¡EDUCAR
A ENSEÑAR!
El motivo de este artículo
es hacer una pequeña reflexión en voz alta, sobre todo lo que ha supuesto la
experiencia de las prácticas, en el centro donde trabajo, de los alumnos de
primer curso de enfermería.
Esta experiencia habrá que desdoblarla en los dos puntos más
representativos:
a)
el impacto creado sobre los residentes (ancianos/as) del centro
b)
sobre los trabajadores (campo socio-sanitario).
Dentro
del colectivo de beneficiarios de mi centro, que corresponden a ancianos cuya
media de edad es de 80 años, la experiencia ha sido altamente
beneficiosa desde el primer años que se inició (1994), resultando que a
diferencia de otros centros, los residentes o usuarios en su mayoría son los
mismos a lo largo de estos cuatro años, además con su apoyo son, junto con el
resto del personal, responsables del desarrollo de las prácticas.
El hecho de que los futuros enfermeros/as compartan con los residentes
los días de prácticas supone un refuerzo positivo de las cuatro esferas geriátricas:
Funcional, Psíquica, Social y Afectiva.
Cito a las cuatro porque el beneficio para este colectivo que se
encuentra ubicado dentro del marco de una institución es una realidad en cada
una de estas esferas. Por otra parte y centrándonos en el colectivo de
trabajadores con los que los alumnos también comparten sus horas de prácticas,
a pesar del esfuerzo que supone asumir en un centro pequeño el número de
estudiantes que pasan por aquí en tan poco espacio de tiempo, este hecho también
nos aporta un balance positivo:
-aumentando y contribuyendo a los registros de información que los
distintos profesionales tienen de los ancianos
-como estímulo al colectivo de enfermería para cuestionarse y formarse
en su práctica cotidiana
-como hilo conector entre una institución (Residencia de Mayores) y las
demandas, tanto reales como potenciales, que nuestro círculo social más
cercano requiere.
Para resumir y plasmar en pocas frases la experiencia vivida en este
Centro durante estos cuatro años de prácticas por parte de los alumnos, es
afirmar lo que Sócrates en la antigua Grecia defendía:
1º) Él fue capaz de bajar la filosofía de las escuelas a los Centros
de pensamiento, a las casas, a la calle; y del mismo modo, los enfermeros/as
tenemos la obligación, desde los distintos puntos de trabajo que desempeñamos,
de transmitir nuestra labor y experiencia a los distintos foros o colectivos que
demanden nuestra intervención profesional.
2º) Sócrates también marcó la diferencia entre los sofistas (aquellos
que cobraban por sus explicaciones más o menos útiles) y los filósofos
(aquellos que eran conscientes de sus limitaciones en el saber y por eso mismo
eran capaces de no bajar nunca la guardia a la hora de su capacidad de
aprendizaje, y lo que es más importante, siempre estaban dispuestos a
transmitirlo a la sociedad en la que vivían).
3º) Por último, no olvidar la referencia de Sócrates respecto a la razón,
él era un típico racionalista y pensaba: “conocimientos concretos conducen a
acciones concretas”.
Que sirva este retorno a nuestro pasado dentro de la filosofía, para no
olvidar que los enfermeros/as como colectivo tenemos que ser capaces de
transmitir nuestros conocimientos y experiencias a generaciones venideras sin
condiciones ni excusas pueriles porque si no es así estamos abocados al más
claro fracaso como profesionales y como parte activa dentro de la sociedad, en
un futuro.