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La
declamación dinámica y sinóptica
Esperando el honor-placer de retornar
al frente, nosotros los futuristas renovamos, aceleramos y virilizamos
el genio de nuestra raza.
Nuestra actividad crece continuamente.
Una gran exposición futurista de Balla en Roma. Una conferencia
de Boccioni sobre su pintura futurista en el Instituto de Bellas
Artes de Nápoles. El manifiesto de Boccioni como Pintor Meridional.
Una conferencia de Boccioni sobre su pintura futurista en Mantua.
Una conferencia-declamación sobre palabras en libertad de
Marinetti, Cangiullo, Jannelli, Bruno Corra, en el Instituto de
Bellas Artes de Nápoles. Las páginas futuristas de
Vela Latina, dirigidas por Francesco Cangiullo. 8 veladas futuristas
sobre el Arte de los ruidos y del Entonarruidos de Luigi Russolo
e Ugo Piatti en casa de Marinetti.
He ofrecido a los hombres políticos
la única solución del problema financiero: vender
gradual y prudentemente nuestro patrimonio artístico para
centuplicar la potencia militar, industrial, comercial y agrícola
de Italia y aplastar definitivamente a Austria, nuestro odiado enemigo
externo. Ayer, Settimelli, Bruno Corra, Remo Chiti, Francesco Cangiullo,
Boccioni y yo incitamos al público florentino a la guerra
mediante nuestro teatro sintético violentamente patriótico,
antineutral y antigermánico. Hoy quiero liberar el ambiente
intelectual de la vieja declamación estática, pacifista
y nostálgica y crear una nueva declamación dinámica,
sinóptica y guerrera. Mi indiscutible primacía mundial
de declamador de versos libres y de palabras en libertad me ha permitido
constatar las deficiencias de la declamación como se ha venido
entendiendo hasta hoy.
Esta declamación
tradicionalista, incluso cuando está sostenida por maravillosos
órganos vocales y por los temperamentos más fuertes,
se reduce siempre a una inevitable monotonía de altos y bajos,
a un ir y venir de gestos que inundan reiteradamente de aburrimiento
la mugrienta imbecilidad de los públicos de conferencias.
Durante mucho tiempo me he divertido
seduciéndoles y conmoviéndoles, mejor y con mayor
seguridad que todos los demás declamadores de Europa, introduciendo
en sus obtusos cerebros las imágenes más extravagantes,
acariciándoles con refinadísimos espasmos de voz,
con blandura y brutalidad aterciopelada, hasta que, domados por
mi mirada o alucinados por mi sonrisa, sentían la necesidad
femenina de aplaudir lo que no habían entendido y no amaban.
He experimentado suficientemente
la feminidad de los locos y la debilidad de su virginidad colectiva
al imponer los versos libres futuristas. Los trucos más perfeccionados
de la mímica facial y de los gestos servían admirablemente
a las primeras formas del lirismo futurista, el cual, resumiendo
todas las tendencias simbólicas y decadentes, era en cierto
modo la más espasmódica y completa humanización
del universo.
Lo que caracteriza al declamador
tradicionalista es la inmovilidad de sus piernas, mientras que la
agitación excesiva de la parte superior de su cuerpo da la
impresión de una marioneta moviéndose en un teatro
de títeres de feria, bajo el control invisible de sus titiriteros.
Con el nuevo lirismo futurista,
expresión del esplendor geométrico, nuestro yo literario
se quema y se destruye en la gran vibración cósmica,
de tal forma que el declamador debe también desaparecer,
por decirlo asi, en la manifestación dinámica y sinóptica
de las palabras en libertad.
El declamador futurista debe
declamar con sus piernas como con sus brazos. Este deporte lírico
obligará a los poetas a ser menos llorosos, más activos
y más optimistas.
Las manos del declamador deberán
manejar los diferentes instrumentos creadores de ruido. No le veremos
más aletear espasmódicamente en los cerebros agitados
de los espectadores. No tendremos más esas gesticulaciones
de director de orquesta que riman la frase, ni los movimientos del
tribuno, más o menos decorativos, ni la languidez de una
prostituta sobre el cuerpo de un amante fatigado. Manos que acarician
o hacen encajes, manos que suplican, manos de nostalgia o de sentimentalismo:
todo eso desaparecerá en la dinámica total del declamador.
