Optofonética  1920

 

El fin que queremos alcanzar consiste en conseguir un estado primordial nuevo, una nueva presencia.
Los elementos del lenguaje y de la vista surgen ante nosotros de una forma nueva.
La situación de nuestro mundo exige de nosotros señales primordiales nuevas: ¡Démosle satisfacción!
Aunque no podemos más que balbucear estos nuevos elementos del lenguaje, declaramos, que la abstracción, el periodo transitorio del arte por el arte, ha pasado.
La síntesis se aproxima con pasos enérgicos, lograremos dar una forma unida a las vibraciones de la luz y del sonido.
Las lastimosas teorías de la óptica científica serán dejadas de lado y la correspondencia entre la luz y el sonido será desvelada al mundo.
La imagen luminosa que forman nuestros ojos elipsoidales ya no tiene para nosotros poder creador, pero a través de las vibraciones ya conocidas, se manifestará una nueva óptica solar, que no será ya mecánica, pero que será la esencia del movimiento de la luz.
Desde ahora, el fin no es proyectar las alegorías de una filosofía imposible, que representa nuestra visión del mundo, puesto que no vivimos en un país de cuentos de hadas del pasado, ni en uno del mañana, sino en una emanación viviente.
Solo los imbéciles pueden contentarse con el pensamiento de que el mundo está resuelto en tres dimensiones: la dimensión espacio-tiempo se construye con la ayuda de la dinámica, nuestro sexto sentido es el movimiento espiritual.
Este sexto sentido nos convierte en capaces de llenar las lagunas de la ciencia natural con una energía magneto-química.

El sentido-espacio-tiempo es el principal de todos nuestros sentidos.

¿Dónde se encuentra el nuevo cerebro, el nuevo órgano, que no utilizará más la unidad mesurable más pequeña, el átomo, que será el primero en hacer reconocer claramente la transformación del Mundo-Espacio-Tiempo? ¿Quién dejará de construir los pensamientos emitiendo todos los postulados del método filosófico, como por ejemplo la división del átomo, que es visiblemente un contrasentido, pues la materialización del fluido no debería nunca ser empleada para degradar unidades numéricas?
¿Qué hay de nuevo sobre la tierra? La respuesta: Nada más que la tierra misma, quién, por encima de todas las verdades inmutables de los hombres, nos obliga a seguir su atmósfera. El hombre es una nueva forma de atmósfera terrestre, a la que él no puede obligar, ni con el Logos ni con la ley ética, a revelársele.
Y si algo nuevo, un nuevo movimiento, una nueva organización tuviese éxito, sería porque se habría realizado una expansión de nuestras emanaciones sensoriales.
Es algo así como si se tratase de una fatalidad, de una capitulación, pero en el fondo esto no significa más que la liberación de nuestra sentimentalidad banal, del hombre trágico en el sentido de una organización central terrestre, de manera filosófica.
Se trata de reconocer nuestros nuevos límites y de incluir sus posibilidades de expansión en el trabajo técnico.

- Todo es viejo, nada es aplicable, la filosofía, la psicología se han derrumbado bajo la voluntad legislativa de los hombres.

- Sólo la filología es joven y nueva como en el primer día de la Creación.

¿Qué sabemos de nuestros sentidos, del tiempo y del espacio?

