Máxima Lizán García (**)
Mª Ángeles Salas Saiz (*)
Antonia Romero González (*)
Pilar Córcoles Jiménez (*)
(*)
Diplomados en Enfermería. Complejo Hospitalario de Albacete
(**)
Facultativo Especialista de Área. Complejo Hospitalario de Albacete
Introducción:
El
ingreso hospitalario plantea una serie de riesgos que no se limitan a las
infecciones nosocomiales, sino que se extienden a la interacción del paciente
con el medio. Durante el paso por las instalaciones del hospital pueden suceder
incidentes imprevistos que originen lesiones y entre estos incidentes destacan
por su morbilidad y secuelas las caídas, que tradicionalmente se han utilizado
como indicador de calidad de los cuidados de Enfermería. En el Complejo
Hospitalario de Albacete se ha establecido un registro que tiene como objetivo identificar caídas de los pacientes hospitalizados,
describir las circunstancias en que
se producen, identificar los factores relacionados con las mismas y examinar sus
consecuencias Material y método: Para
el diseño del registro se trabajó con un grupo de expertos de las distintas
Unidades del Complejo Hospitalario. La cumplimentación del registro estuvo a
cargo de los profesionales de Enfermería de todas las Unidades, de forma
voluntaria. Resultados: Durante el año
2.000 se registraron 37 caídas, siendo un 78,4% varones y con una edad media de
57 años. Las caídas ocurren tanto en bipedestación como en situación de
reposo (cama o sillón). Un 56,3% del total se produjeron en los tres primeros días
del ingreso. Un 70,3% ocurrieron en las habitaciones, estando el paciente acompañado
por un familiar en un 62,2% de los casos. Casi la mitad de las caídas
ocurrieron por la noche, y en un 66,6% de éstas no había iluminación general.
En cuanto a las consecuencias, en un 35,1% no hubo ningún tipo de lesión. Se
registraron erosiones (en once casos), hematomas (en seis casos), heridas
abiertas (otros seis casos, de los cuales dos precisaron sutura) y un solo caso
de fractura.
Conclusiones: La
finalidad del registro de incidentes no es la culpabilización de los
profesionales, sino el descubrir los factores relacionados para poder adoptar
las medidas imprescindibles de prevención. En este sentido, es fundamental la
colaboración de todos para identificar las situaciones de riesgo.
ABSTRACT:
Introduction: The
hospital intake involves various risks, not only related to nosocomial
infections, but also extended to the patient’s relationship with the
environment. Along the stay at the hospital facilities, unexpected occurrences
that cause injures may happen. Among these occurrences, we might emphasize falls
because of their morbidity and sequels. They have been used traditionally as an
indicator of the quality of nursing care. Within the Albacete hospital complex a
chart has been developed. Its objective is
to identify falls among intaken patients, describe the circumstances in which
they happen, identify factors related to them and examine their consequences. Material and methods: a group of experts from several of the
hospital complex units supported the design of the survey. Nursing staff of all
units, in a voluntary way, carried out the filling in of the questionnaire.
Results: 37
falls were registered along 2000, being a 78,4% man, and 57 years old on
average. The falls occur not only while standing, but also while resting (bed or
armchair). A 56,3% of the whole happened along the first three days after the
intake. A 70,3% took place in the rooms, being the patient joined by his
relative in a 62,2% of cases. Almost half of falls happened at night, and in a
66,6% of these, there was no general light on. As for consequences, in a 35,1%,
there were no injuries. There were registers of erosions (11 cases), hematomas
(6 cases), open wounds (6 cases, 2 of them required suture) and one only case of
fracture. Conclusions: the aim of the incident register is not to make guilty
to professionals, but to discover related factors in order to be able to adopt
the essential prevention measures. In this way, it is indispensable the
cooperation of all of us to identify risk situations.
PALABRAS
CLAVE: Caídas,
calidad de cuidados, paciente hospitalizado
KEY WORDS: falls,
quality of care, hospitalized patient.
INTRODUCCIÓN
La estancia de un paciente en el hospital supone siempre un riesgo,
independientemente del proceso por el que se ingresa. El paciente hace uso de
las instalaciones de hospital, se traslada o es trasladado de un sitio a otro en
camilla u otros medios, se desplaza por el hospital y es sometido a
procedimientos y técnicas curativas o de exploración y/o intervenciones quirúrgicas.
