EDITORIAL

 

 

 

 

            El compromiso con la profesión de Enfermería, uno de los fundamentos de la existencia de nuestra Revista de Enfermería, nos lleva, en esta ocasión, a plantear- aunque sea someramente- parte de la problemática actual que ésta atraviesa.

            Tras unos años de despegue y consolidación, los estudios de Enfermería se encuentran en la larga encrucijada de la reforma. Han pasado casi cinco años desde la promulgación del R. D. que regula las directrices para la reforma de los Planes de Estudios y, actualmente, la confusión, la duda y la contradicción han presidido la aprobación y la nueva andadura de los mismos en algunas Universidades y han sido razones para la parálisis o el estancamiento en el caso de otras.

            La Universidad de Castilla-La Mancha ha optado –por la fuerza de los hechos- por esperar a ver en qué acaba la sucesión de reformas que permitan equiparar la carga lectiva con las recomendaciones de la Unión Europea. Estas reformas, al tiempo, deben mantener los fundamentos y la estructura del conjunto de estudios universitarios en España.

            Tal situación se agudiza en los últimos años al hacerse patente la falta de claridad de criterios que muestra el Consejo de Universidades sobre la materia y la disparidad que se ha expresado desde algunos de los organismos/instituciones que lideran la profesión. Si el desarrollo profesional tiene uno de sus pilares en el ámbito de la Universidad, resulta triste contemplar el panorama actual de los estudios universitarios de Enfermería: ¿cuándo concluirá la reforma que prácticamente han realizado el conjunto de otras titulaciones?, ¿habrá que modificar nuevamente Planes de Estudio recién aprobados?, ¿será posible la homologación de esos nuevos títulos con Europa?, ¿cuál será el coste para la consolidación de la Enfermería en la Universidad española?, ¿cuál será la situación comparada con otras titulaciones de las diversas Ciencias de la Salud?, ¿cuándo será posible planificar el futuro sobre bases sólidas?

            A estos interrogantes cabría añadir otros, pero sirvan como muestra de esta coyuntural problemática a que hacíamos referencia anteriormente.

            La inseguridad en el futuro se pone de manifiesto en otro ámbito: el marco legal del ejercicio profesional. A la falta de regulación de las funciones de Enfermería se ha añadido la tensión generada tras publicarse las nuevas titulaciones de Técnicos Auxiliares en cuidados de Enfermería por parte del MEC que incluyen –concretas y desarrolladas- muchas de las funciones que claramente corresponden con la tradición de ejercicio profesional de Enfermería. Este asunto ha sido nueva fuente de conflicto en el año en curso y es una cuestión manipulable y sujeta a descalificaciones y juicios empañados de tintes corporativistas que pueden enmascarar el fondo del asunto.

            Pensamos que las autoridades académicas, sanitarias y profesionales deben realizar un esfuerzo común de debate y obligarse a resolver este problema: la presencia de otros trabajadores en el ámbito de la salud (de nivel técnico o auxiliar) que interactúan con la Enfermería no es nueva ni sería positivo ni realista menoscabar su formación o regulación legal. Pero nos parece muy grave que se deje hipotecado el futuro del ejercicio legal de una profesión consolidada, y con un nivel de responsabilidad, cualificación y utilidad social considerables, cual es la Enfermería.