SIESTA EN LA MANCHA
Sobre el polvo, en las ramas secas,
canta hacia dentro un pájaro
-ave sin nombre, y tan frecuente,
a la que nunca he visto-;
canta contra las piedras abrasadas
y contra el aire quieto,
y su canto la envuelve en una sombra
única, al mediodía;
sus notas son cual hojas que flotasen
en dos distintas aguas:
la que bajo la tierra está temblando
y la que se hace charcos en la acequia.
Callan, para escucharle, las esquilas
de la siesta, y el vuelo
sombrío de la abeja;
y sobre el mundo que atardece muerto
el silencio se encoge.
Hay un lagarto encima de la teja
y un escorpión debajo,
y las perdices, entre el pasto seco,
se hunden en el vacío;
hay soledad y miedo en las retamas
que la araña acordela,
y una respiración que va cesando
mientras el canto dura.