El fin que queremos alcanzar consiste en conseguir un estado
primordial nuevo, una nueva presencia.
Los elementos del lenguaje y de la vista surgen ante nosotros
de una forma nueva.
La situación de nuestro mundo exige de nosotros señales
primordiales nuevas: ¡Démosle satisfacción!
Aunque no podemos más que balbucear estos nuevos elementos
del lenguaje, declaramos, que la abstracción, el periodo
transitorio del arte por el arte, ha pasado.
La síntesis se aproxima con pasos enérgicos, lograremos
dar una forma unida a las vibraciones de la luz y del sonido.
Las lastimosas teorías de la óptica científica
serán dejadas de lado y la correspondencia entre la luz
y el sonido será desvelada al mundo.
La imagen luminosa que forman nuestros ojos elipsoidales ya no
tiene para nosotros poder creador, pero a través de las
vibraciones ya conocidas, se manifestará una nueva óptica
solar, que no será ya mecánica, pero que será
la esencia del movimiento de la luz.
Desde ahora, el fin no es proyectar las alegorías de una
filosofía imposible, que representa nuestra visión
del mundo, puesto que no vivimos en un país de cuentos
de hadas del pasado, ni en uno del mañana, sino en una
emanación viviente.
Solo los imbéciles pueden contentarse con el pensamiento
de que el mundo está resuelto en tres dimensiones: la dimensión
espacio-tiempo se construye con la ayuda de la dinámica,
nuestro sexto sentido es el movimiento espiritual.
Este sexto sentido nos convierte en capaces de llenar las lagunas
de la ciencia natural con una energía magneto-química.
El sentido-espacio-tiempo es el principal de todos nuestros sentidos.
¿Dónde se encuentra el nuevo cerebro, el nuevo órgano,
que no utilizará más la unidad mesurable más
pequeña, el átomo, que será el primero en
hacer reconocer claramente la transformación del Mundo-Espacio-Tiempo?
¿Quién dejará de construir los pensamientos
emitiendo todos los postulados del método filosófico,
como por ejemplo la división del átomo, que es visiblemente
un contrasentido, pues la materialización del fluido no
debería nunca ser empleada para degradar unidades numéricas?
¿Qué hay de nuevo sobre la tierra? La respuesta: Nada
más que la tierra misma, quién, por encima de todas
las verdades inmutables de los hombres, nos obliga a seguir su
atmósfera. El hombre es una nueva forma de atmósfera
terrestre, a la que él no puede obligar, ni con el Logos
ni con la ley ética, a revelársele.
Y si algo nuevo, un nuevo movimiento, una nueva organización
tuviese éxito, sería porque se habría realizado
una expansión de nuestras emanaciones sensoriales.
Es algo así como si se tratase de una fatalidad, de una
capitulación, pero en el fondo esto no significa más
que la liberación de nuestra sentimentalidad banal, del
hombre trágico en el sentido de una organización
central terrestre, de manera filosófica.
Se trata de reconocer nuestros nuevos límites y de incluir
sus posibilidades de expansión en el trabajo técnico.
- Todo es viejo, nada es aplicable, la filosofía, la psicología
se han derrumbado bajo la voluntad legislativa de los hombres.
- Sólo la filología es joven y nueva como en el
primer día de la Creación.
¿Qué sabemos de nuestros sentidos, del tiempo y del
espacio?
¡Conquistemos, por todos los medios, las técnicas
sensoriales y las nuevas articulaciones!
Incluso si la imagen del mundo se proyecta a la inversa en nuestra
retina, el cerebro la restablece en su verdadero sentido, es decir,
lo de arriba, arriba, lo de abajo, abajo. Este fenómeno
no ha sido explicado todavía y no se encontrará
una explicación suficiente hasta encontrar un método
de investigación menos limitado. Las viejas ciencias secretas
hablan del hecho de que la luz y el sonido están en conexión
y la técnica moderna da prueba de ello con la música
fotografiada, el optófono y las investigaciones sobre el
sentido espacial de los seres vivos.
Estudiando estas teorías necesariamente llegaremos a esta
conclusión: más allá de los sonidos audibles
y visibles por nosotros existen relaciones y transiciones entre
estas dos emanaciones.