¡Conquistemos, por todos los medios, las técnicas sensoriales y las nuevas articulaciones!
Incluso si la imagen del mundo se proyecta a la inversa en nuestra retina, el cerebro la restablece en su verdadero sentido, es decir, lo de arriba, arriba, lo de abajo, abajo. Este fenómeno no ha sido explicado todavía y no se encontrará una explicación suficiente hasta encontrar un método de investigación menos limitado. Las viejas ciencias secretas hablan del hecho de que la luz y el sonido están en conexión y la técnica moderna da prueba de ello con la música fotografiada, el optófono y las investigaciones sobre el sentido espacial de los seres vivos.
Estudiando estas teorías necesariamente llegaremos a esta conclusión: más allá de los sonidos audibles y visibles por nosotros existen relaciones y transiciones entre estas dos emanaciones.
Nuestros sonidos, empezando por el canto, emiten de 32 a 41.000 vibraciones por segundo en los sonidos musicales.
Y la luz oscila de 400 billones por segundo en el rojo más tenue, hasta 300 millones en el violeta, en la escala de los colores visibles por nuestros ojos, el rojo, el naranja, el amarillo, el azul, el verde y el violeta.
Pero haciendo disminuir los rayos por debajo del infrarrojo, deben tener lugar posibles transformaciones que no se aproximen al sonido, a la acústica, como lo demuestra la "lámpara de arco cantante", que se emplea para fotografiar la luz.
Si se coloca un teléfono en el circuito de una lámpara de arco, el arco de luz se transforma debido a las ondas acústicas que el micrófono transforma en vibraciones que, a su vez, corresponden exactamente a las vibraciones acústicas, es decir, que los rayos de luz modifican su forma en relación con las ondas acústicas.
Al mismo tiempo, la lámpara de arco reproduce claramente todas las manifestaciones del micrófono, es decir, las palabras, el canto, etc.
Si se coloca una célula de selenio ante el arco de luz en movimiento acústico, produce diversas resistencias que actúan sobre la corriente eléctrica según el grado de alumbrado, así se puede forzar al rayo de luz a que produzca corrientes de inducción y a transformarlas, mientras que los sonidos fotografiados en una película tras la célula de selenio aparecen en líneas más estrechas o más anchas, más claras o más oscuras, se transforman de nuevo en sonido invirtiendo el procedimiento.
El optófono convierte las imágenes de inducción luminosas, con la ayuda de la célula de selenio, de nuevo en sonidos por medio del micrófono colocado en el circuito eléctrico, lo que aparece como imagen en la estación de emisión se vuelve sonido en las estaciones intermedias, y si se invierte el procedimiento, los sonidos se vuelven a convertir en imágenes.
La sucesión de los fenómenos ópticos se transforma en sinfonía, la sinfonía por su parte se convierte en un panorama viviente.
La adecuada construcción técnica da al optótono la capacidad de mostrar la equivalencia de los fenómenos ópticos y sonoros, dicho de otra forma; transforma las vibraciones de la luz y del sonido, " pues la luz es electricidad vibrante y el sonido también es electricidad vibrante".
En los experimentos que siguen a continuación se explicarán el orden humano y la orientación espacial en estos fenómenos.
Nadie ha logrado atravesar una gran plaza, por ejemplo la plaza de San Marcos, con los ojos cerrados. Los sujetos sometidos a los experimentos se desvían de 15 a 20 mts. a la derecha o a la izquierda, haciendo un semicírculo para llegar al otro lado, pero el punto de llegada está siempre igualmente alejado con relación al punto de partida.
Otra tentativa demuestra que si se hubiera comenzado el experimento por el oído, el ejemplo de la plaza de San Marcos hubiera sido un éxito, si la persona, incluso con los ojos vendados, se hubiera dirigido hacia una señal acústica.
Para saber exactamente donde se encuentra la conciencia del espacio dentro del cerebro, se han tomado cuatro cobayas; a la primera se le ha extirpado el caracol izquierdo, a la segunda el caracol derecho, a la tercera se la han extirpado los dos y a la cuarta no se le ha tocado. Se colocaron después los cuatro animales en un cilindro, que hicieron girar primero hacia la derecha.
Se constató que el animal sano dejaba de comer, al que se había extirpado el caracol izquierdo hizo lo mismo, mientras que los otros dos continuaban comiendo. Pero cuando se hizo girar el cilindro hacia la izquierda, el animal operado de la oreja derecha dejaba de comer, pero el operado de la izquierda comía de nuevo.
