memoria

 

Para mí fue un auténtico lugar de encuentros. Entre los muchos artistas que conocí y que luego se han convertido en mis amigos, allí me encontré, en el tren camino de pamplona, con Simón Marchán del que fui alumno y del que he aprendido el rigor en el trabajo, y allí conocí a John Cage.

El espectáculo de Cage supuso el inicio de un cambio en mi vida. John Cage interpretó su obra 62 Mesostics re Merce Cunningham con una naturalidad pasmosa. Vestido con camisa y pantalón vaqueros se paseaba por el escenario, se acercaba a los micrófonos y recitaba uno de los mesostics, se retiraba, bebía agua de una botella y se acercaba otra vez para recitar el siguiente. Las sílabas entrecortadas, la voz cálida y timbrada, la espacialidad del sonido rodeando a los espectadores, la sobriedad del acto me excitaron de tal manera que no pude dormir esa noche. Al día siguiente había decidido que yo quería ser como John cage, que yo quería dedicarme a "eso".

Al volver a Madrid, nada podía ser igual, hablé con Luis de Pablo y entré a trabajar al Laboratorio de Música Electrónica Alea, estudié música y me empapé de arte contemporáneo y diez años después, en septiembre de 1982, interpreté esos mismos 62 Mesostics re Merce Cunningham en la Fundación Juan March. Así, los Encuentros de pamplona cambiaron mi vida.

Javier Maderuelo, "Siete días que cambiaron mi vida", Los encuentros de Pamplona. 25 años después, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía/ Caja de Ahorros de Navarra, 1997.

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El imán que me empujó a viajar a Pamplona fue la presencia de John Cage, un Cage pletórico y todavía entonces pegado a su intérprete más fiel, David Tudor; todo pulcritud y versatilidad: fue en Pamplona donde Cage el horáculo, pronuncio su sentencia "más nô que el nô" cunado como todos nosotros, vivió, feliz, el concierto Zaj más bello de la historia (teatro Gayarre).

Llorenç Barber, "El jugo de unos Encuentros", Los encuentros de Pamplona. 25 años después, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía/ Caja de Ahorros de Navarra, 1997.

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Se aguantaron bien los despreciables insultos de la derecha, no tan bien (nos causaron estupor), los equivalentes de cierta izquierda que, sin enetender el hecho artístico, lo invalidaban, o lo utilizaban esgrimiendo argumentos claramente reaccionarios pero que arrimaban el asqua a su sardina.

John Cage definió la situación con una de sus simples y grandes frases ante una pregunta más simplemente simple…: "un artista que vive en la América de Nixon…. ¿por qué no va a trabajar en la España de Franco?

José Luis de Alexanco, "A 25 años de los Encuentros de Pamplona", ", Los encuentros de Pamplona. 25 años después, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía/ Caja de Ahorros de Navarra, 1997.

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