La interrelación del paciente con el medio hospitalario origina riesgos, entre
los que podríamos mencionar caídas en el cuarto de aseo, caídas desde la
cama, lesiones al pasar al paciente de una camilla a otra, lesiones que se
pueden producir al realizar alguna exploración por material defectuoso (como el
estallido de una lámpara de exploración), etc.
Podríamos definir incidente
como un suceso imprevisto que hubiera podido dar lugar a un accidente y que
afecta a un paciente o acompañante; mientas que accidente
sería la lesión corporal que sufre el paciente o acompañante a consecuencia
de su estancia en el hospital, o su paso por las Consultas Externas y Servicios
Centrales.
Dentro del amplio abanico de los
riesgos del medio hospitalario, las caídas constituyen un evento relativamente
frecuente en todos los hospitales del mundo y pueden tener consecuencias
importantes tanto a nivel individual como de la institución, siendo uno de los
indicadores usados para la medición de la calidad de los cuidados de Enfermería.
Los estudios indican que las dos terceras partes de las caídas se pueden
prevenir (1).
Aunque
existe bastante bibliografía sobre los accidentes y caídas en el medio
comunitario y en ancianos institucionalizados (2, 3, 4, 5, 6), los
estudios sobre las caídas en el medio hospitalario son escasos. Sin embargo,
para darnos idea de la magnitud e importancia del problema basta recordar que el
porcentaje de caídas en ancianos institucionalizados se ha calculado en un 50% (7);
en España se han identificado tasas de caída en este tipo de ancianos de 0,75
por anciano y año (3, 6), mientas que entre los enfermos crónicos
domiciliarios se halló que un 42% de los mismos habían presentado alguna caída
(4) y hasta en un 10% de estos casos se produjeron fracturas.
En el medio hospitalario se ha
planteado también la necesidad de conocer tanto la incidencia del problema como
sus consecuencias, haciendo especial énfasis en la identificación de los
pacientes en riesgo para articular las medidas preventivas adecuadas. Sin
embargo se plantean los problemas de la variedad de incidentes que pueden
producirse y de la diversidad de factores de riesgo que pueden influir (8).
Dado que las caídas obedecen a una etiología multifactorial, las medidas
preventivas también habrán de dirigirse a los diferentes factores que se
relacionan con las mismas.
En
el Complejo Hospitalario de Albacete no existían datos sobre incidentes /
accidentes, por lo que a través de su Unidad de Garantía de Calidad se comenzó
una intervención sobre este tema. Evidentemente, el establecer la magnitud del
problema al que nos enfrentamos es el primer paso para dimensionarlo e implantar
estrategias, ya que el estudio detallado de los accidentes / incidentes y de las
circunstancias que los rodean nos permitirán identificar las personas que están
en riesgo y poner en marcha medidas que minimicen y/o eviten los incidentes.
Por
tanto, el objetivo de este trabajo es identificar accidentes / incidentes
originados por caídas de los pacientes hospitalizados en el Complejo
Hospitalario de Albacete. Como objetivos secundarios, nos planteamos describir
las circunstancias en que se producen, identificar los factores relacionados con
las mismas y examinar las consecuencias de los incidentes. Asimismo, pretendemos
actuar sobre los factores relacionados como medida de prevención de nuevos
incidentes.
Para
conseguir estos objetivos, se puso en marcha un registro de incidentes. La
población a estudio era el conjunto de personas que utilizaban las
instalaciones del Complejo Hospitalario de Albacete, aunque por motivos de orden
práctico se estableció como criterio de inclusión el ingreso hospitalario. De
esta manera el registro se limitó a los pacientes ingresados en el Complejo
Hospitalario de Albacete que sufriesen algún tipo de incidente durante su
estancia. Se excluyeron en esta fase los pacientes ambulatorios, los acompañantes,
los trabajadores y visitantes.
