CRÍTICAS A UN CONCIERTO ZAJ
Pamplona, 1972.

 

Juan Hidalgo Walter Marchetti Esther Ferrer 28 VI 1972 Teatro Gayarre 19h Pamplona


CONCIERTO ZAJ

Muy pocas palabras para lo que, confieso avergonzado, no entendí ni sílaba. El programa anunciaba "concierto zaj en el Teatro Gayarre, lleno hasta el tope con jóvenes a los que se consiente todo, con los pies en la barandilla del foso de orquesta, sentados en los pasillos y lanzando globos desde las localidades altas. Ambiente, pues, lindando con lo "pop" muy poco apto para el arte, y próximo a la isla Wright.
Zaj, en lo que ví, no oí nada absolutamente que viniera del escenario.
Se sucedieron hasta una docena de cuadritos, los que soporté, pantomima que debe tener su gracia subterránea, pero que al parecer yo no buceé lo suficiente como para alcanzarla. Títulos al canto: "Paralelo 48", el arte de pasar por encima de un cinturón después de cien segundos de reflexión.
"Seis minutos para dos intérpretes", el arte de sentarse en una mesa de espaldas, en sus sillas después y hacer mención de jugar un pulso (él y ella).
"Especulaciones en uve" rollo.
"Antídoto", adoquín en dos minutos.
"Silueta número uno", paquete.
"EI caballero de la mano en el pecho", sin parecido con el Greco y pornografía pura. Aquí sí, el público intervino con frases ayunas de Academia.

FILARE. El Pensamiento Navarro, 29 de Junio de 1972.


ITINERARI0

Si Zaj hubiera sido lo que el público pensaba, la cosa hubiese cambiado; pero Zaj se convirtió en una lamentable tomadura de pelo por parte de unos y de otros.
No hubo originalidad, no hubo ingenio, no hubo arte, si eso es lo que se pretendía. Señores de ZaJ: qué verguenza, qué verquenza.
El público se propuso aguantar lo que le echaran, los actores aguantar lo que el público les "echase". Total: un duelo a favor del público, que durante los últimos cinco minutos venció por K.O. técnico a los "actores".
Zaj solo era mímica en dos horas de espectáculo; sólo una palabra inadmisible, fue un "taco" irrespetuoso y blasfemo. Lo soltó un "actor".
¿Recuerdan aquella inocentada que un cuadro de teatro de aficionados pamploneses solía dar a su público el 28 de diciembre? Se titulaba "la agonía de un cabo" (de vela, claro). También así terminó ZaJ, pero lo de nuestros aficionados hace ya 25 años, y esto quería ser arte contemporáneo, o más.
Lo meJor de Zaj el público asombroso de capacidad de aguante.

Javier de Aguirre. El Pensamiento Navarro, 29 de ¡unio de 1972.


UNA TOMADURA DE PELO

Que John Cage, patriarca de la música experimental, por ende, del arte contemporáneo, aplaudiera en nuestra presencia a los tres miembros del grupo Zaj; durante su representación no es óbice para que aquí califiquemos de auténtica tomadura de pelo lo que en la tarde del miércoles vimos en el Teatro Gayarre. El grupo Zaj;" bien puede permitirse una "boutade", pero no hacer de un espectáculo al que acudió una cantidad tal de público que llenó el teatro, la broma más insípida y sin razón que pueda verse.

Florencio Martinez. La Gaceta del Norte, 30 de Junio de 1972.