Nuestros sonidos, empezando por el canto, emiten de 32 a 41.000
vibraciones por segundo en los sonidos musicales.
Y la luz oscila de 400 billones por segundo en el rojo más
tenue, hasta 300 millones en el violeta, en la escala de los colores
visibles por nuestros ojos, el rojo, el naranja, el amarillo,
el azul, el verde y el violeta.
Pero haciendo disminuir los rayos por debajo del infrarrojo, deben
tener lugar posibles transformaciones que no se aproximen al sonido,
a la acústica, como lo demuestra la "lámpara de arco
cantante", que se emplea para fotografiar la luz.
Si se coloca un teléfono en el circuito de una lámpara
de arco, el arco de luz se transforma debido a las ondas acústicas
que el micrófono transforma en vibraciones que, a su vez,
corresponden exactamente a las vibraciones acústicas, es
decir, que los rayos de luz modifican su forma en relación
con las ondas acústicas.
Al mismo tiempo, la lámpara de arco reproduce claramente
todas las manifestaciones del micrófono, es decir, las
palabras, el canto, etc.
Si se coloca una célula de selenio ante el arco de luz
en movimiento acústico, produce diversas resistencias que
actúan sobre la corriente eléctrica según
el grado de alumbrado, así se puede forzar al rayo de luz
a que produzca corrientes de inducción y a transformarlas,
mientras que los sonidos fotografiados en una película
tras la célula de selenio aparecen en líneas más
estrechas o más anchas, más claras o más
oscuras, se transforman de nuevo en sonido invirtiendo el procedimiento.
El optófono convierte las imágenes de inducción
luminosas, con la ayuda de la célula de selenio, de nuevo
en sonidos por medio del micrófono colocado en el circuito
eléctrico, lo que aparece como imagen en la estación
de emisión se vuelve sonido en las estaciones intermedias,
y si se invierte el procedimiento, los sonidos se vuelven a convertir
en imágenes.
La sucesión de los fenómenos ópticos se transforma
en sinfonía, la sinfonía por su parte se convierte
en un panorama viviente.
La adecuada construcción técnica da al optótono
la capacidad de mostrar la equivalencia de los fenómenos
ópticos y sonoros, dicho de otra forma; transforma las
vibraciones de la luz y del sonido, " pues la luz es electricidad
vibrante y el sonido también es electricidad vibrante".
En los experimentos que siguen a continuación se explicarán
el orden humano y la orientación espacial en estos fenómenos.
Nadie ha logrado atravesar una gran plaza, por ejemplo la plaza
de San Marcos, con los ojos cerrados. Los sujetos sometidos a
los experimentos se desvían de 15 a 20 mts. a la derecha
o a la izquierda, haciendo un semicírculo para llegar al
otro lado, pero el punto de llegada está siempre igualmente
alejado con relación al punto de partida.
Otra tentativa demuestra que si se hubiera comenzado el experimento
por el oído, el ejemplo de la plaza de San Marcos hubiera
sido un éxito, si la persona, incluso con los ojos vendados,
se hubiera dirigido hacia una señal acústica.
Para saber exactamente donde se encuentra la conciencia del espacio
dentro del cerebro, se han tomado cuatro cobayas; a la primera
se le ha extirpado el caracol izquierdo, a la segunda el caracol
derecho, a la tercera se la han extirpado los dos y a la cuarta
no se le ha tocado. Se colocaron después los cuatro animales
en un cilindro, que hicieron girar primero hacia la derecha.
Se constató que el animal sano dejaba de comer, al que
se había extirpado el caracol izquierdo hizo lo mismo,
mientras que los otros dos continuaban comiendo. Pero cuando se
hizo girar el cilindro hacia la izquierda, el animal operado de
la oreja derecha dejaba de comer, pero el operado de la izquierda
comía de nuevo.
En los dos casos, fue el animal operado de los dos oídos,
el 10 que no sufrió alteraciones debido al movimiento del
cilindro, ni de izquierda a derecha ni viceversa; pero el animal
normal dejaba de comer en los dos casos.
