ZAPATOS INFANTILES

¿QUÉ CALZADO DEBEMOS ELEGIR PARA NUESTROS HIJOS?

 

 

Autora:

            Pilar Velasco Climent

                        Fisioterapeuta, especializada en RPG (Reeducación Postural Global)

RESUMEN

 

            ¿Cómo elegir un calzado infantil sano y adecuado?

            La elección de los zapatos es de gran importancia, como un factor más de salud. Los pies en crecimiento de los más pequeños de la familia requieren especial atención. La misión del calzado para niños y niñas que todavía no caminan es únicamente el abrigo, no la sujeción. Para los que ya caminan es indispensable también permitir el movimiento de las articulaciones del pie. Se deben respetar la fisiología, la biomecánica y en definitiva la lógica del cuerpo humano, sobretodo cuando no existen deformidades ni patologías que puedan explicar otro tipo de calzado correctivo.

 

PALABRAS CLAVE

 

            Calzado infantil sano. Argumentos para una buena elección.

 

            Muchas madres y padres dudan (y con razón) a la hora de comprar calzado a sus hijos.

            Incluso antes de que el niño comience a gatear, ya estamos en las zapaterías queriendo comprar “lo mejor” para nuestros pequeños.

            Pero en muchísimas ocasiones lo que nos venden como “lo mejor” suele ser un armazón duro, incómodo y muy alejado de lo que debería ser un calzado sano para esos lindos pies que están creciendo y formándose.

            En los últimos años ha existido una corriente entre algunos profesionales que defienden la necesidad de un zapato infantil fuerte, en el que el pie vaya “bien sujeto”, tanto el tobillo como la planta y los dedos. Siguiendo esa teoría los fabricantes de calzado han creado un prototipo de zapatito-bota terrible, que prácticamente inmoviliza todas las articulaciones del pie e impide al niño utilizar correctamente su musculatura y su fisiología en desarrollo.

            El objetivo de este artículo es arrojar un poco de luz sobre este tema, basándome en mis conocimientos como fisioterapeuta y en las enseñanzas impartidas en sus cursos por Philippe Souchard, creador del método Reeducación Postural Global (R.P.G.) (1)

            Como dijo él mismo recientemente en una de sus clases: ¿Por qué nos empeñamos en calzar a los niños con botas de esquí?

            En la mayoría de los casos, y sobre todo en ausencia de patología o deformidad alguna, la actitud más sabia es escuchar a la propia naturaleza. El pie fue creado para ir descalzo y no para ir metido en una armadura rígida. Aunque nuestras condiciones de vida moderna en las ciudades no nos permiten mantener descalzo al pie, un calzado inteligente debería seguir fielmente los dictados de la naturaleza. La misión del calzado es proteger y abrigar al pie, y no aprisionarlo impidiéndole estímulos tanto internos (del propio movimiento, equilibrio, postura) como externos (contacto de la planta del pie con el suelo).

 

Analicemos con más detalle ese calzado infantil actualmente de moda:

 

            El tobillo: Si es bota o zapato alto, llega a impedir el movimiento natural del tobillo (articulación tibio-peroneo-astragalina). Al caminar debemos tener libre dicha articulación. En el caso de niños pequeños que todavía gatean, o que unos ratos gatean y otros ya se empiezan a poner de pie y caminar, también es importante dejar libre el juego del tobillo ya que su posición varía mucho según vayan a cuatro patas o de pie.

            Con un calzado que fije el tobillo dificultaremos su forma natural de desplazarse: A veces lo que se pretende con ese tipo de bota dura es dar mayor estabilidad a la marcha (de por sí inestable) de un niño que comienza a andar. Si la madurez corporal (equilibrio, fuerza, solidez de sus huesos y demás estructuras, etc.) de un niño le permite estar de pie y caminar sólo unos minutos, es un error intentar darle una estabilidad artificial –por medio de un zapato duro y con el contrafuerte excesivamente alto- para que pueda andar más tiempo. Con las botas y zapatos rígidos el niño estará incómodo en cualquier otra postura que no sea estar de pie, y en esa etapa su forma natural de moverse es reptar, gatear, e ir poniéndose de pie y empezar a andar poco a poco, conforme su evolución se lo vaya permitiendo. De igual forma están ya en desuso los andadores (tacatás) porque fuerzan al niño a estar en una postura que por su edad (o su desarrollo corporal) aún no le corresponde y a desplazarse de una forma extraña.

            Para quien piense que el tobillo del niño de un año es débil y debe reforzarse, añadiré que aún le debilitaremos más si le acostumbramos a llevar un armazón que lo sujete: lo que mantiene la estabilidad del tobillo son en primer lugar los músculos y después los ligamentos. Estaremos en un error si por mantener intactos los ligamentos (que el niño no se tuerza el pie) lo que hacemos es anular la importante acción muscular, llevando un calzado que impide el movimiento.