La
declaración de incidentes por parte del personal de Enfermería era el método
de captación de casos. El periodo de recogida de datos abarcó desde Enero a
Diciembre del 2.000. Antes de iniciar la recogida de datos, se mantuvieron
reuniones por parte del Supervisor de Calidad con los Supervisores de las
distintas Unidades hospitalarias y con los profesionales de las mismas para
concienciarles de la importancia del problema. Se diseñó una ficha de recogida
de datos que debía cumplimentar el personal de Enfermería de la Unidad en la
que se produjese el incidente. Para el diseño de la ficha se trabajó con un
grupo de expertos, constituido por personal de distintas Unidades, que aportasen
su visión sobre el problema, siendo además un medio para facilitar la
introducción del registro entre los profesionales. Asimismo se revisaron los
registros sobre incidentes que existen en otros hospitales.
En
la ficha de recogida de datos (ANEXO I) se
incluían las siguientes variables:
§
Información
sobre el paciente: edad, sexo, fecha de ingreso, servicio en el que estaba
ingresado.
§
Datos sobre
el incidente: fecha en que se produjo, hora, servicio en el que se produce,
lugar físico concreto (habitación, servicio, pasillo, otros), situación del
paciente (sólo, acompañado por un familiar, acompañado por personal
sanitario), iluminación que existía en el momento del incidente (luz natural,
iluminación eléctrica general, pilotos, oscuridad).
§
Tipo de
incidente: caída en reposo (desde la cama, camilla, silla o sillón, silla de
ruedas) y caída en bipedestación (deambulando, al levantarse, al acostarse, al
sentarse, en el servicio, en la ducha).
§
Condiciones
estructurales que puedan influir en el incidente: ausencia de barandillas en la
cama, suelo resbaladizo, falta de agarraderas.
§
Estado
general del paciente en el momento de sufrir el incidente: nivel de consciencia
(orientado, confuso, inconsciente, agitado), nivel de movilidad (independiente,
apoyo mecánico, ayuda parcial, ayuda total), patologías que puedan influir en
el incidente (inestabilidad motora, problemas de visión), fármacos
administrados (psicofármacos, diuréticos, hipotensores).
§
Causa del
incidente, tal como la identifica el paciente si está consciente o los
profesionales en caso contrario (mareo, desconocimiento del entorno, resbalón,
movimiento en la cama).
§
Consecuencias
del incidente: sin lesiones, erosiones, hematomas, heridas abiertas, fracturas.
A excepción del primer ítem, los demás nos harían incluir el incidente en la
categoría de accidente según la definición expuesta.
§
Zona/s
afectada/s, en caso de que la respuesta a la variable anterior haya sido
positiva se identifica la localización anatómica de la lesión.
§
Observaciones:
se dejó un apartado abierto para los comentarios de los profesionales y
cualquier eventualidad que no estuviese recogida en las variables anteriores.
Se elaboró asimismo un breve manual
de normas de cumplimentación de las fichas de registro de incidentes.
Los datos registrados se introdujeron
para su análisis en el programa SPSS 7.5. Se ha realizado un análisis estadístico
univariante con medidas de tendencia central (media aritmética, mediana y moda)
y de dispersión (desviación estándar) para las variables cuantitativas; y
frecuencias absolutas y relativas para las cualitativas.
Durante
el año 2000 existen registros de 37 incidentes sufridos por pacientes
ingresados en el Complejo Hospitalario de Albacete. Un 78,4% del total de
pacientes de los que se registró algún incidente eran hombres. En cuanto a la
edad, encontramos una media de 57,97 años (s.d.= 30,86). Si nos limitamos a los
incidentes que se produjeron en adultos, vemos que
tanto la mediana como la moda de la edad se sitúan en 76 años, siendo
el grupo de 71 a 80 años un 55,6% del total de incidentes y el de 82 a 89 años
un 18,5% del total.
Los
pacientes que sufrieron los incidentes llevaban ingresados una media de 6,44 días
(s.d.= 5,97), pero un 56,3% del total se produjeron en los tres primeros días
del ingreso.
Un
70,3% del total de incidentes se produjeron en las habitaciones donde los
pacientes se hallaban ingresados. También en los cuartos de aseo
correspondientes (18,9%), siendo los pasillos (5,4%) y las salas de Radiología
(5,4%) localizaciones menos frecuentes. En un 62,2% de los casos de incidente el
paciente se encontraba acompañado por un familiar.