NOTAS A ZAJ

Conocimos a Zaj hace ya bastantes años. Entonces, nos dijeron -eran aquellos los tiempos en que Victor Auz era Director de los teatros nacionales, aquellos mismos tiempos en que el Teatro Beatriz de Madrid era sede de proyectos que mucho interesaban fueran malos o buenos- decíamos que fue entonces cuando nos enteramos que exitía un señor llamado Cage y de que existían unos espectácutos artísticos que se denominaban "happenings", etc., etc. Un etc. muy pequeño en el que quizás cupiese el que la "pintura en o de acción" de Pollock fuera el más cercano procedente de todo aquello.
Contemplamos ZAJ en aquella ocasión con respeto, al respeto que todo ignorante ha de guardar ante lo que le es desconacido.
Era la tarde del miércoles, en el Teatro Gayarre, no lo miramos con diferente óptica. Bien es cierto que a través de los años hemos tenido oportunidad de verlo en otras ocasiones y ante variados públicos, y por otra parte hemos conocido por diferentes conductos que las técnicas de Cage iban siendo comercializadas en espectáculos de miles de dólares, que el "happening" tomaba los derroteros de la realidad más inmediata o con el puro concepto; es decir; del "land-art" o del arte conceptual .
Pero el respeto estaba aún asi con nosotros el miércoles. Como estuvo con la inmensa mayoría de los espectadores, que supieron o intentaron, al menos en una pequeña parte, extraer las esencias de aquello que sorprendidos-los más presenciaban.
Si no nos equivocamos fueron trece los números que componían el "concierto" ZAj. Y en su transcurso nos fuimos dando cuenta de la evolución de sus estudios desde la parcela más conectada de su arte con la música hasta su alianza efectiva con el teatro.
Uno de los caminos del arte musical ha seguido en su rápido avance que comienza con Schoenberg, Webern y Stravinsky, acabó, dentro del cual se producia la sabida ordenación de sonidos.
Tras la huella fundamental de Schoenberg múltiples pasos se han ido dando.
Quizás es fundamental el conseguido por Cage, fabuloso expandidor del "happening" del que antes hablábamos. Sobre esta línea general surge en España, de la mano de Juan Hidalgo del grupo Zaj, que es el tema de estas palabras."Zaj; es como un bar. La gente entra, sale, está: se toma una copa y deja una propina" .
Tal vez estas palabras unidas a las expresiones silenciosas de los creadores del "concierto" del miércoles causen sensación en los asistentes que desconocían el grupo y sus antecedentes. (Lo hemos dicho en otras ocasiones: el público de los Encuentros, el público pamplonés se encuentra ajenado en los mismos. No se le ha servido la información suficiente desde donde se le tenía que haber servido. Todavía no hemos presenciado un acontecimiento de los muchos que están teniendo lugar que fuera ofrecido con una iniciación, lo cual hace que la gente se sienta defraudada en muchos casos y burlada en otros, cuando no incapaz).
El "concierto" fue un todo coherente desde el momento en que se alza el telón -quizás hubiera estado más adecuadamente representado el epectáculo sobre un escenario más accesible, factor que se dejó sentir como luego consideraremos. Fue el ascender de la música interna al teatro para llegar a la música exterior entendida como tal.
En los tres primeros "cuadros", por denominarlos de alguna forma, se establecía la medición del tiempo dentro de una aleatoriedad cada vez más reducida, o si se quiere se pasó de la aleatoriedad libre a otra fija. "1, 2, 3 ..., 12,13", "Paralelo 40" y "6 minutos para dos intérpretes", fue la consecución que aprisionó el tiempo "musical". Como más tarde por "EI recorrido japonés" y "Especulaciones en V" se pretendió lo mismo con el espacio, hasta llegar a la aniquilación de los vértices.
Tal momento sólo podía asumir una postura: el enfrentamiento del creador con el público.
Hemos de anotar en este punto que lejos de huir de los terrenos aleatorios logrados en los "6 minutos" se insistió en tales controles temporales "musicales" disparándose el factor espacial hasta conectarse con el teatro, teatro que adquirió calidades inmejorables dentro de los clásicos ya aceptados y no desbordados todavía criterios de Stanislawsky, que han sido utilizados con posterioridad por todos los conjuntos teatrales de este siglo desde Antón Chejov y Strasberg hasta Grotowsky, pasando por Antonin Artaud.
Esther Ferrer hizo una muy buena interpretación en "Antidoto", siendo una perfecta protogonista en el duelo primero con el público que se convertia así en protogonista.
Pese a la inaccesibilidad del escenario -por el foso orquestal- en el siguiente "cuadro" denominado "Mr. Destrucción" varios espectadores comenzaron a convertirse en actores, dentro del marco de ZAJ.
La falta de preparación técnica de los espectadores-actores en relación con las creaciones vaguardistas se dejó sentir, en unos momentos más que en otros. Tampoco de cualquier forma se puede pedir que el espectador se sepa maravillosamene todas las lecciones de improvisación habidas y por haber...

Lo cierto es que durante "Silueta 1" y "La silla es una cosa" -fundamentalmente en esta última- el actor-espectador se mostró perfectamente integrado con las intenciones aleatorias de Juan Hidalgo y su conjunto.
Este estar integrado venía perfectamete señalado por la capacidad improvisadora del actor-espectador que se supo adecuar a las creaciones que le iban siendo propuestas. Fue del todo atrayente como interpretación lo que el nuevo actor hizo con la silla abandonada en pleno escenario.
El tiempo iba celebrando los "cuadros" y nuevos estímulos surgían en el camino de los espectadores cada vez más tentados de colaborar con ZaJ y de entrar en Zaj. Así en "Variaciones 1965" fueron varios los espectadores que escalaron el escenario para participar con Walter Marchetti en el "cuadro".
El carácter teatral que había tomado el "concierto" fue debilitándose al paso de los minutos que enmarcaban las "Variaciones 1965" .
Los actores-espectadores no supieron al cabo sino llegar a la violencia, mostrando una incapacidad creativa mayúscula en aquel instante. Cosa que superaron en el "cuadro" titulado "EI caballero de la mano en el pecho", donde todos, en especial uno de ellos que impuso unos determinados criterios digamos éticos sobre el hecho de que un caballero aprehendió con su mano uno de los pechos de una señorita; supieron dar plasticidad y coherencia al acontecimiento rompiendo e incluso forzado del tiempo, al imponer la conclusión del hecho antes de tiempo. "Comerse el polo" y "En secreto" sirvieron para evidenciar de nuevo la falta de seriedad y de creatividad de los actores-espectadores muy especialmente el segundo "cuadro".
"EI secreto" que está basado en una seriación de un determinado acontecimiento que así podríamos decir que llega al "minimal art" por su largo transcurso, no fue entendida por los neófitos que no se dieron cuenta de la serie, si exceptuamos el comportamiento del primero que subió al escenario, el cual supo tener la suficiente "antena" para captar el hecho de que de los altavoces salieran sonidos.
Este número, que fue el más extenso de la noche estaba basado en éxito en los menos de los menos.
Muy poco se dieron cuenta de que ZAJ fue una llamada a integrarse en una obra de arte, en un concierto por la acción .