Por consiguiente, el declamador
futurista deberá:
1.- Llevar un traje anónimo
(si es posible, por la tarde, un smoking), evitando todos los modos
de vestir que pudieran suscitar un ambiente especial. Nada de flores
en el ojal, ni de guantes.
2.- Deshumanizar completamente la voz, quitándole sistemáticamente
todas sus modulaciones y matices.
3.- Deshumanizar completamente su rostro, evitando todas las muecas
y todos los guiños.
4.- Metalizar, licuar, vegetalizar, petrificar y electrizar la voz,
fundiéndola con la vibraciones mismas de la materia expresadas
por las palabras en libertad.
5.- Tener una gesticulación geométrica, dando asi
a los brazos rigideces punzantes de semáforos y de rayos
de faro, para indicar las direcciones de las fuerzas, o de los pistones
y de las ruedas, para expresar el dinamismo de las palabras en libertad.
6.- Tener una gesticulación gráfica y tipográfica
que cree sintéticamente en el aire cubos, conos, espirales,
elipses, etc.
7.- Servirse de un cierto número de instrumentos elementales
como martillos, tablillas de madera, bocinas de automóviles,
tambores, sierras con campanillas eléctricas, para producir
sin fatiga y con precisión las diversas onomatopeyas simples
o abstractas y los diversos acordes onomatopéyicos.
Estos diversos instrumentos en ciertas aglomeraciones orquestales
de palabras en libertad pueden funcionar orquestalmente, manejado
cada uno por su ejecutor particular.
8.- Servirse de otros declamadores iguales o subalternos, mezclando
o alternando sus voces con la suya.
9.- Desplazarse por diferentes puntos de la sala, con mayor o menor
rapidez, corriendo o caminando lentamente, haciendo que el movimiento
de su propio cuerpo colabore con el esparcimiento de las palabras
en libertad. Cada parte del poema tendrá asi su luz especial
y el público, siguiendo magnetizado la persona del declamador,
no experimentará estáticamente su fuerza lírica,
sino que contribuirá, dándose vueltas hacia los diferentes
puntos de la sala, al dinamismo de la poesía futurista.
10.- Completar la declamación con 2, 3 o 4 pizarras dispuestas
en diferentes puntos de la sala, sobre las cuales se deben dibujar
rápidamente teoremas, ecuaciones y cuadros sinópticos
de valores líricos.
11.- Debe ser un inventor y un creador infatigable durante su declamación:
a) decidiendo instintivamente en cada instante el punto en donde
el adjetivo-tono y el adjetivo-atmósfera deben ser pronunciados
y repetidos. Como en las palabras en libertad no existen indicaciones
precisas, sólo debe limitarse a seguir su olfato, preocupándose
de alcanzar el máximo de esplendor geométrico y la
máxima sensibilidad numérica. Colaborando asi con
el autor de las palabras en libertad, lanzando intuitivamente nuevas
leyes y creando nuevos horizontes imprevistos en las palabras en
libertad que él interpreta.
b) Clarificando y explicando con la frialdad de un ingeniero o de
un mecánico las tablas sinópticas y las ecuaciones
de valores liricos que forman las zonas de evidencia luminosa, casi
geográfica (entre las partes más oscuras y más
complejas de las palabras en libertad) y las momentáneas
concesiones a la comprensión del lector.
c) Imitando en todo y por todo los motores y sus ritmos (sin preocuparse
por su comprensión), declamando las partes más oscuras
y más complejas, y especialmente todos los acordes onomatopéyicos.
La 1ª Declamación dinámica y sinóptica
tuvo lugar el 29 de marzo de 1914 en
el salón permanente de la Exposición Futurista de
Roma, Via del Tritone, 125.
Comencé por explicar
al público el valor artistico y simbólico de los diferentes
instrumentos onomatopéyicos. En la tota, voluminosa
caracola, de la cual los niños extraen, soplando, una melopea
tragicómica turquesa-oscura, he descubierto una sátira
feroz de la mitología y de todas sus sirenas, tritones y
conchas marinas, que pueblan el golfo passatista de Nápoles.