En los dos casos, fue el animal operado de los dos oídos, el 10 que no sufrió alteraciones debido al movimiento del cilindro, ni de izquierda a derecha ni viceversa; pero el animal normal dejaba de comer en los dos casos.
En consecuencia, la consciencia del espacio, que se encuentra en el caracol del laberinto, debe estar en relación con un lugar donde terminan los nervios del oído y donde debería estar el centro de las emanaciones hápticas y debe suponerse que existe una posibilidad de transformación o de relación con el sentido óptico y este sentido produce nuestra consciencia espacial, es decir, corrige optofónicamente la imagen óptica que se proyecta invertida sobre nuestra retina.
Si los hombres hubieran pensado antes en las relaciones orgánicas entre el ojo y el oído, si no hubieran tratado la óptica y la acústica como ciencias independientes, habrían podido encontrar desde hace tiempo el lugar del cerebro en que se encuentra el centro transformador, que nos hace conocer nuestro mundo espacial.
Existen otros seres vivos que visiblemente no tienen aparato acústico y óptico aislados, por ejemplo las abejas tienen los dos en uno solo, por lo tanto poseen un maravilloso optófono.
Se ha reconocido en las abejas un cierto sentido matemático, que les permite construir células exagonales de exactitud inaudita, sin embargo, se ha puesto en duda su inteligencia.
Esta desconfianza resulta injustificada cuando se da uno cuenta de que la abeja con su ojo de múltiples "tubos" ve seguramente distinto de lo que se piensa de diferente forma que nosotros con nuestros ojos de lente. Uno u otro de los "tubos" debe dirigirse siempre directamente hacia el sol- y esto no molesta a la abeja.
Las abejas ven posiblemente incluso el infrarrojo, el ultravioleta y otras octavas de luz invisibles para nosotros. Por otra parte, su ojo debe servir para otra cosa no cabe duda de que al mismo tiempo es un aparato acústico.
Al construir su célula, la abeja mantiene la cabeza baja y emite cierto ruido, produce con sus alas un sonido preciso. Hay que suponer que la abeja al construir su célula se conduce por una vibración del sonido y que este sonido, según el volumen y la intensidad, le indica optofonéticamente, si la célula, que también es un espacio acústico, está bien construida.
Hay que recordar también que la abeja al regresar, para orientarse, vuela a una cierta distancia alrededor de la entrada de la colmena, aumenta el ruido de sus alas y disminuye su vuelo, lo que nos indica que busca la resonancia necesaria, en este caso, la entrada de la colmena por medios acústicos. La abeja nunca entra directamente y nada se lo impediría si su llamado ojo fuera un simple ojo y no un optófono.
Aún es más, si durante la ausencia de las abejas se desplaza la colmena aproximadamente un metro hacia la derecha, al regresar volará sobre el lugar donde hasta entonces se encontraba la entrada, pero al no encontrar la resonancia continuará su vuelo hasta el llamado "punto geométrico" entre el anterior y el nuevo lugar. De ello se deduce que la abeja tiene todavía más facultades matemáticas de lo que se pensaba, pero poca inteligencia, sin embargo nada atestigua más la inteligencia de las abejas y la falta de inteligencia del observador. Seria de todo punto incomprensible que la abeja obrase según reglas matemáticas complicadas, en contraste con sus capacidades corporales.
Si su llamado ojo fuera verdaderamente un ojo, nada le impediría encontrar su colmena, incluso aunque no estuviera en el mismo lugar, pero este ojo es un optófono, la orientación se produce exclusivamente de manera acústico-óptica y desde este punto de vista el método de la abeja parece muy inteligente. En cualquier caso, más inteligente que el del hombre, que no comprende siquiera las relaciones entre sus propios órganos, pero se dedica a oscurecer todavía más la penumbra a su alrededor mediante intentos de explicaciones fácticas.
Pero nuestra intención es alcanzar la optofonética como superación de nuestra consciencia temporal-espacial y lograr una perfección técnica, que no seremos capaces de lograr si nos negamos a reconocer las relaciones entre el arte pictórico y la música que, por separado, son formas superadas.

"Optophonetih", MA, año 8, n. 8, mayo de 1992. Versión española de Carmen Piera. La sensorialidad excéntrica, Henri Chopin editor. Tres Catorce Diecisiete, Madrid 1975

 

 

 

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