La
mayoría de incidentes registrados corresponden a los cuatro primeros meses del
año (56,8% del total), bajando los registros a medida que avanza el año (hay
uno solo correspondiente el mes de diciembre, frente a los 7 de febrero y los 5
de enero y marzo).
La
mayoría de incidentes se produjeron en el turno de noche (48,6%), y entre éstos,
un 66,6% ocurrió estando como única iluminación los pilotos de referencia.
Solamente un 5,4% de los pacientes estaba diagnosticado de problemas de visión.
De
las caídas que se produjeron, 19 ocurrieron estando el paciente en bipedestación
y 18 estando en reposo (cama o sillón). La mayoría de las caídas producidas
en bipedestación sucedieron en el momento de levantarse de la cama o sillón
(21,6% del total) o estando el paciente en el aseo (21,6%). De las caídas en
reposo, un 72,2% se produjo estando el paciente en la cama.
Las
caídas fueron originadas por movimientos en la cama en un 51,5% del total de
casos, siendo la causa siguiente los resbalones (21,2%) y los mareos (15,2%).
En
la mayoría de los casos, los profesionales que cumplimentaron la ficha no
identificaron una causa estructural del incidente, pues sólo en ocho casos
cumplimentaron este apartado. De estos ocho casos, en tres ocasiones se
identificó la falta de agarraderas en el cuarto de aseo como causa, en otros
tres fue la falta de barandillas en la cama (aunque en uno de éstos, se hizo
constar que el paciente se negaba a tenerlas) y dos casos fue atribuido al
estado resbaladizo del suelo.
Del
total de incidentes registrados, un 35,1% no tuvieron consecuencias, de manera
que quedarían en tan sólo “incidentes”. En el resto de los casos se
produjeron lesiones corporales, lo que nos llevaría a incluirlos según la
definición en la categoría de “accidentes”. Las consecuencias de estos
accidentes fueron erosiones (en once casos), hematomas (en seis casos), heridas
abiertas (otros seis casos, de los cuales dos precisaron sutura) y un solo caso
de fractura. La cabeza y cara fueron las zonas más afectadas (46,9% del total).
En
cuanto al estado de consciencia de los pacientes que sufrieron algún tipo de
incidente, un 51,4% estaban conscientes y orientados; un 35,1% sufrían confusión
y sólo un 5,4% estaban agitados. Un 35,1% de los pacientes tenían una
movilidad activa e independiente, y otro 35,1% necesitaban ayuda parcial para la
movilización. Solamente en un 16,2% del total de incidentes se identificó la
administración de fármacos que pudiesen tener relación con el suceso (8,1% de
psicofármacos y 5,4% de hipotensores).
En
primer lugar, nos llama la atención el escaso número de caídas que se han
registrado, comparándolo con las frecuencias obtenidas en otros estudios, como
el que se realizó en el Hospital Ramón y Cajal entre febrero y junio de 1996,
donde se recogieron 133 caídas en dicho periodo (9). Pensamos que
existe un importante sesgo en este dato, ya que al ser la cumplimentación del
registro voluntaria, los profesionales han olvidado realizarla. En este mismo
sentido podemos interpretar la disminución de registros a lo largo del año,
que no creemos esté relacionada con una menor incidencia sino con los olvidos
de los profesionales a la hora de cumplimentar los impresos, más acusados
cuando avanza el año y disminuye el recuerdo de la importancia del problema.
Por esta razón no hemos calculado ninguna medida de incidencia, pues resulta
evidente que existe una infravaloración. Como se ha constatado en otros Centros
hospitalarios, la monitorización de efectos adversos o complicaciones mediante
la declaración voluntaria resulta bastante difícil de implantar (8, 9).
Por
otra parte, los profesionales de Enfermería no han recogido en el registro
datos de otro tipo de incidentes distinto a las caídas (golpes con elementos
fijos o móviles, por ejemplo).
Destaca
la elevada frecuencia con que se producen incidentes en los hombres, aun
admitiendo el sesgo mencionado anteriormente, que ocurriría por igual en
hombres que en mujeres. Esto contrasta con los resultados de otros estudios (6),
donde las mujeres tenían casi el doble de riesgo de sufrir una caída que los
hombres, aunque sobre este aspecto hay bastante variabilidad en la bibliografía,
pues en el Hospital Ramón y Cajal también se encontró que un 73% de las caídas
ocurrían en varones (9), mientras que Segura Noguera y cols. no
encontraron diferencias en cuanto al sexo (4).
