluye Quinn, el riesgo de
infección sobreañadida por la aguja de sutura desaparece, y el coste es de 10
a 15 veces menos.
En Julio de 1997, Quinn y colaboradores (4), comprueban el efecto
protector contra la infección de este compuesto adhesivo frente a la sutura
normal (monofilamentos de 5 ceros). Contaminaron las heridas con Stafylococcus
Aureus y observaron que las heridas en donde se usó el adhesivo, tuvieron mucho
menor índice de infección (tanto clínica como bacteriológica) que las que
fueron suturadas (polipropileno). El mecanismo exacto del efecto antimicrobiano
del cianocrilato, no está totalmente aclarado, si bien es probable que sea un
mecanismo a nivel de la membrana celular, pues su acción es sobre todo contra
los gérmenes gram positivos. Una posible explicación sería la fuerte carga
electronegativa de este polímero, que reaccionaría contra la membrana celular
de los organismos gram positivos, que tienen una carga positiva en ella. Los
gram negativos serían relativamente indemnes, puesto que su membrana de
lipopolisacáridos aíslan la pared celular.
No obstante, es un hecho que los adhesivos o pegamentos tisulares no
pueden sustituir a las suturas profundas, o en áreas de prematura descamación
del adhesivo (manos, pies, sobre articulaciones, etc.), aunque también se han
usado en cierre de heridas quirúrgicas (5). A pesar de sus limitaciones, podría
representar una potencial revolución en el cuidado y tratamiento de las
heridas: es prácticamente indoloro su uso, rápido de aplicar, de resultados
cosméticos excelentes si se usa adecuadamente, y con unos requerimientos de
habilidad técnica, destreza y conocimientos quirúrgicos mínimos y a veces
ausentes. A pesar de estos beneficios para el paciente, pensamos que oponerse al
progreso sería anacrónico, desleal y poco universitario, aún cuando podríamos
caer en determinadas circunstancias en que fuese difícil distinguir una actuación
terapéutica de una reparación doméstica.
Todo esto nos evoca un sentimiento pasado algo romántico y nostálgico,
de ilusión por aprender a aplicar nuestros primeros puntos de sutura, las
distintas técnicas y habilidades manuales, el sentimiento que da la actuación
personal satisfactoria, la sensación de bienestar por saber aplicar lo
aprendido, la impronta personal de la segura pero deseable estética de la
cicatriz que resulte, y el bienestar que proporciona la adquisición de un nuevo
conocimiento, técnica o aplicación clínica.
Esperemos que esto no contribuya a acabar con la buena praxis manual quirúrgica.
Es nuestra esperanza docente y deseo personal.
1. Selva Otaolaurruchi, J; Sastre Lorca, JJ: Manual de suturas. Murcia. Ed. Lorca Marín, S.A., 1991