El putipu (ruido naranja), llamado también caccavella
o pernacchiatore, es una pequeña caja de estaño
o de barro cocido cubierta de cuero, en donde se ha clavado un junco
que zumba alegremente si se frota con la mano mojada; es la violenta
ironía con que una raza sana y joven corrige y combate todos
los venenos nostálgicos del Claro de luna.
El scetavalasse (rumor
rosa y verde), que tiene por arco una sirena de madera recubierta
de cascabeles y de piezas de estaño, es la parodia genial
del violín como expresión de la vida interna, y de
la angustia sentimental. Ridiculiza espiritualmente el virtuosismo
musical, Paganini, Kubelik, los ángeles tocadores de viola
de Benozzo Gozzoli, la música clásica, las salas de
los conservatorios, cargadas de tedio y de una negrura deprimente.
El triccabballacche (ruido
rojo) es una especie de lira de madera que tiene por cuerdas unas
finas y ligeras varillas de madera, terminadas en unos martillos
cuadrados, también de madera. Suena como los platillos, abriendo
y cerrando las manos alzadas que empuñan los dos montantes.
Es la sátira de los cortejos sacerdotales grecorromanos y
de los citaristas que adornan la arquitectura tradicionalista.
A continuación declamé
dinámicamente: Piedigrotta, maravillosas y conmovedoras
palabras en libertad producidas por el genio hilarantísimo
y originalísimo de Francesco Cangiullo, gran parolibero futurista,
primer escritor de Nápoles y primer humorista de Italia.
De vez en cuando, el autor saltaba hacia el piano, alternando
conmigo la declamación de sus palabras en libertad. La sala
estaba iluminada con pequeñas lámparas rosa que aumentaban
el dinamismo del fondo piedigrotesco pintado por Balla. El público
acogió con aplausos entusiastas la aparición del cortejo
de la tropa enana mencionada anteriormente, erizada de sombreros
fantásticos de papel de seda, y que giraba en torno a mí,
mientras declamaba.
Muy admirado el vaso multicolor
que el pintor Balla llevaba sobre la cabeza. Observamos en una esquina
la naturaleza muerta de un torno verde bilioso de tres filósofos
partidarios de Croce, sabrosa desentonación funeraria en
el ambiente superluminoso de futurismo. Los que creían en
un arte alegre, optimista y divinamente irreflexivo arrastraron
a los indecisos. El público acompañó
con la voz y el gesto el maravilloso estrépito que estallaba
de vez en cuando durante mi declamación, la cual resultaba
muy evidente y eficaz en su fusión con los instrumentos onomatopéyicos.
La segunda declamación dinámica
y sinóptica la hice en Londres el 28 de abril de 1914, en
las Doré Galleries.
Declamé dinámica
y sinópticamente varios fragmentos de mi Zang tumb tumb
(asedio de Adrianápolis). Encima de la mesa, delante de mí,
estaban dispuestos un teléfono, unas tablillas y unos pequeños
martillos que me permitían imitar las órdenes del
general turco y los ruidos del tiroteo y las metralletas.
En tres puntos de la sala estaban
preparadas varias pizarras a las cuales yo me acercaba alternativamente,
caminando o corriendo, para dibujar de una manera efímera,
con tiza, una analogía. Los espectadores, dándose
la vuelta continuamente, para seguirme en cada una de mis evoluciones,
participaban con todo el cuerpo prendido de emoción en los
efectos violentos de la batalla descrita por mis palabras en libertad.
En una sala alejada estaban
dispuestos dos grandes tambores, de los cuales el pintor Nevinson,
que me asistía, extraía el estruendo del cañón
cuando se lo advertía por teléfono.
El interés creciente
del público inglés se convirtió en un trenético
entusiasmo cuando llegué al máximo dinamismo, alternando
el canto búlgaro Sciumi Maritza con el resplandor
de mis imágenes y el fragor de las artillerías onomatopéyicas.
' F.T. Marinetti, La declamazione
dinamica e sinottica, pliego, Direzione del Movimento Futurista,
Milán, 11 de marzo de 1916.Traducción de José
Antonio Sarmiento.
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