Durante
la noche, los pacientes parecen más propensos a sufrir incidentes, lo que podría
relacionarse con la desorientación que produce la ausencia de luz
(especialmente por la mayor incidencia en ausencia de iluminación general, a
pesar de que la casi totalidad no tenía problemas de visión diagnosticados).
Aunque el reducir la iluminación parece imprescindible para facilitar el
descanso nocturno de los pacientes hospitalizados, debemos considerar la
necesidad de medidas preventivas que reduzcan los incidentes asociados a la
falta de visibilidad. Las caídas ocurren prácticamente igual estando en la
cama que durante la bipedestación, lo que contradice la opinión generalizada
de que la mayor parte de las caídas de pacientes ingresados se producen desde
la cama (9).
Más
de la mitad de las caídas se produjeron en los tres primeros días del ingreso,
lo que puede ser atribuido a que es el momento en que la patología causante del
ingreso suele estar en su fase más aguda, y además el medio resulta aún
desconocido, factores que pueden combinarse para originar más caídas.
Es importante señalar un elevado
porcentaje de caídas ocurrieron en la habitación, lo que coincide con otros
estudios (3, 5, 6, 9), y estando el paciente acompañado, lo que
muestra que la presencia del acompañante no es una garantía que nos pueda
hacer descuidar otro tipo de medidas.
Destaca
también que la mitad de los incidentes se producen en personas conscientes y
orientadas, hallazgo que también se identificó en el Hospital Ramón y Cajal (9)
y en estudios prospectivos sobre pacientes ancianos institucionalizados, donde
el número de enfermedades actuaba como factor protector (6). Este
hecho puede llevarnos a pensar que las mayores medidas preventivas que se toman
en el caso de pacientes agitados son eficaces. Sin embargo, en las personas que
están clasificadas como orientadas y con movilidad independiente se produce un
buen número de incidentes, lo que nos debe llevar a ser más precavidos en
estos casos, especialmente cuando se trata de personas de edad avanzada. A
diferencia de otros estudios (4, 6), no parece relevante la
influencia de psicofármacos o de los déficits visuales en las caídas.
En
cuanto a las consecuencias de las caídas, resalta que más de una tercera parte
no tuvo consecuencias, lo que unido a las consecuencias leves como puede ser la
aparición de erosiones, alcanza un total del 64,8% del total de incidentes. Tan
sólo en un caso apareció una consecuencia grave (fractura) y hubo dos que
precisaron sutura de heridas abiertas, lo que supone una baja incidencia de
lesiones importantes (2,7% del total de incidentes). Aunque hay estudios (3,
4, 6) en los que las fracturas sobre el total de caídas registradas
oscilan entre el 8 y el 10%, hay que tener en cuenta que en ellos se trataba de
una población anciana, y por tanto, con mayor riesgo de sufrir fracturas como
consecuencia de la caída que una población general.
La
finalidad del registro de incidentes no es la culpabilización de los
profesionales, sino el descubrir los factores relacionados con los incidentes
para poder adoptar las medidas imprescindibles de prevención. A la vista de
estos primeros resultados se establecieron ya algunas medidas correctoras
(adquisición de nuevo mobiliario, camas con barandilla incorporada, etc.).
En
la actualidad continúa el registro de incidentes y accidentes. Sería
interesante que todos los profesionales se concienciasen de la importancia de
cumplimentarlo a fin de identificar las personas que se hallan en mayor riesgo
de caer. De esta manera podrían centrarse las medidas preventivas en la población
más susceptible.
§
El registro
de caídas en el Complejo Hospitalario de Albacete nos proporciona una
aproximación al problema. Aunque resulta insuficiente para establecer un
perfil-tipo de paciente con mayor riesgo de caídas, lo interpretamos como una
primera intervención para fomentar en los profesionales de Enfermería la
preocupación por los incidentes que se producen en el medio hospitalario y el
deseo de hallar soluciones.
§
Es
importante que para todos sea claro que la finalidad del registro no es en
absoluto punitiva sino el afán por mejorar la atención a los usuarios. Es
fundamental la colaboración de todos para identificar las situaciones de
riesgo.
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