En consecuencia, la consciencia del espacio, que se encuentra
en el caracol del laberinto, debe estar en relación con
un lugar donde terminan los nervios del oído y donde debería
estar el centro de las emanaciones hápticas y debe suponerse
que existe una posibilidad de transformación o de relación
con el sentido óptico y este sentido produce nuestra consciencia
espacial, es decir, corrige optofónicamente la imagen óptica
que se proyecta invertida sobre nuestra retina.
Si los hombres hubieran pensado antes en las relaciones orgánicas
entre el ojo y el oído, si no hubieran tratado la óptica y
la acústica como ciencias independientes, habrían
podido encontrar desde hace tiempo el lugar del cerebro en que
se encuentra el centro transformador, que nos hace conocer nuestro
mundo espacial.
Existen otros seres vivos que visiblemente no tienen aparato acústico
y óptico aislados, por ejemplo las abejas tienen los dos
en uno solo, por lo tanto poseen un maravilloso optófono.
Se ha reconocido en las abejas un cierto sentido matemático,
que les permite construir células exagonales de exactitud
inaudita, sin embargo, se ha puesto en duda su inteligencia.
Esta desconfianza resulta injustificada cuando se da uno cuenta
de que la abeja con su ojo de múltiples "tubos" ve seguramente
distinto de lo que se piensa de diferente forma que nosotros con
nuestros ojos de lente. Uno u otro de los "tubos" debe dirigirse
siempre directamente hacia el sol- y esto no molesta a la abeja.
Las abejas ven posiblemente incluso el infrarrojo, el ultravioleta
y otras octavas de luz invisibles para nosotros. Por otra parte,
su ojo debe servir para otra cosa no cabe duda de que al mismo
tiempo es un aparato acústico.
Al construir su célula, la abeja mantiene la cabeza baja
y emite cierto ruido, produce con sus alas un sonido preciso.
Hay que suponer que la abeja al construir su célula se
conduce por una vibración del sonido y que este sonido,
según el volumen y la intensidad, le indica optofonéticamente,
si la célula, que también es un espacio acústico,
está bien construida.
Hay que recordar también que la abeja al regresar, para
orientarse, vuela a una cierta distancia alrededor de la entrada
de la colmena, aumenta el ruido de sus alas y disminuye su vuelo,
lo que nos indica que busca la resonancia necesaria, en este caso,
la entrada de la colmena por medios acústicos. La abeja
nunca entra directamente y nada se lo impediría si su llamado
ojo fuera un simple ojo y no un optófono.
Aún es más, si durante la ausencia de las abejas
se desplaza la colmena aproximadamente un metro hacia la derecha,
al regresar volará sobre el lugar donde hasta entonces
se encontraba la entrada, pero al no encontrar la resonancia continuará
su vuelo hasta el llamado "punto geométrico" entre el anterior
y el nuevo lugar. De ello se deduce que la abeja tiene todavía
más facultades matemáticas de lo que se pensaba,
pero poca inteligencia, sin embargo nada atestigua más
la inteligencia de las abejas y la falta de inteligencia del observador.
Seria de todo punto incomprensible que la abeja obrase según
reglas matemáticas complicadas, en contraste con sus capacidades
corporales.
Si su llamado ojo fuera verdaderamente un ojo, nada le impediría
encontrar su colmena, incluso aunque no estuviera en el mismo
lugar, pero este ojo es un optófono, la orientación
se produce exclusivamente de manera acústico-óptica
y desde este punto de vista el método de la abeja parece
muy inteligente. En cualquier caso, más inteligente que
el del hombre, que no comprende siquiera las relaciones entre
sus propios órganos, pero se dedica a oscurecer todavía
más la penumbra a su alrededor mediante intentos de explicaciones
fácticas.
Pero nuestra intención es alcanzar la optofonética
como superación de nuestra consciencia temporal-espacial
y lograr una perfección técnica, que no seremos
capaces de lograr si nos negamos a reconocer las relaciones entre
el arte pictórico y la música que, por separado,
son formas superadas.
"Optophonetih", MA, año 8, n. 8, mayo de 1992. Versión
española de Carmen Piera. La sensorialidad excéntrica,
Henri Chopin editor. Tres Catorce Diecisiete, Madrid 1975