Ignacio Amestoy. Arriba España. 30 junio 1972.


ZAJ ES UNA RUINA

Juan Hidalgo, Walter Marchetti y Esther Ferrer integran desde hace algunos años el grupo ZAJ. Todavía recuerdo sus primeros y escandalosos "conciertos" en Madrid. En Pamplona fue como retornar a unos viejos tiempos.
Ustedes imagínense que leen en un periódico: "Concierto a cargo del grupo ZAJ". Y se disponen a escuchar, por enésima vez, sus musiquillas, tan propias para buenas digestiones. Y usted decide asistir al concierto y matar así la acidez de estómago entre las ruborosas melodías de un Mozart pasado por el agua infectada de la buena conciencia de protocolarias -cuando no inexistentes- virtudes. Pero los ZAJ.... ¡ah, los ZAJ!
Este trio de solapados terroristas le sacudirá el vientre dolorosamente; su digestión será imposible, y a cambio sólo recibirá las monedas sin marcar del azar, el silencio, el vacio, multiplicándose en un escenario que se torna representación de los destinos del Universo.
No en vano Juan Hidalgo se declara hijo de John Cage y nieto de Marcel Duchamp. ZAJ ha renunciado a las palabras, a los sonidos, al arte... no en nombre del "antiarte" -otra etiqueta cosoladora-, sino en nombre de la nada, de la pura representación, de la geometría, la comunicación de un "secreto" entre los actores, que se iban colocando con pulcritud, cuando quedaban libres de su discurso, para volver a reabrirlo, mientras los actores-espectadores insistían en modificar la creacion apoyándose de nuevo en la violencia.
Hemos indicado hace unas líneas el hecho de que en este "cuadro" vino a jugar papel importantísimo la palabra, cosa que hasta el momento no había aparecido, siendo esta la primera nota concertística de la sesión, que halló más concreción en el último cuadro de la noche, el denominado "Mandala", que consistió en poner sobre una mesa en el escenario naturalmente, una vela encendida, mientras todas las luces del local se apagaban (y un ruido ensordecedor era emitido por los altavoces, produciendo una conmoción física, además de intelectual, en el espectador.
Este último acto de ZAJ fue un colofón demasiado efectista, quizás, y sería de lo poco que censuraríamos al conjunto, no obstante suponiendo la culminación musical real de la reunión.
En ZAJ pasaron otras muchas cosas. Parte del público, los menos, llegaron a la grosería verbal. Otra parte salióse del concierto en vista que no tenía las coordenadas clásicas. Algunos espectadores subieron al escenario en busca de folklore y fueron arrojados del escenario por otros espectadores que comprendían el acontecimiento o creían comprenderlo. A otros, les desagradó la intervención del público en el ZAJ, no llegando a darse cuenta exacta de lo pretendido. Etc.
ZAJ pasó por nuestra ciudad mientras los Encuentros continúan vibrando. En la mente de muchas personas que lo hayan presenciado quedan, a no dudar, el recuerdo. Y lástima que quede sólo eso.
Podemos decir que ZaJ ha fracasado. Si. Solamente habrá tenido absurda y desesperada de los cuerpos vagando, sin sentido ni fin, en un escenario donde se cumple la representación de la existencia.
Los músicos, los aficionados al arte, los románticos, los buscadores de cucherías culturales, quedarán siempre decepcionados con ZAJ porque ZaJ no propone nada, porque ZAJ no consuela de angustias, ni de soledades, ni de amarguras, porque ZAJ no inventa paraisos artificiales, porque ZAJ no nos instala en un futuro maravilloso, porque ZAJ no recurre a los laberintos de la moral, porque ZAJ no es un "alka-seltzer" para el espíritu (quizá, si, tenga algo de vomitivo…), porque ZAJ no encubre metafísicas ni pensamientos lógicos, porque ZAJ no se reconforta con promesas ni con histona. ZAJ es la ruina del arte.
En Pamplona los ZAJ no causaron el escándalo de tiempos mejores. Incluso anónimamente, durante la representación parte del público silbó himnos libertarios. No obstante, personalmente, los ZAJ siempre me conmueven. ¿Y quiénes son ellos? Repito: Juan Hidalgo, Walter Marchetti y Esther Ferrer.

 

Juan Pedro Quiñonero. Informaciones. 6 Julio 1972.



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