 

            Conclusión: el zapato debe llegar hasta debajo de los maleolos (los huesos laterales del tobillo) o si es una bota, debe ser lo suficientemente flexible como para permitir el movimiento completo de la articulación del tobillo.

 

            La suela. Si la suela del zapato es rígida, no permitirá que haya movimiento en la parte anterior del pie (articulación de los dedos, metatarsofalángica). Si nos fijamos en cualquier persona cuando camina descalza, el pie no se mueve en bloque sobre el suelo, sino que se dobla, se articula en la base de los dedos sobre todo en dos momentos durante cada paso: justo antes de apoyar  el pie en el suelo (final de la fase aérea del paso) y aún más en el momento de separarse del suelo tras el apoyo (fase de despegue). Los dedos pues colaboran con su movimiento de flexión y extensión durante la marcha, por lo que es absurdo eliminar su función.

            Por otra parte, si la suela es gruesa y rígida el niño se pierde toda una serie de estímulos y sensaciones que debe percibir del suelo (por ejemplo las irregularidades) y que le ayudarán a desarrollar sus reflejos, destreza y equilibrio. (2)

            A menudo las suelas de los zapatos infantiles son tan gruesas y rígidas que parecen más de una bota de escalada o militar, que de un calzado para una personita cuyos desplazamientos son dentro de una casa, o en la escuela, o de un sitio a otro en una ciudad asfaltada y sin obstáculo alguno.

 

            Conclusión: es imprescindible dejar que la zona anterior del pie se mueva con libertad mediante una suela flexible.

 

            Las plantillas. En muchas ocasiones (por ejemplo en zapatillas de deporte) la plantilla del zapato intenta con su forma mantener la bóveda del pie (arco interno plantar) como para evitar el pie plano. Ya existen en el pie estructuras (músculo-tendinosas y ligamentos) encargadas de formar y mantener la bóveda plantar.

            Todos los niños antes de empezar a andar tienen un pie plano fisiológico normal (3). Es más adelante con la puesta en pie y la marcha cuando se empieza a formar la bóveda plantar, gracias a la acción muscular (tibial anterior, flexor corto plantar, aductor del primer dedo). Si ya la bóveda es mantenida artificialmente por el calzado, estaremos inhibiendo la acción de esas fibras músculo-tendinosas cuya misión es sostener el arco del pie.

 

            Conclusión: la plantilla del zapato debe ser plana y flexible.

 

            Tacones y punteras estrechas: Aunque casi ningún calzado para niños pequeños está terminado en punta ni tiene tacones, es bueno aprovechar la ocasión para advertir que los zapatos de dichas características son causa de muchas deformidades y otros problemas de los pies de las señoras que eligen su calzado según la moda y no según criterios saludables. Sirva esto también para las madres y padres de niñas a las que se permite elegir los zapatos que van a comprar, ya que escogerán esos rosas de charol brillante estrechos, a ser posible con tacones y parecidos a los de las mamás.

 

            Conclusión: un calzado sano no debe llevar nada de tacón y debe ser lo suficientemente ancho por delante como para que permita a los dedos poder abrirse y moverse con libertad.

 

CONSEJOS PARA COMPRAR UN CALZADO INFANTIL:

 

            -el zapato debe dejar libre la articulación del tobillo (subir y bajar el pie)

            -el zapato debe ser flexible. Debemos poder doblar la parte de delante de la suela fácilmente hacia arriba con la mano.

            -el tamaño del zapato debe ser lo bastante ancho y largo para que permita el movimiento de los dedos y que éstos no lleguen a tocar por delante el final del zapato por dentro. Dibujar y recortar en caso de duda el contorno del pie del niño en un cartón o papel y comprar luego un zapato en el que quepa bien esa silueta.

            -los materiales deben ser lo más naturales posible para que permitan la transpiración de los pies: piel, cuero, corcho, algodón (lona), etc.

            -el modelo más adecuado es un zapato que se adapte bien al pie, es decir con cordones o velcro en el empeine. Las chanclas, zuecos o marquesitas no son recomendables, entre otras cosas porque la percepción de que el zapato se sale a cada paso obliga a los dedos a un trabajo extra de “agarre” innecesario.

            Nota: a pesar de haber elegido un calzado correcto, no se debe olvidar que los zapatos y zapatillas son sólo para unas horas del día. En casa los pies deben estar todavía más libres: calcetín o similar sería suficiente para los más pequeños del hogar (solamente para mantener calientes los pies).

 

BIBLIOGRAFÍA

 

(1)      Souchard, PH, E: R.P.G. Método del campo cerrado. París: Maloine, 1980

(2)      Sibille, J.M.; la plantilla ortopédica, de lo cuantitativo a lo cualitativo. Terapias globales, terapias manuales. Rev. Círculo científico de R.P.G. nº 14

(3)      Cailliet, R.: Síndromes dolorosos tobillo y pie. Méjico: El manual Moderno, 1985.